Por Canuto  

Kevin Warsh nombró a los líderes de cinco grupos de trabajo en la Reserva Federal, pero el de inteligencia artificial destaca por reunir a figuras claramente optimistas sobre el impacto económico de esta tecnología. El movimiento abre un nuevo frente dentro de la FED, donde persisten dudas sobre si la IA elevará la productividad con suficiente rapidez como para justificar tasas más bajas sin reavivar la inflación.
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  • Kevin Warsh presentó cinco grupos de trabajo en la FED, incluido uno dedicado al impacto económico de la inteligencia artificial.
  • El equipo de IA será liderado por Marc Andreessen, Charles I. Jones y Asha Sharma, todos con posturas favorables sobre el potencial transformador de la tecnología.
  • Aunque Warsh ve la IA como una posible fuerza desinflacionaria a largo plazo, dentro del FOMC persisten dudas por la incertidumbre en productividad y por el alza de precios en electricidad y semiconductores.

 


El presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, anunció los líderes de cinco grupos de trabajo creados para asesorar al banco central en áreas donde quiere impulsar cambios de política e institucionalidad.

Entre todos, el grupo dedicado a inteligencia artificial sobresale por una razón simple: sus integrantes comparten una visión marcadamente optimista sobre el efecto de la IA en el crecimiento económico y la productividad, detalla un reporte publicado por CNBC.

La misión formal de ese equipo será evaluar el impacto económico de nuevas tecnologías de uso general, incluida la inteligencia artificial, para informar el juicio de política de la Reserva Federal.

Warsh seleccionó personalmente a sus miembros. Ese detalle importa porque el presidente de la FED ha defendido desde hace tiempo que la IA podría convertirse en una fuerza transformadora para la economía de Estados Unidos.

Sin embargo, trasladar esa visión al centro del debate monetario no será sencillo. En las discusiones recientes dentro de la FED, varios funcionarios han mostrado cautela sobre el momento y la magnitud de las posibles ganancias de productividad derivadas de la IA.

Un grupo de trabajo alineado con la visión de Warsh

El grupo de trabajo sobre IA será liderado por tres asesores externos: el inversionista de capital de riesgo Marc Andreessen, el economista Charles I. Jones y la CEO de Xbox, Asha Sharma.

Los tres han hablado o escrito recientemente en términos muy positivos sobre el potencial económico de la inteligencia artificial. Esa coincidencia los alinea de manera clara con la lectura que ha defendido Warsh.

En junio, durante su primera conferencia de prensa como presidente de la FED, Warsh dijo que la adopción de la IA es quizá un cambio tan importante para la economía, los negocios y los hogares como cualquier otro que haya visto en su vida adulta.

Su postura ya venía de antes. En 2025, Warsh afirmó que los avances en IA podían ser una razón para que la FED redujera las tasas de interés, bajo la idea de que ayudarían a la economía a crecer más rápido sin generar presiones inflacionarias equivalentes.

Esa hipótesis toca un punto sensible en política monetaria. Si la productividad aumenta con fuerza, una economía puede expandirse más sin recalentarse, lo que alteraría la lectura tradicional sobre crecimiento, empleo e inflación.

Por eso este grupo no es un simple ejercicio académico. Sus conclusiones podrían influir en cómo la FED interpreta uno de los cambios tecnológicos más discutidos de la década.

Andreessen, Jones y Sharma: tres perfiles distintos, una misma apuesta

Marc Andreessen llega al grupo con un perfil conocido en Silicon Valley y con una larga relación personal con Warsh. Según informó CNBC, ambos mantienen amistad desde hace décadas.

Tras su salida de la FED en 2011, Warsh administró inversiones de capital de riesgo para Stanley Druckenmiller. Ese período amplió su red de contactos en Silicon Valley y también su patrimonio.

Andreessen construyó una fortuna tras participar en el desarrollo de algunos de los primeros navegadores web de Internet. En la actualidad, es uno de los defensores más visibles y enfáticos del potencial de la inteligencia artificial.

En mayo, durante una conversación con Joe Rogan, Andreessen resumió su entusiasmo con una frase muy citada: “Hemos convertido arena en pensamiento”. La referencia apuntaba al silicio como base física de los chips que impulsan la IA.

Charles I. Jones aporta una dimensión más académica al grupo. El economista tomó recientemente una licencia de la Universidad de Stanford para incorporarse al Instituto Anthropic, ligado a la firma de inteligencia artificial Anthropic.

Su investigación se ha concentrado en los efectos de la IA sobre el crecimiento económico. Ese trabajo lo convierte en una voz relevante para respaldar, con modelos y teoría, la idea de que la tecnología puede elevar de forma material la capacidad productiva.

En un artículo reciente, Jones señaló que el crecimiento per cápita de Estados Unidos ha promediado de manera consistente cerca de 2% durante gran parte de la historia del país.

Luego planteó un escenario mucho más agresivo. Escribió que, si la IA llega a automatizar casi todos los “eslabones débiles” de la economía, el crecimiento podría acelerarse significativamente y superar 5% anual.

El propio Jones matiza esa posibilidad en su análisis. También examina obstáculos para automatizar ciertos procesos y contempla trayectorias de crecimiento más bajas.

Aun así, su conclusión general es contundente. Para Jones, la inteligencia artificial probablemente será la tecnología más transformadora de la era moderna.

Asha Sharma completa el grupo desde una perspectiva operativa y empresarial. En febrero asumió como CEO de Xbox dentro de Microsoft.

Sharma ha expresado apoyo al potencial de la IA, aunque recientemente adoptó una posición menos agresiva en su aplicación directa al negocio de videojuegos de consola. En una entrevista con Bloomberg explicó que decidió no colocar la IA en primer plano dentro de Xbox.

Su argumento fue concreto. Dijo que los jugadores de consola no están entusiasmados con esa experiencia.

Eso no la ubica entre los escépticos. Sharma fue explícita al afirmar: “Ahora, ¿creo en la IA? Absolutamente”.

Ni Andreessen, ni Jones, ni Sharma respondieron de inmediato a solicitudes de comentarios. La Reserva Federal también se negó a comentar sobre el anuncio.

El verdadero desafío está dentro del FOMC

Aunque Warsh puede encontrar respaldo entre asesores externos, el centro del poder monetario sigue estando en el Comité Federal de Mercado Abierto, conocido como FOMC. Ese órgano es el que tiene autoridad para fijar las tasas de interés.

Las actas de la reunión de junio, publicadas esta semana, muestran que los miembros del FOMC sí discutieron la posibilidad de que la IA eleve la productividad. Pero el tono general fue más prudente que entusiasta.

Algunos participantes aceptaron la idea de que la productividad podría aumentar. Sin embargo, no dieron ese resultado por garantizado ni en el corto plazo ni con una magnitud suficiente como para redefinir ya la trayectoria de la política monetaria.

Las actas señalaron que seguía existiendo una incertidumbre considerable tanto sobre el momento como sobre la escala de las potenciales ganancias de productividad. Esa cautela refleja una tensión clásica dentro de la FED.

En otras palabras, incluso si la IA termina generando un salto de eficiencia, los funcionarios no saben todavía cuándo se verá con claridad en los datos macroeconómicos. Tampoco saben si ese impulso llegará antes de crear nuevas presiones sobre la demanda.

Esa diferencia entre promesa de largo plazo y efectos inmediatos es clave. Para un banco central, no basta con creer que una tecnología cambiará el mundo; también hace falta medir cómo altera precios, salarios, inversión y oferta agregada en el presente.

Por eso la visión de Warsh enfrenta un reto interno real. Convencer a la FED exigirá más que narrativa tecnológica y nombres prestigiosos.

El auge de la IA ya genera fricciones inflacionarias

Mientras se debate si la IA elevará la productividad, algunos efectos económicos ya son visibles. La rápida adopción de esta tecnología por parte de las grandes firmas tecnológicas de Estados Unidos está empezando a recalentar segmentos puntuales de la economía.

John Williams, presidente de la FED de Nueva York, dijo el jueves que le preocupan los aumentos de precios en electricidad y semiconductores derivados del auge de la IA. Esos dos insumos son esenciales para escalar centros de datos y capacidad computacional.

Williams describió la trayectoria de precios como un “palo de hockey”. Según su comentario, algunos componentes han duplicado e incluso triplicado su valor.

El funcionario definió la expansión de la IA como un “shock de demanda”. Esa descripción importa porque sugiere que la tecnología puede elevar rápidamente el consumo de energía, chips e infraestructura antes de que la oferta logre ponerse al día.

Si la oferta no crece al mismo ritmo, el resultado puede ser inflación sectorial o cuellos de botella con efectos más amplios. Ese riesgo tensiona la tesis de que la IA será automáticamente desinflacionaria en el corto plazo.

Para mercados acostumbrados a celebrar cualquier avance en inteligencia artificial, esta discusión introduce un matiz importante. La misma tecnología que promete eficiencia futura también puede encarecer hoy la base física que la hace posible.

Ese punto interesa especialmente a inversores en tecnología, semiconductores, energía e infraestructura digital. También resulta relevante para quienes siguen el vínculo entre IA, mercados financieros y expectativas de tasas.

Qué puede venir ahora para la FED y los mercados

La Reserva Federal volverá a reunirse a finales de julio. La expectativa general es que mantenga las tasas de interés sin cambios.

A corto plazo, el nuevo grupo de trabajo no alterará por sí solo esa decisión. Aun así, su creación señala que Warsh quiere incorporar con mayor fuerza la discusión tecnológica al marco conceptual del banco central.

Los grupos de trabajo anunciados por la FED deberían concluir sus labores hacia finales de año. Ese calendario deja abierta la posibilidad de que sus recomendaciones influyan en el debate de 2027 sobre crecimiento potencial, inflación estructural y tasas neutrales.

Para lectores interesados en IA, blockchain y activos de riesgo, el caso merece atención porque revela cómo una tecnología emergente pasa del entusiasmo corporativo a la formulación de política macroeconómica. Ese cruce suele terminar afectando valuaciones, liquidez y apetito por riesgo.

Si Warsh logra instalar la idea de que la IA aumentará de forma sustancial la productividad, podría reforzarse una visión más flexible sobre las tasas en el mediano plazo. Si predominan las dudas del FOMC, el mercado tendrá que convivir con una FED menos dispuesta a anticipar ese futuro.

Por ahora, el mensaje central es de contraste. La cúpula de la FED abrió la puerta a una lectura ambiciosa sobre la inteligencia artificial, pero el comité que decide el precio del dinero aún no está listo para comprarla por completo.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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