El estratega macro senior de Bloomberg Intelligence, Mike McGlone, sostiene que los bonos del Tesoro de EE. UU. con rendimientos cercanos al 5% podrían provocar una rotación de capital desde Bitcoin y el oro hacia activos considerados más seguros.
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- McGlone identifica los bonos del Tesoro de EE. UU. al 5% como un competidor de Bitcoin y el oro por los flujos de capital.
- La Reserva Federal elevó su tasa de referencia en 25 puntos básicos, hasta un rango de 3,75% a 4%, el 16 de septiembre de 2026.
- El analista advierte que la escasez de liquidez puede hacer que Bitcoin se comporte como un activo de riesgo mientras los inversionistas buscan refugio.
📉🏦 Bonos de EE. UU. al 5% compiten con Bitcoin y oro
Mike McGlone prevé una posible rotación hacia deuda pública.
La Fed elevó la tasa a 3,75%-4% y el bono a 10 años superó el 5%.
Con menor liquidez, BTC podría tratarse como activo de riesgo. pic.twitter.com/iZ0rwlXhHj
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) September 18, 2026
Los bonos del Tesoro de Estados Unidos con rendimientos cercanos al 5% podrían convertirse en el destino preferido de parte del capital que hoy permanece en Bitcoin y oro. Esa es la tesis de Mike McGlone, estratega macro senior de Bloomberg Intelligence, quien considera que el nivel de retorno ofrecido por la deuda pública cambia el cálculo que los inversionistas realizan al comparar activos alternativos.
La evaluación aparece en un momento de mayor presión sobre los mercados globales, después de una nueva subida de las tasas de interés y en medio de un repunte de los rendimientos de los bonos del Tesoro.
Según la información citada por el medio especializado U.Today, McGlone prevé una posible rotación de carteras hacia valores respaldados por el Gobierno estadounidense. Se trata de una lectura de mercado y no de una recomendación personalizada de inversión.
El rendimiento que cambia la comparación
La lógica central de McGlone parte de una diferencia conocida en los mercados: los bonos del Tesoro pagan un rendimiento definido, mientras que el oro no entrega cupones y Bitcoin depende de la apreciación de su precio para generar ganancias. Cuando la deuda pública ofrece cerca de 5% anual en dólares, el costo de oportunidad de mantener activos sin flujo periódico aumenta, especialmente para los grandes inversionistas que priorizan la preservación del capital.
El atractivo no depende únicamente de que el rendimiento nominal sea elevado, sino también de la percepción de respaldo institucional que acompaña a los títulos del Tesoro. Para un administrador que busca reducir la exposición a una caída bursátil, la posibilidad de recibir un retorno fijo de un emisor soberano puede resultar más sencilla de justificar que mantener posiciones volátiles en criptomonedas o materias primas.
McGlone sostiene que el oro pierde atractivo relativo en ese escenario porque no genera ingresos por cupón. Su argumento no implica que el metal deje de funcionar como cobertura en todos los entornos, sino que, bajo las condiciones descritas, un bono estadounidense con rendimiento cercano al 5% ofrece una fuente de ingresos que el oro no proporciona por sí mismo.
Bitcoin (BTC) enfrenta una comparación diferente porque combina la expectativa de apreciación con una volatilidad considerablemente mayor. El estratega considera que, en un contexto de liquidez escasa, BTC puede ser tratado por el mercado como un activo de riesgo antes que como una reserva de valor, lo que podría aumentar la probabilidad de que algunos inversionistas tomen ganancias y trasladen fondos a instrumentos defensivos.
La política de la Reserva Federal
La tesis se conoció después de que la Reserva Federal elevara su tasa de referencia en 25 puntos básicos el 16 de septiembre de 2026, hasta un rango de 3,75% a 4%. Por otra parte, el rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a 10 años llegó a superar el 5% durante esa semana, según reportes de mercado. La coincidencia temporal refuerza la competencia entre la deuda pública y los activos que no pagan intereses, pero no demuestra por sí sola que la decisión de la Fed haya causado el movimiento de los rendimientos.
El contexto resulta relevante porque McGlone no analiza un ciclo de relajación monetaria, sino una etapa en la que las condiciones financieras se han endurecido. En ciclos anteriores, un aumento de los riesgos económicos podía alimentar expectativas de recortes de tasas y beneficiar a ciertos activos; en este caso, el analista advierte que la política monetaria se mantiene restrictiva.
La diferencia entre endurecimiento y flexibilización puede modificar la reacción de los mercados ante una desaceleración. Si los inversionistas creen que las tasas permanecerán elevadas, podrían preferir asegurar rendimientos en bonos antes que asumir la volatilidad de Bitcoin, el oro o las acciones, aunque esos activos mantengan una narrativa favorable a largo plazo.
McGlone describe el momento como un posible «final de partida» para los activos de riesgo, una expresión que utiliza para señalar la fase avanzada del ciclo de endurecimiento monetario. Su advertencia contempla una eventual ruptura en la economía global y en los mercados bursátiles, pero no presenta una fecha concreta ni cuantifica la magnitud de una posible caída.
Comerciales, materias primas y señales de recesión
Otro elemento de la tesis proviene de la relación entre el Bloomberg Commodity Spot Index y los bonos de largo plazo. De acuerdo con la información atribuida a McGlone, esa relación se encuentra en niveles extremos que no se observaban desde 1990, un dato que el estratega utiliza para comparar el momento actual con fases anteriores del ciclo económico.
La interpretación histórica citada por el estratega indica que esos picos precedieron a recesiones severas y a tasas de interés más bajas. Sin embargo, esa referencia no equivale a una predicción automática: una relación estadística puede cambiar cuando las condiciones monetarias, energéticas y fiscales difieren de las registradas en décadas anteriores.
El encarecimiento de la energía añade presión a ese panorama, ya que puede aumentar los costos para empresas y hogares y complicar las decisiones de los bancos centrales. Para los mercados, el desafío consiste en valorar si el repunte de las materias primas será transitorio o si contribuirá a mantener elevadas las expectativas de inflación y, con ellas, las tasas de interés.
La particularidad que destaca McGlone es que el mercado enfrenta señales asociadas con una desaceleración, pero sin el alivio inmediato de una Fed dispuesta a flexibilizar su política. En ese equilibrio, los bonos podrían beneficiarse de la búsqueda de seguridad, mientras los activos de riesgo quedarían expuestos a ventas si disminuye la liquidez disponible. Esta es una explicación plausible del comportamiento esperado, no una causa confirmada de cada movimiento de precios.
Qué significaría una rotación de carteras
Una rotación hacia bonos no exigiría necesariamente que todos los inversionistas abandonaran Bitcoin u oro de manera simultánea. Bastaría con que fondos, empresas o grandes patrimonios redujeran parte de sus posiciones para bloquear ganancias y aumentar su exposición a deuda pública, un flujo que podría elevar la presión vendedora sobre los activos alternativos.
En el caso de BTC, la escasez de liquidez puede amplificar los movimientos en ambas direcciones, porque una menor cantidad de capital disponible tiende a hacer que las órdenes tengan mayor impacto sobre el precio. La tesis de McGlone plantea que esa sensibilidad podría favorecer una toma de ganancias cuando los administradores necesiten proteger sus carteras frente a la debilidad de las bolsas.
El oro, por su parte, conservaría su condición de activo utilizado por algunos inversionistas para diversificar y protegerse frente a determinados riesgos. Aun así, el argumento del estratega es que la ausencia de un cupón vuelve más difícil defenderlo frente a un bono que ofrece un retorno anual fijo, siempre que los inversionistas valoren más el ingreso y la seguridad percibida que una eventual apreciación del metal.
La conclusión de McGlone apunta a un posible regreso prolongado de los mercados sobrecalentados hacia sus promedios históricos. Esa visión contempla un éxodo de capital hacia los bonos del Gobierno estadounidense durante la etapa final del endurecimiento monetario, pero la evolución dependerá de las decisiones de la Fed, de los precios energéticos, de la liquidez y de la respuesta de los inversionistas ante el riesgo.
Una tesis que el mercado todavía debe poner a prueba
El atractivo de los bonos al 5% no elimina automáticamente las razones por las que algunos participantes mantienen Bitcoin u oro. Cada activo cumple una función distinta dentro de una cartera y sus resultados pueden variar según la inflación, el horizonte temporal, la tolerancia al riesgo y la confianza que exista en las instituciones financieras y monetarias.
También existe una diferencia entre el rendimiento nominal anunciado y el resultado real que obtiene un inversionista después de considerar la inflación, los impuestos y la evolución del tipo de cambio. La información citada no ofrece una estimación del rendimiento real de esos bonos, por lo que el argumento de McGlone debe entenderse como una comparación de incentivos de mercado y no como una garantía de desempeño superior.
Para Bitcoin, la discusión vuelve a enfrentar dos narrativas: la de un activo de riesgo sensible a la liquidez y la de una reserva de valor con potencial de largo plazo. El comportamiento de BTC durante un periodo de tasas elevadas puede favorecer la primera lectura, mientras que una futura flexibilización monetaria podría reabrir el debate sobre el papel de la criptomoneda en las carteras.
Por ahora, el mensaje del estratega es claro: cuando los bonos estadounidenses ofrecen cerca de 5%, el capital dispone de una alternativa con ingresos periódicos que compite directamente con el oro y con los activos digitales. La pregunta para los mercados no es si todos venderán, sino cuánto capital estará dispuesto a sacrificar volatilidad y potencial de apreciación para asegurar un rendimiento respaldado por la deuda pública.
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