Xi Jinping prepara una delegación empresarial inusualmente grande para su visita a Washington, en una señal de apertura comercial que chocará con las restricciones de seguridad e inversión impuestas por Estados Unidos.
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- El presidente chino planea viajar con numerosos ejecutivos a la cumbre del 24 de septiembre, aunque aún no se conocen sus nombres.
- Beijing busca enviar una señal de apoyo a la inversión y ofrecer posibles logros económicos a la Casa Blanca.
- Las expectativas de acuerdos importantes siguen siendo moderadas por las disputas sobre aranceles, tierras raras y bienes no sensibles.
El presidente chino Xi Jinping prepara una delegación empresarial de gran tamaño para acompañarlo durante su visita a Washington, prevista para el 24 de septiembre, según dos fuentes citadas por Reuters.
La decisión resulta inusual porque Xi rara vez viaja al extranjero con ejecutivos corporativos, especialmente después de varios años de tensión entre Beijing y el sector privado chino.
La delegación todavía no tiene una lista pública de integrantes y Reuters no pudo determinar qué empresarios participarían en el viaje. La iniciativa pretende mostrar que China mantiene disposición para respaldar la inversión y los vínculos comerciales con Estados Unidos, aunque la relación bilateral continúa marcada por controles tecnológicos, restricciones de seguridad y fuertes diferencias políticas.
Una de las fuentes, familiarizada con las conversaciones, afirmó que Beijing también busca ofrecer a la Casa Blanca posibles victorias económicas antes de las elecciones legislativas estadounidenses. El cálculo refleja una realidad concreta: en una relación dominada por aranceles y medidas de contención, los anuncios empresariales pueden servir como señales de cooperación incluso cuando los acuerdos estratégicos permanecen bloqueados.
El momento también tiene una carga simbólica para los empresarios chinos. Muchos ejecutivos perdieron influencia o enfrentaron dificultades después de las ofensivas regulatorias iniciadas por Beijing en 2020 contra los sectores tecnológico, educativo e inmobiliario, por lo que su presencia junto a Xi enviaría un mensaje de respaldo político al capital privado, tanto dentro como fuera de China.
El contraste con la visita de 2015
Xi llevó por última vez un contingente empresarial considerable a Estados Unidos en 2015, cuando la delegación incluyó a Jack Ma, fundador de Alibaba, Pony Ma, fundador de Tencent, además de ejecutivos de bancos chinos y compañías estatales. Aquel viaje buscaba mostrar que la interdependencia económica podía sostenerse pese a las diferencias entre ambos gobiernos.
Durante esa visita, China firmó un acuerdo por USD $38.000 millones para adquirir 300 aviones de Boeing, una operación que ofreció un resultado comercial visible y de gran escala. Xi también se reunió con líderes tecnológicos estadounidenses como Tim Cook, de Apple, Mark Zuckerberg, de Meta, y Jeff Bezos, fundador de Amazon, en encuentros que reforzaron la imagen de una relación empresarial todavía abierta.
La situación actual es considerablemente menos favorable para las compañías chinas. Washington impuso un arancel de 100% a los vehículos eléctricos importados desde China, prohibió la importación de drones, enrutadores y robots extranjeros, y presionó para que las operaciones estadounidenses de TikTok fueran vendidas.
Además, importantes empresas tecnológicas chinas fueron incorporadas a la Lista de Entidades, que reúne organizaciones consideradas amenazas para la seguridad nacional, y a una lista negra del Pentágono. Estas medidas reducen el espacio para nuevos negocios y explican por qué una delegación empresarial puede funcionar más como señal diplomática que como garantía de inversiones inmediatas.
Trump y el papel de los ejecutivos
El contraste con la estrategia estadounidense también es relevante, porque el presidente Donald Trump ha viajado a China acompañado por grandes grupos de ejecutivos estadounidenses. La fuente señaló que Trump encabezó visitas de ese tipo en 2017 y en mayo de este año, con el objetivo de obtener mayor acceso para las empresas de su país al mercado chino.
En mayo, Trump llevó a 18 ejecutivos estadounidenses a China, entre ellos Jensen Huang, director ejecutivo de Nvidia, y Elon Musk, de acuerdo con las fuentes citadas. Ese viaje elevó la presión sobre Beijing para responder con una delegación empresarial de peso y evitar que la relación económica pareciera avanzar únicamente a iniciativa de Washington.
Scott Kennedy, experto en negocios chinos del Center for Strategic and International Studies, consideró que Beijing podría ser más intencional en el papel de los ejecutivos dentro de la delegación. A su juicio, una participación empresarial cuidadosamente organizada podría ser valiosa si los representantes corporativos intervienen en las conversaciones y no se limitan a acompañar a los líderes políticos.
Kennedy contrastó esa expectativa con la organización del grupo estadounidense que visitó Beijing en mayo, cuya preparación habría ocurrido con poca antelación. El experto describió a los empresarios estadounidenses como más espectadores que participantes serios, una evaluación que sugiere que la próxima delegación china podría buscar una función negociadora más activa y visible.
Expectativas limitadas para la cumbre
China y Estados Unidos anunciaron en mayo mecanismos formales para administrar sus relaciones comerciales y de inversión, pero las expectativas sobre resultados concretos siguen siendo bajas. Tres fuentes informadas sobre el asunto dijeron que la Junta de Inversión probablemente no producirá avances significativos durante la cumbre, debido al entorno estadounidense cada vez más difícil para la inversión china.
Las dos potencias también continúan divididas sobre qué productos deberían clasificarse como no sensibles dentro de la Junta de Comercio. Alrededor de 10 categorías de bienes están bajo discusión para recibir esa clasificación, aunque una de las fuentes advirtió que el listado podría modificarse a medida que se acerque la reunión del 24 de septiembre.
Para Washington, alcanzar un acuerdo sobre la Junta de Comercio figura entre las prioridades principales de la cumbre, junto con conseguir más licencias de exportación de tierras raras para empresas estadounidenses. Estos minerales son estratégicos para distintas cadenas industriales, y el acceso a sus suministros se ha convertido en uno de los puntos de presión más delicados entre ambas economías.
Un funcionario estadounidense no identificado dijo que la administración continúa exigiendo a sus contrapartes chinas que atiendan el supuesto incumplimiento de Beijing del acuerdo anunciado en Busán en octubre. Ese entendimiento estableció una tregua comercial de un año y pausó algunos controles de exportación, aranceles y otras disputas bilaterales, pero Washington sostiene que China no ha cumplido plenamente sus compromisos.
Aranceles, agricultura y próximos contactos
Beijing, por su parte, ha presionado para obtener un mayor alivio arancelario y en julio su Ministerio de Comercio informó que ambos gobiernos exploraban reducciones recíprocas para productos valorados en USD $30.000 millones. La posibilidad de una rebaja todavía depende de negociaciones más amplias, porque cada lado intenta preservar herramientas de presión mientras exige concesiones al adversario.
La política arancelaria estadounidense añadió otra capa de incertidumbre al escenario. Aunque la Corte Suprema de Estados Unidos anuló en febrero los aranceles relacionados con China impuestos bajo la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional, Washington introdujo posteriormente un arancel global de 10% sobre las importaciones.
Jamieson Greer, representante comercial de Estados Unidos, afirmó el jueves que ambos países realizarán algunos anuncios sobre agricultura y barreras no arancelarias durante la cumbre. El funcionario no ofreció detalles, por lo que todavía no está claro si esas medidas representarían acuerdos nuevos o ajustes a compromisos discutidos en las conversaciones previas.
Scott Bessent, secretario del Tesoro de Estados Unidos, Greer y He Lifeng, viceprimer ministro chino, se reunirán a comienzos de septiembre para discutir los resultados esperados de la cumbre, según cuatro fuentes citadas por Reuters. La fecha exacta y el lugar de esas conversaciones aún no fueron determinados, mientras la delegación empresarial de Xi permanece en preparación y sin nombres confirmados.
El viaje puede producir imágenes de cooperación y anuncios sectoriales, pero las fuentes consultadas anticipan pocos avances estructurales. La presencia de ejecutivos podría abrir canales de diálogo, aunque no elimina las restricciones de seguridad, la desconfianza sobre la inversión china ni la disputa por el acceso a tecnología y materias primas estratégicas.
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