Por Canuto  

Amazon, Alphabet, Meta, Microsoft y otros gigantes tecnológicos están recurriendo cada vez más al mercado de deuda para financiar centros de datos e infraestructura de inteligencia artificial. La creciente oferta de bonos ya obliga a pagar mayores rendimientos y alimenta una inquietante tesis: que la carrera por la IA termine desplazando capital de los bonos del Tesoro y, posteriormente, de las acciones.

  • Las grandes tecnológicas emitieron cerca de USD $194.000 millones en bonos hasta comienzos de julio, un 79% más que durante todo 2025.
  • Morgan Stanley calcula que la construcción de infraestructura para IA podría dejar una brecha de financiación externa de USD $1,5 billones.
  • La presión sobre los bonos y las acciones es observable, pero un desplome generalizado todavía dependería de factores adicionales.

La carrera mundial por construir centros de datos, asegurar chips avanzados y contratar electricidad está transformando a las mayores empresas tecnológicas en algunos de los prestatarios más importantes de Wall Street. Amazon, Alphabet, Meta, Microsoft, Oracle y otras compañías necesitan desplegar capital a una velocidad que comienza a superar la capacidad de sus flujos de caja, por lo que una parte creciente de la expansión de la inteligencia artificial está trasladándose a los mercados de deuda.

La tendencia ha dado origen a una tesis inquietante dentro de Wall Street: si los gigantes de la IA colocan cientos de miles de millones de dólares en bonos con rendimientos atractivos, podrían absorber parte del dinero que normalmente se destina a bonos del Tesoro y otros instrumentos crediticios. Esa competencia obligaría al resto del mercado a ofrecer tasas más elevadas y, si los rendimientos alcanzan niveles suficientemente altos, también podría sacar capital de las acciones y provocar una corrección bursátil.

Una carrera tecnológica con una factura de billones

Los llamados hiperescaladores son empresas capaces de operar enormes plataformas de computación en la nube y desplegar infraestructura a escala mundial. Durante años, compañías como Amazon, Microsoft, Alphabet y Meta financiaron gran parte de sus inversiones con el efectivo generado por sus propios negocios, pero el costo de la nueva generación de centros de datos está alterando ese modelo.

La infraestructura necesaria no se limita a comprar procesadores de Nvidia. Incluye terrenos, edificios especializados, sistemas de refrigeración, redes de fibra óptica, subestaciones eléctricas, contratos de generación energética y miles de servidores que deben renovarse en ciclos relativamente cortos. A ello se suma la urgencia estratégica: aplazar una inversión puede significar perder clientes, capacidad de cómputo o posición frente a los competidores.

Morgan Stanley calcula que el gasto en hardware y centros de datos podría alcanzar aproximadamente USD $2,9 billones durante un período de cuatro años. Los flujos internos de las empresas cubrirían una parte de ese desembolso, pero quedaría una brecha cercana a USD $1,5 billones que tendría que financiarse con capital externo.

La firma estima que aproximadamente USD $800.000 millones podrían proceder del crédito privado, otros USD $200.000 millones de bonos corporativos con grado de inversión y cerca de USD $150.000 millones de titulizaciones respaldadas por centros de datos. Los USD $350.000 millones restantes dependerían de otras fuentes, incluidas inversiones soberanas, capital privado y capital de riesgo, lo que demuestra que ningún segmento del mercado podría cubrir por sí solo toda la expansión.

Cómo la deuda de la IA puede elevar los rendimientos

Los bonos corporativos no compiten con los títulos del Tesoro en igualdad de condiciones. Una empresa normalmente debe pagar el rendimiento de un bono gubernamental comparable más una prima adicional, conocida como diferencial crediticio, para compensar al inversionista por el riesgo de impago, la menor liquidez y otras incertidumbres asociadas al emisor.

El problema aparece cuando numerosas empresas intentan colocar grandes emisiones al mismo tiempo. Si un nuevo bono de Amazon o Alphabet ofrece un rendimiento considerablemente superior al de títulos ya existentes con vencimientos y riesgos similares, los gestores de fondos pueden vender esos instrumentos antiguos para comprar la nueva deuda. Los precios de los bonos desplazados caen hasta que sus rendimientos suben lo suficiente para recuperar el interés de los compradores.

El ajuste también puede alcanzar a la deuda pública. Fondos de pensiones, aseguradoras, bancos y administradores de activos trabajan con límites de capital, duración y exposición, por lo que comprar bonos tecnológicos puede implicar reducir posiciones en títulos del Tesoro o destinar nuevos aportes a deuda corporativa en lugar de participar en subastas gubernamentales. El dinero no desaparece, pero cambia de destino y obliga a los demás emisores a competir con mejores condiciones.

Torsten Sløk, economista jefe de Apollo Global Management, describió ese fenómeno como un desplazamiento de la demanda tanto de bonos del Tesoro como de otros segmentos crediticios. Durante un foro del Banco Central Europeo en Sintra, Sløk planteó la pregunta central de esta tesis: de dónde saldrá el dinero necesario para absorber alrededor de USD $700.000 millones en bonos vinculados con los hiperescaladores.

El mercado ya muestra señales de saturación

Los primeros eslabones de esta cadena ya pueden observarse. Un análisis de Reuters basado en datos de LSEG determinó que Amazon, Alphabet, Meta, Microsoft, Oracle y otros grandes emisores tecnológicos colocaron aproximadamente USD $194.000 millones en bonos durante 2026 hasta el 7 de julio. La cifra representó un aumento de 79% frente a los cerca de USD $108.000 millones emitidos durante todo 2025.

La cantidad de órdenes recibidas por cada emisión también ha disminuido. Las ofertas de deuda de los hiperescaladores llegaron a estar cubiertas casi cinco veces en febrero, pero la proporción cayó por debajo de dos veces en julio. En el caso de Amazon, una colocación realizada en julio recibió solicitudes equivalentes a solo 1,6 veces el monto ofrecido, frente a 3,4 veces en una operación de marzo.

Los inversionistas también están exigiendo mayores concesiones para participar. La prima media que las empresas debieron ofrecer sobre el valor estimado de sus bonos pasó de 2,25 puntos básicos en 2025 a alrededor de 12 puntos básicos en 2026, mientras que 78 de 91 títulos analizados terminaron negociándose posteriormente con rendimientos superiores a los registrados durante su emisión.

La presión se intensificó en agosto. El volumen de deuda tecnológica relacionada con la IA ascendió a unos USD $220.000 millones, mientras los diferenciales del sector tecnológico alcanzaron 89 puntos básicos, nueve más que el mercado general de bonos corporativos con grado de inversión. Algunas emisiones de largo plazo de Amazon llegaron a ofrecer cerca de 120 puntos básicos sobre los bonos del Tesoro, aproximadamente el doble de lo que instrumentos comparables habrían pagado un año antes.

De los bonos a una posible caída de las acciones

El vínculo con el mercado accionario aparece a través de la tasa de descuento. Una acción representa la expectativa de obtener ganancias futuras y, cuando aumenta el rendimiento considerado libre de riesgo, el valor presente de esos ingresos disminuye. Las empresas de crecimiento son especialmente sensibles porque una proporción importante de su valoración depende de beneficios que podrían materializarse dentro de varios años.

Los inversionistas también comparan el rendimiento esperado de las acciones con alternativas menos volátiles. Si un bono del Tesoro permite obtener, por ejemplo, un 5% anual y una empresa tecnológica de alta calidad ofrece un 6%, comprar una acción valorada en 30 o 40 veces sus ganancias puede resultar menos atractivo. Los fondos equilibrados, aseguradoras y patrimonios familiares podrían aumentar sus posiciones en renta fija y financiar esas compras reduciendo exposición bursátil.

La concentración del mercado agrava el riesgo. Las mayores empresas tecnológicas representan una porción considerable de los principales índices estadounidenses, por lo que una caída simultánea de sus valoraciones tendría efectos desproporcionados sobre el S&P 500 y Nasdaq. También golpearía a fabricantes de chips, proveedores eléctricos, constructoras de centros de datos y otras compañías que dependen del ciclo de inversión en IA.

En un escenario adverso podría formarse un círculo de retroalimentación: rendimientos más altos reducen las valoraciones bursátiles, el deterioro de las acciones endurece las condiciones financieras y las dudas sobre la monetización de la IA amplían los diferenciales crediticios. El financiamiento se encarece todavía más, las empresas moderan sus inversiones y los proveedores pierden pedidos, profundizando la caída inicial.

Por qué el desplome no es inevitable

A pesar de esas señales, el mercado de crédito no funciona como un recipiente con una cantidad permanentemente fija de efectivo. Los rendimientos más elevados pueden atraer recursos de inversionistas internacionales, fondos monetarios, hogares, aseguradoras y planes de pensiones que antes consideraban poco atractivos esos instrumentos. El propio reajuste de precios crea, por tanto, nuevos compradores.

La calidad de los emisores también importa. Amazon, Alphabet, Microsoft y Meta mantienen negocios rentables, grandes flujos de caja y capacidad sustancial para asumir deuda sin perder necesariamente sus calificaciones de grado de inversión. Goldman Sachs estima que los hiperescaladores podrían añadir cerca de USD $2 billones en obligaciones antes de alcanzar niveles de apalancamiento habituales entre emisores corporativos con buenas calificaciones, aunque la verdadera restricción sería cuánto puede absorber el mercado.

J.P. Morgan Asset Management tampoco ha encontrado todavía pruebas de un desplazamiento generalizado en todo el universo de deuda con grado de inversión. Los hiperescaladores comenzaron 2026 representando apenas alrededor de 3,5% del índice correspondiente, mientras los elevados rendimientos totales continuaron atrayendo entradas de capital hacia la renta fija. La presión es visible en el sector tecnológico, pero aún no constituye una crisis crediticia sistémica.

Además, el endeudamiento podría justificarse si la IA genera aumentos de productividad, ingresos y márgenes suficientemente grandes. En ese escenario, los rendimientos subirían porque existen oportunidades productivas abundantes, no porque el sistema financiero esté cerca de colapsar. La expansión económica y el crecimiento de las ganancias podrían compensar parte del efecto negativo de las tasas sobre las valoraciones.

Qué tendría que ocurrir para provocar una crisis

La versión más sólida de la tesis no sostiene que las tecnológicas consumirán literalmente todo el dinero disponible. Advierte que la coincidencia de enormes emisiones corporativas, necesidades de infraestructura y una oferta persistente de bonos del Tesoro podría superar temporalmente la capacidad del comprador marginal de deuda a largo plazo, obligando a elevar rendimientos y diferenciales.

Para que esa presión se convierta en un desplome bursátil sería necesario un catalizador adicional. Entre los principales riesgos se encuentran una monetización de la IA inferior a lo esperado, inflación suficientemente persistente para impedir que la Reserva Federal reduzca las tasas, menor demanda extranjera de deuda estadounidense o pérdidas en vehículos privados utilizados para financiar centros de datos.

El Banco de la Reserva Federal de Dallas también ha señalado que las emisiones tecnológicas pueden aumentar la oferta efectiva de duración en el mercado. Las empresas suelen cubrir anticipadamente el riesgo de tasas antes de vender bonos, una práctica que puede añadir presión incluso antes de que la deuda llegue formalmente a los inversionistas. La combinación de emisiones y coberturas ayuda a explicar por qué la construcción de la IA puede influir sobre los rendimientos de largo plazo.

Bitcoin y el resto del mercado de criptomonedas tampoco quedarían aislados. Un aumento desordenado de los rendimientos podría reducir inicialmente el apetito por activos volátiles y provocar liquidaciones, aunque una crisis de confianza en la deuda pública estadounidense también podría fortalecer posteriormente la narrativa de BTC como activo monetario escaso. La dirección final dependería de si los inversionistas interpretan el episodio como una restricción de liquidez o como un deterioro estructural del sistema fiduciario.

Por ahora, la oleada de deuda de la IA constituye un riesgo de mercado verificable, mientras que el supuesto desplome continúa siendo un escenario condicionado. La oferta de bonos ya crece, la demanda relativa se enfría y los emisores deben pagar más, pero convertir esa tensión en una crisis requeriría una combinación de rendimientos persistentemente altos, decepción comercial y pérdida acelerada de confianza.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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