Warren Buffett no necesitó perseguir a los grandes nombres de la inteligencia artificial para beneficiarse de su expansión. Las empresas de energía, las turbinas y los servicios públicos que Berkshire Hathaway acumuló durante décadas se encuentran ahora en el centro de una demanda eléctrica impulsada por los centros de datos.
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- Berkshire Hathaway se beneficia del auge de la IA mediante sus empresas de servicios públicos y proveedores de infraestructura energética.
- MidAmerican Energy suministra electricidad en Iowa, donde los centros de datos elevaron su peso dentro de la carga energética.
- Precision Castparts fabrica componentes para turbinas de gas, uno de los cuellos de botella de la expansión de los centros de datos.
⚡️ Berkshire quedó expuesta al auge de la IA sin perseguir sus líderes
MidAmerican suministra electricidad en Iowa, donde los centros de datos representan el 8% de la carga de Berkshire.
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La estrategia de Warren Buffett para beneficiarse del auge de la inteligencia artificial (IA) no nació en un laboratorio ni en una empresa emergente de moda, sino en negocios considerados tradicionales. Berkshire Hathaway posee compañías de servicios públicos y fabricantes de componentes energéticos que ahora reciben el impulso de la expansión de los centros de datos. La paradoja resume buena parte del estilo del inversionista: apostar por activos necesarios para la economía, incluso cuando todavía no existe una narrativa tecnológica alrededor de ellos.
Buffett, de 96 años, renunció como presidente de Berkshire Hathaway el viernes, después de dedicar seis décadas a convertir el conglomerado en una potencia de inversión. Durante ese periodo, construyó una reputación basada en comprar empresas que entendía, con flujos relativamente previsibles y vínculos claros con la economía real. Un reporte de CNN describió cómo ese enfoque permitió que Berkshire quedara expuesta al auge de la IA sin tener que identificar de antemano cuál compañía tecnológica sería la gran ganadora.
La firma mantiene participaciones relacionadas directamente con la tecnología, entre ellas Apple y Alphabet, pero su exposición más profunda al fenómeno se encuentra en una capa menos visible. La inteligencia artificial necesita enormes cantidades de electricidad para entrenar modelos, ejecutar servicios y sostener centros de datos, por lo que la expansión del sector está transformando los patrones de demanda energética. En ese escenario, las compañías que producen, distribuyen o equipan la electricidad pueden capturar valor aunque no desarrollen software de IA.
El resultado ofrece una lectura distinta del actual entusiasmo de los mercados. Mientras los inversionistas suelen concentrarse en fabricantes de chips, desarrolladores de modelos y grandes plataformas digitales, Berkshire participa en negocios que actúan como infraestructura básica. La empresa no necesita acertar cuál será el próximo líder de la inteligencia artificial si sus activos continúan siendo necesarios para alimentar los centros de datos que utilizan todos esos sistemas.
La energía como apuesta indirecta por la IA
Berkshire participó en un acuerdo anunciado en 1999 para adquirir MidAmerican Energy; la operación se completó en 2000. Se trataba de una compañía de servicios públicos que suministra electricidad en Iowa y otras zonas del Medio Oeste estadounidense. En ese momento, la operación no se diseñó como una apuesta por la inteligencia artificial, porque el sector todavía no enfrentaba la demanda energética que hoy generan los centros de datos. Más de dos décadas después, aquella adquisición coloca a Berkshire cerca de uno de los principales requisitos físicos de la economía digital.
Iowa se ha convertido en un centro para la instalación de centros de datos, y MidAmerican abastece aparte de esa actividad. Greg Abel, CEO de Berkshire Hathaway, dijo durante la conferencia anual de la compañía en mayo que los centros de datos representaron el 8% de la carga energética de Berkshire en Iowa durante el año anterior. La cifra muestra cómo una tendencia tecnológica puede modificar la composición de la demanda regional y convertir una empresa eléctrica tradicional en un activo vinculado a la IA.
La coincidencia temporal no significa que Buffett hubiera previsto con precisión el auge de los centros de datos cuando compró MidAmerican. Cathy Seifert, directora de CFRA Research, señaló que entonces no se hablaba de aprovechar la inteligencia artificial como parte de la estrategia energética. A su juicio, hubo un componente de suerte y buena fortuna, aunque la posición resulta relevante porque Berkshire ya controlaba empresas capaces de beneficiarse de las necesidades materiales del sector.
Berkshire también posee NV Energy, que opera en Nevada, otro estado donde avanza la construcción de centros de datos. Estas inversiones no dependen exclusivamente de una aplicación, un modelo o una marca tecnológica, sino de la necesidad permanente de generar y distribuir electricidad. Esa característica puede reducir la exposición de Berkshire a la volatilidad de las empresas más especulativas, aunque no elimina los riesgos propios de las inversiones en infraestructura y servicios públicos.
Apple, Alphabet y el límite de la estrategia
La exposición de Berkshire a la inteligencia artificial no se limita a la energía. Apple se convirtió en una de sus mayores posiciones accionarias después de que Buffett comenzara a invertir en 2016, cuando presentó a la compañía como un negocio de consumo duradero y no únicamente como una firma tecnológica. La participación permite a Berkshire beneficiarse de la evolución de productos y servicios digitales, aunque su tesis inicial se concentró en la fortaleza de la marca y la relación con sus consumidores.
En junio, Berkshire anunció además que tomaría una participación en Alphabet, la empresa matriz de Google. Esa decisión representó una apuesta más directa por la inteligencia artificial y supuso un cambio respecto de inversiones anteriores de la firma, al acercarla a una compañía cuyo crecimiento está estrechamente ligado al desarrollo de modelos, servicios digitales y herramientas de búsqueda. Sin embargo, la entrada en Alphabet no reemplazó el peso que tienen las inversiones energéticas dentro de la exposición indirecta de Berkshire.
Ken Mahoney, presidente y CEO de Mahoney Asset Management, sostuvo que Berkshire ya estaba posicionada para beneficiarse de las necesidades fundamentales de la IA en energía y servicios públicos. Según su interpretación, la ventaja consiste en no tener que descubrir qué empresa tecnológica dominará el mercado, porque la electricidad resulta indispensable para todas las alternativas. Mahoney resumió esa lógica al señalar que Buffett entendió hace tiempo la importancia de poseer compañías sin las cuales la economía simplemente no puede funcionar.
La estrategia también ilustra una diferencia entre invertir en una tendencia y vender una narrativa sobre esa tendencia. Berkshire no compró MidAmerican porque anticipara la actual carrera por construir centros de datos, y tampoco adquirió Precision Castparts con la promesa explícita de convertirse en proveedor de la IA. Su exposición surgió de negocios seleccionados por sus características propias, que ahora reciben una demanda adicional debido al crecimiento de una industria distinta.
Precision Castparts y el cuello de botella de las turbinas
La apuesta energética de Berkshire se extiende a Precision Castparts, fabricante de productos utilizados en turbinas, un componente central de los generadores eléctricos. Berkshire compró la empresa en 2016 y posteriormente registró una reducción contable de USD $11.000 millones relacionada con la adquisición. Buffett reconoció entonces que había pagado demasiado por la compañía, una admisión que convirtió la operación en uno de los errores más visibles de su trayectoria.
El auge de la inteligencia artificial cambió el contexto de la industria energética, aunque no borró aquel antecedente financiero. La demanda de electricidad asociada con los centros de datos elevó el interés por las turbinas de gas, y Precision Castparts fabrica piezas complejas necesarias para ese tipo de equipos. Así, una compañía adquirida por razones industriales puede encontrar una nueva fuente de relevancia gracias a una transformación tecnológica que Buffett no necesitaba anticipar para beneficiarse de ella.
Adam Patti, CEO de VistaShares, que administra un fondo inspirado en Berkshire, afirmó que las turbinas se encuentran entre los mayores cuellos de botella para los centros de datos. Su comentario apunta a una limitación concreta: construir capacidad informática requiere mucho más que servidores y software, porque también exige generación eléctrica, componentes especializados y conexiones capaces de sostener una carga elevada. Cuando una pieza crítica escasea, los proveedores de esa infraestructura pueden ganar poder económico sin convertirse en protagonistas de la narrativa tecnológica.
La historia de Precision Castparts también introduce una advertencia para los inversionistas. Que una empresa se beneficie de una tendencia no significa que la adquisición original haya sido barata ni que todos los accionistas obtengan automáticamente buenos resultados. Berkshire tuvo que reconocer una pérdida contable considerable, pero la demanda actual por turbinas y piezas especializadas muestra cómo una compañía industrial puede recuperar importancia estratégica cuando cambian las condiciones del mercado.
Una lección sobre invertir en infraestructura
La visión de Buffett coloca la infraestructura en el centro de la discusión sobre la inteligencia artificial. Los modelos pueden recibir la mayor atención pública, pero necesitan centros de datos, redes eléctricas, generadores y equipos industriales para operar a escala. Esa dependencia crea oportunidades para empresas que no se describen como compañías de IA, aunque sus ingresos puedan verse impulsados por la expansión del sector.
Cathy Seifert consideró que el vínculo entre Berkshire y la inteligencia artificial constituye un ángulo interesante para analizar la compañía, precisamente porque no surgió de una estrategia tecnológica explícita. La exposición refleja la capacidad de Buffett para seleccionar negocios sólidos que después encuentran nuevos mercados o nuevas fuentes de demanda. También recuerda que la relación entre una inversión y una tendencia puede aparecer años después de la compra inicial.
Para los mercados, el caso plantea una alternativa frente a la concentración en las acciones más populares del auge de la IA. Apple y Alphabet ofrecen exposición directa a grandes plataformas tecnológicas, mientras que las empresas de servicios públicos y los fabricantes de componentes capturan una necesidad transversal. Esa combinación puede resultar atractiva para quienes prefieren participar en el crecimiento de una industria sin depender de un único desarrollador, producto o modelo de inteligencia artificial.
La apuesta de Berkshire no elimina la incertidumbre sobre cuánto durará el crecimiento de los centros de datos ni cuánto capital requerirá ampliar la oferta eléctrica. Sí demuestra, sin embargo, que la fiebre por la IA está reordenando sectores enteros de la economía, desde los servicios públicos hasta la fabricación de turbinas. En el caso de Buffett, las inversiones más aburridas terminaron ocupando un lugar inesperado en una de las transformaciones tecnológicas más agresivas de los últimos años.
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