El Pentágono revisó discretamente su doctrina sobre selección de objetivos en combate, abriendo la puerta a un papel más amplio de la IA en decisiones militares críticas. El documento, revisado por Bloomberg, contempla sistemas en los que la IA pueda iniciar acciones bajo monitoreo humano, en una señal de cómo Washington busca acelerar operaciones militares mientras enfrenta dilemas legales y éticos sobre autonomía, supervisión humana y uso de la fuerza.
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- El Pentágono actualizó en abril su doctrina de selección de objetivos sin divulgar públicamente el documento, según Bloomberg.
- La nueva guía contempla sistemas donde la IA inicia acciones con monitoreo humano, frente al modelo actual de “humano en el ciclo”.
- El documento dice que la IA puede reducir el ciclo entre detección y ataque, y aumentar el ritmo de las operaciones militares.
- La doctrina también reconoce dilemas morales y legales, y advierte contra depender de IA sin supervisión humana.
El Departamento de Defensa de Estados Unidos revisó discretamente su doctrina sobre cómo las fuerzas armadas seleccionan objetivos en combate, en una actualización que podría ampliar el papel de la inteligencia artificial en decisiones militares de alto riesgo.
Según informó Bloomberg, los nuevos principios de selección de objetivos fueron aprobados en abril sin divulgación pública. Aunque el documento no está clasificado, tampoco fue publicado de forma abierta. La actualización forma parte de la doctrina de “joint targeting”, el conjunto de procedimientos mediante el cual las fuerzas armadas estadounidenses determinan qué objetivos atacar durante operaciones militares.
El cambio más sensible aparece en un nuevo capítulo sobre el futuro de la selección de objetivos. Allí, la doctrina contempla sistemas donde la inteligencia artificial “inicia acciones con monitoreo humano”, una evolución frente a los sistemas actuales descritos como de “humano en el ciclo”, en los que una persona inicia las acciones.
La diferencia no es menor. En el modelo tradicional, el humano toma la acción inicial y la máquina asiste. En el modelo descrito por la nueva doctrina, la IA podría pasar a una función más activa, con humanos supervisando, revisando o interviniendo. Eso acerca al Pentágono a un debate global sobre armas autónomas, responsabilidad legal y control humano significativo sobre decisiones de vida o muerte.
Velocidad militar y presión tecnológica
La revisión refleja la urgencia del Pentágono por incorporar inteligencia artificial en operaciones militares. La doctrina sostiene que la velocidad de la guerra futura y los avances de adversarios en IA podrían exigir que la fuerza conjunta adopte sistemas completamente autónomos.
El documento afirma que la IA reducirá el ciclo “sensor to shooter”, es decir, el tiempo entre detectar un objetivo, procesar la información y ejecutar una acción militar. También señala que la tecnología permitirá aumentar el ritmo de las operaciones, un objetivo estratégico en escenarios donde la velocidad de decisión puede definir ventajas tácticas.
La lógica militar es clara. En un campo de batalla saturado de drones, satélites, sensores, comunicaciones electrónicas, datos en tiempo real y ataques de precisión, los comandantes necesitan procesar más información de la que equipos humanos pueden analizar con rapidez. La IA promete ordenar datos, detectar patrones, corroborar información entre plataformas y acelerar recomendaciones.
Pero esa misma velocidad es la fuente del riesgo. Cuanto más se comprime el tiempo entre detección y ataque, menos margen existe para revisar errores, interpretar contexto civil, verificar inteligencia ambigua o detener una decisión automatizada antes de que produzca daño irreversible.
Washington insiste en mantener humanos al mando
Tras ser consultado por Bloomberg, un funcionario del Pentágono dijo que el Departamento de Defensa asegura que un humano siempre permanece “en el ciclo” para decisiones operativas críticas. También afirmó que las tecnologías de IA del Departamento no seleccionan ni atacan objetivos de forma autónoma, y que los comandantes siguen a cargo de cada decisión.
La declaración intenta trazar una línea entre asistencia algorítmica y autonomía letal. El Pentágono sostiene que la IA debe dar a los comandantes acceso más rápido a mejor información, pero sin reemplazar el juicio humano en decisiones de uso de fuerza.
Ese mismo jueves, el Departamento anunció que desplegará herramientas avanzadas habilitadas por IA para transformar la gestión de batalla, el apoyo a decisiones y la selección de objetivos. Cameron Stanley, jefe digital y de inteligencia artificial del Pentágono, dijo que la institución está construyendo una red interoperable de agentes de IA para dar a comandantes información mejor y más rápida, manteniendo el juicio humano en el centro de cada decisión de targeting.
La tensión está en que el documento doctrinal apunta a una evolución hacia sistemas donde la IA podría iniciar acciones bajo monitoreo humano. Esa formulación no necesariamente equivale a ataques autónomos sin supervisión, pero sí empuja la frontera de lo que puede considerarse control humano suficiente.
Dilemas éticos y legales
La propia doctrina reconoce los riesgos. Según Bloomberg, el documento advierte que depender exclusivamente de IA plantea “serios dilemas morales y legales” y requiere establecer guías éticas inequívocas para mitigar preocupaciones sobre decisiones mejoradas por IA.
También alerta que las fuerzas armadas deben evitar una dependencia excesiva de resultados generados por IA sin supervisión humana. La razón es evidente: los sistemas pueden procesar inteligencia a escala y velocidad superiores a la capacidad humana, pero también pueden equivocarse, amplificar sesgos, malinterpretar datos incompletos o producir confianza excesiva en resultados aparentemente precisos.
En operaciones militares, un error de clasificación puede ser catastrófico. Una escuela, hospital, infraestructura civil o concentración de no combatientes puede ser confundida con un objetivo militar si los datos son incompletos, si los sensores fallan o si el sistema no interpreta correctamente el contexto.
El documento actualizado también incluye nuevo contenido sobre mitigación de daño civil. Ese punto llega pocas semanas después de que el Pentágono anunciara una investigación sobre un ataque contra una escuela primaria ubicada junto a una base naval del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica en Minab, Irán, donde murieron unos 120 niños, según el informe de Bloomberg. No está claro si la revisión doctrinal incorpora lecciones de esa guerra, ya que la actualización anterior fue realizada en septiembre de 2024, antes del regreso de Donald Trump a la presidencia.
Autonomía militar bajo revisión presidencial
El nuevo documento no establece por sí mismo todas las guías éticas necesarias. Bloomberg señaló que un memorando presidencial de seguridad nacional publicado a comienzos de junio dio al Pentágono 90 días para actualizar su política sobre autonomía en sistemas de armas.
Actualmente, esa política exige que armas autónomas y semiautónomas pasen revisiones para asegurar que comandantes y operadores puedan ejercer niveles apropiados de juicio humano sobre el uso de la fuerza. Sin embargo, esa fórmula queda por debajo de lo que organizaciones de derechos humanos y activistas exigen bajo el concepto de control humano significativo.
El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, se encuentra entre quienes han pedido prohibir los sistemas de armas autónomas letales, calificándolos de políticamente inaceptables y moralmente repugnantes.
La discusión se vuelve más urgente porque la IA ya transforma conflictos en curso. Drones autónomos, reconocimiento de imágenes, análisis de inteligencia, guerra electrónica y sistemas de apoyo a decisiones están reduciendo la distancia entre software y fuerza letal. La pregunta ya no es si la IA estará presente en el campo de batalla, sino cuánto poder operativo se le dará y quién responderá por sus errores.
Anthropic y la disputa por límites de uso militar
El informe también menciona tensiones entre el Pentágono y Anthropic, la empresa detrás de Claude. Bloomberg indicó que Anthropic provee herramientas de IA a redes clasificadas del Pentágono, incluso para uso en operaciones vinculadas con Irán, pero chocó con la agencia por su insistencia en que la tecnología todavía no es lo suficientemente confiable para armas completamente autónomas.
Dario Amodei, CEO de Anthropic, ha defendido que los humanos deben tomar la decisión final sobre el uso de la fuerza. Esa postura muestra que incluso dentro del sector de IA avanzada existen límites y preocupaciones sobre la militarización de modelos que todavía pueden fallar, alucinar, sesgar resultados o producir conclusiones difíciles de auditar.
La tensión con Anthropic ilustra un punto más amplio: el Pentágono necesita a las grandes empresas de IA, pero esas compañías también enfrentan presión pública, ética y reputacional sobre cómo se usan sus modelos. A medida que los sistemas se integran en redes militares, las líneas entre apoyo logístico, análisis de inteligencia, selección de objetivos y acción letal pueden volverse más difíciles de separar.
IA para mejorar datos, no solo acelerar ataques
La doctrina no presenta a la IA únicamente como herramienta para acelerar operaciones. También plantea usos para mejorar la calidad de los datos de segmentación, cerrar brechas de inteligencia y automatizar flujos de información.
El documento señala que la IA puede comparar rápidamente datos de objetivos recolectados por múltiples plataformas para corroborar su veracidad. En teoría, esa capacidad podría reducir errores si se usa para cruzar información, detectar inconsistencias y alertar a humanos cuando algo no encaja.
Algunos expertos en selección de objetivos citados por Bloomberg ven allí una oportunidad. Conectar sistemas digitales e introducir más IA podría ayudar a corregir problemas de objetivos, por ejemplo mediante verificaciones automáticas contra fuentes públicas como Google Maps para detectar anomalías antes de un ataque.
Ese enfoque plantea una visión menos distópica: IA no como sustituto del juicio humano, sino como capa de validación, advertencia y análisis. En operaciones complejas, un sistema que revise miles de datos y señale posibles errores puede aumentar la protección civil si los humanos conservan autoridad real y tiempo suficiente para decidir.
Responsabilidad humana sigue en el centro
Aun con la nueva orientación, el documento mantiene una advertencia histórica sobre la integración de automatización en selección de objetivos. La doctrina dice que la automatización no reemplaza el pensamiento humano ni las comunicaciones proactivas.
También establece que, sin importar la herramienta automatizada utilizada, los comandantes siguen siendo responsables de las prioridades, efectos y tiempos dentro de su área operativa, así como del cumplimiento de la ley de guerra y de las reglas de enfrentamiento militares de Estados Unidos.
Ese punto será central en cualquier debate futuro. Si la IA inicia acciones y los humanos solo monitorean, ¿cuánto control real conserva el comandante? ¿Qué ocurre si el sistema recomienda o acelera un ataque basado en datos erróneos? ¿Quién responde si el humano confía en la máquina y no detecta una falla?
El Pentágono parece intentar equilibrar dos realidades: necesita velocidad para competir con adversarios que también desarrollan IA militar, pero no puede abandonar los estándares legales y éticos que rigen el uso de fuerza. La nueva doctrina sugiere que esa frontera se está moviendo.
Una nueva fase para la guerra con IA
La revisión doctrinal del Pentágono marca una nueva etapa en la militarización de la inteligencia artificial. Ya no se trata solo de usar algoritmos para análisis, logística o vigilancia, sino de integrarlos cada vez más cerca del proceso de selección de objetivos.
El Departamento de Defensa insiste en que los humanos permanecen al mando de las decisiones críticas. Pero el lenguaje del documento revisado por Bloomberg muestra que la institución ya contempla escenarios donde la IA inicia acciones y el humano monitorea, una arquitectura que podría redefinir el control sobre decisiones letales.
El debate apenas comienza. La próxima actualización de políticas sobre autonomía en armas, exigida por el memorando presidencial de seguridad nacional, será clave para entender si Estados Unidos mantendrá una línea firme de control humano o si avanzará hacia sistemas más autónomos en nombre de la velocidad operacional.
Por ahora, el mensaje es claro: la IA se está moviendo hacia el centro de la doctrina militar estadounidense. La pregunta ya no es si ayudará a elegir objetivos, sino qué límites legales, técnicos y morales impedirán que esa ayuda se convierta en decisión automática de vida o muerte.
Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público
Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA
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