Goldman Sachs calcula que Amazon, Oracle y Microsoft necesitarían generar cerca de USD $300.000 millones en ingresos de IA para alcanzar el equilibrio de sus inversiones, un objetivo que, según el estratega Ryan Hammond, aún queda lejos.
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- El estratega de Goldman Sachs Ryan Hammond estima que los hiperescaladores deben generar cerca de USD $300.000 millones en ingresos de IA para alcanzar el punto de equilibrio de sus inversiones.
- Los ingresos de nube del grupo se aceleraron y superaron en USD $70.000 millones anualizados la tendencia previa a la IA en el segundo trimestre de 2026, mientras sus carteras de pedidos rebasaron USD $1,5 billones.
- Hammond calcula que los usuarios tendrían que gastar USD $1 billón al año en aplicaciones de IA para sostener retornos sólidos en infraestructura y márgenes fuertes en la capa de aplicaciones.
🚨 Goldman Sachs calcula que los hiperescaladores necesitan USD 300.000 millones en ingresos de IA para equilibrar sus inversiones.
Los ingresos de nube superaron en USD 70.000 millones anualizados la tendencia previa a la IA; los pedidos rebasaron USD 1,5 billones.
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La carrera por la IA todavía tiene una cuenta pendiente para las grandes tecnológicas. El entusiasmo de los inversores por la inteligencia artificial convive con una pregunta financiera que todavía no tiene respuesta sencilla: cuándo recuperarán las grandes tecnológicas el dinero que destinan a esta tecnología.
El estratega de Goldman Sachs Ryan Hammond estima que los hiperescaladores, entre ellos Amazon, Oracle y Microsoft, necesitarían generar cerca de USD $300.000 millones en ingresos de IA para alcanzar el punto de equilibrio de sus inversiones.
Una meta de ingresos frente a inversiones enormes
La cifra de USD $300.000 millones que plantea Hammond no describe ingresos que esas compañías ya hayan alcanzado ni constituye una previsión de ventas con fecha exacta. Es, de acuerdo con el análisis citado por Yahoo Finance, una estimación de lo que los hiperescaladores tendrían que generar con servicios de inteligencia artificial para compensar sus inversiones y llegar al equilibrio.
La distinción importa porque el crecimiento de la demanda y la rentabilidad son medidas diferentes. Una empresa puede vender más capacidad de cómputo, ampliar sus servicios en la nube y acumular compromisos de clientes, pero esos avances no demuestran por sí solos que los ingresos ya cubran el costo de desplegar la infraestructura necesaria para atenderlos.
Hammond considera que los principales proveedores todavía tienen un largo trecho por recorrer antes de alcanzar el umbral calculado. La lectura pone el foco no solo en la velocidad con que aumenta el uso de herramientas de IA, sino también en cuánto dinero pueden capturar los proveedores de infraestructura y aplicaciones a lo largo de esa cadena.
Para los accionistas, el desfase entre inversión y retorno puede significar que el valor potencial de la IA dependa de resultados que tardarán en materializarse. Goldman Sachs señala que pueden pasar años antes de que las inversiones de las grandes tecnológicas den frutos y que alcanzar el punto de equilibrio, un paso previo a obtener beneficios, también podría tomar años.
Los indicadores de nube y las carteras de pedidos
El análisis también recoge señales de que la demanda está avanzando: los ingresos de nube de los hiperescaladores se aceleraron con fuerza durante 2026. En el segundo trimestre, su ritmo anualizado se situó en torno a USD $70.000 millones por encima de la tendencia previa al auge de la IA, una comparación que apunta al crecimiento incremental asociado con la nueva demanda.
Ese dato no debe confundirse con USD $70.000 millones de ingresos de IA ya realizados, ni con ganancias netas de esa cuantía. La cifra compara el ritmo anualizado de los ingresos de nube con la tendencia anterior a la IA, por lo que funciona como una referencia de crecimiento y no como prueba de que la inversión en centros de datos y capacidad de cómputo haya sido recuperada.
Las carteras de pedidos anunciadas para el grupo superan USD $1,5 billones. Los compromisos comerciales pueden dar visibilidad sobre demanda futura, pero no equivalen automáticamente a ingresos cobrados ni aclaran, por sí solos, el margen que dejará cada contrato después de considerar los costos de ofrecer el servicio.
Por eso, el análisis financiero de estas empresas enfrenta dos preguntas que conviene mantener separadas: cuánta demanda existe y qué rendimiento produce atenderla. Una cartera de pedidos grande puede reforzar la expectativa de crecimiento, mientras el cálculo de rentabilidad exige observar también los desembolsos, el ritmo de ejecución y el ingreso efectivo que llega a las compañías.
La demanda que necesitaría la cadena de IA
Hammond amplía el cálculo más allá de las cuentas de los hiperescaladores y examina cuánto tendría que gastar el conjunto de usuarios. Según escribió, los usuarios de IA necesitarían desembolsar aproximadamente USD $1 billón anual en aplicaciones de IA para que los proveedores de infraestructura obtuvieran retornos sólidos y las empresas de la capa de aplicaciones alcanzaran márgenes fuertes frente a sus gastos de cómputo.
La estimación muestra que la rentabilidad de la infraestructura y la de las aplicaciones están relacionadas, pero no son idénticas. Los hiperescaladores venden capacidad y servicios que permiten operar modelos y aplicaciones, mientras que las compañías de software buscan convertir esos recursos en productos por los que sus clientes estén dispuestos a pagar; ambas capas necesitan ingresos suficientes para sostener sus costos.
El cálculo de gasto anual no significa que exista ya un compromiso colectivo de los usuarios por esa suma ni que el mercado haya demostrado que puede alcanzar ese nivel. Es una estimación del volumen de desembolsos que, en opinión del estratega, haría falta para respaldar retornos atractivos en distintas partes de la cadena de valor de la IA.
La prueba para las empresas será transformar el interés en uso y, después, el uso en pagos capaces de cubrir cómputo y demás inversiones. Si los clientes adoptan herramientas sin gastar lo suficiente, el crecimiento tecnológico podría avanzar más rápido que los ingresos necesarios para justificar la construcción de infraestructura, una brecha que explica la cautela detrás del cálculo.
El optimismo bursátil y el plazo de recuperación
La advertencia llega mientras los inversores vuelven a comprar acciones de grandes tecnológicas ante el optimismo sobre la IA. En el mes mencionado por Yahoo Finance, el ETF Roundhill Magnificent Seven, identificado como MAGS, subió 8%, frente a una ganancia descrita como modesta para el S&P 500, aunque la nota no detalla el porcentaje de avance de este último índice.
Ese desempeño refleja el interés del mercado, pero no resuelve la cuestión de cuánto tardarán las compañías en recuperar sus inversiones. El avance de un fondo que reúne grandes empresas tecnológicas puede mostrar expectativas favorables de los accionistas, mientras el análisis de Hammond advierte que la generación de ingresos suficientes todavía requiere una expansión considerable.
La diferencia entre la expectativa bursátil y el plazo operativo es relevante para evaluar la exposición a la IA. Si los retornos dependen de que aumenten tanto los ingresos de nube como el gasto de los usuarios en aplicaciones, los inversores deben considerar que la adopción tecnológica puede ser rápida sin que la rentabilidad llegue al mismo ritmo.
La estimación de Goldman Sachs no descarta el potencial comercial de la inteligencia artificial; plantea una condición exigente para que las inversiones rindan. Con una meta cercana a USD $300.000 millones en ingresos de IA para alcanzar el equilibrio y un gasto anual de usuarios calculado en USD $1 billón para sostener retornos sólidos en la cadena, la distancia entre entusiasmo y resultados medibles seguirá bajo observación.
Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.
Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.
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