Por Canuto  

John Deere prueba JD, un asistente de IA que permite a los agricultores consultar años de datos sobre sus campos y maquinaria. Mientras la agricultura enfrenta un ciclo débil, la empresa también se beneficia del auge de los centros de datos mediante la venta de equipos de construcción.

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  • El asistente JD responde preguntas sobre combustible, operadores, equipos y cosechas usando datos propios de cada granja.
  • John Deere asegura que no vende los datos agrícolas y que los usuarios pueden controlar su intercambio con terceros.
  • Las ventas de Construcción y Forestal subieron 18% hasta USD $3.600 millones, mientras Producción y Agricultura de Precisión cayó 6%.

 


John Deere comenzó a probar JD, un asistente de inteligencia artificial (IA) diseñado para responder preguntas sobre las operaciones y los equipos de los agricultores. La herramienta utiliza datos de campo, máquinas y actividades acumulados por cada cliente para ofrecer respuestas sobre configuración, consumo de combustible, rendimiento de operadores y posibles fechas de cosecha. Su propuesta busca transformar paneles e informes dispersos en una conversación directa con la información de la granja.

El sistema aparece inicialmente para clientes seleccionados de Estados Unidos dentro de John Deere Operations Center, una plataforma gratuita de gestión agrícola basada en la nube. Ese entorno conecta campos, maquinaria y equipos en un centro digital, por lo que JD puede consultar registros históricos que ya están asociados con las operaciones del usuario. La empresa no identificó públicamente qué tecnología o modelo de IA impulsa el asistente.

Entre las preguntas que un agricultor podría plantear están cómo se comparó el consumo de combustible durante el laboreo con los tres años anteriores o qué operador de una pulverizadora cubrió más acres por hora. También puede consultar cuándo sugieren las tendencias históricas que sería conveniente cosechar, aunque esas respuestas dependen de la calidad, el alcance y la interpretación de los datos disponibles. La herramienta no sustituye el criterio del productor, pero reduce el tiempo necesario para encontrar patrones en sus registros.

La compañía planea ampliar JD posteriormente a su sitio web, aplicaciones móviles y, con el tiempo, las pantallas instaladas en las cabinas de tractores y otros equipos agrícolas. John Deere también contempla capacidades adaptadas a clientes de los sectores de césped, construcción, construcción de carreteras y silvicultura. Esa hoja de ruta convertiría al chatbot en una capa de interacción más amplia para distintas líneas de maquinaria conectada.

Privacidad y control sobre los datos

El lanzamiento llega después de años de tensiones entre John Deere, los agricultores y la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos en torno al derecho a reparar la maquinaria. En ese contexto, la empresa acompañó el anuncio de su programa de acceso anticipado con una referencia a un compromiso de diez puntos sobre los datos agrícolas. La iniciativa intenta responder a una preocupación central del sector: quién controla la información generada por tractores, sensores y sistemas de posicionamiento.

Según ese compromiso, el agricultor controla los datos de su granja y John Deere no los vende. La empresa afirma que los utiliza únicamente conforme a sus acuerdos y políticas, y que comunicará con claridad cualquier modificación antes de que entre en vigor. También dice que exigirá a concesionarios y socios conectados prácticas transparentes en el manejo de esa información.

El documento agrega que John Deere puede utilizar datos agrícolas, así como información agregada y anonimizada, para mejorar el rendimiento de las máquinas y ofrecer conocimientos que ayuden a tomar decisiones. A cambio, la compañía sostiene que el usuario debería recibir un valor claro por los datos aportados. La formulación reconoce que la utilidad económica de la información debe resultar comprensible para quien la genera en el campo.

Los agricultores también pueden elegir con qué terceros compartir sus datos y con cuáles no, además de desactivar en cualquier momento el flujo de información hacia esos terceros. John Deere asegura que no emplea los datos agrícolas para negociar o especular con materias primas agrícolas, y promete seguir escuchando al sector para fortalecer sus prácticas. Estas garantías serán especialmente relevantes a medida que JD pase de una prueba limitada a un servicio integrado en más dispositivos.

La construcción gana terreno en el auge de la IA

La presentación de JD ocurrió durante un evento tecnológico de John Deere en Iowa, donde la empresa mostró tanto sus avances en agricultura de precisión como su maquinaria de construcción. Ground Level AI describió una compañía que lleva décadas incorporando GPS, sensores y conectividad a sus equipos, mucho antes de que la IA generativa se popularizara con herramientas conversacionales. Parte de esa trayectoria se relaciona con la adquisición de Blue River Technology en 2017, que fortaleció el uso de visión por computadora y aprendizaje automático para identificar malezas y automatizar tareas.

Sin embargo, la fortaleza reciente de John Deere no proviene principalmente de su negocio agrícola basado en IA. La empresa registró su primer aumento interanual de ganancias trimestrales en aproximadamente tres años y elevó su perspectiva anual, pero las ventas de Producción y Agricultura de Precisión cayeron 6% frente al año anterior. En contraste, las ventas de Construcción y Forestal aumentaron 18%, hasta USD $3.600 millones.

La explicación está vinculada con la infraestructura que requiere la expansión de la computación para inteligencia artificial. John Deere espera que las ventas de equipos de movimiento de tierras en Estados Unidos y Canadá crezcan entre 5% y 10%, impulsadas por proyectos de infraestructura a gran escala, centros de datos y energía. Sus excavadoras y otras máquinas amarillas no entrenan modelos de IA, pero ayudan a preparar los terrenos donde se levantan las instalaciones que alojan esa capacidad informática.

Jahmy Hindman, director de tecnología de John Deere, reconoció que la compañía se ha beneficiado del auge de construcción asociado con los centros de datos. Según explicó, la capacidad de cómputo que se incorporará durante los próximos dos o tres años no tiene precedentes en la historia de la humanidad y probablemente desplazará actividades y recursos. El contraste con la agricultura resulta evidente: mientras el negocio rural enfrenta ciclos marcados por clima, precios de materias primas y geopolítica, el movimiento de tierra cuenta actualmente con una demanda muy fuerte.

La disputa local por tierras, agua y energía

El crecimiento de los centros de datos también genera conflictos dentro de comunidades agrícolas de Iowa. En Salix, un pueblo del noroeste del estado, cerca de 900 acres de tierras de cultivo fueron anexados para un posible proyecto de centro de datos, una decisión que provocó meses de oposición entre residentes. Sus preocupaciones abarcan la pérdida de suelo agrícola, el valor de las propiedades y los efectos que una instalación de gran escala tendría sobre la vida local.

En julio, el Concejo Municipal de Salix votó 3-2 a favor de avanzar con una moratoria temporal al desarrollo de centros de datos. La medida fue discutida en medio de posiciones encontradas entre residentes que apoyan y rechazan el posible proyecto. Ames, ciudad cercana donde John Deere realizó su jornada tecnológica, también debate un proyecto de este tipo y analiza sus posibles efectos sobre los servicios públicos, el ambiente y la calidad de vida. El avance de la infraestructura digital, por tanto, no se percibe de la misma manera en todos los territorios donde se instala.

Hindman sostuvo que, a escala nacional, los centros de datos no representan una amenaza significativa para las tierras agrícolas de Norteamérica cuando se compara el terreno utilizado con la superficie total dedicada al cultivo. No obstante, admitió que el impacto puede sentirse de forma muy distinta en una comunidad específica, donde una sola instalación puede presionar las tarifas eléctricas, el consumo de agua y la disponibilidad de empleo. La diferencia entre la escala nacional y la experiencia local alimenta buena parte de la controversia.

El ejecutivo también planteó que el conflicto está relacionado con una pregunta básica: quién recibe los beneficios de la inversión. A su juicio, ha existido una comunicación ineficaz sobre las ventajas de los centros de datos y sobre los grupos que realmente las capturarán, por lo que una parte de esos beneficios debería llegar a las comunidades anfitrionas. La discusión toca un punto sensible para John Deere, una empresa profundamente asociada con los agricultores mientras vende equipos destinados a construir la infraestructura que algunas zonas rurales cuestionan.

De la conversación a la autonomía

Para Hindman, la IA aplicada a maquinaria enfrenta hoy menos obstáculos que hace una década porque mejoraron la disponibilidad de cómputo, el acceso a datos y la capacidad de trasladar esos datos hasta el lugar donde se utilizan. Esos tres problemas, afirmó, se han resuelto en gran medida, lo que permite a las empresas diferenciar sus productos mediante inteligencia a escala. John Deere todavía considera que se encuentra en una etapa inicial para definir cómo aprovechar plenamente esa oportunidad.

JD representa un anticipo de las posibilidades abiertas por la IA generativa, pero la ambición de la empresa va más allá de conversar con informes agrícolas. Hindman destacó el interés por desarrollar robótica de extremo a extremo, en la que una red neuronal aprenda una parte mayor del proceso que hoy separa la percepción del entorno y la respuesta de la máquina. Actualmente, los sistemas autónomos combinan visión por computadora y aprendizaje automático con reglas que indican, en esencia, qué hacer cuando detectan una situación determinada.

El paso hacia modelos más capaces tendrá consecuencias físicas dentro de tractores y pulverizadoras. Las máquinas actuales utilizan procesadores Nvidia Orin que ejecutan modelos de IA para procesar en tiempo real los datos de cámaras y sensores, y John Deere puede enfriarlos de manera pasiva porque consumen aproximadamente entre 50 y 60 vatios. En cambio, el procesador Nvidia Thor podría requerir cerca de 150 a 200 vatios a las velocidades que la empresa considera útiles, lo que produciría mucho más calor.

Instalar un ventilador parece una solución sencilla, pero el entorno agrícola complica esa alternativa: polvo, residuos suspendidos y químicos corrosivos pueden dañar componentes que no estén protegidos. Deere estudia cómo introducir mayor capacidad de cómputo sin sacrificar la durabilidad que sus máquinas necesitan para trabajar en esas condiciones, y Hindman indicó que el avance no está lejos en el tiempo. La próxima generación de equipos deberá resolver simultáneamente problemas de software, energía, refrigeración y resistencia mecánica.

La estrategia deja a John Deere en ambos lados del auge de la IA. Sus máquinas agrícolas utilizan sensores, cámaras y aprendizaje automático para detectar malezas, aplicar productos con precisión y avanzar hacia una operación más autónoma, mientras sus equipos amarillos mueven la tierra para construir centros de datos, redes eléctricas y otras obras relacionadas. El chatbot JD es apenas una manifestación visible de una transformación más amplia, cuyo éxito dependerá tanto de la utilidad para el agricultor como de la confianza en el uso de sus datos.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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