El rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a 30 años subió hasta 5,19%, su nivel más alto desde 2007, en medio de crecientes temores por inflación, precios de la energía al alza y dudas sobre la capacidad del mercado para absorber más deuda pública sin exigir mayores retornos.
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- El bono del Tesoro de EE. UU. a 30 años avanzó siete puntos básicos hasta 5,19%, su mayor nivel desde antes de la crisis financiera global.
- Los inversionistas temen que el repunte de la energía por la guerra con Irán y el deterioro fiscal obliguen a la Reserva Federal a subir tasas.
- Analistas advierten que si el rendimiento alcanza 5,25%, podrían resentirse las acciones, el crédito corporativo y el mercado hipotecario.
El mercado de deuda de Estados Unidos atraviesa un momento delicado. El rendimiento del bono del Tesoro a 30 años subió siete puntos básicos el martes hasta 5,19%, un nivel que no se veía desde 2007, en la víspera de la crisis financiera global.
Según reportó Bloomberg, el movimiento refleja una creciente ansiedad de los inversionistas ante un posible repunte de la inflación. La presión no se limita a Estados Unidos, ya que las ventas también golpean a los mercados de bonos en Europa y Asia.
Para entender la relevancia de este salto, conviene recordar que el rendimiento de los bonos soberanos sirve como referencia central para el costo del dinero en toda la economía. Cuando suben estas tasas, tienden a encarecerse las hipotecas, el crédito corporativo y el financiamiento del propio gobierno.
En este caso, el ajuste responde a una combinación de factores. Por un lado, el alza de los precios de la energía asociada a la guerra con Irán ha reavivado los temores inflacionarios. Por otro, los crecientes déficits públicos están obligando a los inversionistas a exigir una compensación mayor para mantener deuda de plazos largos.
Inflación, energía y cambio de expectativas sobre la Fed
En semanas recientes, los rendimientos globales se han disparado a medida que el mercado reconsidera el rumbo de la política monetaria. Antes del conflicto, los operadores esperaban hasta tres recortes de tasas por parte de la Reserva Federal en 2026. Ahora anticipan que el próximo movimiento podría ser un alza, incluso hacia finales de este mismo año.
Benjamin Schroeder, estratega sénior de tasas en ING Groep NV, dijo que el mercado ha girado hacia un claro sesgo de subidas. A su juicio, los inversionistas temen que las presiones derivadas de la energía no sean un episodio corto, sino el inicio de un fenómeno inflacionario más persistente.
Esa lectura cambia de forma importante el precio de los activos financieros. Si la inflación se mantiene elevada, la Fed tendría menos margen para relajar su postura. Para los mercados, eso implica tasas altas por más tiempo, una combinación que suele afectar tanto a la renta fija como a la renta variable.
El escenario también plantea un reto para Kevin Warsh, señalado en la nota como próximo presidente de la Reserva Federal. Le tocaría asumir en un entorno marcado por un salto de los rendimientos y por un cambio abrupto del sentimiento del mercado frente a la inflación.
El tramo largo deja de atraer compradores
Durante meses, algunos inversionistas habían considerado el nivel de 5% en el bono a 30 años como una especie de línea en la arena. La idea era que, al alcanzar ese umbral, aparecerían compradores dispuestos a aprovechar rendimientos más atractivos. Sin embargo, los movimientos recientes han comenzado a desafiar esa tesis.
Ed Al-Hussainy, gestor de cartera en Columbia Threadneedle Investments, afirmó que no hay muchos compradores dispuestos a colocarse frente a este movimiento. Su comentario sugiere que la presión vendedora sigue dominando un segmento clave del mercado del Tesoro, valorado en USD $31 billones.
La falta de demanda en los plazos largos es especialmente relevante porque el bono del Tesoro estadounidense es considerado el principal activo refugio del mundo. También funciona como una referencia para los costos de financiamiento globales, por lo que una venta sostenida puede tener efectos más amplios sobre otras clases de activos.
La señal ya quedó visible en el mercado primario. A mediados de mayo, una subasta de bonos del Tesoro a 30 años fue la primera desde 2007 en adjudicarse con una tasa superior a 5%. Aun con ese rendimiento, la demanda de los inversionistas fue descrita como poco destacable.
El riesgo fiscal gana protagonismo
Más allá de la inflación, los analistas ven un segundo motor detrás del repunte de los rendimientos: el deterioro fiscal. Ajay Rajadhyaksha, presidente global de investigación de Barclays Plc, escribió el lunes que hay pocas razones para buscar exposición en el tramo largo mientras la deuda crece más rápido que la economía, empeoran los perfiles inflacionarios y no existe voluntad política para una reforma fiscal.
El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, se ha comprometido a reducir los costos de endeudamiento. Sin embargo, ese objetivo choca con la percepción del mercado de que el volumen de emisión seguirá siendo muy elevado en los próximos años.
La estimación mediana del déficit presupuestario de los operadores primarios de valores del Tesoro, publicada a inicios de este mes, apuntó a una brecha de USD $1,95 billones para el año que termina en septiembre. Luego proyectó una ampliación adicional hasta USD $2 billones en 2027.
Laura Cooper, estratega global de inversiones y responsable de crédito macro en Nuveen, señaló que los rendimientos ya no solo reflejan volatilidad inflacionaria. También están incorporando cada vez más el retorno del riesgo fiscal, en un mercado con capacidad limitada para absorber tanto gasto a los niveles actuales sin exigir una compensación extra.
Presión internacional y posibles efectos sobre acciones
La tensión no es exclusiva de Estados Unidos. En Reino Unido, los rendimientos de los gilts a 30 años se acercan a 6%. En Alemania, la tasa de endeudamiento de largo plazo cotiza en su nivel más alto desde 2011. El mensaje es claro: la venta de deuda soberana se ha vuelto un fenómeno global.
Ese proceso también puede alterar la asignación de capital entre activos. Cuando los bonos gubernamentales ofrecen una rentabilidad más alta, algunos inversionistas reducen exposición a instrumentos más riesgosos, como acciones o crédito de menor calidad, porque el premio relativo deja de parecer tan atractivo.
Hasta ahora, el S&P 500 ha logrado resistir. El índice acumula un avance superior a 7% en lo que va de año, pese a la liquidación en la mayoría de los mercados de bonos. Esa divergencia, sin embargo, podría no durar si el rendimiento a 30 años sigue escalando.
Ian Lyngen, jefe de estrategia de tasas de interés de Estados Unidos en BMO Capital Markets en Nueva York, advirtió que la verdadera prueba de fuego será la capacidad de las acciones estadounidenses para soportar el actual movimiento bajista en los bonos del Tesoro. Según su estimación, si la tasa a 30 años alcanza 5,25% en las próximas semanas, podría producirse una corrección más duradera en las valoraciones bursátiles.
Qué significa este entorno para la economía real
Los rendimientos persistentemente altos pueden trasladarse con rapidez a la economía cotidiana. En Estados Unidos, eso implicaría mayores costos para compradores de vivienda, empresas que buscan refinanciar deuda y el propio gobierno federal, que debe emitir más bonos para cubrir sus necesidades de financiamiento.
En un contexto en el que la economía estadounidense ha mostrado resiliencia, una subida sostenida en las tasas largas podría convertirse en un freno relevante. El encarecimiento del crédito suele enfriar la inversión, limitar el consumo financiado y comprimir los múltiplos de valuación en los mercados.
Edward Harrison, estratega macro de Bloomberg, destacó que resulta notable ver caer a los bonos del Tesoro incluso en una jornada en la que los precios del petróleo retrocedían por esperanzas de negociaciones de paz en Medio Oriente. A su juicio, eso indica que la incertidumbre sobre la política económica y la trayectoria de la inflación mantendrá a los bonos bajo presión, en especial a través de las expectativas inflacionarias.
Por ahora, el mercado parece haber dejado atrás la idea de que el nivel de 5% bastaría para estabilizar el tramo largo de la curva. Si esa percepción se consolida, el mercado de deuda de Estados Unidos podría estar entrando en una etapa distinta, con implicaciones directas para la política monetaria, el financiamiento público y la valuación del resto de los activos globales.
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