Por Canuto  

El precio del oro inició la jornada del viernes con una caída, afectado por la fortaleza reciente del dólar estadounidense y por las implicaciones macroeconómicas de un petróleo más caro. El movimiento se produce en un contexto donde el mercado también reevalúa las perspectivas de inflación y de tasas de interés en Estados Unidos.
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  • Los futuros del oro para abril abrieron en USD $5.084 por onza troy, un 0,8% menos que el cierre del jueves en USD $5.125,80.
  • El repunte del petróleo y del índice del dólar añade presión sobre el metal, al elevar costos y reducir su atractivo frente a activos con rendimiento.
  • Expertos consultados por la fuente discrepan sobre la asignación ideal en oro, con recomendaciones que van de 0% a 20% de una cartera.

 


El oro abrió a la baja este viernes en el mercado de futuros, en una sesión marcada por la fortaleza del dólar estadounidense y por la atención renovada sobre la inflación en Estados Unidos. El contrato de abril mostró retrocesos desde el arranque de la jornada, en un entorno donde los inversionistas siguen evaluando el efecto de las materias primas energéticas y la política monetaria sobre los activos de refugio.

Según reportó Yahoo Finance, los futuros del oro para abril iniciaron en USD $5.084 por onza troy. Esa cifra representó una caída de 0,8% frente al cierre del jueves, ubicado en USD $5.125,80. El medio señaló además que el metal continuó debilitándose durante las primeras horas de negociación.

Para entender este movimiento conviene recordar que el oro suele reaccionar con sensibilidad a dos variables: el comportamiento del dólar y el nivel de las tasas de interés. Cuando el billete verde gana fuerza, el metal se encarece para compradores que operan con otras monedas. Al mismo tiempo, cuando las tasas permanecen altas, muchos inversionistas prefieren instrumentos que sí generan rendimiento antes que activos como el oro, que no paga intereses.

Ese marco ayuda a explicar por qué el mercado observó con cautela la apertura del viernes. Aunque el oro conserva una ganancia destacada en términos interanuales, la sesión reflejó que los factores macroeconómicos de corto plazo siguen teniendo un peso relevante sobre su precio.

El petróleo, el dólar y la presión inflacionaria

Uno de los ejes de la cobertura fue la relación entre el encarecimiento del petróleo, el dólar y las expectativas de inflación. La demanda por oro se ha visto presionada por los altos precios del crudo y por la manera en que estos pueden influir sobre la moneda estadounidense y sobre el panorama inflacionario de corto plazo.

La lógica detrás de ese vínculo es relevante para cualquier lector que siga mercados. Dado que Estados Unidos es un importante productor mundial de petróleo y además exporta más de lo que importa, un aumento en el precio del crudo puede fortalecer al dólar. En otras palabras, la subida del petróleo no solo afecta la inflación, sino también la posición relativa de la moneda estadounidense.

En los últimos cinco días, el Índice del Dólar de EE. UU. aumentó cerca de 1%. En el último mes, el mismo indicador avanzó 3,3%. Ese desempeño ayuda a entender por qué el oro encontró presión bajista al inicio de la jornada, incluso después de mantener una evolución positiva en otros marcos temporales.

El petróleo caro también puede introducir nuevas tensiones inflacionarias en un momento delicado. La inflación en Estados Unidos ha permanecido por encima del objetivo de largo plazo de 2% de la Reserva Federal durante años. Si esa presión vuelve a consolidarse, el margen para recortes de tasas se reduciría, y eso alteraría una de las narrativas que suelen favorecer al oro.

A comienzos de este año, los operadores esperaban que la Reserva Federal recortara las tasas de interés dos veces en 2026. Sin embargo, esa posibilidad luce menos probable si se afianza una nueva tendencia inflacionaria en la economía estadounidense. Ese cambio de expectativas es importante porque afecta la valoración relativa de casi todos los activos financieros, desde bonos hasta metales preciosos.

En este contexto, un dólar más fuerte encarece el oro, mientras que tasas elevadas lo vuelven menos atractivo frente al efectivo y otros instrumentos que sí pagan intereses. No se trata de una relación mecánica en cada sesión, pero sí de un patrón ampliamente seguido por analistas e inversionistas institucionales.

Cómo ha cambiado el precio del oro

Pese a la caída del viernes, el balance más amplio muestra que el metal aún mantiene un avance considerable en comparación con periodos más largos. El precio de apertura de los futuros de abril fue 0,8% menor al cierre del jueves, pero las variaciones frente a otros puntos de referencia ofrecen una visión más completa de la tendencia.

Frente a una semana atrás, el oro mostraba una caída de 0,7%. En comparación con hace un mes, registraba un alza de 2,6%. Y frente al mismo momento del año anterior, acumulaba una subida de 73,1%.

La fuente también recordó que el 29 de enero la ganancia interanual del oro llegó a 95,6%. Ese dato sugiere que, aunque el metal conserva una apreciación sólida en doce meses, su ritmo de avance se ha moderado desde los máximos recientes de desempeño anual.

Para inversores y observadores del mercado, esta combinación de retroceso diario con fortaleza interanual no es contradictoria. Más bien refleja la naturaleza del oro como un activo que puede responder con volatilidad a cambios tácticos de política monetaria, inflación o divisas, aun cuando mantenga una tendencia positiva de mayor plazo.

Yahoo Finance recordó además que el precio del oro puede seguirse de forma continua durante las 24 horas del día, los siete días de la semana, algo habitual en mercados que reaccionan de manera casi instantánea a noticias geopolíticas, económicas y monetarias.

Cuánto oro debería tener un inversionista

Más allá del movimiento puntual del mercado, la noticia incluyó un debate clásico dentro de la gestión patrimonial: cuánto oro conviene mantener en una cartera. El punto de partida es conocido. Una posición en oro puede aportar estabilidad y servir como cobertura frente a la inflación, pero también puede diluir ganancias cuando las acciones suben con rapidez.

Ese equilibrio entre protección y crecimiento no tiene una respuesta única. De hecho, los expertos citados por la fuente mostraron posturas muy distintas, con asignaciones recomendadas que van desde 0% hasta 20%. La amplitud del rango deja claro que la proporción ideal depende del perfil de riesgo, del horizonte de inversión y de la tesis macroeconómica de cada inversor.

Robert R. Johnson, profesor en Heider College of Business de Creighton University, no respalda la inversión en oro. En sus palabras, “tener una pequeña posición en metales preciosos puede amortiguar la volatilidad de la cartera a corto plazo, pero la compensación entre una volatilidad ligeramente amortiguada y el retorno a largo plazo perdido ciertamente no es prudente, particularmente para la Generación Z/millennials con horizontes de inversión a largo plazo”.

Brett Elliott, director de contenido y SEO en American Precious Metals Exchange, recomendó una asignación de entre 2% y 5%, dependiendo de la situación de cada persona. Su enfoque prioriza la alineación de la exposición al oro con los objetivos de inversión y con las necesidades particulares de cada cartera.

Blake McLaughlin, vicepresidente ejecutivo en Axcap Ventures, sostuvo que los datos históricos respaldan una asignación de entre 5% y 8% en oro. Según McLaughlin, “el oro puede no ofrecer el potencial de retorno elevado de las inversiones privadas, pero el metal posee un conjunto de atributos que son cada vez más difíciles de ignorar”.

Thomas Winmill, gerente de cartera en Midas Funds, afirmó que la mayoría de los inversionistas se beneficiaría de una asignación de largo plazo de entre 5% y 15%. Esa recomendación se sitúa en un punto intermedio dentro del espectro y sugiere una visión del oro como componente estructural, no solo táctico.

En el extremo más alto apareció Vince Stanzione, CEO y fundador de First Information, quien defendió una asignación de 20% en oro, en particular mediante oro físico o un ETF respaldado por el metal. Su argumento se centra en una estrategia de preservación de riqueza con una exposición más significativa al activo.

La divergencia entre estas posturas refleja que el oro sigue siendo un instrumento discutido dentro de la teoría y la práctica de inversión. Para algunos es un estabilizador útil. Para otros, un freno al rendimiento de largo plazo. Y para un tercer grupo, una cobertura esencial en tiempos de inflación persistente y elevada incertidumbre monetaria.

En cualquier caso, la sesión del viernes dejó una señal clara: el mercado del oro no se mueve en el vacío. Su precio responde a fuerzas interconectadas como el dólar, el petróleo, la inflación y las expectativas sobre la Reserva Federal. En momentos como este, seguir esos vínculos resulta tan importante como observar la cotización del metal mismo.


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Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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