Por Canuto  

OpenAI está dando señales de un cambio estratégico en ChatGPT: pasar del usuario individual al hogar. Una nueva contratación enfocada en familias, cuidadores y adultos mayores coincide con el crecimiento del uso entre padres y personas mayores, pero también con mayores exigencias de seguridad infantil y presión legal.
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  • OpenAI busca un gerente de producto para crear experiencias para familias, cuidadores y adultos mayores.
  • Sensor Tower estima que los usuarios de ChatGPT de 35 años o más subieron del 26% al 31% en el segundo trimestre.
  • El movimiento ocurre mientras aumentan las preocupaciones por seguridad infantil, demandas legales y el uso oculto de IA entre menores.


OpenAI está ampliando su enfoque más allá del usuario individual y comienza a mirar al hogar como el próximo gran espacio para ChatGPT. La señal más clara es una nueva búsqueda de talento para desarrollar experiencias dirigidas a familias, cuidadores y adultos mayores.

El cambio sugiere una nueva etapa para la IA de consumo. Ya no se trata solo de productividad, búsquedas o asistencia puntual, sino de herramientas que pueden compartirse entre varias generaciones dentro de una misma casa.

De acuerdo con la oferta laboral, OpenAI está contratando en San Francisco a un gerente de producto dedicado a construir experiencias para familias, cuidadores y personas mayores a través de sus productos. El puesto exige experiencia creando productos para padres y familias, además de otras experiencias de consumo donde la confianza es un factor sensible.

Ese movimiento coincide con un cambio visible en la base de usuarios de ChatGPT. Según estimaciones de Sensor Tower citadas por TechCrunch, la proporción global de usuarios de 35 años o más pasó del 26% al 31% durante el segundo trimestre.

En paralelo, la proporción de usuarios de 18 a 24 años cayó del 34% al 29% en el mismo período. Eso apunta a una maduración de la audiencia y a una expansión del uso de la IA más allá del segmento joven que impulsó la adopción inicial.

En Estados Unidos, la penetración entre padres también avanzó con fuerza. Sensor Tower estima que casi uno de cada cuatro usuarios de smartphones que son padres utilizó ChatGPT durante el trimestre, frente al 16% registrado un año antes.

ChatGPT sale de la lógica individual y entra al espacio familiar

Para Ben Bajarin, director ejecutivo de la consultora Creative Strategies, la contratación muestra que OpenAI empieza a pensar en sus productos menos como herramientas para la productividad individual. En su lectura, la empresa comienza a ver la IA como una tecnología diseñada para el hogar.

Bajarin comparó este proceso con el camino que siguieron Google, Apple y Meta cuando sus plataformas se integraron en la vida cotidiana. Sin embargo, advirtió que la IA eleva mucho más las apuestas porque el asistente ya no solo media contenido o dispositivos.

Ese matiz es importante para entender la transición. Un asistente de IA puede influir en aprendizaje, comunicación, apoyo emocional, organización familiar y toma de decisiones, todo dentro de un entorno donde conviven niños, adolescentes, adultos y personas mayores.

OpenAI no respondió a las solicitudes de comentarios sobre la oferta de trabajo, según indicó TechCrunch. Aun así, el perfil buscado revela con bastante claridad la dirección estratégica que la compañía parece estar tomando.

La lectura de mercado también refuerza esa idea. Si ChatGPT se está volviendo una herramienta compartida en casa, el siguiente paso lógico sería diseñar controles, perfiles y experiencias pensadas para distintos miembros de una familia.

Esa visión va más allá de una simple función adicional. Implica tratar a la IA como una capa doméstica de software, capaz de atender tareas de estudio, asistencia para cuidadores, apoyo a adultos mayores y coordinación entre familiares.

La seguridad infantil se vuelve una exigencia central

El avance hacia los hogares trae consigo un problema delicado: los estándares de seguridad que sirven para adultos no necesariamente funcionan para menores. Ese punto fue subrayado por Stephen Balkam, director ejecutivo del Family Online Safety Institute.

Balkam dijo que la contratación refleja tanto la maduración de OpenAI como un reconocimiento cada vez mayor de que los productos de IA usados por niños y adolescentes necesitan salvaguardas distintas. En su opinión, se trata de una forma de “seguridad por rediseño”.

Con esa expresión, Balkam se refería a tomar un producto lanzado inicialmente sin pensar realmente en los niños y reconstruirlo con ellos en mente. Para él, esa reacción llega como una respuesta necesaria a una realidad de uso que ya se instaló.

El tema ganó urgencia por una investigación publicada esta misma semana por el Family Online Safety Institute. El estudio encontró que muchos padres están subestimando con qué frecuencia sus hijos utilizan herramientas de IA generativa.

Mientras el 27% de los padres en Estados Unidos dijo que su hijo había usado IA generativa en la última semana, el 38% de los niños afirmó haberlo hecho por su cuenta. La encuesta abarcó a más de 4.000 familias en Estados Unidos y Australia.

La brecha entre lo que creen los padres y lo que reportan los menores apunta a un problema de visibilidad. Si el uso real es mayor al percibido, la presión sobre las empresas para diseñar mecanismos de supervisión se vuelve todavía más fuerte.

Balkam sostuvo que las empresas de IA deberían construir productos de forma diferente para los usuarios más jóvenes. Entre las medidas que mencionó están controles de contenido más fuertes, experiencias apropiadas para cada edad, supervisión parental y recordatorios claros de que el usuario interactúa con una IA y no con un ser humano.

Demandas, autolesionismo y nuevas herramientas de protección

La necesidad de reforzar la seguridad no surge en el vacío. OpenAI ha enfrentado múltiples demandas de padres que alegan que ChatGPT contribuyó a daños sufridos por sus hijos, incluidos casos relacionados con suicidios.

Ese contexto legal y reputacional ha elevado el escrutinio sobre la forma en que las empresas de IA protegen a menores de edad. A diferencia de ciclos anteriores en internet, la presión pública aparece mucho más temprano en la curva de adopción.

En respuesta aparte de esas preocupaciones, OpenAI introdujo varias medidas de seguridad durante el último año. Entre ellas figuran controles parentales para cuentas de adolescentes.

La empresa también implementó el enrutamiento de conversaciones sensibles hacia modelos de razonamiento diseñados para manejar mejor señales de angustia. La idea es ofrecer respuestas más adecuadas cuando el sistema detecta indicios de sufrimiento emocional.

Más recientemente, OpenAI añadió una función opcional de “Contacto de confianza”. Esa característica puede alertar a un familiar o cuidador en casos de posible autolesionismo.

Para Balkam, las compañías de IA tienen la oportunidad de evitar los errores que cometieron durante años las redes sociales. En ese modelo anterior, las plataformas trataron a los niños como si fueran adultos y solo después añadieron protecciones más fuertes bajo presión pública y regulatoria.

La discusión de fondo ya no es si los menores usarán IA, sino bajo qué reglas lo harán. En ese sentido, la competencia no parece limitarse a capacidades del modelo, sino también a confianza, supervisión y diseño responsable.

Un cambio demográfico que reordena la competencia

El giro de OpenAI hacia las familias no ocurre en aislamiento, aunque su patrón de audiencia sí muestra rasgos propios. Sensor Tower estima que los usuarios de 25 a 34 años representan el 40% de las audiencias globales de las aplicaciones Claude, de Anthropic, y Gemini, de Google.

Ese mismo grupo etario también tiene un peso similar en ChatGPT. En cambio, para Copilot de Microsoft, la participación de usuarios de 25 a 34 años es del 33%.

Copilot presenta una inclinación más marcada hacia usuarios mayores. Según las estimaciones, el 20% de sus usuarios tiene 45 años o más, frente al 14% en Claude, el 12% en Gemini y el 11% en ChatGPT.

Aun así, la evolución reciente favorece a ChatGPT en ese segmento. Aunque sigue teniendo una penetración relativamente menor entre personas mayores, está creciendo más rápido que sus rivales.

La proporción de usuarios de 45 años o más en ChatGPT aumentó tres puntos porcentuales interanuales en el segundo trimestre. En Copilot el aumento fue de dos puntos, mientras que Claude y Gemini registraron caídas en ese mismo grupo.

La comparación entre padres usuarios de smartphones en Estados Unidos también ofrece señales competitivas relevantes. Gemini lideró el alcance con un 32% en el segundo trimestre.

ChatGPT ocupó el segundo lugar con un 24%, seguido por Claude con un 4% y Copilot con un 2%. Eso muestra que OpenAI no domina todos los segmentos familiares, pero sí tiene una posición fuerte y creciente.

En paralelo, la empresa también ha intentado acercarse a contextos comunitarios y juveniles. En un taller reciente organizado con Community Impact de los San Antonio Spurs y la Positive Coaching Alliance, OpenAI dijo que buscaba explorar el papel de la IA en aprendizaje, entrenamiento y participación juvenil.

Lo que podría venir: planes familiares, memoria compartida y perfiles por edad

Para Bajarin, la contratación de un gerente de producto centrado en familias apunta hacia el futuro inmediato de la IA de consumo. A medida que la tecnología se vuelva compartida entre generaciones, espera una nueva capa de productos domésticos.

Entre las funciones que anticipa aparecen planes familiares, perfiles para niños y adolescentes, herramientas para cuidadores y memoria compartida en el hogar. También menciona tutoría con IA y controles de seguridad más robustos.

Ese repertorio no ha sido anunciado formalmente por OpenAI dentro de esta historia, pero ayuda a entender la lógica del mercado. Si la IA pasa de ser un chatbot personal a una infraestructura del hogar, el producto necesita nuevas reglas de acceso y convivencia.

Para la industria tecnológica, esta transición puede resultar tan relevante como el paso del computador familiar al smartphone individual. La diferencia es que ahora la interfaz no solo conecta personas con información, sino que conversa, aconseja y responde de manera aparentemente personalizada.

Ahí reside buena parte de la tensión actual. Cuanto más útil se vuelve la IA dentro de la casa, mayor es la necesidad de definir límites, contextos de uso y responsabilidades claras para empresas, padres y cuidadores.

En el corto plazo, la apuesta de OpenAI por las familias parece ser una respuesta simultánea a dos fuerzas. Por un lado, el crecimiento de usuarios mayores y padres; por otro, la exigencia de rediseñar la seguridad para menores antes de que los costos sociales y legales sigan aumentando.

Si ese rediseño se concreta, ChatGPT podría dejar de ser visto solo como una herramienta individual de trabajo o estudio. Podría convertirse en una pieza estable del hogar digital, con todo el potencial y todos los riesgos que eso implica.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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