Por Canuto  

El auge de la inteligencia artificial creó fortunas sin precedentes y reabrió una disputa histórica: ¿los multimillonarios devolverán parte de sus ganancias o los gobiernos impondrán la redistribución?
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  • Neil Rimer, cofundador de Index Ventures, cree que la riqueza acumulada alrededor de la IA terminará redistribuyéndose.
  • Forbes identificó a 45 nuevos multimillonarios de la IA con un patrimonio combinado de USD $2,9 billones en 2026.
  • California analiza un impuesto único del 5% para multimillonarios, mientras OpenAI habría discutido entregar una participación del 5% al Gobierno federal.

 


Neil Rimer, cofundador de Index Ventures, considera que la enorme riqueza creada alrededor de la inteligencia artificial terminará enfrentando algún tipo de redistribución. A su juicio, el proceso podría ocurrir de forma voluntaria o mediante decisiones políticas, aunque prefiere que los beneficiarios de la tecnología elijan el primer camino.

La advertencia llega mientras las empresas de IA generan valoraciones extraordinarias, nuevos multimillonarios y expectativas de salidas a bolsa históricas. También coincide con un debilitamiento de la filantropía entre algunos de los grupos más ricos del sector tecnológico.

Rimer plantea una redistribución voluntaria o forzada

Durante una reunión celebrada en Atenas en mayo, Rimer dijo que tenía un fuerte presentimiento de que ocurriría algún tipo de redistribución de la riqueza acumulada alrededor de la IA. El inversionista añadió que el proceso sería voluntario o involuntario, pero que esperaba que fuera voluntario, reseña TechCrunch.

Rimer también sostuvo que los líderes tecnológicos pueden desempeñar un papel importante para impulsar esa decisión. Su comentario llamó la atención porque proviene de uno de los inversionistas más exitosos del capital de riesgo tecnológico durante las últimas tres décadas.

El cofundador de Index Ventures se apartó de la inversión diaria en 2021. Actualmente pasa buena parte de su tiempo en Atenas, ciudad vinculada con la familia de su esposa y con la vida de sus hijos, quienes valoran sus pasaportes griegos.

Su perfil personal también se distancia de la imagen habitual de Silicon Valley. En la entrevista se presentó con una camisa abotonada arrugada y jeans, en lugar de las chaquetas de media cremallera y los suéteres finos asociados con muchos de sus pares.

La trayectoria financiera de Index, sin embargo, ha sido excepcional. La firma recaudó aproximadamente USD $15.000 millones de inversionistas externos desde su fundación, mientras que sus salidas del año pasado, incluido el debut bursátil de Figma y la compra de Wiz por parte de Google, habrían generado cerca de USD $9.000 millones para Index.

El contraste entre las fortunas tecnológicas y la filantropía

Rimer ha respaldado varias iniciativas sociales a lo largo de su carrera. Forma parte de la junta de Endeavor Grecia, organización que asesora a emprendedores en mercados emergentes, y presidió la junta de Human Rights Watch entre 2019 y 2025.

A finales de 2021, Rimer, su padre y sus dos hermanos donaron USD $13 millones a la Universidad McGill. El aporte permitió renovar un edificio del campus, que ahora lleva el nombre de Edificio Rimer, y crear un nuevo Instituto de Investigación y Conocimientos Indígenas.

Su llamado aparece en un momento difícil para la filantropía de las grandes fortunas. El Giving Pledge, iniciativa lanzada por Warren Buffett y Bill Gates en 2010, buscaba que los multimillonarios se comprometieran a donar al menos la mitad de sus patrimonios a causas benéficas.

Durante los primeros cinco años, 113 familias firmaron el compromiso. Luego lo hicieron 72 y después 43, mientras que en todo 2024 solo se registraron cuatro nuevos compromisos, según un informe citado por TechCrunch.

La caída del interés no se limita al Giving Pledge. Aunque las donaciones totales en Estados Unidos alcanzaron un récord de USD $592.500 millones en 2024, el número de estadounidenses que donan disminuyó durante cinco años consecutivos.

La reducción llegó a 4,5% solamente en 2024, de acuerdo con datos de la Stanford Social Innovation Review. En 2000, dos tercios de los hogares estadounidenses donaban dinero, pero actualmente lo hace aproximadamente la mitad.

Entre los hogares acomodados también se observa una disminución. Datos del Bank of America y de Lilly Family School indican que la proporción de hogares ricos que donaban cayó de 90% en 2017 a 81% el año pasado.

Los empleados de Anthropic reflejan el cambio de prioridades

El patrón también aparece dentro del ecosistema de Index Ventures, cuyo portafolio incluye a Anthropic. La empresa de inteligencia artificial ha atraído a empleados con vínculos con el altruismo efectivo, una corriente que promueve donar recursos a causas consideradas de alto impacto.

Anthropic iguala las donaciones de sus empleados hasta por 25% de su capital destinado a la caridad. Algunos trabajadores han utilizado ese beneficio, aunque la mayoría de los nuevos clientes adinerados de un planificador financiero citado en la información no incorporaba la filantropía como prioridad principal.

Según ese planificador, muchos de esos clientes se enfocaban en realizar inversiones ángel o en iniciar sus propias empresas. La tendencia sugiere que las ganancias de la IA están alimentando nuevas rondas de emprendimiento, más que compromisos amplios de distribución de riqueza.

La diferencia importa porque los empleados de compañías como Anthropic pueden acumular grandes patrimonios si sus acciones aumentan de valor. En ese escenario, la decisión de donar, reinvertir o conservar los activos tendrá efectos que van más allá de cada familia.

La posible salida a bolsa de Anthropic y OpenAI podría intensificar esa dinámica. Una vez que ambas compañías completen sus ofertas públicas iniciales, sus empleados combinados tendrían suficiente riqueza para comprar casi un tercio de todas las viviendas del área metropolitana de San Francisco.

La cifra ilustra la magnitud de la concentración patrimonial creada por la IA. También ayuda a explicar por qué el debate dejó de ser una discusión interna de filántropos y pasó a formar parte de la agenda política estadounidense.

California y Washington evalúan alternativas controvertidas

Los votantes de California decidirán este año sobre un impuesto único de 5% dirigido a los multimillonarios del estado. La propuesta busca gravar la riqueza acumulada y no solamente los ingresos anuales, una diferencia que podría afectar activos tecnológicos de gran valor.

Algunos empresarios ya tomaron medidas para protegerse frente a una eventual aprobación. Entre ellos están Sergey Brin y Larry Page, fundadores de Google, quienes trasladaron sus residencias principales al sur de Florida, según reportes citados por la información.

OpenAI también estaría considerando una salida a bolsa en 2027. Una de las razones, además de otras motivaciones corporativas, podría ser que el impuesto propuesto calcularía el patrimonio neto de una persona con base en sus activos mundiales al final de este año calendario.

La iniciativa genera oposición entre sectores empresariales y políticos. El gobernador Gavin Newsom se ha manifestado en contra, mientras algunos economistas recuerdan que varias naciones industrializadas eliminaron impuestos similares desde 1990 después de observar la salida de residentes ricos.

Otra alternativa discutida sería que OpenAI entregue al Gobierno federal una participación de 5% en su capital. Sam Altman presentó la idea como una manera de compartir con el público la valorización producida por la IA.

Los críticos, en cambio, interpretan esa posibilidad como un intento de comprar cobertura política en Washington. Silicon Valley históricamente ha mostrado poca disposición a incorporar al Gobierno federal en la estructura accionaria de sus empresas.

El inversionista Roelof Botha resumió esa desconfianza durante una entrevista separada al recordar una frase que considera peligrosa: “Soy del gobierno, y estoy aquí para ayudar”. La expresión refleja la tensión entre la autonomía empresarial y la presión pública para repartir los beneficios tecnológicos.

La escala histórica de la riqueza generada por la IA

El tamaño de las fortunas actuales permite entender la preocupación de Rimer. Elon Musk tiene un patrimonio ligeramente superior a USD $1 billón, después de que la salida a bolsa de SpaceX el mes pasado lo convirtiera en la primera persona en alcanzar esa marca.

Forbes identificó a 45 nuevos multimillonarios de la IA en sus clasificaciones de 2026. En conjunto, esas fortunas sumaban USD $2,9 billones antes de que Anthropic u OpenAI realizaran sus propias ofertas públicas iniciales.

La concentración actual puede compararse con distintos periodos de la historia estadounidense. La proporción de riqueza perteneciente al 1% superior de los hogares llegó a 31,7% en el tercer trimestre del año pasado, el nivel más alto desde que la Reserva Federal comenzó a recopilar esa serie en 1989.

Ese porcentaje equivale aproximadamente a la riqueza combinada del 90% de los hogares que no pertenece al decil superior. Sin embargo, todavía está por debajo del 45% que controlaba el 1% superior durante el máximo de la llamada Era Dorada, en 1916.

La comparación cambia cuando el análisis se concentra en las mayores fortunas. El economista Gabriel Zucman calcula que las cuatro familias más ricas de Estados Unidos poseían alrededor de 4% del producto interno bruto nacional hacia 1910.

Actualmente, 19 hogares representan un porcentaje equivalente de la población más rica, pero su patrimonio conjunto equivale a 14% del producto interno bruto estadounidense. La cifra muestra una concentración mucho mayor en la cima del sistema económico.

La riqueza vinculada con la IA todavía puede aumentar si las empresas líderes llegan al mercado público. Las cotizaciones bursátiles podrían multiplicar el valor de las participaciones de empleados, fundadores e inversionistas tempranos.

El precedente de Carnegie, Huey Long y Roosevelt

Rimer no plantea un debate completamente nuevo. En 1889, durante el máximo de la primera Era Dorada, Andrew Carnegie publicó un ensayo en el que defendió que una persona rica debía tratar su fortuna como un fideicomiso para el bien público.

Carnegie calificó como una desgracia morir rico. Su texto, conocido como El Evangelio de la Riqueza, se convirtió en un documento fundamental de la filantropía moderna y en un antecedente intelectual del Giving Pledge.

La filantropía, sin embargo, no eliminó la presión política sobre las grandes fortunas. A mediados de la década de 1930, el senador de Luisiana Huey Long construyó una base nacional alrededor de su programa Comparte Nuestra Riqueza.

Long exigía impuestos elevados para los ricos y proponía utilizar esos recursos para financiar un ingreso garantizado para todos los estadounidenses. Su movimiento aumentó el temor de Franklin Roosevelt a perder el apoyo de la clase trabajadora.

Roosevelt impulsó entonces una política conocida en la prensa como el impuesto a los ricos. La medida elevó la tasa máxima del impuesto sobre la renta hasta 79%, aunque redistribuyó menos riqueza de la que Long había propuesto.

Ese episodio es uno de los ejemplos más claros de redistribución forzada por motivos políticos en Estados Unidos. El precedente sugiere que la presión social puede convertir una falta de donaciones voluntarias en una intervención fiscal.

El centro moral de Silicon Valley bajo presión

Rimer también expresó preocupación por la transformación del centro moral de las empresas tecnológicas. Dijo que esa cuestión lo ha interesado desde que estudiaba en Stanford en 1984.

Durante esa época, Apple ofreció un descuento estudiantil para la primera Macintosh. Rimer recordó que Steve Jobs y otros fundadores de Apple eran héroes para él porque habían construido algo que consideraba genuinamente bueno para el mundo.

Ahora escucha a sus propios hijos hablar de algunas compañías tecnológicas de una manera parecida a como generaciones anteriores hablaban de los contratistas de defensa o de los fabricantes de cigarrillos. La comparación refleja un deterioro de la confianza pública en el sector.

El cuestionamiento también afecta a Rimer. Como inversionista de Anthropic y de otras compañías tecnológicas, se beneficia directamente del crecimiento patrimonial que considera necesario compartir.

Su posición no es que las empresas deban renunciar automáticamente a sus ganancias. Más bien, apuesta por que los beneficiarios de la expansión de la IA entreguen voluntariamente una parte de ese dinero antes de que una reacción política determine el resultado.

El dilema plantea una elección entre un camino fácil y otro difícil. Para Rimer, la filantropía voluntaria ofrece a Silicon Valley la posibilidad de recuperar legitimidad, mientras que la imposición fiscal podría llegar cuando la sociedad considere que la concentración ya superó sus límites.

La discusión tendrá consecuencias para empresas de IA, inversionistas, empleados y gobiernos. También puede influir en el diseño de nuevos impuestos, en la estructura de futuras ofertas públicas y en la manera en que la industria justifica sus beneficios ante el público.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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