Por Canuto  

Panthalassa quiere convertir el oleaje del océano en energía para ejecutar chips de inteligencia artificial en nodos flotantes conectados por satélite. La idea ya atrajo USD $210 millones de inversionistas de Silicon Valley, pero también enfrenta dudas por ancho de banda, mantenimiento extremo y coordinación entre sistemas en alta mar.
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  • Panthalassa recibió una nueva ronda de USD $140 millones para avanzar en su planta piloto cerca de Portland, Oregón, y acelerar el despliegue de nodos oceánicos.
  • Cada nodo usaría el movimiento de las olas para generar electricidad, enfriar chips de IA con agua marina y enviar resultados a clientes mediante enlaces satelitales.
  • Expertos advierten que la latencia, el ancho de banda limitado y el mantenimiento en condiciones oceánicas extremas dificultan que esta idea reemplace a los centros de datos tradicionales.


La presión por construir infraestructura para inteligencia artificial está empujando a Silicon Valley hacia territorios cada vez más poco convencionales. Una de las ideas más ambiciosas ahora apunta al océano abierto, donde una startup llamada Panthalassa plantea desplegar centros de datos flotantes que conviertan el movimiento de las olas en electricidad para alimentar chips de IA.

La propuesta acaba de ganar un nuevo respaldo financiero. Según informó Ars Technica, la empresa obtuvo una ronda reciente de USD $140 millones para completar una planta piloto de fabricación cerca de Portland, Oregón, y acelerar el despliegue de sus llamados “nodos” flotantes.

Con esa inyección, la apuesta total de inversionistas de Silicon Valley asciende a USD $210 millones. Entre los nombres asociados a esa visión figura Peter Thiel, cofundador de Palantir, en un momento en el que las grandes tecnológicas enfrentan cada vez más obstáculos para ampliar su capacidad de cómputo en tierra.

El trasfondo es claro. La expansión de la IA exige enormes cantidades de energía, sistemas avanzados de enfriamiento y nuevos espacios para alojar hardware especializado. A eso se suman resistencias de comunidades locales, restricciones en el suministro eléctrico y escasez de mano de obra para construir centros de datos tradicionales.

Cómo funcionaría la propuesta de Panthalassa

En lugar de producir energía renovable en el mar y transmitirla a instalaciones terrestres, Panthalassa propone ejecutar directamente el cómputo de IA a bordo. La lógica es trasladar el problema desde la transmisión de electricidad hacia la transmisión de datos.

Benjamin Lee, arquitecto e ingeniero informático de la Universidad de Pensilvania, resumió la idea en declaraciones citadas por Ars Technica: “La idea de Panthalassa transforma un problema de transmisión de energía en un problema de transmisión de datos”. También explicó que realizar cómputo de IA en el océano requeriría transferir modelos a los nodos en el mar y luego responder a indicaciones y consultas desde allí.

Cada nodo tendría la forma de una enorme esfera de acero flotante con una estructura tubular que desciende verticalmente bajo la superficie. El movimiento de las olas impulsaría agua hacia arriba por ese tubo hasta un depósito presurizado, desde donde luego se liberaría para mover una turbina generadora.

Esa electricidad renovable serviría para alimentar chips de IA instalados en el propio nodo. Después, las salidas de los modelos serían enviadas a clientes en todo el mundo por enlace satelital, en forma de “tokens de inferencia” que representarían los resultados del procesamiento.

Otro punto central de la propuesta es el enfriamiento. Panthalassa sostiene que el agua del océano ayudaría a disipar el calor de los chips, una ventaja potencial frente a muchos centros de datos en tierra, que consumen grandes volúmenes de electricidad y agua dulce para mantener temperaturas operativas seguras.

Lee también destacó ese aspecto. “La computación basada en el océano podría ofrecer una enorme ventaja de enfriamiento porque la temperatura ambiente es muy baja”, afirmó. En su evaluación, esa característica podría ser una de las razones más atractivas del enfoque, siempre que el sistema logre operar con fiabilidad prolongada.

Pruebas, escala y ambición industrial

El prototipo más reciente de la compañía se llama Ocean-3. Está previsto que sea probado en el Pacífico norte más adelante en 2026, como parte de una hoja de ruta que apunta a validar tanto la conversión de energía de las olas como la operación de hardware de IA en condiciones marinas reales.

La escala del sistema no es menor. De acuerdo con el Financial Times, la versión más nueva alcanza unos 85 metros de longitud y tendría una altura cercana a la del Big Ben de Londres o el edificio Flatiron de la ciudad de Nueva York. Esa comparación da una idea del tamaño de la infraestructura que Panthalassa busca llevar al mar.

La empresa ya había ensayado prototipos previos. Ocean-1 fue probado en 2021, mientras que Ocean-2 pasó por una prueba de mar de tres semanas frente a la costa del estado de Washington en febrero de 2024. Esas fases han servido para refinar la tecnología del convertidor de energía undimotriz sobre la cual descansa toda la iniciativa.

El director ejecutivo y cofundador, Garth Sheldon-Coulson, dijo en una entrevista con CBS que espera desplegar eventualmente miles de estos nodos. Si esa meta llegara a materializarse, no se trataría de una simple instalación experimental, sino de una red distribuida de capacidad computacional en el océano.

El momento de esta apuesta también ayuda a explicar el apetito de los inversionistas. Las principales empresas tecnológicas de Estados Unidos se han comprometido a gastar USD $765.000 millones en la construcción de centros de datos de IA durante 2026, una cifra que refleja la intensidad de la carrera por más capacidad de procesamiento.

Visto en ese contexto, comprometer USD $210 millones a una propuesta de frontera como la de Panthalassa luce menos sorprendente. Para capitales acostumbrados a apuestas de alto riesgo, el océano empieza a verse como una posible válvula de escape frente a los cuellos de botella en tierra firme.

Los obstáculos técnicos y operativos siguen siendo serios

Pese al atractivo de la idea, el proyecto enfrenta desafíos importantes. El primero es la conectividad. Depender de enlaces satelitales para intercambiar datos con clientes y coordinar nodos implica asumir limitaciones de ancho de banda y latencia que hoy no tienen comparación con la fibra óptica usada por centros de datos convencionales.

Lee advirtió que los satélites podrían comunicar quizá cientos de megabits por segundo por terminal, una capacidad viable para respuestas en tiempo real a indicaciones y consultas. Sin embargo, también señaló que la comunicación frecuente entre nodos y su coordinación para cargas más grandes podría resultar difícil.

Eso reduce la probabilidad de que este esquema sustituya a los centros de datos tradicionales. En cambio, podría servir para ciertos casos de uso específicos, sobre todo si la prioridad es aprovechar energía remota y enfriamiento natural, en lugar de ejecutar tareas que exijan una sincronización intensiva entre múltiples clústeres.

El problema no se limita al tráfico de datos. Transferir volúmenes más grandes podría requerir más tiempo e incluso, según explicó Lee, transportar físicamente discos de almacenamiento a los nodos por barco, algo que solo tendría sentido de manera periódica y no para operaciones continuas de alta demanda.

También aparece el desafío del mantenimiento. Operar nodos dispersos por distintos océanos del mundo implica costos logísticos, exposición a condiciones extremas y complejidad en reemplazos o reparaciones. Mantener hardware avanzado de IA en alta mar durante años no se parece a operar un campus tecnológico en tierra.

Ofertas de trabajo recientes de Panthalassa describen el objetivo de construir nodos capaces de “sobrevivir durante más de una década en las condiciones oceánicas más duras” y funcionar “sin mantenimiento ni intervención humana”. Además, los sistemas estarían diseñados para ser autónomos y autopropulsados, aunque el despliegue inicial probablemente se haría por barco.

Un concepto con antecedentes, pero aún lejos de consolidarse

La idea de mover infraestructura computacional al océano no es completamente nueva. Microsoft exploró esa posibilidad con su Project Natick, que probó servidores submarinos en 2015 y 2018. Esas pruebas, según Lee, mostraron que sistemas sellados y enfriados por agua de mar podían lograr tasas de fallo más bajas que sistemas en tierra.

Aun así, Microsoft no decidió comercializar ese enfoque, al menos por ahora. En paralelo, empresas chinas sí han avanzado con centros de datos submarinos cerca de la isla de Hainan y frente a la costa de Shanghái, mientras que en Singapur la empresa Keppel inició la construcción de un centro de datos flotante.

Frente a esos antecedentes, el plan de Panthalassa parece más audaz. No se limita a ubicar servidores en el agua, sino que integra generación eléctrica por olas, enfriamiento marino y conectividad satelital en una sola arquitectura. Esa combinación es precisamente lo que lo vuelve atractivo y, al mismo tiempo, especialmente difícil de ejecutar.

Por ahora, la tesis central es que el océano podría convertirse en una nueva frontera para la infraestructura de IA si la ingeniería demuestra ser suficientemente robusta. El reto será probar que un nodo flotante puede generar energía, operar chips de alto rendimiento, mantenerse estable durante años y entregar resultados útiles con una conectividad razonable.

En un mercado obsesionado con aumentar la potencia de cómputo, esa promesa basta para atraer capital. Sin embargo, entre el entusiasmo financiero y una red mundial de nodos oceánicos funcionales todavía hay una distancia enorme. En el mejor de los casos, esta tecnología complementaría a los centros de datos tradicionales; en el peor, se sumaría a la lista de apuestas futuristas que nunca pasaron de la etapa experimental.

Sea cual sea el desenlace, la propuesta ilustra hasta qué punto la carrera por la inteligencia artificial está redibujando los límites de la infraestructura tecnológica. Si en tierra ya no sobra espacio, energía ni tolerancia social, no sorprende que algunos inversionistas empiecen a mirar hacia el mar.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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