BNP Paribas considera que el gasto de los hiperescaladores en inteligencia artificial puede transformar el mercado de crédito: de una etapa de escasez de bonos a otra marcada por la abundancia, con hasta USD $400.000 millones en nuevas emisiones tecnológicas el próximo año.
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- BNP Paribas proyecta una oferta neta récord de renta fija de USD $3,7 billones para el próximo año.
- Los hiperescaladores podrían vender cerca de USD $400.000 millones en bonos para financiar infraestructura de inteligencia artificial.
- El BCE ya detectó que las tecnológicas estadounidenses representan cerca de una décima parte de la nueva emisión corporativa en euros.
BNP Paribas advierte que la deuda de la IA puede romper el auge de los bonos corporativos
La oferta de bonos cambia de rumbo
BNP Paribas prevé que el rally plurianual de los bonos corporativos llegue a un punto de quiebre a medida que los grandes proveedores de computación en la nube aceleren su endeudamiento para financiar la inteligencia artificial. El banco estima que los llamados hiperescaladores podrían vender cerca de USD $400.000 millones en bonos durante el próximo año, una cifra capaz de modificar el equilibrio entre la demanda de los inversionistas y la oferta de deuda disponible. La advertencia no apunta necesariamente a una ola inmediata de impagos, sino a un mercado más saturado y menos favorable para quienes necesitan financiarse.
El cambio resulta significativo porque, durante los últimos tres años, el equipo de estrategia crediticia de BNP Paribas describió el crédito como rentable, defensivo y caracterizado por una oferta insuficiente. Ahora, Viktor Hjort, responsable global de estrategia de crédito del banco, y sus colegas sostienen que la inteligencia artificial está llevando a los mercados desde la escasez de bonos hacia la abundancia. Esa transición puede obligar a los emisores a pagar más para atraer capital, incluso si las compañías tecnológicas conservan una fuerte capacidad financiera.
La proyección de BNP Paribas sitúa la oferta neta de toda la renta fija en un récord de USD $3,7 billones durante el próximo año. En ese escenario, los diferenciales de los bonos corporativos con grado de inversión denominados en euros podrían ampliarse seis puntos básicos al cierre de 2026, mientras que los denominados en dólares aumentarían siete puntos básicos. Un movimiento de esa magnitud no equivaldría a una crisis, pero sí representaría un encarecimiento concreto para los prestatarios europeos y estadounidenses.
El banco resume el riesgo con una observación central: el crédito podría convertirse en un mercado con exceso de oferta al mismo tiempo que los bonos gubernamentales también enfrentan abundancia. Cuando varios emisores buscan dinero simultáneamente, los inversionistas pueden seleccionar con mayor dureza las operaciones y exigir mejores rendimientos. Para las empresas que no tienen el tamaño, la liquidez o la visibilidad de un hiperescalador, esa competencia puede reducir el acceso al financiamiento o elevar su costo.
La preocupación también alcanza a los fondos que siguen índices de renta fija, porque sus ajustes de cartera pueden concentrar recursos en los emisores tecnológicos con mayor peso. Los inversionistas cuentan con balances finitos y, cuando destinan una parte creciente de sus activos a las grandes compañías de tecnología, desplazan de manera mecánica a otros prestatarios. El efecto no necesita una venta masiva para sentirse: basta con que el mercado absorba una cantidad extraordinaria de deuda nueva y revalúe el precio que exige por asumirla.
El BCE observa la concentración tecnológica
El Banco Central Europeo llegó a una conclusión parecida en agosto, al analizar el avance de las tecnológicas estadounidenses en el mercado de deuda corporativa denominado en euros. Según ese análisis, los hiperescaladores acumulan alrededor de EUR 40.000 millones en bonos en circulación, mientras que las empresas tecnológicas estadounidenses ya representan cerca de una décima parte de la nueva emisión corporativa bruta en euros. El dato muestra que la expansión de la inteligencia artificial no solo está aumentando el gasto de capital, sino también la presencia de sus principales financiadores en los mercados europeos.
Amazon y Alphabet fueron los mayores emisores corporativos no financieros de la zona euro durante este año, según información recogida por El Economista sobre el mercado de deuda europeo. La relevancia de ambas compañías no depende únicamente del volumen de sus operaciones, sino de su capacidad para acceder a los mercados con costos relativamente competitivos y desplazar a emisores más pequeños. Para los inversionistas, la concentración plantea una pregunta sobre cuánto espacio quedará para sectores que no participan directamente en la carrera por construir centros de datos.
El personal del BCE calcula que el gasto de capital de los hiperescaladores podría superar USD $1 billón para 2028, equivalente a cerca del 3% de la producción actual de Estados Unidos. Esa inversión incluye la infraestructura necesaria para procesar modelos de inteligencia artificial, ampliar centros de datos y asegurar el suministro de chips y otros componentes. Cuanto más ambicioso sea ese plan, mayor será la presión para combinar efectivo disponible, flujo operativo y nuevas emisiones de deuda.
La escala del endeudamiento ya comenzó a cambiar. Un reporte de julio señaló que los cinco mayores gastadores en infraestructura de inteligencia artificial habían duplicado su deuda hasta aproximadamente USD $350.000 millones, una evolución que también tendría consecuencias para Europa porque sus emisiones llegan a inversionistas internacionales. El crecimiento de esas obligaciones no demuestra por sí solo un deterioro crediticio, pero sí confirma que la financiación de la IA está dejando de ser un fenómeno limitado al capital de riesgo o a las ganancias retenidas.
En este contexto, la inquietud principal del BCE y de BNP Paribas es el amontonamiento de emisiones, no un aumento automático de los incumplimientos. Los mercados pueden absorber cantidades elevadas de deuda cuando el precio compensa el riesgo, aunque esa solución redistribuye el costo entre los prestatarios. Por eso, una ampliación de seis o siete puntos básicos puede parecer pequeña en términos absolutos y, aun así, convertirse en una señal importante para empresas que refinancian vencimientos o compiten por la misma base de compradores.
BNP Paribas también financia la expansión
La advertencia de BNP Paribas adquiere una dimensión adicional porque el banco participa en las operaciones que impulsan este ciclo de inversión. En marzo, fue uno de los siete prestamistas que aportaron USD $830 millones a Mistral, una operación vinculada a 13.800 chips de Nvidia instalados en un centro de datos situado cerca de París. El acuerdo ilustra cómo la expansión europea de la inteligencia artificial requiere estructuras de financiamiento cada vez más grandes, incluso antes de que las emisiones de bonos alcancen la escala prevista en Estados Unidos.
La operación de Mistral ofrece un ejemplo concreto de la financiación necesaria para construir infraestructura de IA en Europa, mientras que BNP Paribas proyecta hasta USD $400.000 millones en emisiones de hiperescaladores estadounidenses durante el próximo año. No se trata de operaciones equivalentes en estructura o propósito, pero el contraste ayuda a dimensionar la diferencia entre los créditos individuales para centros de datos y la ola de emisiones corporativas que podría llegar al mercado internacional.
Los bancos tienen un incentivo evidente para participar: las grandes compañías tecnológicas ofrecen operaciones voluminosas, clientes de alta visibilidad y comisiones asociadas con créditos, bonos y servicios financieros. Sin embargo, esa misma participación puede intensificar el fenómeno que los estrategas describen como exceso de oferta, porque las entidades ayudan a colocar deuda mientras advierten a sus clientes sobre el impacto de una emisión cada vez mayor. En otras palabras, el financiamiento de la IA puede ser una oportunidad comercial para los bancos y, al mismo tiempo, un riesgo de concentración para el mercado.
La cuestión decisiva será el precio al que los inversionistas acepten absorber las nuevas obligaciones. Matthias Reschke, de JPMorgan, afirmó el mes pasado que no había dudas sobre la capacidad de colocar las emisiones y que todo dependía del precio. La frase resume el dilema actual: la deuda puede encontrar compradores, pero los emisores tendrán que ofrecer rendimientos suficientes para convencer a un mercado que recibe simultáneamente bonos corporativos, deuda tecnológica y obligaciones gubernamentales.
Causas de movimientos recientes
(a) Catalizador confirmado: el aumento de las emisiones está vinculado al financiamiento del gasto de capital necesario para construir centros de datos, adquirir chips y ampliar la infraestructura de inteligencia artificial. La evidencia disponible muestra que los hiperescaladores ya han incrementado sus emisiones y que BNP Paribas prevé una nueva ola de deuda durante el próximo año.
(b) Explicación plausible: una oferta récord de bonos podría presionar al alza los rendimientos y ampliar los diferenciales si los inversionistas exigen una compensación mayor para absorber nuevas operaciones. No obstante, el movimiento concreto de los precios del crédito no puede atribuirse exclusivamente a la deuda de la IA sin datos de mercado adicionales.
Para los mercados, el cambio anunciado por BNP Paribas no significa que el auge de la inteligencia artificial esté llegando a su fin, sino que su financiación puede entrar en una fase más exigente. La abundancia de bonos favorecerá a los inversionistas que puedan comparar emisores y negociar mejores condiciones, mientras presionará a las compañías que dependan de refinanciarse con rapidez. La pregunta que permanece abierta no es si la deuda tecnológica podrá colocarse, sino quién pagará el precio de una oferta récord y cuánto alterará esa competencia el costo del crédito.
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