El discurso de Kevin Warsh en Jackson Hole llevó a los mercados a elevar la probabilidad de una subida de tasas de la Reserva Federal el próximo mes, mientras el banco central mantiene abiertas sus opciones ante una inflación que todavía no convence.
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- Las apuestas de mercado por una subida de tasas en septiembre subieron al 46%, desde 35% el jueves.
- El rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a dos años avanzó 6,6 puntos básicos, hasta 4,29%.
- Warsh insistió en que la Fed debe actuar si no tiene confianza en que la inflación subyacente volverá al objetivo de 2%.
Las expectativas de una nueva subida de tasas de interés en Estados Unidos aumentaron el viernes después de que Kevin Warsh, presidente de la Reserva Federal (FED), advirtiera que el banco central todavía tendría trabajo por hacer si no está seguro de que la inflación subyacente regresará a su objetivo de 2%. Sus declaraciones en Jackson Hole fueron interpretadas como la señal más cercana, hasta ahora, a reconocer que el Comité Federal de Mercado Abierto podría necesitar endurecer nuevamente su política monetaria.
La reacción se concentró en los instrumentos de corto plazo, que son especialmente sensibles a las previsiones sobre las próximas decisiones de la Fed. Según datos de CME citados por Reuters, el mercado asignaba una probabilidad de 46% a una subida de tasas el próximo mes, frente a 35% el jueves, aunque varios estrategas consideraron que Warsh evitó ofrecer una orientación anticipada y dejó la decisión condicionada a los próximos datos económicos.
Los bonos reflejan un giro más alcista
El rendimiento del Treasury estadounidense a dos años subió 6,6 puntos básicos, hasta 4,29%, su nivel más alto en un mes, mientras los operadores ajustaban sus posiciones ante la posibilidad de una acción más rápida de la Reserva Federal. La venta de estos bonos mostró que el mercado comenzó a exigir una mayor rentabilidad para mantener deuda cuyo valor depende estrechamente de las tasas oficiales de los próximos meses.
El movimiento no se replicó de la misma manera en toda la curva de rendimientos, una señal de que los inversores diferenciaron entre el riesgo inmediato de una subida y las perspectivas de más largo plazo. El rendimiento del Treasury a 10 años se mantuvo prácticamente estable en 4,672%, mientras el bono a 30 años descendió 3 puntos básicos, hasta 5,16%.
El dólar también respondió al cambio en las expectativas y su índice avanzó 0,4%, hasta 99,55, mientras las acciones estadounidenses apenas registraban variaciones a media mañana. La combinación de una moneda más fuerte y un mayor rendimiento en el extremo corto de la curva reflejó una vez más la idea de que la Fed podría mantener o elevar el costo del dinero para contener las presiones sobre los precios.
Molly Brooks, estratega de tasas estadounidenses de TD Securities en Nueva York, dijo que los mercados recibieron el discurso de manera algo alcista y descontaron más subidas. A su juicio, la reacción del tramo largo también sugirió que la Fed podría estar más seria respecto a elevar las tasas, lo que ayudaría a proteger su credibilidad en materia de inflación en lugar de ponerla en riesgo.
Inflación y datos próximos dominan el debate
Warsh destacó que el mercado laboral permanece estable y que la producción es fuerte, al tiempo que expresó preocupación por la inflación. Para Brooks, esa combinación llevó a los operadores a interpretar el mensaje como moderadamente alcista, porque reduce la necesidad de priorizar un estímulo adicional cuando la actividad económica todavía conserva impulso.
La estratega señaló que el presidente de la Fed puso el énfasis en los datos que están por llegar, en vez de comprometerse con una decisión determinada. Una señal laboral estable o más sólida durante la próxima semana, seguida por una lectura de inflación más intensa en la semana posterior, podría reforzar la percepción de que Warsh está dispuesto a actuar, explicó.
La lectura del mercado, sin embargo, no fue unánime. Peter Cardillo, economista jefe de mercados de Spartan Capital Securities en Nueva York, consideró que la Fed probablemente no hará nada en septiembre porque las cifras de inflación del verano, aunque mejoraron, todavía no resultan convincentes y el banco central querría observar otra ronda de datos durante septiembre y octubre antes de mover las tasas.
Cardillo añadió que el mercado parece esperar una subida antes de que termine el año, una diferencia importante frente a la posibilidad de una acción inmediata. También interpretó las referencias de Warsh a la exploración de nuevos modelos como una posible señal de que la Fed podría revisar la métrica utilizada para medir la inflación, una idea que el funcionario habría mencionado al asumir el cargo, aunque el discurso no ofreció un cambio concreto.
Un mensaje calculado para varios públicos
Para Eugene Epstein, jefe de trading y productos estructurados de Moneycorp en Stamford, Connecticut, el discurso pareció repetir el tono alcista que Warsh ha utilizado antes de decisiones anteriores. En su evaluación, el funcionario habló de concentrarse en la inflación sin entregar una guía clara, por lo que la reacción inicial podría terminar pareciéndose a episodios previos en los que el mercado se posicionó fuertemente a favor de los halcones y luego el dólar se debilitó cuando la Fed no tomó medidas.
Oliver Pursche, vicepresidente senior de Wealthspire Advisors en Westport, Connecticut, sostuvo que Warsh entregó al mercado parte de lo que quería escuchar al reconocer que la inflación sigue siendo un problema persistente. Al mismo tiempo, el funcionario evitó predecir de forma explícita qué podría hacer la Fed, una combinación que Pursche describió como el mejor resultado que razonablemente podía esperarse del discurso.
Otros analistas también vieron una estrategia deliberada de ambigüedad. Sam Stovall, estratega jefe de inversiones de CFRA Research en Nueva York, dijo que Warsh confirmó que las decisiones continuarán tomándose sin anunciar intenciones por adelantado, mientras Jamie Cox, socio director de Harris Financial Group en Richmond, Virginia, consideró que el presidente de la Fed habló mucho sin comprometerse y trató de devolver al banco central una imagen más cercana al estilo de Alan Greenspan.
La intervención incluyó además una referencia a la inteligencia artificial como una herramienta potencial para la economía, aunque ese elemento no provocó una reacción negativa en los mercados. Para Cardillo, Warsh intenta equilibrar distintos intereses: debe ofrecer una respuesta creíble a la inflación, evitar sorprender demasiado a los inversores y, según su lectura, satisfacer también al presidente Donald Trump.
Balance de la Fed y tensión con el Tesoro
Brian Jacobsen, economista jefe de Annex Wealth Management en Menomonee Falls, Wisconsin, ofreció una interpretación más estructural del discurso y dijo que Warsh parece dispuesto a cuestionar la ortodoxia de la política monetaria. En particular, destacó que el funcionario mencionó de forma explícita la importancia del dinero para la política monetaria, después de años en los que la Fed dejó de prestar atención a los agregados monetarios e incluso suspendió la publicación de algunos de ellos al considerarlos poco útiles.
Jacobsen recordó que la tasa de fondos federales es la herramienta principal para orientar la inflación hacia 2%, pero señaló que un balance de la Fed en expansión complica ese objetivo. Desde su perspectiva, el banco central tiene varias vías para endurecer las condiciones financieras, aunque reducir el balance y elevar las tasas pueden producir efectos distintos sobre los mercados y sobre la disponibilidad de liquidez.
El analista también advirtió que la visión de Warsh podría chocar con las intervenciones del Tesoro en el mercado de bonos. Según Jacobsen, el nuevo acuerdo entre el Tesoro y la Fed podría convertirse en una discordia si Warsh intenta reducir el balance del banco central mientras el Departamento del Tesoro busca absorber parte de la deuda de vencimiento más largo que permanece en el mercado.
La posibilidad de un desacuerdo dentro del propio Comité Federal de Mercado Abierto añadió otra capa de incertidumbre al escenario. Jacobsen recordó que han pasado décadas desde 1939, cuando el presidente de la Fed Marriner Eccles expresó su desacuerdo, hasta la última ocasión en que un presidente quedó en minoría en una decisión de política monetaria, y sugirió que una nueva disensión podría aparecer en cuestión de semanas si Warsh defiende detener la expansión del balance antes de subir las tasas.
Qué observarán ahora los operadores
La reacción del viernes no equivale a una decisión tomada por la Reserva Federal, sino a un reajuste de probabilidades basado en el lenguaje utilizado por su presidente. La diferencia entre el 46% actual y el 35% del día anterior muestra que los operadores concedieron mayor peso al riesgo de una subida, pero también que el escenario permanece lejos de ser una certeza incorporada plenamente a los precios.
Los próximos datos laborales y de inflación serán determinantes para comprobar si el tono de Warsh se convierte en una señal de política o queda como una advertencia condicionada. Si la actividad mantiene fortaleza y los precios vuelven a acelerarse, los argumentos para actuar antes de fin de año ganarían fuerza; si la inflación continúa moderándose, la Fed podría justificar una espera más prolongada.
La respuesta de los mercados también dependerá de la forma en que evolucione la curva de rendimientos, el dólar y las condiciones financieras generales. Eugene Epstein recordó que en una decisión anterior el mercado ya estaba cargado hacia una postura alcista y que la falta de medidas terminó debilitando al dólar, un antecedente que limita la confianza en que cada discurso de tono duro conduzca automáticamente a una subida.
Por ahora, Warsh logró mantener abierta la posibilidad de un endurecimiento sin prometerlo, una fórmula que preserva margen de maniobra, pero exige interpretar cada dato nuevo con mayor cuidado. El equilibrio entre inflación, empleo, producción, balance de la Fed y necesidades de financiamiento del Tesoro será el eje de la discusión hasta la próxima reunión y podría mantener elevada la volatilidad en bonos, divisas y acciones.
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