Por Canuto  

Una encuesta del Pew Research Center muestra que el uso excesivo del teléfono inteligente es una preocupación especialmente fuerte entre los adultos jóvenes, aunque estos dispositivos también son vistos como herramientas para informarse y mantenerse conectados.
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  • El 53% de los adultos en Estados Unidos considera que pasa demasiado tiempo con su teléfono inteligente, una proporción que sube al 70% entre quienes tienen de 18 a 29 años.
  • El 45% intentó reducir su uso durante los últimos 12 meses, pero solo el 25% de ese grupo calificó sus esfuerzos como extremadamente o muy exitosos.
  • El sueño aparece como la principal desventaja percibida: 41% dice que el teléfono lo perjudica, frente a apenas 5% que afirma que lo ayuda.


Más de la mitad de los adultos en Estados Unidos considera que pasa demasiado tiempo con su teléfono inteligente, en una señal de que la conexión permanente también genera incomodidad entre sus usuarios. El 53% respondió que utiliza estos dispositivos más de lo que debería, mientras 36% cree que les dedica la cantidad adecuada de tiempo y apenas 3% siente que los usa demasiado poco, según una encuesta realizada en mayo y junio de 2026.

La percepción de exceso es más marcada entre las generaciones jóvenes, que suelen describir una relación mucho más intensa con las pantallas, las notificaciones y los mensajes. El estudio fue elaborado por William Bishop, Olivia Sidoti y Monica Anderson para el Pew Research Center, con una imagen de Catherine McQueen, y analiza tanto la frecuencia de uso como los efectos que los estadounidenses atribuyen al teléfono en su vida cotidiana.

Los adultos jóvenes son quienes más quieren desconectarse

La edad marca una diferencia clara en la manera en que los estadounidenses evalúan el tiempo que pasan con su teléfono inteligente. Siete de cada diez adultos de 18 a 29 años, equivalentes al 70%, dicen que lo usan demasiado, una proporción que alcanza 64% entre las personas de 30 a 49 años y cae a 49% entre quienes tienen de 50 a 64 años.

Entre los adultos de 65 años o más, solo 25% considera excesivo el tiempo dedicado al teléfono, mientras 54% cree que utiliza estos dispositivos una cantidad adecuada. En todos los grupos, la proporción que afirma usarlos demasiado poco se mantiene reducida: 2% entre los menores de 50 años y 3% entre los grupos de mayor edad, sin contar a quienes no respondieron o no tienen un teléfono inteligente.

La intención de cambiar ese comportamiento también se concentra en las personas menores de 50 años. El 58% de los adultos de 18 a 49 años asegura que intentó reducir su uso durante los últimos 12 meses, frente a 39% entre quienes tienen de 50 a 64 años y 23% entre los mayores de 65 años.

En el conjunto de la población adulta, 45% dice que intentó limitar el tiempo frente al teléfono durante el último año y 46% afirma que no lo intentó, mientras 7% no tiene un teléfono inteligente. La diferencia entre sentirse incómodo con el uso y actuar para cambiarlo resulta relevante, porque incluso entre quienes reconocen un consumo excesivo no todos emprenden un esfuerzo para reducirlo.

Reducir el uso resulta difícil para muchos usuarios

La encuesta muestra que reconocer el problema no garantiza una reducción sostenida del tiempo de pantalla. Entre los adultos que intentaron utilizar menos su teléfono inteligente, 25% considera que sus esfuerzos fueron extremadamente o muy exitosos, mientras 52% los describe como algo exitosos y 23% asegura que fueron poco exitosos o nada exitosos.

El resultado dibuja una experiencia intermedia para la mayoría de quienes intentan cambiar sus hábitos. Aunque tres de cada cuatro participantes de ese grupo reportan algún grado de éxito, solo una cuarta parte afirma haber alcanzado el nivel más alto de efectividad, lo que sugiere que limitar las revisiones constantes puede ser un objetivo difícil de mantener.

La dificultad adquiere mayor importancia entre los adultos jóvenes, que al mismo tiempo presentan la mayor percepción de uso excesivo y la mayor frecuencia de conexión. Sin embargo, entre las personas que sí intentaron reducirlo, el nivel de éxito varía poco según la edad, por lo que la brecha generacional aparece sobre todo en la disposición a actuar y no necesariamente en la capacidad de conseguirlo.

El teléfono inteligente permanece integrado en numerosas actividades diarias, desde consultar información hasta intercambiar mensajes y recibir alertas. Por eso, el esfuerzo de reducir su uso no implica únicamente apartar un dispositivo, sino también interrumpir una herramienta que muchas personas consideran útil para organizar su vida y conservar el contacto con otros.

Conexión e información frente al costo en el sueño

Cerca de uno de cada cuatro adultos, exactamente 26%, afirma que utiliza su teléfono inteligente casi constantemente, mientras 60% dice que lo usa varias veces al día. El uso casi permanente alcanza 42% entre los adultos de 18 a 29 años, 33% entre quienes tienen de 30 a 49 años, 21% entre las personas de 50 a 64 años y 9% entre los mayores de 65 años.

Los estadounidenses no describen al teléfono únicamente como una fuente de problemas, porque 73% dice que les ayuda mucho o un poco a mantenerse informados. Además, 51% considera que les ayuda a sentirse conectados con los demás, mientras solo 3% cree que perjudica cuánto se informa y 12% piensa que afecta negativamente su conexión social.

Las opiniones se vuelven más divididas cuando la pregunta aborda la productividad, el estado de ánimo y el descanso. El 30% dice que el teléfono ayuda a su productividad y 34% afirma que la perjudica, mientras 18% lo ve como una ayuda para su estado de ánimo, 22% como un perjuicio y 51% considera que no tiene efecto en ese aspecto.

El sueño constituye la desventaja más evidente entre las evaluadas, ya que 41% sostiene que el uso del teléfono perjudica la cantidad de horas que duerme y apenas 5% dice que la mejora. Casi la mitad, 46%, no observa un impacto significativo en su descanso, pero entre los menores de 30 años una mayoría de 62% sí percibe un efecto perjudicial.

La edad cambia la percepción de los efectos

El impacto negativo sobre el sueño sigue una trayectoria descendente conforme aumenta la edad. Además del 62% registrado entre los adultos de 18 a 29 años, 52% de las personas de 30 a 49 años dice que el teléfono perjudica su descanso, frente a 36% entre quienes tienen de 50 a 64 años y 14% entre los mayores de 65 años.

La productividad muestra un patrón parecido, aunque con porcentajes más moderados en los grupos de mayor edad. El 49% de los adultos menores de 30 años considera que el teléfono perjudica su productividad, proporción que baja a 43% entre los de 30 a 49 años, 28% entre los de 50 a 64 años y 15% entre quienes tienen 65 años o más.

El estado de ánimo también presenta diferencias generacionales, aunque menos pronunciadas que las relacionadas con el sueño. El 31% de los menores de 30 años dice que el teléfono lo perjudica, frente a 29% de los adultos de 30 a 49 años, 18% de quienes tienen entre 50 y 64 años y 8% de los mayores de 65 años.

En contraste, las diferencias por edad son reducidas cuando se pregunta si el teléfono perjudica la conexión con otras personas o la capacidad de mantenerse informado. El efecto negativo sobre la conexión alcanza 15% entre los menores de 30 años, 16% entre los de 30 a 49 años, 10% entre los de 50 a 64 años y 5% entre los mayores de 65 años, mientras el perjuicio percibido sobre la información se mantiene entre 1% y 4%.

Una encuesta sobre hábitos cotidianos

El Pew Research Center encuestó a 9.750 adultos en Estados Unidos entre el 26 de mayo y el 1 de junio de 2026, como parte de su American Trends Panel. La institución indicó que la encuesta busca representar las opiniones de la población adulta estadounidense y que el análisis continúa trabajos anteriores sobre el uso de tecnologías móviles.

Las preguntas abordaron cuánto tiempo creen las personas que pasan con su teléfono, si intentaron reducirlo durante los últimos 12 meses y qué tan exitosos fueron esos esfuerzos. También examinaron la frecuencia de uso, incluida la categoría de quienes se conectan casi constantemente, además de las percepciones sobre información, conexión social, productividad, estado de ánimo y sueño.

Los resultados no establecen que el teléfono produzca por sí mismo un efecto uniforme en todos los usuarios, sino que registran cómo los propios adultos describen su experiencia. Esa distinción es importante porque las respuestas combinan beneficios prácticos, como informarse y mantenerse conectado, con costos percibidos que se concentran especialmente en el descanso y, entre los jóvenes, en la productividad y el estado de ánimo.

La encuesta tampoco mide una reducción objetiva del tiempo de pantalla ni determina cuánto dura el éxito de cada intento. Su principal conclusión está en la tensión que muestran las respuestas: muchas personas quieren apartarse de un dispositivo que consideran demasiado presente, pero siguen viéndolo como una herramienta central para participar en su entorno cotidiano.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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