Por Canuto  

Funcionarios estadounidenses acusan a Cosco Shipping de operar equipos ocultos para recopilar señales militares desde algunos de sus buques, una denuncia que China rechaza y que podría reavivar las tensiones comerciales y portuarias entre ambas potencias.
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  • Funcionarios estadounidenses aseguran que Cosco mantiene una relación de décadas con la inteligencia de Pekín.
  • La naviera opera una flota global de cientos de buques y se encuentra entre las mayores compañías de transporte de contenedores del mundo.
  • China niega las acusaciones, mientras Washington no aclara si aplicará nuevas medidas contra los buques señalados.


Funcionarios estadounidenses acusaron a Cosco Shipping, una de las mayores navieras de China, de utilizar algunos de sus buques para recopilar inteligencia cerca de las costas de Estados Unidos y otros países. Según funcionarios citados por Reuters, la compañía estatal habría empleado equipos ocultos a bordo para interceptar comunicaciones militares, estudiar tecnologías de comunicación y seguir rutas marítimas de importancia estratégica.

La denuncia coloca a una de las empresas más importantes del transporte global en el centro de la rivalidad geopolítica entre Washington y Pekín. El caso también añade presión sobre una relación comercial que ya enfrenta aranceles, restricciones logísticas y posibles nuevas tarifas por atraque en puertos estadounidenses, justo antes de una reunión prevista entre el presidente estadounidense Donald Trump y el presidente chino Xi Jinping.

Una acusación contra una flota global

Cosco Shipping se encuentra entre las principales navieras del mundo por capacidad de transporte de contenedores y opera una flota de cientos de buques. La escala de sus operaciones le permite cubrir rutas comerciales en Asia, Europa y Norteamérica, además de acceder a puertos estratégicos para el comercio internacional.

El informe no precisa cuántos buques podrían llevar los equipos supuestamente destinados a la recopilación de señales. Los funcionarios estadounidenses describieron los dispositivos como plataformas sofisticadas de inteligencia de señales, diferenciándolos del hardware convencional empleado para las comunicaciones operativas de una embarcación.

De acuerdo con las acusaciones, esos sistemas permitirían a China recoger señales emitidas por buques y aeronaves que operan en Europa, Norteamérica y Asia. La información incluiría indicios sobre tecnologías de comunicaciones militares y desarrollos de cifrado, aunque los funcionarios no detallaron la naturaleza exacta de los dispositivos ni presentaron públicamente pruebas específicas sobre cada barco.

La dimensión comercial de la flota vuelve especialmente sensible el señalamiento, porque los portacontenedores recorren rutas vinculadas con el comercio internacional y acceden a puertos estratégicos. La misma infraestructura que mueve mercancías puede ofrecer, según la hipótesis estadounidense, una plataforma discreta para observar actividad marítima, registrar patrones de navegación y seguir corredores utilizados también por fuerzas militares.

La respuesta de China y el marco legal

La embajada de China en Washington rechazó categóricamente las acusaciones. Liu Chang, portavoz de la representación diplomática, afirmó que Pekín se opone a difamar al país mediante una narrativa de recopilación de inteligencia que calificó de completamente infundada.

Chang sostuvo que el gobierno chino nunca pediría a una empresa o a una persona que recopilara o entregara datos, información o inteligencia ubicados en el extranjero en contra de las leyes locales. Esa declaración busca separar las operaciones comerciales de Cosco de las actividades de inteligencia que Washington atribuye a una relación institucional de larga duración.

Sin embargo, la información también recuerda que una ley china formulada en términos amplios exige que las empresas del país apoyen el trabajo de inteligencia gubernamental cuando reciben una solicitud. Ese marco alimenta las preocupaciones estadounidenses, aunque por sí solo no demuestra que Cosco haya instalado equipos de espionaje ni que todos sus buques participen en una operación coordinada.

La diferencia entre una obligación legal general y una actividad concreta será central para cualquier respuesta oficial. Mientras China presenta las acusaciones como una campaña de estigmatización, Estados Unidos deberá determinar si cuenta con evidencia suficiente para identificar embarcaciones, describir los equipos y justificar medidas que podrían afectar el comercio marítimo bilateral.

Presión militar, portuaria y comercial

El Departamento de Defensa de Estados Unidos incluyó a Cosco en enero de 2025 en su lista de empresas consideradas militares, menos de dos semanas antes de la investidura de Trump. La designación se relacionó con el transporte de carga militar para el Ejército Popular de Liberación y también alcanzó a otras compañías logísticas, constructoras navales y fabricantes de contenedores chinos.

La medida impide que las operaciones militares estadounidenses envíen carga en barcos de Cosco o de su filial Orient Overseas Container Line, conocida como OOCL. No obstante, la designación no prohíbe que esas empresas atraquen en puertos de Estados Unidos ni que utilicen sus instalaciones para actividades comerciales.

Un informe publicado en abril del año pasado por el U.S. Naval War College ya había señalado que probablemente el Ejército Popular de Liberación aprovechaba las flotas pesqueras y la marina mercante de China para recopilar inteligencia y realizar vigilancia. La nueva acusación contra Cosco amplía ese debate desde embarcaciones auxiliares y pesqueras hacia una de las mayores redes comerciales de transporte marítimo del planeta.

Washington todavía no ha aclarado si adoptó o planea adoptar medidas adicionales para rastrear los barcos de bandera china señalados, ni si prepara contramedidas más activas. La incertidumbre deja abierta la posibilidad de inspecciones, restricciones específicas o nuevas acciones administrativas, pero cualquier decisión podría aumentar los costos logísticos y profundizar la desconfianza entre ambas economías.

El riesgo de nuevas tarifas en puertos de EE. UU.

Cosco también debe considerar el posible regreso de las tarifas de atraque aplicadas a determinados buques chinos en puertos estadounidenses. Esas tarifas estuvieron vigentes durante dos semanas el año pasado antes de que Washington las aplazara por un año completo, una pausa que evitó por ahora una carga adicional sobre las navieras.

Durante la primera semana de aplicación, Cosco y OOCL habrían acumulado en conjunto casi USD $43 millones en tarifas. Las proyecciones indicaban que las empresas podrían pagar más de USD $2.100 millones en recargos por un año completo de escalas portuarias, una cifra capaz de alterar decisiones de rutas, precios de transporte y planificación de cadenas de suministro.

La acusación de espionaje llega, por tanto, mientras la naviera enfrenta un riesgo comercial que no depende únicamente de sus resultados operativos. Reportes sobre el calendario de las medidas sitúan su eventual reanudación a mediados de octubre, aunque su aplicación concreta y cualquier prórroga dependerán de las decisiones de Washington y de las negociaciones con Pekín.

El encuentro entre Trump y Xi podría convertirse en un punto de inflexión para Cosco y para el transporte marítimo internacional. Las tensiones aumentaron a comienzos del año pasado, cuando la guerra comercial llevó brevemente los aranceles hasta 145%, aunque reuniones celebradas en septiembre del año pasado y en mayo de este año parecieron reducir algunas preocupaciones geopolíticas inmediatas.

Una disputa con impacto más allá de los puertos

El caso muestra cómo la infraestructura comercial puede convertirse en un asunto de seguridad nacional cuando las grandes potencias compiten por el control de rutas, datos y tecnologías estratégicas. Un portacontenedores no necesita abandonar su función principal para generar sospechas, porque su presencia constante cerca de instalaciones militares y corredores marítimos puede ofrecer una ventana de observación difícil de distinguir de la actividad comercial ordinaria.

Para los operadores logísticos, la controversia eleva el riesgo regulatorio asociado con trabajar con empresas chinas, incluso cuando las operaciones no tienen un vínculo directo con contratos militares. Una designación administrativa, una tarifa portuaria o una acusación de inteligencia puede modificar costos y tiempos de tránsito sin que exista una prohibición general para el uso de los puertos estadounidenses.

La situación también plantea un problema de transparencia para Cosco, que tendrá que enfrentar preguntas sobre sus sistemas de comunicaciones, sus protocolos internos y cualquier cooperación exigida por autoridades chinas. La empresa no aparece, en la información disponible, como autora de una respuesta pública detallada a cada señalamiento, mientras la embajada de China concentra su defensa en negar la narrativa general.

El desenlace dependerá de si Estados Unidos presenta evidencia adicional y de cómo evolucione la negociación política entre ambos gobiernos. Hasta entonces, las acusaciones deben entenderse como alegatos de funcionarios estadounidenses, no como una conclusión judicial, pero su impacto ya alcanza la seguridad marítima, el comercio global y la posibilidad de nuevos costos para una de las flotas más grandes del mundo.


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Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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