Por Canuto  

El auge de la IA dispara la demanda eléctrica, pero ¿y si la burbuja estalla? McKinsey asegura que el mayor peligro es no construir suficiente infraestructura.
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  • McKinsey estima que los centros de datos representarán el 75% del crecimiento de la demanda eléctrica en la próxima década.
  • El 71% de las organizaciones reporta resultados negativos en sus implementaciones de IA, lo que alimenta la incertidumbre.
  • A pesar de los riesgos, el déficit de capacidad proyectado para 2030 es de 30 a 55 GW, por lo que la construcción insuficiente es más peligrosa que el exceso.

 


La fiebre de la inteligencia artificial ha disparado la construcción de centros de datos en Estados Unidos, y con ella la demanda de electricidad. Pero las empresas eléctricas se enfrentan a una decisión crítica: ¿cuánta capacidad instalar si la burbuja de la IA pudiera desinflarse?

La consultora McKinsey & Company sostiene que el mayor riesgo a corto plazo es construir demasiado poco. Esto, incluso cuando el ritmo actual exigiría añadir cerca de 30 GW de potencia adicional cada año.

El dilema de la red eléctrica

El crecimiento de la IA ha impulsado un auge en la construcción de centros de datos que consume cada vez más energía. Según datos citados por The Register, se espera que la energía consumida por estas instalaciones crezca un 26% durante este año.

Las cifras de McKinsey indican que los centros de datos representarán alrededor del 75% del crecimiento proyectado de la demanda eléctrica de EE. UU. en la próxima década. Este porcentaje subraya la magnitud del desafío para las utilities.

Para satisfacer esa demanda, el sector eléctrico necesitaría construir aproximadamente 30 GW de nueva capacidad al año. De esa cifra, unos 20 GW se destinarían a equipos de TI, mientras que el resto cubriría refrigeración, distribución y resiliencia, detalla The Register.

La incertidumbre radica en si esa demanda se materializará según lo proyectado. McKinsey reconoce que la implementación de IA es desigual y que partes del ecosistema presentan características de burbuja.

Sin embargo, la consultora argumenta que, incluso si el crecimiento del cómputo de IA se desacelera, la infraestructura construida no quedaría varada. Los activos podrían atender otra demanda mientras refuerzan la fiabilidad y resiliencia de la red.

Cifras que importan

Un informe similar de Bain & Company, publicado hace casi dos años, ya advertía que el sector energético necesitaba aumentar el gasto en generación e infraestructura. La demanda podría superar a la oferta en pocos años si no se actuaba.

Los centros de datos no son la única fuente de nueva demanda. Los vehículos eléctricos y la electrificación de procesos industriales también ejercerán presión sobre los suministros eléctricos.

El informe de McKinsey estima que EE. UU. tiene aproximadamente 40 GW de capacidad despachable de reserva para el crecimiento a corto plazo. Además, hay unos 100 GW de nueva capacidad comprometida.

Pero se espera que se retiren entre 50 y 75 GW de capacidad de vapor alimentada con carbón y gas. El crecimiento proyectado de la demanda alcanza unos 120 GW, lo que deja una brecha de capacidad de 30 a 55 GW para 2030.

La conclusión de McKinsey es clara: el sector eléctrico de EE. UU. se enfrenta a un probable déficit a corto plazo. Construir de menos es más peligroso que construir de más.

La amenaza de una burbuja

El interés corporativo por la IA sigue siendo alto, pero la implementación es desigual. Según McKinsey, el 71% de las organizaciones reporta resultados de implementación negativos.

Ese dato, junto con otras señales de sobrecalentamiento, alimenta los temores de una burbuja. Si la demanda de cómputo de IA se desinfla, la construcción de centros de datos podría frenarse en seco.

No obstante, McKinsey insiste en que la infraestructura eléctrica construida no se desperdiciaría. Los activos podrían servir para otros usos, como la electrificación de transporte o industria.

Además, la red eléctrica se beneficiaría de una mayor resiliencia ante fenómenos climáticos extremos. La capacidad extra podría ser reasignada a otros sectores o simplemente quedar como reserva estratégica.

La consultora considera que el escenario de construcción insuficiente es más probable y más dañino que el de exceso. De ahí su recomendación de priorizar la expansión.

La respuesta de las empresas eléctricas

Para cerrar la brecha inminente y mantener la fiabilidad, las empresas de servicios públicos han estado volviendo a poner en servicio plantas retiradas. También prolongan la vida útil de instalaciones de carbón y gas.

Estas medidas ofrecen un alivio temporal al sistema, pero probablemente sean insuficientes. McKinsey señala que se necesitan inversiones más ambiciosas y a largo plazo.

En junio, la administración Trump autorizó hasta USD $500 millones en financiación para mantener en funcionamiento 13 plantas de carbón adicionales. La medida busca impulsar la resiliencia de la infraestructura energética crítica.

La dependencia del carbón como respaldo evidencia la urgencia de la situación. Sin embargo, también genera tensiones con los objetivos de descarbonización a largo plazo.

Mientras tanto, los desarrolladores de centros de datos buscan alternativas para asegurar su suministro eléctrico. Muchos recurren a la generación in situ ante los retrasos en las conexiones a la red.

Generación in situ: la nueva tendencia

Según la encuesta de McKinsey a líderes del sector eléctrico, casi el 60% espera que los centros de datos mantengan generación in situ permanente para 2030. Esta tendencia se mantendrá incluso después de que las conexiones a la red estén disponibles.

De los que planean contar con generación in situ, el 64% dependerá del gas natural. Esta opción ofrece rapidez de despliegue y costos competitivos en comparación con otras fuentes.

La generación con turbinas de gas es la más común, pero también hay interés en pilas de combustible y almacenamiento en baterías. Estas tecnologías están ganando terreno como complemento al suministro de la red.

La razón es clara: los retrasos en obtener conexiones a la red pueden ser de años. La generación in situ permite a los operadores de centros de datos arrancar sus operaciones sin esperar la infraestructura pública.

Sin embargo, McKinsey advierte que esta solución no es óptima desde el punto de vista de eficiencia. La generación distribuida puede tener costos más altos y un mayor impacto ambiental.

Más allá de 2030

De cara a la próxima década, McKinsey espera que la energía solar combinada con almacenamiento en baterías gane protagonismo. El gas seguirá siendo un pilar, pero su papel podría cambiar.

La energía solar es competitiva en costos y se despliega rápidamente, lo que la hace atractiva para nuevos proyectos. El almacenamiento en baterías es clave para compensar su intermitencia.

No obstante, la consultora advierte que el crecimiento dependerá del apoyo político y de la continua reducción de los costos de almacenamiento. Además, la solar formará parte del sistema energético general, no será la única fuente in situ.

En cuanto a la energía nuclear, McKinsey espera que cualquier crecimiento significativo provenga de ampliaciones y mejoras de plantas existentes. Las nuevas construcciones son poco probables en la próxima década.

Tecnologías emergentes como los pequeños reactores nucleares modulares (SMR) y la energía geotérmica de próxima generación atraen capital, pero no tendrán impacto relevante hasta mediados de la década de 2030.

La conclusión de McKinsey es que el sector eléctrico de EE. UU. debe prepararse para un eventual déficit. La construcción insuficiente es un riesgo mayor que el exceso, incluso si la burbuja de la IA estalla.

La infraestructura construida para la IA podría terminar sirviendo a otros fines. Mientras tanto, la urgencia de asegurar el suministro eléctrico no puede esperar.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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