Por Canuto  

El Pentágono estima en USD $33.400 millones el costo de los primeros cuatro meses de la guerra con Irán, pero un rastreador de la Universidad de Brown calcula que el alza del combustible ya trasladó más de USD $106.000 millones a los hogares estadounidenses.
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  • El Pentágono atribuye USD $22.300 millones del costo a las municiones y reconoce déficits en inventarios estratégicos.
  • La gasolina subió 44,7% y el diésel 69,8%, con un impacto estimado de USD $812,77 por hogar promedio.
  • La restricción de los flujos petroleros podría prolongarse hasta 2026, mientras la producción regional no volvería a niveles previos al conflicto hasta 2027.


La estimación oficial del costo militar de la Operación Epic Fury asciende a USD $33.400 millones durante sus primeros cuatro meses, pero esa cifra no refleja toda la factura económica del conflicto con Irán. Un rastreador de la Watson School de la Universidad de Brown calcula que el encarecimiento de los combustibles ya habría costado alrededor de USD $106.500 millones a los consumidores estadounidenses, una suma aproximadamente tres veces superior a la cuenta atribuida al Pentágono.

La diferencia surge porque el cálculo militar se concentra en municiones, obligaciones presupuestarias y equipos dañados o destruidos, mientras el impacto energético se distribuye por toda la economía. El aumento del combustible afecta directamente a los conductores, pero también encarece el transporte de mercancías, los vuelos, los alimentos y los proyectos de construcción, por lo que la factura continúa creciendo mientras persistan las restricciones petroleras.

El costo militar de la operación

La cifra de USD $33.400 millones aparece en un informe del Inspector General Principal sobre la Operación Epic Fury, campaña que comenzó el 28 de febrero. De acuerdo con el documento, las municiones concentran USD $22.300 millones del total, mientras las obligaciones acumuladas suman USD $7.400 millones y los equipos destruidos o dañados representan otros USD $3.700 millones.

La distribución muestra que el consumo de armamento constituye el principal componente del gasto registrado hasta el 29 de junio. Sin embargo, el propio reporte advierte que el total podría no capturar todas las necesidades financieras, porque el Congreso no asignó recursos específicos para la operación y las ramas militares han recurrido a presupuestos base destinados originalmente a entrenamiento y mantenimiento.

La presión sobre las reservas también expone un problema operativo que va más allá de la contabilidad. La oficina de adquisiciones y sostenimiento señaló que el ritmo de uso de municiones generó déficits en el inventario estratégico y reveló cuellos de botella en el reabastecimiento, una situación que puede limitar la capacidad de respuesta ante otra contingencia.

Como respuesta, el departamento acelera los plazos de adquisición y producción, además de acumular materiales críticos, componentes y determinadas municiones. El contralor interino dijo a legisladores en mayo que tenía mayor confianza en la estimación correspondiente a las municiones, aunque la ausencia de una asignación presupuestaria exclusiva dificulta establecer una cifra final para toda la operación.

La factura que llega a la gasolinera

El cálculo militar tampoco incorpora las reparaciones de infraestructura ni los daños económicos amplios asociados con el conflicto. Entre los factores omitidos aparece el repunte del combustible registrado después del cierre del Estrecho de Ormuz, una vía estratégica para el transporte de crudo cuya interrupción coincidió con mayores costos para los hogares y las empresas estadounidenses.

El rastreador de la Watson School compara los precios observados con un escenario hipotético en el que la guerra no hubiera ocurrido. Bajo esa metodología, estima que los consumidores asumieron un costo acumulado de USD $106.500 millones, aunque la cifra inicial del reporte lo redondea en aproximadamente USD $106.400 millones, una diferencia menor frente a la magnitud del impacto calculado.

La gasolina aumentó 44,7% hasta USD $4,316 por galón, mientras el diésel escaló 69,8% hasta USD $6,230. El diésel, por sí solo, habría añadido USD $48.060 millones al costo para los consumidores, debido a su papel central en el transporte de carga y en otras actividades que dependen de vehículos pesados.

El rastreador calcula que el hogar estadounidense promedio ha soportado USD $812,77 adicionales entre ambos combustibles. La cifra no representa solamente un gasto en la bomba, porque el combustible más caro se incorpora gradualmente a los precios de los productos que recorren largas distancias antes de llegar a supermercados, tiendas y obras de construcción.

El petróleo prolonga la incertidumbre

La presión sobre el crudo podría mantenerse durante un periodo prolongado, según las referencias citadas en el reporte. Goldman Sachs todavía contempla un escenario de USD $120 por barril, mientras Donald Trump ha dicho que los precios no caerán hasta después de las elecciones legislativas, una expectativa que mantiene abierta la discusión sobre cuánto durará el golpe para los consumidores.

La Administración de Información Energética espera que los flujos de petróleo de Medio Oriente continúen restringidos hasta finales de 2026. Su perspectiva de septiembre señala además que la mayoría de la producción regional no regresaría a los niveles anteriores al conflicto hasta el segundo trimestre de 2027, un horizonte que prolonga la incertidumbre para las familias y las industrias dependientes de la energía.

La diferencia entre ambas facturas también revela dos formas de medir una guerra. El Pentágono contabiliza desembolsos militares dentro de una ventana fija, mientras el rastreador de Brown sigue la desviación entre los precios reales y el escenario sin conflicto, por lo que su total puede continuar aumentando incluso cuando no cambien las asignaciones presupuestarias de defensa.

El reporte consultado resume esa tensión al señalar que los costos del combustible son solo una parte de las consecuencias de una guerra, aunque salen directamente del bolsillo de los estadounidenses. Con los flujos petroleros restringidos y la producción regional lejos de una recuperación completa, el lado del consumidor seguirá abierto mucho después del cierre de la ventana usada para calcular los USD $33.400 millones militares.

Una brecha con efectos económicos

La brecha entre USD $33.400 millones y más de USD $106.000 millones no significa que ambas cifras midan exactamente el mismo fenómeno. La primera describe costos asociados con la campaña militar, mientras la segunda estima el perjuicio que el shock energético trasladó a los compradores mediante precios más elevados de combustibles y bienes.

Aun así, el contraste ayuda a dimensionar cómo un conflicto internacional puede afectar a personas que no participan directamente en las operaciones. Un hogar puede enfrentar el aumento en la gasolina, pagar más por productos transportados en camión y absorber tarifas aéreas o servicios de construcción más costosos, todo sin que esos desembolsos aparezcan en el presupuesto oficial de la guerra.

La solicitud de financiamiento suplementario presentada por la Casa Blanca el 24 de junio asciende a USD $87.600 millones, de los cuales USD $21.000 millones corresponden a municiones. Esa petición sugiere que el gasto militar podría superar la primera estimación, aunque el material disponible no establece que el suplemento cubra la totalidad de los costos económicos o energéticos asociados con la operación.

Mientras el departamento intenta recuperar inventarios y reducir los tiempos de producción, los consumidores enfrentan una factura que no depende exclusivamente de nuevas decisiones presupuestarias. El costo final dependerá de la duración de las restricciones en el Estrecho de Ormuz, la recuperación de la producción regional y la evolución de los precios del petróleo durante los próximos meses.


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Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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