Fluxnium busca resolver la dependencia de las minas de uranio con fibras poliméricas instaladas en el océano, una apuesta que podría aprovechar reservas estimadas en miles de millones de toneladas y reducir riesgos geopolíticos, aunque todavía debe demostrar que su proceso es competitivo a escala comercial.
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- El océano contiene más de 4.000 millones de toneladas métricas de uranio, según los datos citados por la compañía.
- Fluxnium utiliza fibras poliméricas que capturan uranio disuelto y luego se reutilizan tras ciclos de 30 a 60 días.
- La startup cerró una ronda semilla de USD $7 millones con respaldo de Congruent Ventures, Active Impact Investments y Constellation Energy.
🌊⚛️ Fluxnium busca uranio en el océano
Fibras poliméricas capturan uranio disuelto durante ciclos de 30 a 60 días y luego se reutilizan.
Recaudó US$7 millones. El océano contiene más de 4.000 millones de toneladas estimadas. La viabilidad comercial y ambiental sigue sin… pic.twitter.com/0VDZuJBAv8
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) September 16, 2026
Fluxnium, una startup estadounidense de tecnología limpia, sostiene que puede convertir el océano en una fuente alternativa de combustible para la industria nuclear. Su propuesta utiliza fibras poliméricas especialmente fabricadas para atraer el uranio disuelto en el agua de mar, recuperarlo en tierra y transformarlo en yellowcake, una forma sin refinar que luego puede incorporarse a la cadena tradicional de suministro.
La oportunidad aparece mientras Estados Unidos proyecta triplicar la capacidad de su energía nuclear para 2050, una meta que podría enfrentar un cuello de botella si el combustible no llega a precios razonables. TechCrunch informó que el precio del yellowcake aumentó 75% durante los últimos cinco años, según la Administración de Información de Energía de Estados Unidos, mientras la producción minera permanece concentrada en pocos países.
Un recurso abundante, pero difícil de capturar
El agua de mar contiene más de 4.000 millones de toneladas métricas de uranio, de acuerdo con estimaciones citadas por la compañía. Jeff Green, fundador y CEO de Fluxnium, ha planteado que ese volumen podría alcanzar para unos 50.000 años de energía nuclear bajo determinados supuestos tecnológicos, especialmente si se consideran reactores más eficientes. Se trata de una estimación teórica sobre el recurso disponible, no de una garantía de suministro comercial.
El empresario comparó ese volumen con las reservas identificadas en minas de roca dura y afirmó que representa aproximadamente mil veces más que todas ellas combinadas, aunque la abundancia geológica no elimina el desafío industrial de recuperar el elemento.
El uranio no es un elemento particularmente raro, pero sus minas no están distribuidas de manera uniforme y la oferta depende de una cadena internacional vulnerable a tensiones políticas. Green dijo que, para los países occidentales, entre dos tercios y tres cuartas partes del suministro mundial proceden de Kazajistán, Uzbekistán, Rusia, Namibia, Níger y China, una concentración que introduce riesgos geopolíticos en cualquier plan de expansión nuclear.
La presión podría aumentar si el llamado renacimiento nuclear mantiene el ritmo que esperan gobiernos, empresas eléctricas y compañías tecnológicas. El crecimiento de los centros de datos para inteligencia artificial ya ha llevado a varias empresas a respaldar nuevas iniciativas nucleares, porque buscan fuentes de electricidad constantes para cargas informáticas cada vez mayores y, al mismo tiempo, una alternativa a los combustibles fósiles.
Green considera que esa combinación de demanda creciente y oferta concentrada puede producir un déficit estructural de uranio. Según su planteamiento, una fuente marina económicamente viable reduciría la exposición a los principales países productores, aunque todavía debe superar pruebas de costos, fabricación, despliegue y procesamiento antes de convertirse en un proveedor relevante para los operadores nucleares.
La tecnología detrás de las fibras marinas
Fluxnium obtuvo la licencia de una química desarrollada en laboratorios nacionales del Departamento de Energía de Estados Unidos y concentró su trabajo posterior en producir y configurar las fibras. La compañía sostiene que su avance principal consistió en elevar el área superficial del material, porque una mayor superficie permite que más uranio disuelto entre en contacto con los componentes capaces de capturarlo.
Cuando la tecnología se demostró inicialmente en un laboratorio nacional, el costo de extracción superaba los USD $200 por libra, más del doble del precio que pagaban los proveedores occidentales en ese momento. Green explicó que el aumento del área superficial permitió recuperar más uranio del agua y reducir el costo unitario, aunque la startup no presentó en la información disponible una cifra final de producción comercial.
El proceso comienza cuando el material se convierte en fibras largas y trenzadas que se transportan al mar y se suspenden desde boyas, en una configuración parecida al cultivo de algas. Las líneas permanecen entre 30 y 60 días en el agua antes de regresar a tierra, donde el uranio se separa de las fibras y se purifica hasta obtener yellowcake sin generar colas tóxicas, según la descripción de la empresa.
Después de la extracción, cada línea puede reutilizarse varias veces, un aspecto central para que la propuesta compita con la minería convencional. La lógica comercial sería vender el yellowcake como cualquier otra mina dentro de la cadena de suministro nuclear, mientras Fluxnium intenta abaratar cada etapa, desde la fabricación del material hasta su instalación, recuperación y procesamiento.
Financiamiento y camino hacia la escala
Fluxnium cerró recientemente una ronda semilla de USD $7 millones liderada por Congruent Ventures, con participación de Active Impact Investments y Constellation Energy. Esta última opera la mayor flota nuclear de Estados Unidos, por lo que su inversión conecta a la startup con un actor directamente interesado en la disponibilidad futura del combustible, aunque la participación no garantiza que la tecnología alcance una adopción comercial.
La empresa había trabajado en secreto antes de mostrar su propuesta y presentar públicamente la ronda de financiamiento. Ese perfil reservado refleja la sensibilidad de una tecnología que combina materiales avanzados, operaciones marinas y procesamiento nuclear, pero también significa que muchos detalles sobre rendimiento, durabilidad y costos a gran escala todavía no están disponibles en la información divulgada.
Green es un fundador serial que ayudó a lanzar Stamps.com en 1996, la startup de desalinización NanoH2O en 2005 y la empresa de eliminación de carbono 1PointFive en 2020. Su trayectoria le ha permitido identificar sectores asociados con cambios estructurales en la economía, y ahora sostiene que el uranio ofrece una oportunidad particularmente atractiva por el posible aumento de la demanda energética y los límites de la oferta minera.
El propio Green reconoció que ninguno de los componentes del proceso es completamente novedoso, porque las distintas partes ya se habían desarrollado de formas separadas. La apuesta de Fluxnium consiste en integrar y abaratar esa cadena, con el objetivo de que la extracción marina deje de ser una demostración de laboratorio y pueda competir con las minas existentes, una meta que dependerá de la ingeniería y de la economía operativa.
Una apuesta condicionada por el renacimiento nuclear
La propuesta llega en un momento de renovado interés por la energía nuclear en Estados Unidos, impulsado por la necesidad de electricidad firme y por la expansión de la infraestructura digital. Sin embargo, construir más reactores no resuelve por sí solo el abastecimiento: también exige contratos de combustible estables, capacidad de procesamiento y una cadena internacional capaz de resistir interrupciones o cambios geopolíticos.
En ese contexto, el océano aparece como una reserva potencialmente gigantesca, pero no como una fuente lista para incorporarse de inmediato al mercado. La concentración del uranio disuelto es baja y obliga a desplegar grandes superficies de material durante periodos prolongados, de modo que el precio final dependerá de cuánto combustible capture cada línea y de cuántos ciclos pueda soportar.
Fluxnium también tendrá que demostrar que la operación marina puede mantenerse sin impactos ambientales relevantes y que la extracción posterior no introduce residuos peligrosos. La compañía afirma que su procedimiento no deja colas tóxicas, pero el desarrollo de proyectos a escala comercial requerirá validar esa afirmación mediante evaluaciones técnicas, permisos y controles regulatorios en las jurisdicciones donde pretenda operar.
Por ahora, la startup ofrece una respuesta tecnológica a una preocupación concreta de la industria: cómo ampliar el suministro de uranio sin depender únicamente de nuevas minas en regiones políticamente sensibles. Si consigue trasladar sus resultados de laboratorio a una red durable de fibras y boyas con costos competitivos, el océano podría convertirse en una reserva estratégica para la expansión nuclear, aunque ese resultado todavía pertenece al futuro y no a la capacidad instalada actual.
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