Por Canuto  

El petróleo volvió a subir con fuerza después de nuevos ataques atribuidos a Irán contra infraestructura energética en Oriente Medio, en un contexto donde el tránsito por el Estrecho de Ormuz sigue fuertemente afectado y la presión sobre el suministro global comienza a sentirse con más claridad en Asia.
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  • El Brent volvió a cotizar por encima de USD $102 por barril tras una caída cercana a 3% el lunes.
  • Se suspendieron operaciones en el campo de gas Shah de Emiratos Árabes Unidos y también fue atacado un yacimiento iraquí.
  • La guerra ya impulsa un alza superior a 40% en el petróleo desde su inicio, mientras Washington prepara liberaciones de reservas estratégicas.

 


El mercado petrolero retomó las alzas este martes después de una nueva cadena de ataques contra infraestructura energética en Oriente Medio, en medio de una guerra que ya entra en su tercera semana. El repunte se produjo luego de que Irán continuara con acciones contra activos clave de energía y mientras Israel aseguró haber abatido a altos funcionarios iraníes.

El barril de Brent volvió a negociarse por encima de USD $102, revirtiendo parte de la caída de casi 3% registrada el lunes. Ese retroceso había sido la primera baja en casi una semana y estuvo asociado a la preparación de Estados Unidos para liberar el primer lote de reservas estratégicas de crudo de emergencia.

Para quienes siguen los mercados desde fuera del sector energético, el movimiento del petróleo importa porque este insumo atraviesa toda la economía global. Un encarecimiento sostenido del crudo eleva costos de transporte, manufactura y generación eléctrica, y además puede alterar expectativas de inflación y tasas de interés.

En esta ocasión, el detonante inmediato fue una combinación de interrupciones físicas y percepción de riesgo. Cuando la infraestructura de producción o exportación se vuelve vulnerable, los operadores suelen incorporar una prima geopolítica al precio, incluso si el daño total a la oferta todavía no puede medirse con precisión.

Infraestructura afectada y mayor presión sobre la oferta

Entre los eventos más relevantes de la jornada estuvo la suspensión de operaciones en el campo de gas Shah, en Emiratos Árabes Unidos. A eso se sumó un ataque con drones y misiles contra un campo petrolero iraquí, señal de que la presión ya no se concentra en un solo punto del mapa regional.

También volvieron a detenerse las cargas de crudo desde el puerto de Fujairah, en Emiratos Árabes Unidos. Ese enclave tiene un peso especial porque es el único centro exportador del país ubicado fuera del Estrecho de Ormuz, por lo que funciona como ruta alternativa cuando el tránsito por ese corredor se vuelve riesgoso.

La importancia de Ormuz es difícil de exagerar. Se trata de uno de los pasos marítimos más sensibles del planeta para el comercio de hidrocarburos, y una interrupción significativa allí puede alterar en poco tiempo los flujos energéticos entre productores del Golfo y consumidores de Asia.

Según la información citada por Bloomberg, la casi total paralización del transporte marítimo a través del estrecho ya empieza a impactar a los consumidores, en especial en Asia. Ese dato añade una dimensión concreta al conflicto, porque traslada el problema desde la geopolítica al abastecimiento real de mercados importadores.

Desde el comienzo de la guerra, el petróleo acumula un alza de más de 40%. La magnitud del incremento refleja no solo el daño potencial sobre la infraestructura, sino también la creciente incertidumbre sobre cuánto tiempo podría prolongarse la disrupción logística en la región.

Israel, Trump y la señal política del conflicto

En paralelo al frente energético, Israel afirmó el martes que mató a altos funcionarios iraníes, incluido Ali Larijani, identificado como jefe de seguridad del país. Irán no ha confirmado esa versión, pero el anuncio elevó todavía más la tensión política y militar entre ambas partes.

Bob McNally, presidente del grupo consultor Rapidan Energy Group y exfuncionario de la Casa Blanca, dijo en una entrevista televisiva de Bloomberg que aún existe un “reservorio de incredulidad y esperanza” de que el conflicto termine pronto. Sin embargo, remarcó que la guerra no se está deteniendo y que el crudo continúa subiendo.

Consultado en la Oficina Oval sobre la posibilidad de que la guerra concluya esta misma semana, el presidente Donald Trump respondió: “No lo creo, pero será pronto”. La frase fue seguida con atención por los operadores, que intentan calibrar si Washington se prepara para una desescalada o para un involucramiento más agresivo.

Trump también amenazó el lunes con ampliar los ataques en la Isla Kharg mediante acciones dirigidas a infraestructura petrolera. Esa advertencia resultó especialmente sensible porque, según se indicó, el fin de semana previo los activos energéticos en el principal centro exportador iraní habían sido perdonados.

Además, el mandatario aseguró que Washington está “martillando” la capacidad de Teherán para amenazar el transporte comercial a través del Estrecho de Ormuz. También reiteró sus llamados a otras naciones para contribuir a la seguridad del paso marítimo, una señal de que Estados Unidos busca repartir el costo político y operativo de la respuesta.

Por su parte, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, dijo a CNBC que Washington está permitiendo que Irán continúe enviando crudo por el estrecho. También sostuvo que Estados Unidos no ha intervenido en los mercados de derivados energéticos, un comentario destinado a disipar dudas sobre posibles distorsiones oficiales en la formación de precios.

Ormuz, rutas alternativas y cálculo de mercado

En el terreno productivo, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait han reducido aún más la extracción de petróleo. Arabia Saudita, mientras tanto, intenta acelerar exportaciones por una ruta alternativa que evita Ormuz, en un esfuerzo por mantener parte del flujo comercial lejos del foco principal de riesgo.

Analistas de JPMorgan Chase & Co., entre ellos Natasha Kaneva, advirtieron en una nota que el tránsito por el estrecho probablemente se volverá “cada vez más condicional”. En otras palabras, Irán podría permitir el paso de algunos buques según su afiliación, introduciendo un criterio político y selectivo en una arteria clave del comercio global.

Esa hipótesis gana fuerza al observar el comportamiento reciente de las embarcaciones. De acuerdo con datos de seguimiento de barcos recopilados por Bloomberg, una serie de buques ha salido de Ormuz utilizando una ruta que pasa inusualmente cerca de la costa iraní, lo que sugiere intentos de minimizar riesgos o adaptarse a nuevas condiciones informales de navegación.

El número de barcos iraníes cruzando el estrecho alcanzó el lunes un máximo de tiempos de guerra, también según datos compilados por Bloomberg. Entre ellos figuró un petrolero con destino a China, un dato relevante porque confirma que, pese a la crisis, algunos flujos comerciales ligados a Irán siguen activos.

Emily Ashford, jefa de investigación energética de Standard Chartered, dijo en Bloomberg TV que Irán está buscando escalar el conflicto y presionarlo al máximo. A su juicio, Teherán intenta crear un efecto disuasorio para evitar que esta situación se repita, demostrando que tiene capacidad para empujar los precios significativamente al alza.

En términos de mercado, ese mensaje importa tanto como los daños materiales. Si los operadores creen que la infraestructura y las rutas seguirán bajo amenaza, la prima de riesgo puede mantenerse incluso con ventas de reservas estratégicas o con promesas de desvíos logísticos por parte de otros productores del Golfo.

Por ahora, el cuadro sigue dominado por dos fuerzas contrapuestas. Por un lado, Estados Unidos intenta amortiguar la subida con liberaciones de reservas de emergencia. Por el otro, los ataques a campos, puertos y rutas marítimas siguen alimentando el temor a una interrupción más profunda del suministro energético mundial.

Mientras ese equilibrio no se resuelva, el petróleo seguirá siendo uno de los principales termómetros de la guerra. Y con Asia comenzando a sentir el impacto del freno en Ormuz, el conflicto deja de ser solo una crisis regional para convertirse en un riesgo directo para la economía internacional.


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Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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