Por Canuto  

Los resultados trimestrales de Google, Microsoft, Amazon y Meta dejaron una señal clara: la inteligencia artificial ya impulsa ingresos reales, sobre todo en nube y publicidad. Pero también expusieron una nueva tensión en Wall Street, donde el entusiasmo por el crecimiento convive con crecientes dudas sobre si el gasto multimillonario en infraestructura podrá sostenerse sin castigar márgenes y flujo de caja.
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  • Google fue el gran ganador del trimestre, con Search en alza y Google Cloud creciendo 63% interanual.
  • Amazon y Microsoft mostraron avances sólidos en AWS, Azure y adopción empresarial de IA, aunque sin despejar todas las dudas.
  • Meta reportó un fuerte crecimiento operativo, pero su mayor capex y su apuesta más difusa por IA provocaron una dura reacción del mercado.


La más reciente temporada de resultados de las grandes tecnológicas dejó una conclusión incómoda para Wall Street. La inteligencia artificial ya está generando negocio tangible, pero no todas las compañías están logrando convencer al mercado de que su gasto en infraestructura tendrá el mismo retorno.

En el programa AI Profits Surge, $70B Capex Surge Raises Investor Concerns, Automated Skin Exams | Diet TBPN, el canal TBPN repasó los reportes de Google, Microsoft, Amazon y Meta, además de varias señales del ecosistema de IA. El foco estuvo en una pregunta simple: si el capex masivo sigue subiendo, ¿quién puede justificarlo con ingresos y contratos visibles?

Para los mercados, esa respuesta ya no parece uniforme. Durante buena parte del último año bastaba con anunciar la cifra más alta de inversión en centros de datos, GPUs y capacidad de cómputo. Ahora la exigencia es otra. Los inversionistas quieren ver evidencia clara de monetización, crecimiento en nube y alguna ruta creíble de retorno.

En ese marco, Google fue el gran vencedor del grupo. Microsoft cumplió, Amazon reforzó su narrativa de infraestructura y Meta quedó en la posición más compleja, pese a que su negocio principal siguió mostrando números muy sólidos.

Google despeja dudas sobre Search y acelera en la nube

Google fue, según el análisis de TBPN, la compañía que mejor salió parada del cuarteto. Su acción subió cerca de 10% en los últimos días tras un reporte que no solo superó expectativas, sino que también debilitó una de las tesis bajistas más repetidas de los últimos años.

Esa tesis sostenía que los chatbots y la IA conversacional iban a erosionar el negocio central de búsquedas. Al menos por ahora, ocurrió lo contrario. Search y otros ingresos alcanzaron USD $6.400 millones, con un crecimiento interanual de 19%.

La otra gran historia fue Google Cloud. La unidad registró ingresos por USD $20.000 millones, un salto de 63% interanual. Aunque sigue siendo más pequeña que AWS, esa menor base permitió una expansión mucho más agresiva, muy por encima de lo que el mercado esperaba.

El dato que más llamó la atención fue el backlog de la nube. Este casi se duplicó hasta superar los USD $460.000 millones. Más de la mitad de esa cifra sería reconocida en los próximos 24 meses, una señal que refuerza la visibilidad del negocio y da más sustento al alza en capex.

También destacó la rentabilidad. El ingreso operativo de Google Cloud fue de USD $6.600 millones, con márgenes considerados muy sólidos. Para el mercado, la combinación fue difícil de ignorar: durabilidad en Search, fuerte demanda de infraestructura de IA y una plataforma que hoy puede vender desde modelos hasta servicios de nube.

El consenso implícito es que Google está construyendo una narrativa de pila completa. No depende solo de promesas futuras. Tiene publicidad, búsqueda, nube, modelos propios y contratos de gran escala. En un entorno donde el mercado premia pruebas de monetización, eso marcó la diferencia.

Microsoft avanza con Azure y Copilot, pero la historia no cambia del todo

Microsoft presentó un trimestre sólido, aunque sin alterar demasiado la narrativa que ya existía sobre la empresa. El mercado quería ver tres cosas: crecimiento en Azure, adopción de Copilot y argumentos convincentes para sostener el elevado gasto en infraestructura.

La compañía reportó ingresos por USD $82.900 millones, un aumento de 18% interanual. En términos generales, fue un reporte limpio frente a las expectativas de analistas. Sin embargo, la reacción bursátil fue moderada y la acción cayó cerca de 2%.

Uno de los focos estuvo en Microsoft 365 Copilot. La empresa añadió unos 5 millones de asientos y llegó a 20 millones en total. La cifra es relevante, pero aún luce pequeña frente a los 450 millones de asientos pagos de Microsoft 365.

Esa brecha es importante porque la tesis alcista de Microsoft depende en gran parte de convertir su enorme base instalada en clientes adicionales de IA. La pregunta ya no es si Copilot tiene demanda. La pregunta es qué tan rápido puede pasar de 20 millones a cientos de millones de usuarios empresariales.

Otra capa del análisis fue la evolución de la relación con OpenAI. La exclusividad de Azure como canal de acceso a modelos de OpenAI se redujo, ya que estos también están disponibles en AWS. Eso implica una pérdida competitiva para los equipos comerciales de Azure, que antes podían usar ese argumento como diferencial.

Pero la situación tiene doble filo. Si OpenAI crece más al distribuirse con mayor libertad, Microsoft también puede beneficiarse por su participación accionaria en la compañía. Según lo comentado en TBPN, esa tensión entre el negocio de balance y el de ventas cloud obligó a una renegociación que, por ahora, parece haberse resuelto sin conflicto público.

En ese nuevo marco, el mercado sigue viendo a Microsoft como la gran jugada empresarial de IA. La empresa conserva distribución, software corporativo y una vía directa hacia productividad. Lo que todavía falta es una aceleración más contundente que cambie la percepción de despliegue gradual.

Amazon reafirma su poder en infraestructura y alianzas

Amazon volvió a destacar como el rey del capex, pero esta vez con un amortiguador importante: AWS mostró señales claras de reaceleración. Para una empresa de su tamaño, ese detalle fue suficiente para que la reacción del mercado fuera razonablemente positiva.

En el primer trimestre de 2026, Amazon reportó ventas por USD $181.500 millones, un crecimiento de 17% interanual. El grupo ya se perfila hacia un ritmo anual cercano al billón de dólares en ingresos, una escala difícil de comparar con casi cualquier otra compañía.

El dato decisivo fue AWS. El consenso esperaba una expansión de 25%, pero la unidad avanzó 28%. Puede parecer una diferencia menor, aunque en un negocio de esta magnitud ese extra fue leído como una validación de demanda en IA e infraestructura.

Además, el negocio publicitario generó USD $17.200 millones y la división de chips superó una tasa anual de USD $20.000 millones. Todo esto fortaleció la idea de que Amazon puede distribuir su inversión en varias capas: nube, semiconductores, publicidad y alianzas estratégicas.

TBPN remarcó que AWS tiene una posición particular en esta carrera. A diferencia de Google o Meta, Amazon no necesita apostar solo por sus propios modelos. Su estrategia pasa más por convertirse en el gran proveedor de infraestructura para terceros, incluidos OpenAI y Anthropic.

Esa flexibilidad le da una narrativa más limpia frente al mercado. Si un laboratorio gana, AWS puede capturar parte del gasto. Si el mercado se fragmenta, también. Y si los modelos se vuelven más intercambiables, la infraestructura sigue siendo el terreno donde Amazon tiene ventaja estructural.

Meta crece con fuerza, pero no convence al mercado

Meta fue probablemente el caso más paradójico del grupo. Sus resultados operativos fueron fuertes, pero el mercado reaccionó con dureza. Tras el reporte, la acción llegó a caer cerca de 10%, aunque luego mostró movimientos más volátiles.

La empresa reportó ingresos trimestrales por USD $56.300 millones, con un crecimiento interanual de 33%. Las impresiones de anuncios subieron 19% y el precio promedio por anuncio avanzó 12%. Sobre el papel, el negocio principal lució excepcional.

El problema fue la nueva guía de capex. Meta elevó su rango desde USD $115.000 millones a USD $135.000 millones hacia un nuevo rango de USD $125.000 millones a USD $145.000 millones. Esa revisión agregó USD $10.000 millones en ambos extremos.

Para los inversionistas, la duda inmediata fue si ese gasto adicional comprará más capacidad o si apenas refleja el encarecimiento de los insumos. Esa diferencia importa mucho. Si se trata de más cómputo útil, el mercado puede tolerarlo. Si solo cubre inflación de infraestructura, el retorno se vuelve más incierto.

El desafío de Meta es narrativo y financiero. A diferencia de Amazon, Google o Microsoft, no posee una gran plataforma de contratos empresariales en nube que pueda absorber ese capex y devolver una rentabilidad estándar. En su caso, la mayor parte del valor todavía debe aparecer en el negocio publicitario o en una futura ventaja de IA avanzada.

TBPN describió a Meta como una mezcla entre una máquina publicitaria de altísima calidad y una opción de riesgo sobre IA de frontera. Esa combinación puede ser poderosa, pero también difícil de valorar. El mercado entiende muy bien el negocio de anuncios. Entiende mucho menos una apuesta ambiciosa a superinteligencia sin un camino comercial tan claro.

Hubo además otro temblor. Meta reportó una caída secuencial en su métrica de personas activas diarias, o DAP, la primera desde que empezó a divulgar ese indicador. La empresa lo atribuyó a interrupciones de internet en Irán y restricciones a WhatsApp en Rusia, en lugar de a una pérdida estructural de usuarios.

Ese punto fue matizado por los comentaristas. No parece existir hoy una red social emergente que esté desplazando de forma clara a Instagram, WhatsApp o Facebook. Más bien, la idea dominante es que la IA podría reforzar a los incumbentes al facilitar más contenido, más herramientas creativas y una producción más eficiente dentro de las plataformas ya existentes.

Un mercado que ya no compra la misma historia para todos

La principal lección del trimestre es que la narrativa de IA se está fragmentando. Durante meses, las tecnológicas líderes se beneficiaron de una lectura homogénea: gastar más era automáticamente una señal de liderazgo. Ese reflejo empieza a cambiar.

Google parece ser vista como la jugada de pila completa. Microsoft sigue siendo la gran apuesta por distribución empresarial. Amazon representa la infraestructura y las alianzas. Meta, en cambio, queda como una historia más difícil, con una base publicitaria extraordinaria y una ambición tecnológica enorme, pero menos fácil de traducir a flujo de caja inmediato.

TBPN también destacó un contraste relevante frente a la burbuja puntocom. Las relaciones precio-beneficio de Meta, Google, Amazon y Microsoft se ubicaron en torno a 16x, 17x, 24x y 25x, respectivamente. En el pico de la era puntocom, Microsoft rondó 73x, Cisco superó 200x y Yahoo llegó a cerca de 800x.

Eso no elimina la especulación en otras partes del mercado, sobre todo en empresas privadas o nombres con múltiplos mucho más extremos. Pero sí sugiere que una parte importante del valor actual está sostenida por negocios reales, con grandes flujos de caja y posiciones dominantes en publicidad, software y nube.

Más allá de los balances, el programa también repasó otras señales del ecosistema. Jensen Huang rechazó las narrativas más alarmistas sobre destrucción masiva de empleo y defendió que comunicar de forma exagerada los riesgos de IA puede terminar dañando sectores que aún necesitan talento, como radiología y desarrollo de software.

En paralelo, se comentaron avances como sistemas automatizados para exámenes dermatológicos, que podrían ayudar a escalar el trabajo médico sin necesariamente reemplazar a los especialistas. También se mencionaron nuevos resultados de ARC AGI V3, donde GPT 5.5 obtuvo 0,43% y Opus 4.7 marcó 0,18%, reflejando que incluso los modelos más avanzados siguen lejos de resolver ciertos desafíos generales.

Por ahora, la señal más importante para inversionistas es simple. La IA ya produce ingresos visibles. Pero Wall Street comenzó a distinguir entre quienes convierten ese impulso en contratos, márgenes y backlog, y quienes todavía piden fe para sostener una factura de infraestructura cada vez más abultada.


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