Según estimaciones citadas en la información de origen, Lloyd’s of London afrontaría pérdidas de £1.400 millones mientras el conflicto entre Estados Unidos e Irán mantiene bloqueado en gran medida el estrecho de Ormuz, eleva las primas de guerra y deja a más de 1.000 embarcaciones expuestas.
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- Las reclamaciones acumuladas por aseguradores marítimos del mercado londinense son estimadas entre USD $1.500 millones y USD $2.000 millones, con pérdidas potenciales de hasta USD $3.000 millones.
- Las primas de riesgo de guerra pasaron de cerca de 0,25% del valor del casco a niveles superiores al 3% en algunos casos.
- Lloyd’s y Chubb lanzaron estructuras de cobertura con hasta USD $200 millones de capacidad primaria por separado para riesgos de casco y P&I, lo que equivale a hasta USD $400 millones si se consideran ambas líneas.
El mercado marítimo de seguros enfrenta una de sus mayores pruebas en décadas mientras el conflicto entre Estados Unidos e Irán mantiene al estrecho de Ormuz convertido en una zona de alto riesgo. Según estimaciones citadas en la información de origen, Lloyd’s of London afrontaría pérdidas de £1.400 millones vinculadas a la crisis, cuya fase actual comenzó el 28 de febrero de 2026 con ataques aéreos de Estados Unidos e Israel contra posiciones iraníes y la posterior respuesta de Teherán, que bloqueó en gran medida el paso estratégico del Golfo.
El estrecho de Ormuz conecta el Golfo con el océano abierto y funciona como un punto de paso crucial para embarcaciones comerciales, especialmente aquellas relacionadas con la energía. Cuando una vía de este tipo queda atrapada en un conflicto activo, el problema no se limita a retrasos logísticos: también aumenta la posibilidad de daños al casco, pérdidas de carga, interrupciones operativas y reclamaciones por vidas humanas, todos riesgos que el sector asegurador debe valorar con rapidez.
Según Cryptobriefing, los aseguradores marítimos del mercado londinense habían acumulado reclamaciones estimadas de entre USD $1.500 millones y USD $2.000 millones al cierre de agosto de 2026. Las proyecciones más severas elevan la factura total hasta USD $3.000 millones, una cifra que reflejaría tanto los incidentes ya registrados como la posibilidad de que continúen las hostilidades y permanezcan atrapadas las embarcaciones que intentan atravesar la región.
El balance humano también forma parte de la dimensión aseguradora de la crisis, aunque ninguna estimación financiera puede resumir por sí sola su impacto. Entre 14 y 17 marinos habían muerto en el conflicto hasta mediados de 2026, mientras entre 1.000 y 1.150 embarcaciones permanecían varadas o navegaban por zonas consideradas de alto riesgo, de acuerdo con los datos recogidos en la información de origen.
Reclamaciones concentradas en tres líneas de cobertura
Las pérdidas se concentran en tres segmentos del seguro marítimo: casco y guerra, carga y energía. La combinación resulta especialmente sensible porque cada cobertura responde a una parte distinta del mismo problema, desde el daño físico a la embarcación hasta la mercancía transportada y las operaciones vinculadas con el suministro energético.
La cobertura de casco y guerra queda directamente expuesta cuando drones, misiles o minas navales amenazan a los buques durante su tránsito. En paralelo, el seguro de carga puede recibir reclamaciones por mercancías dañadas, perdidas o varadas, mientras las pólizas relacionadas con energía enfrentan el riesgo adicional de interrupciones en una región estrechamente asociada con el transporte de combustibles.
El valor económico de los activos en tránsito ayuda a dimensionar por qué una interrupción prolongada puede producir reclamaciones de miles de millones. Las entre 1.000 y 1.150 embarcaciones afectadas representan decenas de miles de millones de dólares únicamente en valor de casco, y el monto podría superar USD $100.000 millones cuando se incorpora la carga transportada.
Eso no significa que todo el valor expuesto vaya a convertirse en pérdidas aseguradas, pero sí muestra la escala de la responsabilidad que asumen las compañías que mantienen cobertura en el área. Cada buque debe evaluarse según su ruta, tipo, carga y nivel de exposición, en un entorno donde la amenaza cambia con mayor velocidad que los ciclos tradicionales de suscripción.
El riesgo de guerra encarece cada viaje
Antes de la escalada, las empresas navieras pagaban aproximadamente 0,25% del valor del casco para cubrir el riesgo de guerra en la región del Golfo. Durante el conflicto, esa tasa superó el 3% en algunos casos, lo que representa un incremento de más de 12 veces frente al nivel previo. Las tarifas pueden variar según la ruta, el tipo de embarcación y las condiciones de la póliza.
El efecto puede observarse en un petrolero valorado en USD $100 millones. A ese buque le costaba cerca de USD $250.000 contratar la cobertura de guerra para un viaje antes del conflicto, mientras que una tasa del 3% implicaría una prima de aproximadamente USD $3 millones. La diferencia puede modificar la rentabilidad de la operación y las decisiones del propietario.
Las primas elevadas también pueden influir en la elección de rutas y en el momento en que una naviera decide zarpar. Sin agregar supuestos sobre el comportamiento de las empresas, la relación entre un seguro mucho más costoso y una zona marítima activa implica que el tránsito por Ormuz se vuelve financieramente más difícil, incluso para operadores que todavía cuentan con protección disponible.
Un breve alto el fuego en junio de 2026 abrió una ventana de optimismo, pero la pausa no se sostuvo. Las hostilidades se reanudaron, las primas permanecieron elevadas y el número de embarcaciones varadas siguió aumentando, según el reporte de Cryptobriefing, que describe al estrecho como una de las rutas marítimas más caras del mundo para quienes deben contratar protección contra el riesgo de guerra.
Lloyd’s busca conservar capacidad en la región
A pesar del deterioro del escenario, Lloyd’s ha optado por crear capacidad adicional en lugar de retirarse, según reportes sobre la respuesta del mercado asegurador. La decisión responde a la preocupación de que el seguro privado pudiera abandonar efectivamente la región, dejando a las navieras con menos opciones para proteger barcos y cargamentos.
Como parte de esa respuesta, Lloyd’s colaboró con Chubb para lanzar nuevas estructuras de riesgo de guerra en 2026. La información disponible sobre el programa señala una capacidad primaria de hasta USD $200 millones por separado para riesgos de casco y de protección e indemnización (P&I). Consideradas ambas líneas, la capacidad máxima anunciada puede alcanzar USD $400 millones.
Los consorcios constituyen una forma de repartir el riesgo entre varios participantes y evitar que una sola entidad concentre toda la responsabilidad de una operación. En el contexto descrito, esa capacidad adicional adquiere relevancia porque los aseguradores deben responder simultáneamente a daños en embarcaciones, pérdidas de mercancía, interrupciones energéticas y reclamaciones relacionadas con víctimas.
El reto para Lloyd’s y sus participantes no consiste únicamente en fijar precios más altos, sino en decidir qué riesgos pueden aceptar y bajo qué condiciones. La capacidad creada junto con Chubb muestra que el mercado intenta permanecer operativo, aunque las pérdidas estimadas y la continuidad del conflicto mantienen abierta la posibilidad de nuevas reclamaciones.
Una prueba para los modelos de suscripción
La crisis también está poniendo bajo presión los modelos con los que los aseguradores calculan el riesgo de guerra. Los productos diseñados para el Golfo no necesariamente contemplaban una combinación sostenida de drones, misiles y minas navales en un estrecho con una concentración tan elevada de embarcaciones y carga.
En condiciones normales, las compañías pueden revisar precios y condiciones mediante ciclos de renovación relativamente ordenados. En 2026, los suscriptores ajustan sus tarifas en tiempo real, porque la intensidad de la amenaza y la disponibilidad de rutas seguras pueden cambiar antes de que concluya cualquier periodo convencional de evaluación.
Ese proceso vuelve más compleja la planificación de las navieras, que deben considerar el costo de la cobertura junto con el riesgo de mantener un buque detenido o enviarlo por una zona peligrosa. La información disponible no establece cuánto durarán las primas elevadas ni cuándo se liberarán las embarcaciones varadas, por lo que el mercado continúa operando bajo una incertidumbre excepcional.
La comparación con las guerras de petroleros de la década de 1980 ilustra la gravedad histórica del momento, aunque el escenario actual incorpora amenazas tecnológicas y operativas distintas. Para los aseguradores marítimos, el conflicto de 2026 representa una prueba de estrés a una escala que el sector no había enfrentado en décadas, con Lloyd’s intentando sostener cobertura mientras la factura continúa creciendo.
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