Por Canuto  

La carrera por construir centros de datos para inteligencia artificial está encareciendo chips, dispositivos y electricidad en Estados Unidos. El impacto podría mantener la inflación por encima del objetivo de la Reserva Federal y obligar al banco central a reconsiderar sus tasas de interés.

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  • Las inversiones de cuatro grandes empresas tecnológicas podrían alcanzar USD $720.000 millones este año, principalmente en centros de datos.
  • Economistas de JPMorgan Chase calculan que algunos chips de memoria podrían encarecerse hasta 400% entre 2024 y finales de 2026.
  • La demanda eléctrica de la IA podría mantener al alza las tarifas de servicios públicos hasta 2028 o incluso más allá.

 


La expansión de la inteligencia artificial (IA) está creando un nuevo foco de presión para la inflación en Estados Unidos. La construcción acelerada de centros de datos ha disparado la demanda de chips, equipos informáticos y electricidad, mientras los consumidores comienzan a pagar el costo en productos cotidianos.

Según un reporte de Associated Press publicado por Yahoo Finance, la inversión en centros de datos podría superar los USD $700.000 millones durante 2026. El gasto amenaza con mantener el aumento de precios por encima del nivel que la Reserva Federal considera compatible con una economía estable.

El efecto no tendría la magnitud del episodio inflacionario registrado entre 2021 y 2023. En aquel periodo, la inflación llegó a un máximo de 9,1%, pero la nueva presión podría retrasar la convergencia hacia el objetivo oficial de 2%.

Para los hogares, el impacto ya aparece en laptops, teléfonos inteligentes, consolas de videojuegos y computadoras. Para la política monetaria, el problema es más amplio: una demanda persistente que supera la oferta puede transformar un encarecimiento temporal en una fuente de inflación más duradera.

La situación también introduce una tensión en la estrategia de la Fed. La IA podría mejorar la eficiencia de la economía en el largo plazo, pero su despliegue actual exige enormes cantidades de hardware y energía antes de generar esos beneficios de productividad.

La demanda de centros de datos encarece la tecnología

Alphabet, Amazon, Meta Platforms y Microsoft, cuatro de las principales empresas tecnológicas, prevén invertir en conjunto USD $720.000 millones durante este año. La mayor parte de ese capital se dirigirá a centros de datos diseñados para entrenar y operar sistemas de inteligencia artificial.

Estos complejos requieren grandes volúmenes de semiconductores, almacenamiento y memoria informática. La competencia entre las compañías tecnológicas ha reducido la disponibilidad de determinados componentes para otros fabricantes y compradores.

Economistas de JPMorgan Chase estiman que el precio de algunos chips de memoria para computadoras podría aumentar hasta 400% entre 2024 y el cierre de 2026. El cálculo refleja una combinación de oferta limitada y demanda extraordinaria por parte de los operadores de centros de datos.

El encarecimiento ya se refleja en distintos segmentos del mercado de electrónica de consumo. Apple, Dell Computer y HP han elevado los precios de sus laptops, mientras los analistas esperan que los aumentos también alcancen a los iPhones.

Apple anunció el mes pasado incrementos de entre 15% y 25% para sus laptops y iPads. El precio de una MacBook de gama alta pasó de USD $1.699 a USD $1.999, según la información citada en el reporte.

La compañía atribuyó la decisión a la rápida expansión de los centros de datos de IA. Apple afirmó que la demanda de memoria y almacenamiento creó una oleada extraordinaria y que nunca había observado un aumento de componentes tan elevado en un periodo tan corto.

Microsoft también anunció un incremento de USD $100 para su consola Xbox a partir del 1 de agosto. La empresa señaló los mayores costos de los chips de memoria como una de las razones del ajuste.

Sony comenzó a cobrar más por la consola PlayStation, mientras Dell Computer y HP aplicaron aumentos en sus computadoras portátiles. Analistas de Evercore ISI advirtieron que la presión de costos relacionada con la IA apenas se encuentra en sus primeras etapas de traslado hacia los consumidores.

La electricidad suma otra presión para los hogares

Los centros de datos no solo demandan procesadores y memoria. También necesitan un suministro eléctrico constante y de gran escala, lo que está impulsando a las empresas de servicios públicos a ampliar su capacidad de generación y distribución.

La construcción de nueva infraestructura energética exige inversiones significativas. Esos costos pueden trasladarse a las tarifas de hogares y empresas, especialmente en las zonas donde se concentran los grandes complejos informáticos.

El índice de precios al consumidor de Estados Unidos mostró que la electricidad aumentó 5,9% en mayo frente al mismo mes del año anterior. El avance superó la inflación general, que se ubicó en 4,2% durante ese periodo.

El ritmo de aumento de las tarifas había disminuido hasta cerca de 2% anual a comienzos de 2025, después de los incrementos registrados durante la pandemia. El repunte actual refleja una presión distinta, vinculada en parte a la necesidad de atender la demanda de los centros de datos.

Goldman Sachs pronosticó en febrero que los precios de la electricidad subirán 6% durante este año y el próximo. El banco también estimó que las tarifas permanecerán 3% por encima del promedio en 2028.

Los chips podrían alcanzar su precio máximo durante 2026 y luego abaratarse si la oferta aumenta. La demanda eléctrica de la IA, en cambio, podría sostener la presión sobre los servicios públicos hasta 2028 o incluso más allá.

Este diferencial importa para la inflación. Un componente tecnológico puede corregir con rapidez cuando llegan nuevos suministros, pero una red eléctrica necesita años para planificar, financiar y completar ampliaciones de capacidad.

El economista Dario Perkins, de TSLombard, resumió el contraste al señalar que el efecto actual de la IA sobre la inflación es inflacionario y no deflacionario. La posible reducción de costos que genere una mayor productividad todavía pertenece a una fase posterior.

La Reserva Federal evalúa un nuevo riesgo

La inflación básica, que excluye alimentos y energía, se situó en 3,4% en mayo según la medida preferida por la Reserva Federal. Algunos economistas esperan que descienda solo ligeramente para finales de año, por lo que seguiría muy por encima del objetivo de 2%.

El efecto directo de la inversión en IA podría sumar aproximadamente medio punto porcentual a los precios básicos al consumidor hacia el cierre del año. Aunque la contribución sería moderada, podría compensar la disminución de otros componentes.

Entre las presiones que podrían perder fuerza están los aranceles del presidente Donald Trump y los costos de alquiler. La trayectoria de la gasolina también se volvió incierta después de que Estados Unidos e Irán reanudaran los combates tras un alto el fuego.

La Reserva Federal suele tolerar los aumentos temporales de precios y evita responder con tasas más altas cuando considera que el impacto desaparecerá por sí solo. Sin embargo, una sucesión de shocks temporales puede generar expectativas de inflación más persistentes.

Abiel Reinhart, economista de J.P. Morgan, explicó que uno o dos shocks aislados pueden considerarse transitorios. A su juicio, una serie sostenida o una gama más amplia de perturbaciones resulta mucho más preocupante para los responsables de la política monetaria.

Kevin Warsh asumió la presidencia de la Reserva Federal el 22 de mayo. El funcionario ha sostenido que, con el tiempo, la IA hará más eficiente a la economía estadounidense y debería reducir la inflación incluso mientras la actividad continúa creciendo.

Warsh reconoció en comentarios del 1 de julio que la inversión en IA está aumentando la demanda. No obstante, evitó especular sobre la magnitud del impacto inflacionario que tendrá ese proceso.

Otros funcionarios de la Fed temen que la demanda de equipos vinculados con la IA siga superando la oferta disponible. Esa combinación puede provocar aumentos de precios persistentes en lugar de un ajuste breve de los costos.

John Williams, presidente del Banco de la Reserva Federal de Nueva York y vicepresidente del comité de fijación de tasas, dijo que una presión sostenida de la demanda sobre la oferta no puede ignorarse. Williams ha respaldado mantener las tasas sin cambios, aunque sus comentarios dejan abierta la posibilidad de un aumento bajo ciertos escenarios.

Las actas de la reunión de política monetaria celebrada el 16 y 17 de junio, publicadas el miércoles, mostraron que otros funcionarios comparten esas preocupaciones. El informe de inflación de junio será observado con especial atención para identificar señales del impacto de la IA.

Si la inflación mantiene una trayectoria elevada, la Fed podría aumentar su tasa de interés clave más adelante este año. Una decisión de ese tipo encarecería los préstamos para automóviles, las hipotecas y el financiamiento empresarial.

Un auge tecnológico con efectos contradictorios

La inversión en inteligencia artificial representa una oportunidad de crecimiento para las empresas tecnológicas, los fabricantes de chips y los proveedores de energía. También puede impulsar la productividad cuando las herramientas comiencen a reducir costos y mejorar procesos en distintas industrias.

El problema para los consumidores aparece durante la etapa de construcción. Antes de que la eficiencia llegue a la economía, las compañías deben comprar servidores, ampliar redes, contratar capacidad energética y asegurar componentes escasos.

El resultado es una transferencia parcial de costos hacia compradores de tecnología y usuarios de servicios públicos. Los hogares que necesiten reemplazar una laptop o pagar una factura eléctrica más alta enfrentan el impacto antes de recibir los beneficios potenciales de la automatización.

Los mercados financieros también observan esta tensión. Un periodo prolongado de tasas elevadas puede afectar la valoración de empresas tecnológicas, limitar el crédito y aumentar el costo de capital para proyectos relacionados con IA, blockchain y otros sectores de innovación.

Al mismo tiempo, una demanda fuerte por infraestructura puede beneficiar a fabricantes de semiconductores, operadores de centros de datos y compañías energéticas. La distribución de esas ganancias dependerá de su capacidad para trasladar los costos sin destruir la demanda.

La situación no implica que la IA sea, por definición, inflacionaria para siempre. Si los fabricantes aumentan la producción de chips y la infraestructura eléctrica crece con rapidez, las restricciones actuales podrían moderarse.

La energía presenta un desafío más lento. Las nuevas plantas, líneas de transmisión y proyectos de generación requieren planificación y permisos, por lo que la respuesta de la oferta puede tardar más que el crecimiento de la demanda informática.

La Fed tendrá que distinguir entre los aumentos asociados con una transición tecnológica y las presiones que amenacen con consolidarse. Esa evaluación será difícil si los precios de la electrónica, la electricidad, los alquileres y los aranceles evolucionan en direcciones diferentes.

Por ahora, el auge de la IA está produciendo un efecto visible: más inversión, más demanda de componentes y mayores precios en varios productos. La promesa de una economía más eficiente continúa vigente, pero sus costos iniciales ya están llegando a los consumidores estadounidenses.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA

 


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