Por Canuto  

El Banco Central Europeo mantuvo su tasa de depósito en 2,25%, pero advirtió que el renovado conflicto entre Estados Unidos e Irán podría alimentar los precios de la energía y mantener sobre la mesa otra subida de tasas.

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  • El BCE dejó sin cambios la tasa de depósito en 2,25%, la de refinanciamiento principal en 2,4% y la facilidad marginal en 2,65%.
  • La inflación de la eurozona descendió a 2,8% en junio, aunque el repunte del petróleo vuelve a amenazar las perspectivas de precios.
  • Economistas de ING consideran más probable una segunda subida en septiembre, cuando el banco central publique nuevas proyecciones.

 


El Banco Central Europeo mantuvo sin cambios sus tasas de interés el jueves, mientras evalúa cuánto del persistente choque energético en Oriente Medio terminará trasladándose a la inflación de la eurozona.

El consejo de gobierno conservó la tasa de la facilidad de depósito en 2,25%. La tasa de refinanciamiento principal permaneció en 2,4% y la facilidad de préstamo marginal siguió en 2,65%.

Estas tres tasas determinan la orientación de la política monetaria en la eurozona. Entre ellas, la facilidad de depósito funciona como el principal punto de referencia para los mercados y las condiciones financieras.

En su comunicado, el BCE señaló que las perspectivas para los precios de la energía continúan siendo muy volátiles. Sin embargo, actualmente se encuentran cerca de la línea base de las proyecciones publicadas por el personal del Eurosistema en junio y muy por encima de los niveles previos al conflicto en Oriente Medio.

El banco central también advirtió que la incertidumbre sigue siendo elevada. A su juicio, el impacto inflacionario completo del choque energético todavía no se ha desarrollado, por lo que vigilará la intensidad y la duración del fenómeno.

La inflación baja, pero el riesgo no desaparece

La decisión llegó después de que la inflación de la eurozona bajara a 2,8% en junio, frente al 3,2% registrado en mayo. Se trató del primer descenso de la inflación general observado durante este año.

La inflación subyacente también mostró una moderación. El crecimiento de los precios básicos se desaceleró hasta 2,4%, un dato que ofrece cierto alivio para quienes esperaban señales de menor presión interna.

Pese a esa mejora, el BCE no considera resuelto el problema inflacionario. El encarecimiento de la energía puede impactar primero las facturas de los hogares y los costos empresariales, antes de extenderse a otros bienes y servicios.

Los responsables monetarios temen especialmente los llamados efectos indirectos y de segunda ronda. Estos aparecen cuando los mayores costos energéticos impulsan salarios, precios de transporte, producción y consumo durante un periodo prolongado.

El banco central deberá equilibrar dos riesgos opuestos. Una reacción demasiado débil podría permitir que la inflación se arraigue, mientras que un endurecimiento excesivo podría debilitar el crecimiento y aumentar la presión financiera sobre hogares y empresas.

Lagarde mantiene abiertas todas las opciones

La pausa ocurre apenas seis semanas después de que el BCE aumentara las tasas por primera vez en casi tres años. El incremento respondió a un choque energético provocado por la guerra, que llevó la inflación a su nivel más alto desde septiembre de 2023.

Christine Lagarde ha evitado comprometerse con una trayectoria predeterminada. Durante el foro del BCE en Sintra, la presidenta explicó que la decisión de junio no fue una subida automática, sino una respuesta a un problema inflacionario genuino.

Las proyecciones del banco central apuntan a un retorno de la inflación al objetivo de 2% solamente a finales de 2027. Ese escenario contempla, además, que la política monetaria deberá ajustarse aún más.

Lagarde también rechazó ofrecer una orientación anticipada sobre los próximos movimientos. La presidenta afirmó que la guía futura no se encuentra actualmente entre los planes del banco central.

Este enfoque deja al BCE dependiente de los datos que lleguen durante los próximos meses. La evolución del petróleo, las expectativas de inflación y los efectos sobre los precios internos serán determinantes para decidir si la pausa se mantiene.

El conflicto vuelve a presionar al petróleo

El factor que complica las perspectivas es el deterioro de la tregua entre Estados Unidos e Irán. El petróleo se acercó a USD $120 por barril en marzo, antes de caer hasta aproximadamente USD $72 tras un acuerdo provisional de paz a finales de junio.

La tregua, sin embargo, se deterioró gravemente durante julio. Nuevos ataques entre Estados Unidos e Irán, incidentes contra petroleros y sanciones adicionales empujaron nuevamente el precio del Brent por encima de USD $90 por barril.

Un aumento prolongado de los precios energéticos tendría efectos visibles durante la segunda mitad del año. Las familias podrían enfrentar mayores facturas, mientras las empresas absorberían costos más elevados de transporte, producción y distribución.

El peligro para el BCE no se limita al dato inmediato de inflación. Si consumidores y empresas comienzan a anticipar aumentos persistentes, esas expectativas pueden influir en las negociaciones salariales y en la fijación de precios.

Por esa razón, la institución sigue de cerca la intensidad y la duración del choque. El impacto final dependerá de cuánto tiempo permanezcan elevados los precios del crudo y de cómo se comporten los mercados energéticos durante los próximos meses.

Una segunda subida podría llegar en septiembre

Julio no suele ser un mes de nuevas proyecciones económicas para el BCE. Esa limitación ayuda a explicar la decisión de esperar antes de modificar nuevamente las tasas.

Economistas de ING consideran que el banco central preferirá aguardar hasta septiembre. En esa reunión se conocerán nuevas proyecciones y, según sus estimaciones, una segunda subida representa el resultado más realista.

La decisión no está predeterminada porque la inflación general descendió en junio. No obstante, la mejora podría perder fuerza si el petróleo mantiene su repunte y el conflicto continúa afectando el suministro y el transporte.

El BCE deberá analizar también si el choque es temporal o si genera consecuencias persistentes. Un movimiento breve en el precio de la energía tendría un efecto distinto al de una escalada prolongada con nuevos impactos sobre las cadenas de suministro.

La cautela actual permite al banco central observar esos datos sin cerrar la puerta a un ajuste. Para los mercados, el mensaje combina una pausa inmediata con la posibilidad concreta de que las tasas vuelvan a subir más adelante.

El BCE frente a la Reserva Federal y otros bancos centrales

Frankfurt comenzó este ciclo desde una posición más baja que varios de sus pares. Con la subida de junio, el BCE empezó a acercarse a otras grandes instituciones monetarias de Occidente.

El rango objetivo de la Reserva Federal de Estados Unidos se ubica entre 3,50% y 3,75%. La tasa del Banco de Inglaterra está en 3,75%, mientras que el Banco Nacional Suizo mantiene su tasa en 0%.

La Reserva Federal anunciará su próxima decisión el miércoles siguiente. Los futuros asignan aproximadamente 89% de probabilidad a una pausa, según la herramienta FedWatch de CME.

El cálculo de los futuros llega después de una decisión unánime en junio. Las proyecciones de la Reserva Federal apuntaron entonces a que no habría recortes durante este año.

El Banco de Inglaterra anunciará su decisión el 30 de julio. Los economistas esperan ampliamente una pausa en 3,75%, aunque una encuesta de Reuters mostró que casi 40% anticipa al menos una subida antes de finalizar el año.

La presión sobre los hogares y los mercados

Dos responsables de política monetaria del Banco de Inglaterra votaron en junio a favor de elevar la tasa hasta 4%. Ese resultado demuestra que la discusión sobre nuevas subidas continúa activa incluso entre bancos centrales que todavía evalúan una pausa.

En el caso europeo, la inflación más baja de junio ofrece argumentos para esperar. La renovada tensión geopolítica y el repunte del petróleo, sin embargo, mantienen vigente el riesgo de una política monetaria más restrictiva.

Una nueva subida encarecería el crédito para hogares y empresas. También podría afectar la demanda, las decisiones de inversión y las condiciones financieras en economías que todavía sienten los efectos de las tasas elevadas.

Una pausa prolongada tendría el efecto contrario sobre las condiciones financieras. Pero si la energía sigue impulsando los precios, el BCE podría enfrentar una presión creciente para demostrar que mantiene el control sobre la inflación.

Por ahora, el BCE es el único gran banco central occidental que realmente ha aumentado las tasas durante este ciclo. Su próxima decisión dependerá menos de una promesa previa que de la trayectoria del conflicto, el petróleo y la inflación.


Imagen de Unsplash.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA.

 


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