Por Canuto  

Un estudio con participantes estadounidenses encontró que conversaciones de unos siete minutos con un modelo de lenguaje redujeron creencias conspirativas con mayor eficacia que una hoja de datos, incluso cuando la información disponible sobre los hechos era limitada.
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  • Dos experimentos realizados tras ataques contra Donald Trump y Charlie Kirk compararon diálogos con Gemini, hojas informativas y un chat de control.
  • Las conversaciones redujeron la adhesión a teorías de encubrimiento y, en algunos casos, también debilitaron creencias conspirativas sobre eventos posteriores.
  • Los investigadores advierten que la misma capacidad persuasiva podría utilizarse para reforzar narrativas falsas o desinformación emergente.


Conversar durante unos siete minutos con un modelo de lenguaje redujo las creencias conspirativas con mayor eficacia que leer una hoja de datos estática, según dos experimentos realizados después de ataques políticos en Estados Unidos. La investigación, desarrollada por especialistas de Carnegie Mellon, el MIT y Cornell, examinó lo ocurrido tras el intento de asesinato de Donald Trump en julio de 2024 y el asesinato del activista conservador Charlie Kirk en septiembre de 2025. El resultado sugiere que el diálogo personalizado puede ser especialmente relevante cuando una crisis deja poco tiempo para reunir pruebas concluyentes.

El hallazgo no significa que una inteligencia artificial pueda determinar por sí sola qué versión de un acontecimiento es verdadera. Los autores subrayan que se trata de un estudio de caso, con riesgos de error, abuso y aplicación inadecuada, pero sostienen que una conversación breve puede cambiar de manera medible la forma en que algunas personas evalúan narrativas conspirativas, incluso cuando todavía existen preguntas abiertas.

Dos crisis y tres formas de responder

Los investigadores reclutaron adultos de Estados Unidos mediante una plataforma de encuestas y utilizaron GPT-4o para identificar a participantes que expresaban creencias conspirativas sobre cada acontecimiento. El experimento relacionado con Trump conservó a 472 personas, mientras que el estudio sobre Kirk incluyó a 1.035 participantes. La selección permitió medir primero las convicciones de referencia y después comparar cambios entre grupos asignados aleatoriamente.

Cada participante quedó en una de tres condiciones. Un grupo conversó al menos cinco rondas con Gemini, configurado para reducir las creencias conspirativas mediante argumentos basados en evidencia; otro recibió una hoja de datos con citas de fuentes, y un tercero mantuvo una conversación irrelevante sobre si los gatos o los perros son mejores compañeros. La versión 1.5 de Gemini, correspondiente a febrero de 2024, se utilizó en el primer experimento, mientras que la versión 2.5, de junio de 2025, se empleó en el segundo.

Los acontecimientos estudiados ocurrieron después del límite de entrenamiento de los modelos utilizados, por lo que estos no podían depender de un conocimiento interno previo para responder. En su lugar, los investigadores incorporaron al mensaje de sistema una base de datos separada entre hechos confirmados, afirmaciones ya refutadas y preguntas marcadas explícitamente como abiertas. Para el caso de Kirk también habilitaron búsquedas en la web, aunque restringidas a la verificación de afirmaciones fácticas.

El contexto informativo era muy distinto entre ambos episodios. En la semana posterior al intento de asesinato de Trump, cerca de la mitad de una muestra representativa de Estados Unidos había escuchado que el ataque fue escenificado y 11% decía creerlo; después del asesinato de Kirk circularon rápidamente teorías sobre la participación del Mossad, una operación de bandera falsa y un supuesto encubrimiento gubernamental.

El diálogo superó a la hoja de datos

Las conversaciones redujeron la adhesión a la teoría conspirativa específica de cada participante en los dos experimentos, tanto frente al chat de control como frente a la hoja informativa. También disminuyó el acuerdo con afirmaciones sobre un encubrimiento o conspiración y sobre factores ocultos o no revelados. La diferencia apunta a que el intercambio directo puede responder a las dudas concretas de una persona, en lugar de presentar el mismo paquete de datos a todos los lectores.

El estudio no observó un aumento en la confianza hacia la explicación oficial después del intento contra Trump. Los autores atribuyen ese resultado a que, en ese momento, no existía una explicación oficial clara, pues se conocía el fallo de seguridad, pero el motivo y los antecedentes del tirador seguían sin aclararse cuando se redactó la investigación.

En el experimento sobre Kirk, donde las autoridades ya habían compartido más detalles sobre el presunto perpetrador, la confianza en la explicación oficial aumentó ligeramente frente al chat de control. Sin embargo, la diferencia con respecto a la hoja de datos no alcanzó significación estadística, lo que impide presentar el diálogo como una solución universal o como un reemplazo de la información verificable.

La conversación sobre Kirk tampoco produjo un efecto medible en el apoyo a la violencia política. Esta distinción resulta importante porque reducir la creencia en una teoría conspirativa no equivale necesariamente a modificar todas las actitudes políticas o conductas asociadas con ella. La intervención cambió determinadas evaluaciones sobre encubrimientos y factores ocultos, pero sus efectos no se extendieron de manera automática a cada resultado que los investigadores examinaron.

La estrategia cambió según la evidencia disponible

Para estudiar el mecanismo de persuasión, el equipo descompuso las respuestas del modelo en oraciones individuales. En el caso de Trump, donde había poca información sobre el motivo o los antecedentes del atacante, Gemini recurrió con más frecuencia a reconocer sus propios límites, recomendar cautela antes de extraer conclusiones y cuestionar la calidad de las fuentes utilizadas.

El modelo también empleó preguntas de estilo socrático para que los participantes examinaran la evidencia que sustentaba sus propias creencias. En vez de afirmar que toda sospecha era absurda, la conversación distinguió entre hechos comprobados, afirmaciones refutadas y asuntos todavía sin resolver, una táctica que puede evitar que la incertidumbre se convierta automáticamente en prueba de una conspiración.

En el caso de Kirk, la mayor cantidad de información disponible permitió una respuesta más parecida a la utilizada frente a teorías conspirativas clásicas. El modelo dio mayor peso a argumentos fácticos y a los daños sociales del pensamiento conspirativo, en lugar de depender principalmente de la humildad epistémica y la crítica de fuentes.

Según The Decoder, el resultado es relevante porque muestra que la persuasión no dependió únicamente de repetir una refutación preparada. La respuesta se ajustó a la cantidad y calidad de la evidencia, aunque los investigadores también advierten que una herramienta capaz de adaptar argumentos a cada usuario podría utilizarse en sentido contrario para convencer a las personas de narrativas falsas.

Un efecto que alcanzó acontecimientos posteriores

La intervención relacionada con Trump produjo señales que persistieron más allá del acontecimiento original. Dos meses después, otro hombre armado fue arrestado en una propiedad de Trump, y quienes habían participado en el diálogo de refutación mostraron menor disposición a creer que solo unas pocas personas poderosas conocerían la verdad o que esta sería ocultada al público.

Los investigadores observaron así un posible efecto de transferencia hacia nuevas situaciones, aunque no todos los resultados posteriores mantuvieron la misma fuerza. El diálogo parecía funcionar como una forma de preparación contra narrativas conspirativas futuras, aun cuando los participantes no hubieran discutido previamente el nuevo evento.

La prueba más débil apareció después de un tiroteo y ataque incendiario contra una Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en Grand Blanc Township, Michigan. El ataque ocurrió dos semanas y media después del asesinato de Kirk, y una encuesta realizada 11 días más tarde no encontró un efecto directo significativo en el análisis principal.

Un análisis secundario sugirió que parte del efecto original seguía presente en las narrativas conspirativas sobre el ataque a la iglesia. La transferencia fue más clara en las creencias conspirativas generales: las personas que habían conversado con el modelo mostraron menor acuerdo con narrativas conspirativas comunes, un resultado parecido a un proceso de prebunking, aunque sin advertencia previa ni exposición anticipada a una versión debilitada de la desinformación.

Persuasión, límites y riesgos de abuso

El principal desafío práctico es conseguir que las personas acepten conversar con un modelo sobre sus creencias. Una hoja de datos puede distribuirse de manera amplia, pero un diálogo requiere atención, disposición y cierto nivel de confianza en la herramienta, condiciones que pueden no existir durante una crisis polarizada.

El equipo también recordó que sus trabajos anteriores habían mostrado que diálogos similares podían operar en la dirección opuesta y convencer a personas de narrativas conspirativas. Para las teorías emergentes, este riesgo es particularmente delicado porque la evidencia todavía puede ser incompleta y una respuesta convincente, aunque equivocada, podría consolidar una explicación falsa antes de que los hechos sean conocidos.

La investigación se suma a un estudio previo con casi 77.000 participantes que comparó mensajes breves con conversaciones basadas en modelos de lenguaje. En ese trabajo, los diálogos resultaron entre 41% y 52% más persuasivos que un texto corto, y el factor decisivo fue el volumen de afirmaciones acompañadas por fuentes, más que el uso de tácticas conversacionales sofisticadas.

El mismo mecanismo puede servir para informar o manipular, como mostró un experimento no autorizado de la Universidad de Zúrich realizado en Reddit. Por eso, el valor de estos sistemas dependerá menos de su capacidad para ganar discusiones que de controles sobre las fuentes, transparencia acerca de la incertidumbre y límites claros para impedir que una IA convierta una crisis en una campaña de persuasión personalizada.

Los resultados no prueban que los chatbots puedan resolver la desinformación, pero sí indican que una conversación breve puede modificar creencias cuando una hoja estática no consigue el mismo efecto. En un entorno donde las teorías sobre ataques y encubrimientos se difunden en cuestión de días, esa capacidad representa una oportunidad informativa y, al mismo tiempo, una responsabilidad tecnológica considerable.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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