Por Canuto  

El cierre del Estrecho de Ormuz por Irán amenaza con hundir al Reino Unido en una recesión. La firma EY proyecta un crecimiento del PIB de apenas 0,3% para 2026. Los precios del petróleo se disparan y los mercados financieros ya sienten el impacto.
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  • EY pronostica que el Reino Unido tendría un crecimiento del PIB de solo 0,3% en 2026 si el Estrecho de Ormuz sigue cerrado.
  • El cierre del estrecho ha aumentado los precios del Brent entre 10% y 13% y los productos refinados alcanzan USD $195,00-$200,00 por barril.
  • La recesión británica podría agravar la inflación y debilitar la libra esterlina, afectando a los inversores.


El cierre del Estrecho de Ormuz por parte de Irán el 28 de febrero de 2026 está generando una crisis energética mundial. El Reino Unido, uno de los países más dependientes de las importaciones de energía, se encuentra en la cuerda floja.

Según un análisis de Cryptobriefing, la economía británica podría caer en recesión si el bloqueo persiste. La firma EY proyecta un crecimiento del PIB de apenas 0,3% para el año 2026.

Para entender la magnitud del problema, es necesario conocer el papel del Estrecho de Ormuz en el comercio global de petróleo.

Contexto: el Estrecho de Ormuz y su relevancia global

El Estrecho de Ormuz es un paso marítimo estratégico entre Omán e Irán, conectando el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán. Por esa vía transita aproximadamente el 20% del petróleo y gas natural licuado (GNL) del mundo.

El cierre de este estrecho, ocurrido el 28 de febrero de 2026, interrumpió de manera casi total el flujo de buques cisterna. Los datos de envío hasta mediados de año muestran que más del 90% de los tránsitos normales se han suspendido.

La decisión fue tomada por el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, lo que agrega un componente geopolítico de alta tensión. Las Operaciones de Comercio Marítimo del Reino Unido advirtieron en julio de 2026 que no hay una resolución a corto plazo.

Este bloqueo no solo afecta a los países del Golfo, sino que tiene efectos dominó en las economías importadoras de energía. El Reino Unido, al depender de importaciones para cubrir una parte significativa de su consumo, se convierte en uno de los más vulnerables.

La dependencia británica de la energía importada es estructural. El país no cuenta con suficientes reservas internas para compensar una interrupción prolongada, lo que lo expone a las variaciones de precios internacionales.

La situación se agrava por el hecho de que el Reino Unido ha estado lidiando con la inflación durante los dos últimos años. Un nuevo shock energético podría deshacer los avances logrados.

Las proyecciones económicas para el Reino Unido

La firma EY, una de las consultoras más respetadas, ha elaborado un pronóstico sombrío para el Reino Unido. Según sus cálculos, el crecimiento del PIB se reducirá a solo 0,3% en 2026 si el estrecho permanece cerrado hasta fin de año.

Esta cifra representa una desaceleración drástica comparada con las expectativas previas. Una economía que apenas crece está al borde de la recesión técnica, definida como dos trimestres consecutivos de contracción.

Desde el inicio del bloqueo, los precios del crudo Brent han aumentado entre un 10% y un 13%. Los productos refinados, como la gasolina y el diésel, han alcanzado precios de entre USD $195,00 y USD $200,00 por barril en las regiones afectadas, según datos de julio de 2026.

El impacto no se limita al Reino Unido. Wood Mackenzie y SolAbility, consultoras especializadas, han modelado el efecto global, estimando pérdidas potenciales de PIB de 0,4% o más en las regiones expuestas. El Reino Unido se encuentra en el grupo de mayor vulnerabilidad.

Los hogares británicos ya están sintiendo el aumento en sus facturas de energía. El costo de la calefacción y la electricidad se ha disparado, lo que reduce el ingreso disponible de las familias.

Las empresas también enfrentan costos de producción más altos, especialmente en sectores intensivos en energía como el transporte y la manufactura. Esto podría traducirse en pérdida de empleos o en una transferencia de precios al consumidor.

El Banco de Inglaterra se enfrenta a un dilema: subir las tasas de interés para combatir la inflación o mantenerlas para apoyar el crecimiento. Un crecimiento tan bajo complica esta decisión.

La vulnerabilidad estructural del Reino Unido

El Reino Unido importa una parte significativa de sus necesidades energéticas. Según datos del sector, el país depende de las importaciones para cubrir más del 40% de su consumo de gas natural.

Esta dependencia estructural se convierte en una debilidad en momentos de crisis geopolítica. A diferencia de otros países con mayores reservas internas, el Reino Unido no tiene margen para compensar una reducción prolongada de suministro.

Los costos energéticos más altos se trasladan directamente a los precios de transporte y alimentos. Esto crea un ciclo inflacionario difícil de romper, como se observó en la crisis de 2022.

El gobierno británico ha intentado diversificar sus fuentes de energía, pero los avances son lentos. La transición hacia renovables aún no ha alcanzado el nivel necesario para reducir la dependencia de los combustibles fósiles.

Las Operaciones de Comercio Marítimo del Reino Unido han emitido advertencias constantes sobre los riesgos para el transporte en la región. Hasta julio de 2026, no se vislumbra una solución negociada.

La libra esterlina, sensible a los términos de intercambio, se ha debilitado en los mercados de divisas. Una libra más débil encarece aún más las importaciones de energía, creando una espiral negativa.

Este cóctel de factores coloca al Reino Unido en una posición extremadamente delicada, con un alto riesgo de caer en estanflación, una combinación de estancamiento económico e inflación alta.

El impacto global y las economías expuestas

El cierre del Estrecho de Ormuz no es solo un problema británico. Otros países europeos y asiáticos también dependen en gran medida de esa ruta para su suministro de energía.

Según los modelos de Wood Mackenzie y SolAbility, las pérdidas potenciales de PIB podrían superar el 0,4% en las regiones más expuestas. Esto incluye a países como Japón, Corea del Sur y varias economías europeas.

El Reino Unido se encuentra cerca de la cima de los rankings de vulnerabilidad debido a su alta dependencia energética. Pero otros países, como la India, también enfrentan riesgos significativos.

La interrupción del comercio de GNL tiene implicaciones para el mercado de gas natural, que ya era tenso. Las empresas europeas han tenido que competir por cargamentos alternativos, elevando los precios.

En este contexto, la economía global podría enfrentar un shock de oferta similar al de la crisis del petróleo de los años setenta. Las consecuencias podrían sentirse durante varios trimestres.

Reacciones de los mercados: estanflación y debilidad de la libra

La previsión de crecimiento del PIB de 0,3% de EY ha encendido las alarmas entre los inversores. Los estrategas de capital están revisando a la baja sus proyecciones de ganancias para las empresas británicas.

En el mercado de bonos, los traders comienzan a descontar una mayor probabilidad de recesión. Los rendimientos de los gilts podrían verse afectados si el banco central se ve obligado a recortar tasas.

La libra esterlina, que ya se mostraba débil, podría sufrir mayores presiones. Un entorno de estanflación es históricamente desfavorable para la moneda de un país.

Una libra más débil incrementa el costo de las importaciones, incluyendo la energía. Esto alimenta la inflación y obliga al Banco de Inglaterra a tomar decisiones más restrictivas, lo que podría ahogar aún más el crecimiento.

Los inversores están monitoreando de cerca cualquier señal de reapertura del estrecho. Una reapertura, incluso parcial o negociada, probablemente provocaría una rápida caída en los precios de la energía, aliviando la presión sobre la economía.

Sin embargo, la incertidumbre geopolítica sigue siendo alta. La situación podría prolongarse, y los mercados deberán ajustarse a un escenario de suministro restringido durante más tiempo.

Para los inversores enfocados en activos denominados en libras, la previsión de EY actúa como un umbral psicológico. Cualquier dato macroeconómico que sugiera que el crecimiento está por debajo de esa cifra podría desencadenar movimientos bruscos en los mercados.

Qué observar de ahora en adelante

El principal indicador a vigilar es, sin duda, el estado del Estrecho de Ormuz. El canal de navegación es el epicentro de esta crisis, y cualquier cambio en su status tendría un impacto inmediato en los precios.

Los informes de seguimiento de envíos marítimos serán cruciales. Las cifras de tránsito de buques cisterna proporcionarán señales tempranas sobre una posible reapertura.

En el plano económico, los datos de gasto del consumidor son fundamentales. Si el gasto se contrae debido a las facturas de energía más altas, la recesión se hará más probable.

Las lecturas del índice PMI, que miden la actividad empresarial, también ofrecerán pistas sobre la salud de la economía. Un descenso por debajo de 50 puntos indica contracción.

Los costos de importación de energía serán otro termómetro. Un aumento sostenido profundizará la inflación y complicará la política del Banco de Inglaterra.

Las decisiones de política monetaria del Banco de Inglaterra serán seguidas de cerca. El banco central deberá equilibrar la lucha contra la inflación con el riesgo de estrangular el crecimiento.

En conclusión, el Reino Unido está navegando en aguas turbulentas, con el petróleo como principal catalizador. Los próximos meses serán determinantes para saber si el país logra evitar la recesión o si la estanflación se convierte en su nueva realidad.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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