Por Canuto  

United Launch Alliance enfrenta retrasos, fallas técnicas, costos crecientes y una fuerte caída en sus ganancias, mientras Boeing y Lockheed Martin garantizan nuevos créditos y la compañía completa una emisión de deuda de USD $1.500 millones. El regreso del Vulcan al vuelo podría definir si ULA recupera su valor o termina en manos de un nuevo comprador.
***

  • Boeing y Lockheed Martin garantizaron cada uno USD $500 millones en facilidades crediticias para ULA mientras el Vulcan permanece inmovilizado.
  • El valor contable de la participación de ambos accionistas en ULA cayó de aproximadamente USD $2.280 millones en 2016 a USD $1.110 millones en 2025, ajustado por inflación.
  • Amazon, Blue Origin, Northrop Grumman, L3Harris y AST SpaceMobile aparecen como posibles interesados, aunque no existe un acuerdo anunciado.


United Launch Alliance, la empresa conjunta de Boeing y Lockheed Martin que durante años dominó los lanzamientos de seguridad nacional de Estados Unidos, atraviesa el momento más delicado de su historia. La compañía necesita resolver una falla repetida en las toberas de los propulsores sólidos del cohete Vulcan, recuperar el ritmo de despegues y convencer a sus propietarios de que todavía puede generar valor en un mercado transformado por SpaceX.

La presión financiera aumentó después de que el Vulcan quedara en tierra y los ingresos de ULA comenzaran a resentirse por la pausa operativa. Boeing y Lockheed Martin garantizaron cada uno USD $500 millones de ciertas facilidades crediticias. Además, ULA completó una emisión privada de bonos por USD $1.500 millones, un monto superior al objetivo inicial de USD $500 millones, según reportes citados en la información disponible.

Un negocio que perdió su ventaja

La creación de ULA en 2006 respondió a un mercado muy distinto al actual. Boeing y Lockheed Martin fusionaron sus programas Delta y Atlas con autorización del Gobierno estadounidense, en un momento en que la demanda comercial de lanzamientos disminuía y Washington necesitaba conservar dos sistemas capaces de llevar cargas de seguridad nacional al espacio.

La empresa conjunta eliminó prácticamente la competencia doméstica en los lanzamientos orbitales y permitió que sus accionistas recibieran cientos de millones de dólares anuales durante la primera década. Ese modelo funcionó mientras el Gobierno era el principal comprador y los precios elevados podían justificarse por la confiabilidad, la disponibilidad y la importancia estratégica de las misiones.

La entrada de SpaceX alteró ese equilibrio. Después de demandar a la Fuerza Aérea estadounidense en 2014 para competir por contratos militares, la compañía obtuvo autorización para participar en esas licitaciones al año siguiente y ganó su primer contrato de alta prioridad en 2016, pocos meses después de aterrizar por primera vez un propulsor Falcon 9.

La diferencia no se limitó al precio, sino también a la estrategia empresarial. SpaceX combinó cohetes reutilizables con servicios de lanzamiento, conectividad satelital mediante Starlink, vuelos tripulados, producción de satélites y proyectos de inteligencia artificial, mientras otras compañías del sector buscaban diversificar sus ingresos para no depender de un negocio de márgenes estrechos.

El Vulcan llega tarde y con costos crecientes

ULA comenzó a desarrollar el Vulcan para sustituir a los cohetes Atlas V y Delta IV, pero no convirtió la reutilización en una prioridad central del diseño. La primera etapa no fue concebida para regresar y reutilizarse, mientras la recuperación de sus motores quedó como una posibilidad futura que, una década después, todavía no se materializa.

El desarrollo también acumuló decisiones tardías y retrasos importantes. Boeing y Lockheed Martin ofrecieron al principio una financiación tentativa, ULA esperó hasta 2018 para elegir el motor BE-4 de Blue Origin sobre el AR1 de Aerojet Rocketdyne, y durante ese proceso sus ingenieros mantuvieron abiertas alternativas para una primera etapa propulsada con metano o con queroseno.

El primer vuelo del Vulcan, inicialmente previsto para 2019, se pospuso más de cuatro años debido a problemas en la calificación del BE-4 y a otros contratiempos. Una explosión de la etapa superior Centaur durante una prueba en tierra en 2023 terminó de empujar el debut hasta comienzos de 2024, aunque el lanzamiento inicial resultó prácticamente impecable.

La confiabilidad histórica de ULA todavía le permitió obtener una parte importante de los contratos militares. En 2020, el Pentágono adjudicó a la compañía 27 misiones por unos USD $4.500 millones, frente a los 22 lanzamientos de SpaceX, valorados en USD $4.000 millones. En una ronda posterior de compras, las cifras cambiaron: reportes de 2025 señalaron que SpaceX obtuvo 28 misiones por unos USD $5.900 millones, mientras ULA recibió 19 por aproximadamente USD $5.300 millones.

Una falla repetida mantiene al cohete en tierra

El segundo vuelo del Vulcan, realizado en octubre de 2024, expuso la vulnerabilidad de la nueva plataforma. La tobera de uno de los propulsores sólidos fabricados por Northrop Grumman se deterioró poco después del despegue, aunque el cohete logró continuar su trayectoria y colocar su carga en órbita.

La investigación atribuyó el incidente a un defecto de fabricación en un aislante, que permitió la fusión y perforación de la tobera. Sin embargo, una falla similar durante otro lanzamiento del Vulcan en febrero provocó una nueva revisión del vehículo y contribuyó a la pausa de las misiones de seguridad nacional.

La empresa pretende regresar al vuelo con una misión comercial que transportará un grupo de satélites de banda ancha de Amazon Leo, posiblemente a finales de septiembre. El lanzamiento tendrá una dificultad adicional, porque utilizará seis propulsores sólidos, la mayor cantidad empleada hasta ahora en un vuelo del Vulcan, y ofrecerá seis oportunidades para demostrar que el problema quedó bajo control.

La Fuerza Espacial estadounidense pausó las misiones de seguridad nacional del Vulcan después de que el cohete lograra lanzar satélites militares en febrero y registrara una anomalía en uno de sus propulsores. La suspensión y los retrasos acumulados aumentaron la presión sobre ULA, Boeing y Lockheed Martin mientras la compañía intenta reconstruir la confianza de sus clientes.

Las cuentas de ULA se deterioran

Los problemas técnicos coinciden con un aumento notable en los precios de lanzamiento. Una misión del Vulcan pasó de costar aproximadamente USD $112 millones a más de USD $200 millones, mientras los precios de SpaceX se mantuvieron relativamente estables, una diferencia especialmente difícil de justificar cuando el cohete de ULA sigue siendo esencialmente desechable.

Los resultados divulgados por Lockheed Martin muestran el deterioro de la rentabilidad. Las ganancias atribuibles principalmente a ULA cayeron de USD $325 millones en 2016, equivalentes a USD $436 millones de 2025, a USD $100 millones en 2022, equivalentes a USD $109 millones de 2025; el año pasado, la empresa describió su participación en las ganancias de ULA como no significativa.

La participación de ULA dentro del negocio espacial de Lockheed Martin también perdió peso. Hace una década representaba una cuarta parte de la utilidad operativa de esa división, cayó a menos del 10% durante los últimos cinco años y prácticamente desapareció en 2025, mientras los datos de Boeing resultan más difíciles de aislar porque agrupan ULA con otras empresas conjuntas.

El valor contable de las participaciones de Boeing y Lockheed Martin en ULA se redujo a la mitad en una década, ajustado por inflación. Pasó de aproximadamente USD $2.280 millones en 2016 a USD $1.110 millones en 2025, aunque esa cifra no equivale al valor de mercado y no permite conocer por sí sola cuánto pagaría un comprador.

La venta vuelve a estar sobre la mesa

Boeing y Lockheed Martin llevan varios años promoviendo una posible venta de ULA. Los accionistas habrían pedido originalmente cerca de USD $5.000 millones, pero ningún comprador aceptó esa cifra y las estimaciones de la industria situaban un precio más razonable entre USD $2.000 millones y USD $3.000 millones, cuando el Vulcan acababa de completar con éxito su primer vuelo.

Blue Origin apareció entonces como el candidato más visible, debido a que suministra los motores BE-4 del Vulcan y compite por contratos de lanzamiento y servicios espaciales. Amazon también figura entre los posibles interesados, porque es el mayor cliente comercial del vehículo y ya financió una expansión de la infraestructura de lanzamiento de ULA para respaldar su constelación Amazon Leo.

Northrop Grumman y L3Harris, dos proveedores de ULA, podrían evaluar una operación, al igual que una firma de capital privado o uno de los actuales accionistas. En 2015, Aerojet Rocketdyne presentó una oferta no solicitada de USD $2.000 millones, pero Boeing y Lockheed Martin la rechazaron porque probablemente estaba por debajo del valor de mercado de ULA en ese momento.

El panorama actual es menos favorable para los vendedores, aunque ULA conserva activos relevantes. La compañía mantiene una cartera de aproximadamente 80 misiones entre Vulcan y Atlas V, la segunda más grande del sector estadounidense después de la de SpaceX, además de una relación histórica con el Gobierno y un cohete que, pese a sus problemas, ya ha volado.

AST SpaceMobile surge como candidato inesperado

Una posibilidad menos evidente es AST SpaceMobile, la empresa texana que desarrolla una red de satélites para transmitir conectividad directamente a teléfonos inteligentes desde la órbita terrestre baja. AST ya fabrica sus propios satélites, administra buena parte del servicio junto con operadores como AT&T y Verizon, y busca reducir su dependencia de proveedores de lanzamiento que también compiten en el negocio de banda ancha.

La empresa recaudó más de USD $1.000 millones mediante una venta de bonos convertibles en julio, después de reportar aproximadamente USD $2.300 millones en efectivo y equivalentes a finales de junio. En su informe trimestral, AST afirmó que estudia un universo creciente de iniciativas para integrar verticalmente el negocio, mitigar los riesgos asociados con terceros y asegurar un acceso adicional a la órbita.

La compra de ULA podría encajar con esa estrategia, pero también implicaría asumir un negocio con proveedores externos para motores, carenados y aviónica. AST tendría mayor control sobre su acceso al espacio, aunque debería integrar una operación de lanzamiento compleja mientras enfrenta a SpaceX y Amazon, dos rivales con recursos financieros considerablemente amplios.

Una adquisición por parte de una empresa que no compita directamente en lanzamientos podría preservar la competencia estadounidense. En cambio, una operación de Blue Origin, que ya desarrolla su propio cohete pesado, podría reducir el número de proveedores independientes disponibles para el Gobierno, especialmente mientras SpaceX prepara el eventual retiro de Falcon 9 y Falcon Heavy en favor de Starship.

El regreso del Vulcan definirá el próximo capítulo

ULA abrió 2026 con una previsión de entre 18 y 22 lanzamientos, pero ocho meses después solo había completado cinco, de los cuales apenas uno utilizó el Vulcan. La diferencia entre la expectativa y el resultado refleja el costo de la inmovilización: menos misiones significan menos pagos de clientes, menor flujo de caja y más presión sobre Boeing y Lockheed Martin.

El próximo vuelo también será el primero bajo la dirección de Mark Peller, nombrado CEO el mes pasado en sustitución de Tory Bruno. Peller acumula 36 años en la industria de lanzamientos y 20 dentro de ULA, donde dirigió el desarrollo del Vulcan desde su concepción hasta su certificación para misiones del Gobierno estadounidense en 2025.

La empresa necesita demostrar que puede reanudar los lanzamientos sin nuevos incidentes antes de recuperar la confianza militar y comercial. Amazon espera utilizar el Vulcan para 38 misiones, pero el cuello de botella actual se agravó por la pausa de ULA y por la explosión del cohete New Glenn de Blue Origin en la plataforma de lanzamiento durante mayo.

Un comprador potencial tendría que financiar algo más que la recuperación de la cartera existente. El futuro de ULA dependerá de que consiga desarrollar innovación real, incluida una arquitectura reutilizable, porque competir con SpaceX mediante un cohete costoso y desechable deja a la compañía expuesta a nuevas pérdidas incluso si el Vulcan supera su próxima prueba.

La empresa todavía puede recuperar parte de su valor si vuelve al vuelo, cumple sus contratos y transforma su experiencia en seguridad nacional en una plataforma más competitiva. Pero mientras el cohete permanece en tierra y sus accionistas garantizan créditos para sostener las operaciones, la venta dejó de ser un rumor distante y se convirtió en una alternativa cada vez más plausible.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


ADVERTENCIA: DiarioBitcoin ofrece contenido informativo y educativo sobre diversos temas, incluyendo criptomonedas, IA, tecnología y regulaciones. No brindamos asesoramiento financiero. Las inversiones en criptoactivos son de alto riesgo y pueden no ser adecuadas para todos. Investigue, consulte a un experto y verifique la legislación aplicable antes de invertir. Podría perder todo su capital.

Suscríbete a nuestro boletín