Por Canuto  

El juicio entre Elon Musk y OpenAI entró en una etapa crítica tras el cierre de los alegatos finales en Oakland. El jurado comenzará a deliberar mientras la jueza Yvonne Gonzalez Rogers se prepara para decidir sobre un caso que podría afectar la estructura de OpenAI, su liderazgo y el equilibrio competitivo en la carrera global por la inteligencia artificial.

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  • El jurado de nueve personas comenzará a deliberar el lunes, aunque su veredicto será consultivo y la decisión final recaerá en la jueza.
  • Musk acusa a Sam Altman, Greg Brockman, OpenAI y Microsoft de traicionar la misión sin fines de lucro y enriquecerse injustamente.
  • OpenAI sostiene que Musk conocía los planes de crear una entidad con fines de lucro y que demandó solo después de lanzar xAI.

 


La disputa judicial entre Elon Musk y OpenAI llegó a un punto clave el jueves, cuando ambas partes presentaron sus alegatos finales en un tribunal federal de Oakland, California.

El caso, seguido de cerca por Silicon Valley y por el sector tecnológico global, se ha convertido en una prueba de alto perfil sobre la gobernanza de la inteligencia artificial, el control corporativo y los límites entre una misión filantrópica y la búsqueda de beneficios.

La primera fase del juicio ya concluyó y el jurado de nueve personas, integrado por seis mujeres y tres hombres, comenzará a deliberar el lunes. Sin embargo, su veredicto será consultivo. La decisión final sobre la responsabilidad recaerá en la jueza federal Yvonne Gonzalez Rogers, quien además dirigirá desde ese mismo día una segunda etapa centrada en los posibles remedios si determina que hubo responsabilidad legal.

Musk demandó a OpenAI en 2024, junto con su director ejecutivo Sam Altman y su presidente Greg Brockman. El empresario sostiene que los demandados incumplieron el compromiso fundacional de mantener a OpenAI como una organización sin fines de lucro y que luego se enriquecieron injustamente mediante una estructura empresarial que, según su versión, traicionó el propósito original del proyecto.

La controversia no solo toca una vieja ruptura entre cofundadores. También coincide con un momento decisivo para el negocio de la IA. OpenAI, xAI de Musk y Anthropic, fundada por exdirectivos de OpenAI, avanzan hacia ofertas públicas iniciales previstas que podrían estar entre las mayores de la historia. Si Musk prevalece, podría alterar la estructura corporativa de OpenAI e incluso descarrilar sus planes de salida a bolsa.

Qué está en juego para Musk, OpenAI y Microsoft

Musk fue cofundador de OpenAI en 2015 y aportó alrededor de USD $38.000.000 durante sus primeros años. En el centro del caso está la pregunta de si esas contribuciones quedaron sujetas a condiciones permanentes vinculadas a la misión benéfica de la organización. Según su equipo legal, ese dinero terminó siendo usado para fines comerciales no autorizados, en una evolución que derivó en una empresa con fines de lucro y en el ascenso de Microsoft como principal inversionista.

Además de OpenAI, Altman y Brockman, Microsoft también figura como acusada. Musk la señala por supuestamente ayudar e incitar un incumplimiento de deber fiduciario caritativo. La defensa de Microsoft respondió que la compañía no tenía conocimiento de los hechos alegados y que, por lo tanto, no pudo haber participado en ese supuesto incumplimiento.

En enero, los abogados de Musk afirmaron que su cliente tenía derecho a reclamar hasta USD $134.000 millones en daños contra OpenAI y Microsoft, al calificarlos como ganancias indebidas. Más recientemente, su posición cambió en parte: ahora sostienen que cualquier beneficio mal habido debería ser restituido a la fundación de OpenAI, no entregado directamente a Musk.

El empresario también ha pedido una serie de medidas estructurales. Entre ellas, que se aparte a Altman y a Brockman de sus cargos y que se deshaga la recapitalización de OpenAI realizada en 2025. Si la jueza concluye que existe responsabilidad, la fase de remedios servirá para discutir precisamente ese tipo de consecuencias.

El debate sobre el plazo legal y la existencia de un fideicomiso benéfico

Antes incluso de entrar al fondo del conflicto, el jurado debe resolver una cuestión crítica: si Musk presentó su demanda dentro del plazo legal. Buena parte del testimonio se ha centrado en los primeros años de OpenAI, pero las reclamaciones por presunto incumplimiento de fideicomiso benéfico y enriquecimiento injusto están sujetas a una ventana temporal más limitada.

La defensa de OpenAI ha insistido en que Musk esperó demasiado tiempo para demandar y que no puede reclamar por daños ocurridos antes de agosto de 2021. La propia jueza dejó entrever la importancia de ese punto en una presentación judicial del mes pasado. Allí escribió que, si el jurado concluye que la demanda fue extemporánea, es muy probable que adopte esa conclusión y dicte sentencia a favor de los demandados.

Si el jurado considera que la acción fue presentada a tiempo, deberá pasar entonces a otro asunto complejo: si realmente existió un fideicomiso benéfico vinculante en OpenAI que luego fue vulnerado por sus directivos. Ese punto es particularmente delicado porque Musk, Altman y Brockman nunca firmaron un contrato que dejara por escrito ese supuesto acuerdo fundacional.

Ante esa ausencia, el equipo de Musk pidió al jurado considerar como prueba del entendimiento original los correos electrónicos intercambiados entre las partes, otras comunicaciones internas, contenidos del sitio web de OpenAI y hasta entrevistas públicas. La defensa de OpenAI respondió que esos materiales no constituyen un compromiso legal que impida a la empresa adaptar su estructura para cumplir su misión.

Los alegatos finales: credibilidad, dinero y ambición

Durante su exposición final, el abogado de Musk, Steven Molo, puso el foco en la credibilidad de Sam Altman. Recordó al jurado que cinco testigos, todos personas que lo conocían y habían trabajado con él, lo calificaron de mentiroso bajo juramento. Entre ellos mencionó a Musk, al cofundador Ilya Sutskever, a la exdirectora de tecnología Mira Murati y a las exmiembros de la junta Helen Toner y Tasha McCauley.

Molo sostuvo que la credibilidad de Altman está directamente en juego y que los demandados necesitan que el jurado le crea para poder ganar. En una de las metáforas más llamativas del cierre, pidió a los jurados imaginar un puente aterrador sobre un río y preguntó si lo cruzarían sabiendo que estaba construido sobre la versión de la verdad de Altman.

El abogado también insistió en que OpenAI no hizo de código abierto su tecnología, no priorizó la seguridad de la IA y no respetó las costumbres y prácticas propias de una organización sin fines de lucro. Según su versión, tanto directivos como inversionistas internos, entre ellos Altman, Brockman y Microsoft, se beneficiaron económicamente a expensas de Musk.

Hubo además un momento tenso por la cuestión monetaria. En un intercambio fuera de la presencia del jurado, la jueza reprendió a Molo por insinuar que Musk no estaba buscando dinero en la demanda. Aunque el empresario abandonó una petición de daños para sí mismo antes del juicio, todavía busca una suma no especificada para financiar actividades altruistas del brazo benéfico de OpenAI. La jueza fue tajante al señalar que ello equivale a reclamar miles de millones de dólares en restitución de ganancias.

La respuesta de OpenAI: Musk quería control y llegó tarde

La defensa de OpenAI, encabezada por Sarah Eddy y William Savitt, rechazó de forma frontal la narrativa de Musk. Eddy dijo al jurado que fue el propio Musk quien tergiversó los hechos sobre la fundación sin fines de lucro y la ruptura posterior con sus cofundadores. A su juicio, no existe prueba concreta de que Altman o Brockman hayan prometido que OpenAI mantendría para siempre una estructura no comercial.

Según OpenAI, Musk sabía ya desde 2017 que la organización evaluaba crear una entidad con fines de lucro para sostener su desarrollo. Eddy afirmó que él no solo conocía esos planes, sino que llegó a querer una OpenAI con fines de lucro bajo su dominio. En esa línea, sostuvo que el verdadero interés del empresario era controlar la futura inteligencia artificial general, o AGI, y no preservar una estructura benéfica por principios.

Eddy también recordó testimonios según los cuales Musk habló de que sus hijos heredaran el control de OpenAI. En sala, resumió esa idea de forma dura: dijo que él quería dominio sobre la AGI. Para la defensa, esa ambición explica por qué la discusión resultaba tan delicada y por qué el conflicto no nació de una supuesta traición moral, sino de una lucha de poder.

Savitt, por su parte, reforzó el argumento de que Musk demandó solo después de lanzar su startup rival xAI y de comprender que había cometido un gran error al alejarse de OpenAI. También aprovechó la ausencia del empresario en la sesión final, ya que Musk estaba en China junto al presidente Donald Trump y otros ejecutivos tecnológicos. “El señor Musk no está aquí hoy. Mis clientes sí”, dijo Savitt ante el jurado.

La defensa sostuvo además que ni siquiera las personas cercanas a Musk respaldaron completamente su versión. Entre los testimonios citados estuvo el de Shivon Zilis, quien dijo no recordar un acuerdo explícito sobre condiciones atadas al financiamiento aportado por Musk. Para OpenAI, esa falta de respaldo documental y testimonial muestra que nunca existió el compromiso perpetuo que hoy se intenta hacer valer en los tribunales.

Un juicio con implicaciones más allá del tribunal

La jueza Gonzalez Rogers ha mantenido una línea estricta durante el proceso. Ya había ganado notoriedad por supervisar otros casos tecnológicos de alto perfil, incluido el litigio antimonopolio entre Epic Games y Apple. Expertos citados por CNBC señalaron que los jueces suelen recurrir a jurados consultivos en casos muy visibles cuando buscan una lectura del sentir comunitario o una capa adicional de respaldo institucional.

Fuera del tribunal, el caso también atrajo protestas. Más de una docena de manifestantes criticaron tanto a Musk como a Altman, a quienes acusaron de erosionar el medio ambiente, el empleo y la salud mental de las personas. Algunos carteles pedían dejar de reemplazar trabajadores de la salud con sistemas conversacionales, mientras otros denunciaban que no hay futuro para los trabajadores en el mundo fascista de Musk y Altman.

El trasfondo de esas protestas es una preocupación más amplia sobre el rumbo de la IA. Mientras en el juicio se discuten estatutos, correos y donaciones, en el espacio público se debate quién controlará una tecnología que ya reordena industrias, concentra poder y abre preguntas sobre seguridad, empleo y responsabilidad social.

Según reportes de AP News y CNBC, el desenlace podría modificar de forma relevante el equilibrio de poder en el sector. Si Musk obtiene una victoria sustancial, OpenAI podría enfrentar cambios profundos en su estructura, en su liderazgo y en su hoja de ruta corporativa. Si pierde, quedará reforzada la tesis de que la transformación de OpenAI hacia un modelo con fines de lucro formó parte de una evolución conocida y aceptada por sus fundadores desde años atrás.

Por ahora, el caso entra en una semana decisiva. El jurado comenzará a deliberar, la jueza abrirá la discusión sobre posibles remedios y la industria tecnológica seguirá pendiente de una batalla legal que, más allá del choque de egos entre dos figuras de enorme influencia, podría dejar precedentes duraderos sobre cómo se gobierna la inteligencia artificial.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA.

 


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