Por Canuto  

Irán y Estados Unidos enfriaron las expectativas de un avance inmediato para cerrar la guerra de tres meses, aunque el mercado petrolero reaccionó con alivio ante la posibilidad de un entendimiento. El Estrecho de Ormuz, el uranio enriquecido y la liberación de fondos iraníes congelados siguen marcando el ritmo de una negociación cargada de tensión.
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  • Marco Rubio dijo que Washington dará espacio a la diplomacia, pero advirtió que si no hay un buen acuerdo, actuará de otra manera.
  • Teherán aseguró que un pacto con Estados Unidos no es inminente y señaló que por ahora negocia el fin de la guerra, no el tema nuclear.
  • El petróleo cayó 5% ante el optimismo del mercado, aunque persisten riesgos para la energía, los alimentos y los fertilizantes.


Irán y Estados Unidos rebajaron este lunes las expectativas de un avance inmediato para poner fin a la guerra que comenzó hace tres meses, pese a que el mercado petrolero reaccionó con optimismo ante la posibilidad de un entendimiento. La negociación gira alrededor de tres ejes sensibles: la reapertura del Estrecho de Ormuz, el futuro del programa nuclear iraní y la liberación de fondos petroleros de Teherán que permanecen congelados en bancos extranjeros.

Para los mercados globales, el punto más delicado es Ormuz. Antes del conflicto, por esa vía transitaba una quinta parte de los envíos mundiales de petróleo y gas natural licuado. Por eso, cualquier señal sobre una eventual normalización tiene impacto inmediato en el precio de la energía, con implicaciones que van mucho más allá de Medio Oriente.

El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, declaró en Nueva Delhi que Washington dará a la diplomacia todas las oportunidades para prosperar antes de explorar “alternativas”. También advirtió que habrá un buen acuerdo o el gobierno estadounidense tratará con Irán “de otra manera”, en una frase que subraya la presión que sigue pesando sobre las conversaciones.

Rubio añadió que hay “algo bastante sólido sobre la mesa” respecto a la capacidad de Irán para abrir el estrecho, lograr que el estrecho se abra y entrar en una negociación “muy real, significativa y de duración limitada” sobre la cuestión nuclear. La declaración sugiere que, al menos desde la óptica de Washington, sí existe una base de trabajo más definida que en etapas anteriores.

Teherán enfría la idea de un acuerdo cercano

Desde el lado iraní, el tono fue más cauto. Esmaeil Baghaei, portavoz del ministerio de Exteriores, afirmó que Irán está negociando el fin de la guerra y que actualmente no discute cuestiones nucleares. Según dijo, se ha alcanzado un marco de entendimiento, pero nadie puede asegurar que un acuerdo entre Estados Unidos e Irán sea inminente.

Baghaei también precisó que el posible memorando de entendimiento no contiene detalles específicos sobre la gestión del Estrecho de Ormuz, al señalar que esa vía marítima pertenece a los países costeros. El matiz es importante porque muestra que, incluso si existe una hoja de ruta preliminar, aún faltan definiciones operativas sobre uno de los temas más sensibles del proceso.

Un día antes, Donald Trump escribió en Truth Social que el bloqueo estadounidense sobre los barcos iraníes en el Estrecho de Ormuz “seguirá plenamente vigente y en efecto hasta que se alcance, certifique y firme un acuerdo”. El presidente añadió que “ambas partes deben tomarse su tiempo y hacerlo bien”, una postura que combina presión militar con prudencia política.

Ese mismo contraste se había visto el sábado, cuando Trump elevó las expectativas de un acuerdo cercano al afirmar que Washington y Teherán habían “negociado en gran medida” un memorando de entendimiento para un acuerdo de paz que reabriría el estrecho. Sin embargo, las declaraciones posteriores de ambas partes dejaron claro que el cierre definitivo aún está lejos.

Los puntos de fricción siguen abiertos

Más allá del optimismo parcial de los mercados, las dos partes siguen enfrentadas en varios asuntos difíciles. Entre ellos figuran las ambiciones nucleares de Irán, la guerra de Israel en Líbano con Hezbolá, milicia respaldada por Teherán, y las exigencias iraníes de que se levanten sanciones y se liberen decenas de miles de millones de dólares en ingresos petroleros congelados en el exterior.

Un alto funcionario de la administración Trump, citado bajo condición de anonimato por CNBC, describió los contornos más recientes de la negociación. Según esa versión, Irán aceptó “en principio” abrir el Estrecho de Ormuz a cambio de que Estados Unidos levante su bloqueo naval y, además, deshacerse del uranio altamente enriquecido acumulado por Teherán.

Ese mismo funcionario dijo que Washington entiende que el líder supremo de Irán, el ayatolá Mojtaba Jamenei, ha respaldado la plantilla general del acuerdo. También rechazó las sugerencias de que Teherán no hubiera aceptado desprenderse de sus reservas de uranio enriquecido y resumió la diferencia actual con una frase breve: “Es una cuestión de cómo”.

Un segundo alto funcionario de la administración señaló el domingo que el marco propuesto daría a los negociadores 60 días para alcanzar un acuerdo final. De acuerdo con fuentes iraníes citadas por Reuters en la nota original, en etapas posteriores podrían surgir “fórmulas factibles” para resolver la disputa sobre esas reservas, incluida la dilución del material bajo supervisión del organismo de control nuclear de la ONU.

Ormuz, peajes y el impacto en la energía global

Baghaei sostuvo el lunes que Irán no cobraría peajes por el paso por el Estrecho de Ormuz, aunque matizó que es “normal que los servicios prestados requieran un precio”. La frase refleja un margen de ambigüedad sobre los costos y condiciones que podrían imponerse en caso de restablecerse un tránsito más regular por una de las rutas energéticas más críticas del planeta.

El mercado reaccionó con rapidez a la percepción de que un acuerdo, aunque lejano, sigue siendo posible. Los precios del petróleo cayeron 5% el lunes hasta mínimos de dos semanas. La baja respondió al creciente optimismo de que Washington y Teherán podrían acercarse a un arreglo de paz tras meses de guerra y disrupción regional.

Sin embargo, el alivio en las cotizaciones no implica que la crisis energética haya terminado. Un eventual acuerdo que refuerce el actual alto el fuego sería positivo para los mercados, pero no desactivaría de inmediato las presiones globales sobre combustible, fertilizantes y alimentos. La volatilidad sigue siendo elevada porque la infraestructura comercial y el equilibrio político de la región continúan bajo presión.

Para lectores que siguen principalmente mercados, este punto es clave. Cuando una ruta como Ormuz queda comprometida, no solo sube el petróleo. También se encarece la cadena logística, aumenta el costo de producción agrícola por el precio de los fertilizantes y se intensifica la incertidumbre macroeconómica, un factor que termina afectando a activos de riesgo, divisas y materias primas.

Un alto el fuego frágil en medio de la presión política

Irán ha negado durante mucho tiempo las acusaciones de Estados Unidos e Israel de que busca armas nucleares. Teherán sostiene que tiene derecho a enriquecer uranio con fines civiles, aunque la pureza alcanzada supera con amplitud la necesaria para la generación eléctrica. Esa diferencia sigue siendo uno de los obstáculos más complejos para cualquier arreglo duradero.

El conflicto actual comenzó el 28 de febrero, impulsado por Estados Unidos e Israel, y un frágil alto el fuego se mantiene desde comienzos de abril. La continuidad de esa tregua ha dado una ventana diplomática, pero todavía no resuelve el fondo del problema. Cada declaración contradictoria muestra que la negociación avanza con cautela y bajo fuertes límites políticos.

Trump, cuyas tasas de aprobación se han visto afectadas por el impacto de la guerra en los precios de la energía en Estados Unidos, ha insistido varias veces en la posibilidad de un acuerdo. Además, el presidente ha enfrentado esfuerzos del Congreso para limitar sus poderes de guerra, lo que añade presión interna a la forma y al ritmo de las conversaciones con Teherán.

El domingo, respondió a quienes cuestionan su manejo del proceso y su disposición a negociar con Irán. “Si hago un acuerdo con Irán, será bueno y apropiado … Así que no escuchen a los perdedores, que critican algo de lo que no saben nada”, escribió. La declaración refuerza la idea de que la Casa Blanca intenta proyectar control, aunque el resultado final sigue siendo incierto.

El costo humano del conflicto sigue pesando sobre cualquier discusión diplomática. Según la información citada en la nota original, el bombardeo de Irán por parte de Estados Unidos e Israel mató a miles de personas en Irán antes de que se suspendiera a inicios de abril. Israel también ha matado a miles más y desplazado a cientos de miles de sus hogares en Líbano durante su ofensiva contra Hezbolá.

Al mismo tiempo, los ataques iraníes contra Israel y estados vecinos del Golfo han causado decenas de muertes. Ese trasfondo explica por qué, aunque el mercado celebre cada señal de distensión, la idea de un avance inminente sigue siendo prematura. Hoy, la negociación existe, pero la paz todavía depende de resolver desacuerdos que tocan seguridad, sanciones, energía y poder regional.


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Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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