Por Canuto  

Investigadores de Stanford Medicine identificaron con ayuda de inteligencia artificial el péptido BRP, una molécula natural que redujo el apetito y la grasa corporal en animales sin mostrar varios efectos secundarios comunes del semaglutido. El hallazgo es prometedor, pero todavía falta conocer su receptor, prolongar su duración y comprobar su seguridad en ensayos clínicos.
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  • BRP redujo hasta 50% la ingesta de alimentos durante la hora posterior a una inyección en ratones y cerdos miniatura.
  • En ratones obesos, el tratamiento diario durante 14 días produjo una pérdida promedio de 3 gramos, principalmente de grasa corporal.
  • La molécula parece actuar de manera más focalizada en el hipotálamo, aunque sus resultados todavía se limitan a estudios con animales.


Investigadores de Stanford Medicine descubrieron una molécula natural que podría reducir el apetito y el peso corporal de forma similar al semaglutido, el ingrediente activo de Ozempic. En pruebas con animales, el péptido mostró una ventaja potencial: no produjo señales claras de náuseas, estreñimiento ni pérdida significativa de masa muscular.

La molécula recibió el nombre de BRP y surgió de una búsqueda apoyada por inteligencia artificial. El equipo sostiene que podría actuar sobre una región más específica del cerebro, en lugar de activar receptores distribuidos en el intestino, el páncreas y otros tejidos.

Una alternativa experimental al semaglutido

Los medicamentos basados en GLP-1 cambiaron el tratamiento de la obesidad y la diabetes tipo 2 al reducir el hambre y mejorar el control de la glucosa. El semaglutido imita los efectos de una hormona natural que participa en la regulación del apetito y los niveles de azúcar en sangre.

Sin embargo, la activación de los receptores relacionados con GLP-1 ocurre en diferentes partes del organismo. Katrin Svensson, profesora asistente de patología, explicó que esa distribución ayuda a entender por qué Ozempic genera efectos amplios.

Entre esos efectos se encuentra la ralentización del movimiento de los alimentos por el tracto digestivo. El fármaco también reduce los niveles de azúcar en sangre, pero algunos pacientes experimentan problemas como náuseas y estreñimiento.

Según Svensson, BRP parece seguir una ruta diferente y relacionada. La molécula actuaría principalmente en el hipotálamo, una zona profunda del cerebro que regula el hambre, el metabolismo, la temperatura corporal, la actividad hormonal y el uso de energía.

La diferencia podría permitir un control más específico del apetito. Aun así, los investigadores no presentan BRP como un medicamento aprobado ni como un reemplazo disponible para Ozempic.

La inteligencia artificial rastreó señales ocultas

El descubrimiento comenzó con el análisis de las prohormonas, moléculas precursoras que permanecen inactivas hasta que ciertas enzimas las dividen en fragmentos más pequeños. Algunos de esos fragmentos se convierten en péptidos con funciones hormonales.

Una sola prohormona puede producir numerosos péptidos durante ese proceso. El reto consiste en identificar cuáles transmiten señales relevantes para el metabolismo, el apetito y otras funciones del organismo.

Los métodos tradicionales pueden combinar extracción de tejidos y espectrometría de masas. Ese procedimiento genera grandes volúmenes de datos y puede obligar a revisar cientos de miles de moléculas antes de encontrar una señal biológica importante.

El equipo se concentró en la convertasa de prohormona 1/3, una enzima que corta proteínas en secuencias específicas. Esta enzima ya estaba relacionada con la obesidad en humanos y también participa en la producción de GLP-1.

Los investigadores desarrollaron un algoritmo llamado Peptide Predictor para acelerar la búsqueda. El programa examinó los 20.000 genes humanos que codifican proteínas en busca de sitios donde suelen actuar las convertasas de prohormonas.

Después, el equipo limitó el análisis a genes que producen proteínas secretadas fuera de la célula. También exigió que esas proteínas tuvieran al menos cuatro posibles sitios de corte, una condición que redujo el universo inicial a 373 prohormonas.

El algoritmo calculó que la convertasa de prohormona 1/3 podría producir 2.683 péptidos distintos a partir de esas proteínas. Svensson afirmó que la herramienta informática resultó “absolutamente clave” para los hallazgos.

Un péptido diminuto con una respuesta intensa

Coassolo y Svensson seleccionaron secuencias con mayor probabilidad de afectar el cerebro. Luego escogieron 100 péptidos, incluido GLP-1, para probarlos en células cultivadas similares a neuronas.

El GLP-1 elevó la actividad neuronal hasta tres veces frente a las células de control sin tratamiento. Sin embargo, una molécula mucho más pequeña generó una respuesta considerablemente mayor.

Ese péptido tiene solo 12 aminoácidos y multiplicó por diez la actividad neuronal observada en los controles. Los aminoácidos son los componentes básicos de las proteínas y los péptidos, por lo que BRP destaca por su tamaño reducido.

Los investigadores nombraron BRP al péptido relacionado con su prohormona parental, BRINP2. El nombre corresponde a “péptido relacionado con BRINP2”, mientras que la proteína parental también se describe como BRINP2 o ácido retinoico inducible neural específico 2.

La respuesta en las células no demuestra por sí sola que BRP pueda tratar la obesidad. No obstante, ofreció una señal inicial para estudiar su impacto sobre los circuitos neuronales que participan en el hambre y el balance energético.

Resultados en ratones y cerdos miniatura

El siguiente paso consistió en administrar BRP a ratones delgados y cerdos miniatura. Los investigadores eligieron ambas especies porque los cerdos miniatura reflejan con mayor cercanía el metabolismo humano y los patrones de alimentación que los ratones.

Una inyección intramuscular aplicada antes de la comida redujo hasta 50% la ingesta durante la hora siguiente en ambas especies. El resultado mostró un efecto agudo sobre el apetito, aunque no permite anticipar todavía una respuesta equivalente en personas.

El equipo también suministró inyecciones diarias a ratones obesos durante 14 días. Los animales tratados perdieron, en promedio, 3 gramos durante ese periodo, y casi toda la reducción correspondió a grasa corporal.

En contraste, los ratones del grupo de control ganaron aproximadamente 3 gramos en las mismas dos semanas. La comparación sugiere una diferencia entre ambos grupos, pero el estudio continúa limitado por su duración y por el modelo animal utilizado.

Los ratones tratados mostraron además una mejor tolerancia a la glucosa y una respuesta mejorada a la insulina. Estas mediciones indican qué tan eficazmente el organismo regula el azúcar en sangre y responde a la hormona que transporta la glucosa hacia las células.

Los resultados metabólicos amplían el interés por BRP más allá de la reducción del hambre. Sin embargo, los datos no establecen aún la dosis adecuada, la seguridad a largo plazo ni la eficacia clínica en humanos.

Menos señales de efectos secundarios comunes

Las pruebas de conducta no detectaron diferencias significativas entre los animales tratados y los que no recibieron BRP. Los investigadores observaron el movimiento, el consumo de agua, las conductas similares a la ansiedad y la producción fecal.

La ausencia de cambios en la producción fecal llamó especialmente la atención del equipo. El semaglutido puede ralentizar la digestión y causar estreñimiento, mientras que BRP no mostró esa señal en las pruebas realizadas.

Los investigadores tampoco observaron respuestas relacionadas con náuseas. Además, las mediciones no indicaron una pérdida significativa de masa muscular, una preocupación asociada con algunos tratamientos para adelgazar.

El estudio también comparó la actividad cerebral y otros indicadores del funcionamiento corporal. Esas observaciones apuntaron a que BRP activa vías metabólicas y neuronales diferentes de las estimuladas por GLP-1 o semaglutido.

La posible acción focalizada no elimina la necesidad de realizar controles rigurosos. Los estudios en animales pueden revelar señales de seguridad, pero no sustituyen los ensayos clínicos ni permiten garantizar que el péptido tenga el mismo perfil en humanos.

El desafío de llevar BRP a los ensayos clínicos

El equipo trabaja ahora para identificar el receptor celular al que se une BRP. Los receptores reciben señales de hormonas, medicamentos y otros mensajeros químicos, por lo que conocer el objetivo exacto resulta esencial para entender el mecanismo.

Los investigadores también quieren reconstruir la secuencia completa de eventos posterior a la unión del péptido. Ese mapa podría aclarar cómo cambia el apetito y qué procesos metabólicos intervienen en la respuesta.

La duración representa otro desafío. Los péptidos pequeños suelen degradarse rápidamente dentro del organismo, una característica que podría limitar el tiempo de acción y complicar una administración práctica.

Para resolverlo, el equipo analiza formas de prolongar la permanencia de BRP en el cuerpo. El objetivo consiste en determinar si una versión optimizada podría administrarse de manera útil, siempre que primero demuestre seguridad y eficacia.

Svensson cofundó una empresa que planea iniciar ensayos clínicos de BRP en humanos en un futuro cercano. La investigadora señaló que la falta de tratamientos efectivos contra la obesidad ha representado un problema durante décadas.

La científica también afirmó que ningún tratamiento probado previamente se compara con la capacidad del semaglutido para reducir el apetito y el peso corporal. El equipo espera determinar si BRP puede ser seguro y eficaz en personas.

La investigación fue publicada el 5 de marzo en la revista Nature, según informó Stanford Medicine. Laetitia Coassolo figura como autora principal del estudio y Svensson como autora principal de la investigación.

En el trabajo participaron investigadores de la Universidad de California, Berkeley; la Universidad de Minnesota; y la Universidad de Columbia Británica. Svensson y Coassolo aparecen además como inventoras en patentes relacionadas con péptidos BRP para trastornos metabólicos.

El estudio recibió financiamiento de los Institutos Nacionales de Salud mediante las subvenciones R01DK125260, P30DK116074, K99AR081618 y GM113854. También contó con apoyo del Programa de Investigación Traslacional SPARK de Stanford y Stanford Bio-X.

Entre los demás financiadores estuvieron el Instituto de Investigación en Salud Materna e Infantil de Stanford, la Asociación Americana del Corazón, un Premio de Beca del Decano de Stanford Medicine, la Fundación Carlsberg y la Alianza de Rendimiento Humano Wu Tsai.

El hallazgo combina biología molecular, neurociencia e inteligencia artificial para buscar nuevas señales metabólicas. Su valor actual está en abrir una vía de investigación, no en ofrecer todavía una solución disponible para quienes buscan perder peso.

La próxima etapa será decisiva: identificar el receptor, mejorar la duración del péptido y evaluar sus riesgos en humanos. Hasta contar con esos datos, BRP debe considerarse una molécula experimental con resultados prometedores exclusivamente en modelos animales.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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