Meta atraviesa una paradoja incómoda: reporta ingresos y beneficios históricos, pero su clima interno se deteriora con rapidez. Mientras la empresa redobla su ofensiva en inteligencia artificial con gastos de capital de hasta USD $145.000 millones, empleados denuncian despidos, reasignaciones forzadas, recortes en compensación y nuevas herramientas de vigilancia laboral.
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- El CTO Andrew Bosworth dijo que la moral en Meta está probablemente entre las peores que ha visto en 20 años.
- La empresa recortó unos 8.000 empleos en mayo y reasignó a otro 10% del personal a tareas obligatorias vinculadas con IA.
- Meta planea gastar entre USD $125.000 millones y USD $145.000 millones este año en infraestructura para inteligencia artificial.
🚨 Crisis en Meta: ¿éxitos financieros y malestar interno?
Reporta ingresos récord de USD $56.310 millones y beneficios de USD $26.800 millones.
Despidió a 8.000 empleados y reasignó un 10% a tareas forzadas de IA.
La moral de los empleados está en un mínimo histórico.… pic.twitter.com/uUXOLYsxYp
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) June 21, 2026
Meta, la matriz de Facebook, vive una tensión difícil de ignorar. Aunque sus resultados financieros son sólidos, el ambiente dentro de la compañía se ha deteriorado hasta niveles que incluso su propia cúpula reconoce como alarmantes.
Andrew “Boz” Bosworth, director de tecnología de Meta y uno de los ejecutivos más cercanos a Mark Zuckerberg, dijo en una reunión interna del 2 de junio que la moral en la empresa es “probablemente una de las peores” que ha visto en sus 20 años allí.
La declaración fue reportada por Business Insider con base en cuatro personas que participaron en la llamada interna conocida como “Martes con Boz”. Según esos testimonios, Bosworth solo recordó un momento peor: el impacto del escándalo de Cambridge Analytica.
Ese antecedente importa porque Cambridge Analytica se convirtió en uno de los mayores golpes reputacionales para Facebook. En 2018, revelaciones periodísticas expusieron la recolección ilegítima de millones de perfiles de usuarios que luego fueron usados en campañas políticas en Estados Unidos y Reino Unido.
Lo llamativo del caso actual es que Meta no atraviesa una crisis de ingresos. Por el contrario, la empresa acaba de reportar uno de los trimestres más rentables de su historia, lo que vuelve más visible la brecha entre su fortaleza financiera y el malestar interno.
Ganancias récord y una cultura corporativa en deterioro
Meta informó ingresos por USD $56.310 millones y beneficios cercanos a USD $26.800 millones durante los primeros tres meses de 2026. Además, sus ventas crecieron 33% interanual, su expansión más veloz desde 2021.
En otras palabras, el problema no es la falta de dinero. La contradicción central es que la compañía genera más caja, pero no logra sostener la confianza de una parte importante de su fuerza laboral.
Ese choque entre resultados y percepción interna ayuda a entender por qué las palabras de Bosworth tuvieron tanta resonancia. No se trata de una firma en retirada, sino de una empresa dominante que ejecuta ajustes profundos desde una posición de poder.
El propio Bosworth reconoció en un memorando posterior que la dirección hizo “un trabajo atroz explicando la visión” detrás de la reorganización. También admitió que Meta minó la confianza de empleados que temen que su experiencia ya no sea valorada como antes.
Para una firma que durante años se vendió como destino privilegiado para ingenieros y talentos de élite, ese reconocimiento pesa bastante. En el sector tecnológico, la cultura interna no es un detalle menor, porque influye en retención, innovación y ejecución estratégica.
Despidos, reasignaciones forzadas y recortes en compensación
El malestar venía acumulándose desde hace meses. En mayo, Meta recortó alrededor de 8.000 empleos, equivalentes a cerca del 10% de su plantilla global.
La empresa también reasignó a otro 10% del personal a un grupo de trabajo obligatorio relacionado con inteligencia artificial. Algunos empleados compararon ese movimiento con ser “reclutados”, según reportes citados en la historia original.
Una gran parte de esas tareas consiste en etiquetar datos para entrenar modelos de IA. Ese trabajo fue canalizado hacia una nueva división de IA Aplicada creada en marzo.
Uno de los trabajadores describió esa unidad como “literalmente un gulag” en declaraciones recogidas por Wired. La frase es extrema, pero ilustra el grado de rechazo que provocó la reestructuración entre parte del personal.
Meta intentó ofrecer una salida parcial al permitir que empleados reasignados puedan volver a postularse para otros cargos. También decidió limitar el número de reportes directos por gerente a cerca de 20, como parte de un intento por corregir desajustes organizativos.
Sin embargo, la empresa también generó críticas por elevar presupuestos para viajes, eventos y bocadillos de oficina. En redes y foros, ese gesto fue visto por algunos trabajadores como una respuesta superficial frente a un problema más profundo.
La presión no termina allí. En febrero, Meta redujo en 5% la porción en acciones de los aumentos anuales, después de otro recorte de 10% el año anterior.
Según cifras citadas por Wired, la compensación total mediana cayó de USD $417.400 en 2024 a USD $388.200 el año pasado. Ese descenso pega directamente sobre uno de los mayores atractivos históricos de las grandes tecnológicas: el paquete total de remuneración.
Vigilancia interna y erosión de confianza
Otro foco de tensión surgió en abril, cuando Meta comenzó a ejecutar software en las computadoras portátiles de empleados en Estados Unidos. El sistema registra pulsaciones de teclas, clics y capturas periódicas de pantalla para entrenar agentes de IA.
La medida no contempla opción de exclusión para el personal estadounidense. En cambio, trabajadores europeos quedaron exentos por las reglas de privacidad vigentes en la Unión Europea.
La diferencia regulatoria deja ver una cuestión más amplia. La carrera por desarrollar inteligencia artificial no solo exige chips y centros de datos, sino también grandes volúmenes de datos y nuevas formas de extraer señales del trabajo cotidiano.
La reacción interna fue inmediata. Empleados distribuyeron volantes que llamaban a Meta una “Fábrica de Extracción de Datos de Empleados” y también impulsaron una petición contra esta práctica.
Un empleado de Instagram citado por Wired resumió así el sentimiento dominante: “todos están descontentos; las únicas personas que no están descontentas son, literalmente, los ejecutivos”. Esa frase encapsula la percepción de una fractura creciente entre base laboral y dirección.
Para los lectores menos familiarizados con este debate, el tema no es solo corporativo. La adopción de herramientas internas de monitoreo ligadas a IA abre preguntas más amplias sobre privacidad, consentimiento, productividad y control en el trabajo digital.
La fiebre de la IA como motor del ajuste
La explicación financiera de Meta no apunta a una crisis operativa tradicional. La empresa está recortando y reorganizando para financiar una expansión agresiva en infraestructura de inteligencia artificial.
Meta espera gastar entre USD $125.000 millones y USD $145.000 millones este año en gastos de capital. Ese dinero se dirigiría principalmente a centros de datos, servidores y chips necesarios para alimentar sus sistemas de IA.
La cifra contrasta con los USD $72.200 millones invertidos en 2025. En términos prácticos, la compañía casi duplicaría su gasto anual en este frente.
Susan Li, directora financiera de Meta, enmarcó los despidos como parte de un “modelo operativo más ágil”. La idea, según esa lógica, es contener costos laborales para compensar una inversión extraordinaria en infraestructura tecnológica.
Ese patrón no es exclusivo de Meta. Amazon, Microsoft, Alphabet y la propia Meta planean en conjunto alrededor de USD $725.000 millones en proyectos de capital durante 2026, en su mayoría orientados a infraestructura de IA.
Esa cifra representaría un aumento de 77% frente al año previo. Al mismo tiempo, el sector tecnológico atraviesa una ola de despidos que recuerda la corrección posterior a la pandemia.
Más de 118.000 trabajadores tecnológicos han perdido sus empleos en 2026, de acuerdo con Layoffs.fyi. Entre las compañías con recortes de gran escala aparecen también Amazon y Microsoft, que eliminaron decenas de miles de puestos.
Meta, Silicon Valley y el costo humano de la transición
En la industria existe un debate sobre si la IA justifica por sí sola tantos despidos. Algunos ejecutivos sostienen que deben rediseñar sus empresas para ganar eficiencia en un nuevo ciclo tecnológico.
No todos aceptan esa narrativa. Jensen Huang, director ejecutivo de Nvidia, dijo antes que la explicación de despidos vinculados con IA es “vaga” y llegó a afirmar que quienes recortan plantilla en nombre de la IA están simplemente “falto de imaginación”.
La observación de Huang resulta relevante porque Nvidia es una de las compañías más beneficiadas por el auge actual. Sus chips están en el centro mismo de la expansión de infraestructura que hoy impulsa el gasto de las grandes tecnológicas.
También conviene recordar que Meta ya venía aplicando recortes mucho antes del furor actual por la IA generativa. Mark Zuckerberg bautizó 2023 como el “Año de la Eficiencia” y entonces eliminó alrededor de 21.000 empleos en dos grandes oleadas.
La diferencia ahora es el contexto. En aquella etapa, Meta buscaba corregir una estructura inflada y responder a dudas estratégicas, en un momento en que el metaverso ocupaba buena parte del discurso de Zuckerberg.
Hoy el foco se movió casi por completo hacia la inteligencia artificial. Eso cambia el ángulo del análisis, porque los recortes no parecen defensivos sino orientados a reasignar capital hacia la nueva prioridad tecnológica.
Desde una óptica más amplia, este episodio también ilustra un patrón que interesa a quienes siguen mercados, IA y transformación digital. Las empresas líderes pueden exhibir balances brillantes y, al mismo tiempo, trasladar el costo de la transición tecnológica a sus empleados.
El reto de reconstruir la cultura interna
Bosworth aseguró en un memorando enviado al personal el lunes que quiere revertir el deterioro del clima laboral. Su objetivo declarado es que Meta vuelva a ser “el mejor lugar para que las mejores personas hagan su mejor trabajo”.
También planteó la necesidad de “reavivar lo mejor de la cultura” que originalmente atrajo a tantos trabajadores. Esa meta suena razonable, pero reconstruir confianza suele ser mucho más difícil que anunciar nuevas inversiones o ajustes.
Meta enfrenta un desafío complejo porque la incomodidad de sus empleados no nace de un solo factor. Se mezclan despidos, tareas no deseadas, recortes salariales en acciones y vigilancia digital en nombre de la productividad y la IA.
Además, el caso llega en un momento en que Silicon Valley redefine su contrato social interno. La vieja promesa de altos sueldos, autonomía creativa y oficinas aspiracionales parece ceder espacio a una lógica más disciplinaria y centrada en rendimiento medible.
Por ahora, la pregunta clave no es si Meta puede pagar su apuesta por la inteligencia artificial. Sus resultados muestran que sí puede.
La incógnita real es si puede hacerlo sin deteriorar más la legitimidad interna de su liderazgo. En empresas donde el talento es el principal insumo, una cultura resentida puede convertirse en un riesgo estratégico tan serio como cualquier error de producto.
En ese sentido, la situación de Meta funciona como una señal para todo el sector. La carrera por dominar la IA puede producir ganadores en bolsa, pero también dejar una factura humana y organizativa que todavía no aparece completa en los balances trimestrales.
Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.
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