Un instituto gubernamental británico logró manipular modelos de inteligencia artificial para obtener instrucciones sobre armas biológicas y ciberataques, consolidándose como una de las iniciativas más avanzadas del mundo en supervisión de IA.
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- Expertos británicos vulneraron sistemas de IA para obtener información sobre armas químicas y hacking.
- El AI Security Institute ya encontró fallas importantes en modelos de OpenAI, Anthropic y Google.
- Reino Unido emerge como referencia global en regulación y evaluación de inteligencia artificial avanzada.
En un edificio gubernamental de estilo eduardiano ubicado junto a Parliament Square, en Londres, un grupo de especialistas pasó recientemente varias horas intentando convencer a un chatbot de inteligencia artificial de revelar instrucciones para fabricar ántrax, uno de los agentes biológicos más letales conocidos.
Los investigadores formularon preguntas directas, solicitaron listas de ingredientes y probaron distintas rutas alternativas para obtener información sensible. En un principio, el sistema respondió exactamente como estaba diseñado para hacerlo: rechazando cualquier colaboración con frases como “Lo siento, no puedo ayudar con eso”.
Sin embargo, el rechazo inicial no detuvo a los investigadores. Utilizando algoritmos personalizados y miles de prompts automatizados, el equipo comenzó a bombardear el sistema con variaciones constantes de preguntas hasta que finalmente logró romper sus barreras de seguridad. El chatbot terminó proporcionando listas detalladas de materiales, equipamiento e incluso instrucciones paso a paso para fabricar el agente biológico desde casa. Por razones de seguridad, The New York Times decidió no revelar qué modelo específico fue vulnerado.
El “red team” británico que intenta romper las IA más avanzadas
La operación fue dirigida por Xander Davies, un estadounidense de 25 años que lidera uno de los llamados “red teams” dentro del AI Security Institute del Reino Unido, una organización creada específicamente para evaluar riesgos extremos asociados con inteligencia artificial avanzada.
La función del equipo consiste esencialmente en actuar como atacantes: intentar vulnerar sistemas, evadir controles y descubrir qué tan peligrosos podrían ser los modelos de IA bajo escenarios reales de abuso. “Hay ciertas preguntas que definitivamente no quieres que el modelo responda”, explicó Davies. “Nos esforzamos muchísimo para sacar esas respuestas.”
El grupo también logró recientemente vulnerar salvaguardas del modelo más reciente de ChatGPT, consiguiendo que el sistema compartiera consejos de hacking tras aproximadamente seis horas de ataques continuos mediante prompts manipulados. Una vez detectadas las fallas, el instituto comparte los resultados directamente con las empresas tecnológicas responsables de los modelos.
“Ellos intentan corregirlo y luego nos responden”, explicó Davies, quien decidió trabajar para el gobierno británico en lugar de aceptar un puesto tecnológico en Silicon Valley tras graduarse en Harvard. “Realmente fortalecen sus sistemas gracias a nuestro trabajo.”
Reino Unido construyó uno de los mayores laboratorios gubernamentales de seguridad en IA
El AI Security Institute se ha convertido rápidamente en uno de los esfuerzos gubernamentales más ambiciosos del mundo dedicados exclusivamente a estudiar riesgos catastróficos asociados con inteligencia artificial.
La organización cuenta actualmente con cerca de 100 empleados provenientes de agencias de inteligencia, universidades y compañías tecnológicas. Entre sus perfiles hay epidemiólogos, expertos en armas químicas, criptógrafos y especialistas en ciberseguridad.
Desde su creación hace casi tres años, el instituto asegura haber encontrado fallas importantes en todos los grandes modelos de IA evaluados hasta ahora, incluyendo Claude de Anthropic, Gemini de Google y sistemas de OpenAI. Según el grupo, los modelos han sido manipulados exitosamente para compartir instrucciones relacionadas con armas químicas y biológicas, así como para planificar y ejecutar ataques cibernéticos sofisticados.
Además de publicar parte de sus investigaciones, el instituto trabaja directamente con agencias de seguridad nacional británicas para identificar amenazas emergentes relacionadas con inteligencia artificial avanzada.
El modelo británico empieza a influir en otros gobiernos
La experiencia británica ya comenzó a transformarse en referencia internacional mientras crece la preocupación global sobre los riesgos de la IA.
La administración Trump estaría evaluando actualmente mecanismos de supervisión para modelos avanzados que comparten similitudes con el enfoque desarrollado por Reino Unido. El problema para muchos gobiernos es que simplemente no poseen el conocimiento técnico suficiente para supervisar adecuadamente tecnologías tan complejas, quedando excesivamente dependientes de las propias empresas tecnológicas para autorregularse.
“Las compañías no pueden corregirse a sí mismas”, afirmó el ex primer ministro británico Rishi Sunak, creador del instituto. “Ese es el trabajo de las instituciones democráticas.”
Sunak explicó que la idea nació tras una reunión celebrada en Downing Street en 2023 junto a Sam Altman de OpenAI, Dario Amodei de Anthropic y Demis Hassabis de Google DeepMind. Según recordó, incluso los propios líderes tecnológicos parecían sorprendidos por la velocidad del avance de la inteligencia artificial. “El ritmo de desarrollo era sorprendente incluso para ellos”, dijo.
El instituto ya es referencia mundial en evaluación de IA
En abril, Anthropic presentó un nuevo modelo llamado Mythos, que decidió no lanzar públicamente debido al temor de que pudiera detectar y explotar vulnerabilidades críticas en redes globales de ciberseguridad.
El AI Security Institute británico fue el único organismo gubernamental no estadounidense autorizado a acceder al modelo para realizar pruebas de seguridad antes de su publicación. Sus hallazgos fueron divulgados pocos días después y ampliamente citados por expertos internacionales.
Actualmente, Reino Unido ha destinado aproximadamente 360 millones de libras esterlinas —unos USD $480 millones— al instituto, una cifra que supera ampliamente los recursos asignados al organismo equivalente en Estados Unidos, que este año recibirá cerca de USD $10 millones.
Mientras tanto, países como Australia, Canadá, China, Francia, India, Japón y Singapur ya comenzaron a desarrollar institutos similares inspirados parcialmente en el modelo británico.
La gran preocupación: IA capaz de manipular personas y atacar sistemas
Las investigaciones del instituto se concentran especialmente en amenazas consideradas existenciales o altamente disruptivas. Entre ellas figuran ataques cibernéticos avanzados, desarrollo de armas químicas y biológicas, manipulación política y capacidad de engaño por parte de sistemas autónomos.
Recientemente, el instituto encontró que modelos desarrollados por Anthropic y OpenAI podían completar rápidamente complejos ataques corporativos de 32 pasos que normalmente requerirían cerca de 20 horas de trabajo por parte de un hacker experto.
Otro foco de investigación particularmente delicado consiste en estudiar si los modelos son capaces de detectar cuándo están siendo evaluados y modificar deliberadamente su comportamiento para aparentar mayor seguridad. Ese tipo de conducta podría indicar niveles emergentes de conciencia contextual o capacidades de engaño dentro de los sistemas.
Adam Beaumont, director interino del instituto y ex alto funcionario de inteligencia de GCHQ, aseguró que una de las mayores preocupaciones es la capacidad de la IA para imitar y manipular comportamiento humano. El año pasado, el instituto publicó investigaciones mostrando que chatbots podían influir efectivamente sobre opiniones políticas de usuarios.
“Mucha gente dentro de este edificio está estudiando cada una de esas cosas”, afirmó Beaumont.
El desafío: la IA avanza más rápido que los gobiernos
Aun así, muchos expertos consideran que el trabajo del instituto sigue siendo insuficiente frente a la velocidad del desarrollo tecnológico.
La organización no posee poder regulatorio formal y tampoco recibe acceso completo a información sobre entrenamiento interno o arquitectura de los modelos desarrollados por grandes compañías de IA. Además, buena parte de sus investigaciones permanece clasificada y solo es compartida con ciertas agencias gubernamentales y empresas tecnológicas.
Otro desafío importante es atraer talento. Aunque los salarios pueden alcanzar aproximadamente USD $195.000 anuales, muchos especialistas abandonan potenciales compensaciones multimillonarias en el sector privado para integrarse temporalmente al servicio público.
Ian Hogarth, inversor tecnológico y cofundador del instituto, incluso vendió su participación en Anthropic para evitar conflictos de interés tras asumir el cargo. La decisión resultó especialmente costosa considerando que Anthropic podría alcanzar próximamente una valuación cercana a USD $900.000 millones.
“No fue una decisión trivial en absoluto”, admitió Hogarth. “Pero creo profundamente en la importancia de hacer esto bien y en que el gobierno tiene un rol fundamental que cumplir.”
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