Por Canuto  

Un informe del inspector general del Departamento de Defensa calcula que los primeros cuatro meses de la guerra con Irán costaron USD $33.400 millones y dejaron déficits en el inventario estratégico de municiones, mientras Washington enfrenta daños en aeronaves, instalaciones y sistemas de largo alcance.
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  • La ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel consumió USD $22.300 millones en municiones entre el 28 de febrero y el 30 de junio, según el informe citado.
  • El informe registra cuatro F-15E y hasta 30 drones MQ-9 Reaper destruidos, además de otros aviones, helicópteros e infraestructura dañados.
  • Un analista advierte que el arsenal podría ser suficiente para una guerra contra Irán, pero sostener un conflicto prolongado con China sería mucho más difícil.


El costo de la ofensiva

La guerra de Estados Unidos contra Irán habría abierto un agujero considerable en las reservas militares estadounidenses, según un informe de 44 páginas elaborado por el inspector general del Departamento de Defensa. El documento calcula que la llamada Operación Epic Fury costó USD $33.400 millones durante sus primeros cuatro meses, entre el 28 de febrero y el 30 de junio, con un impacto especialmente fuerte sobre el inventario de municiones.

De ese total, USD $22.300 millones correspondieron exclusivamente a municiones utilizadas durante el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra Irán, de acuerdo con el documento. El inspector general Platte B. Moring III concluyó que la ofensiva generó déficits en el inventario estratégico y dejó al descubierto cuellos de botella dentro de la base industrial encargada de reponer las armas consumidas.

El hallazgo no describe únicamente un problema contable, porque la reposición de misiles y otros sistemas requiere capacidad industrial, contratos, componentes y tiempo. La presión aumenta cuando una operación militar permanece activa durante semanas, ya que cada nuevo ataque reduce las reservas disponibles mientras las fábricas intentan recuperar el ritmo necesario para abastecer a las fuerzas desplegadas.

El gasto también incluyó USD $79,2 millones destinados a responder emergencias relacionadas con el conflicto. El informe vincula esa suma con evacuaciones de personal del Departamento de Estado y sus familiares, ciudadanos estadounidenses y nacionales de terceros países elegibles, lo que amplió la factura más allá de las municiones y las operaciones directamente asociadas con los ataques.

Las instalaciones diplomáticas estadounidenses afectadas en Irak, Kuwait, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos sumaron otros USD $184 millones en daños. El documento además identifica daños contra edificios militares e infraestructura en Kuwait, Baréin, Catar, los Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Irak, Omán y Jordania, aunque todavía no calcula el costo de reparación porque no está claro qué instalaciones serán restauradas ni quién asumirá esos trabajos.

Daños en aeronaves y sistemas militares

La represalia iraní habría ocasionado pérdidas importantes para los activos militares estadounidenses, de acuerdo con el informe presentado al Congreso. Cuatro aviones F-15E y hasta 30 drones MQ-9 Reaper aparecen registrados como destruidos, mientras un F-35A, siete aviones cisterna KC-135 y siete helicópteros figuran entre las aeronaves dañadas durante el conflicto.

El F-35A representa un caso especialmente sensible por tratarse del primer avión de ese tipo comprometido por fuego enemigo, según CNBC. Reemplazarlo costaría USD $92 millones, mientras que cada F-15E tiene un costo de producción de USD $31,1 millones, de acuerdo con datos de la Fuerza Aérea estadounidense, por lo que sustituir los cuatro aparatos destruidos exigiría aproximadamente USD $124,4 millones.

Las pérdidas aéreas se suman al consumo acelerado de armas de largo alcance. Reuters informó que el Ejército estadounidense había reducido significativamente su arsenal de misiles de largo alcance y que había utilizado prácticamente la totalidad de algunas de sus armas superficie-superficie más importantes, una señal de que el ritmo de la campaña presionó tanto las reservas como la capacidad de fabricación.

Para los estrategas militares, el problema no consiste solo en cuánto dinero puede gastar Washington, sino en la velocidad con que la industria puede transformar esos recursos en sistemas disponibles. Un misil, un avión o un dron destruido no se reemplaza de inmediato, y la falta de componentes o de líneas de producción puede prolongar el efecto de una operación mucho después de que termine un ataque.

El analista Mark Cancian, del Center for Strategic and International Studies, ofreció una lectura diferenciada sobre la suficiencia del arsenal estadounidense. Consultado por CBS News, sostuvo que la respuesta sería afirmativa para una guerra contra Irán, pero advirtió que un conflicto contra China plantearía otro nivel de dificultad, porque Estados Unidos podría proporcionar municiones durante un mes, aunque llegar al segundo, tercero o cuarto mes sería un desafío importante.

El choque entre el informe y el discurso de Trump

El presidente Donald Trump ha insistido repetidamente en que Estados Unidos no enfrenta problemas de suministro de municiones. Sin embargo, a comienzos de agosto se informó que había confrontado a Pete Hegseth en Camp David, Maryland, porque supuestamente consideraba que el déficit ya debía estar resuelto.

Trump reaccionó con enojo ante esa información y amenazó con enviar a prisión a los filtradores que hablaron con la prensa. La disputa expuso una tensión política entre la necesidad de transmitir confianza sobre la capacidad militar estadounidense y los datos del inspector general, que documentan déficits estratégicos y obstáculos para reponer las existencias consumidas.

El mandatario volvió a defender la capacidad industrial de Estados Unidos mediante una publicación en su plataforma Truth Social. Afirmó que el país produce más armas sofisticadas y de élite que en cualquier otro momento de su historia, y aseguró que las fábricas de defensa operan las 24 horas, los siete días de la semana, mientras construyen en promedio entre cuatro y cinco nuevas plantas de gran escala cada una.

Trump señaló que una prioridad de esa producción son los sistemas Patriot, THAAD, Tomahawk y otros misiles estándar, de los cuales, según su declaración, Estados Unidos ya mantiene grandes cantidades en inventario. El mensaje busca contrarrestar la preocupación generada por el informe, aunque no ofrece una cifra concreta sobre el nivel actual de las reservas ni sobre el plazo necesario para cubrir los déficits identificados.

Una guerra sin señales claras de cierre

La operación continuó durante otras 10 semanas después del periodo analizado por el inspector general y, según la información disponible, no mostraba señales claras de terminar. Trump dijo que estaba abierto a negociar con Irán, pero también remarcó que la decisión final correspondía a él, una postura que mantiene abierta la posibilidad de prolongar la campaña y aumentar el consumo de municiones.

La duración del conflicto es central para evaluar el impacto militar y financiero descrito en el informe. Una campaña limitada puede absorber reservas que luego se reponen mediante contratos y nuevas líneas industriales, pero una guerra prolongada obliga a competir simultáneamente por misiles, aeronaves, drones, combustible, mantenimiento y protección de instalaciones en varios países.

El balance humano también continúa creciendo junto con la factura material. Al menos 18 soldados estadounidenses han muerto y más de 750 miembros del servicio han resultado heridos desde el comienzo del conflicto, cifras que muestran que el costo de la operación no se limita a los presupuestos de defensa, las aeronaves destruidas o los daños en instalaciones diplomáticas.

La advertencia de Mark Cancian sobre China amplía el alcance estratégico del reporte, aunque no implica que Estados Unidos carezca de capacidad para responder a una amenaza inmediata. Su argumento apunta a la resistencia de las cadenas de suministro durante una guerra extensa, precisamente el escenario en el que los déficits, los cuellos de botella y el desgaste de las plataformas pueden convertirse en una limitación decisiva.

El informe del inspector general, las declaraciones de Trump y la evaluación de los analistas dejan una conclusión común: Washington conserva una fuerza militar considerable, pero la guerra ha revelado el costo de sostenerla a gran escala. Mientras la Casa Blanca asegura que la producción crece sin precedentes, el Pentágono deberá demostrar que puede convertir esa promesa industrial en municiones disponibles antes de que nuevas operaciones profundicen la presión sobre el arsenal.


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