Estados Unidos quiere que el G20 responda a la deuda global récord con crecimiento, inversión y menos regulaciones, mientras enfrenta las tensiones energéticas en torno a Irán, las disputas comerciales con China y la incertidumbre sobre el impacto de la IA.
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- La deuda mundial alcanzó casi USD $353 billones en el primer trimestre de 2026, elevando las dudas sobre la estabilidad financiera.
- Scott Bessent defendió el crecimiento como la principal vía para aliviar el peso de la deuda y cuestionó que exista una turbulencia significativa en los bonos.
- Washington también busca aislar a Irán, presionar a China para que impulse el consumo interno y reducir los desequilibrios comerciales.
Una agenda centrada en el crecimiento
La delegación estadounidense llegó a la reunión del G20 con una propuesta directa: acelerar el crecimiento económico para enfrentar el aumento de la deuda global. El encuentro de dos días se celebra el lunes 31 de agosto y el martes 1 de septiembre de 2026 en Asheville, Carolina del Norte, con ministros de Finanzas, banqueros centrales y representantes empresariales reunidos bajo la presión de varios riesgos simultáneos.
La economía mundial enfrenta tensiones energéticas vinculadas con el conflicto en torno a Irán, mientras las tensiones comerciales aumentan por el enorme superávit de bienes de China. Al mismo tiempo, los gobiernos y los mercados intentan anticipar cómo evolucionará la ola de inversión en inteligencia artificial, que está redirigiendo capital hacia infraestructura tecnológica y modificando las expectativas sobre productividad y demanda de financiamiento.
La deuda mundial alcanzó casi USD $353 billones durante el primer trimestre de este año, un récord que reavivó las dudas sobre la estabilidad financiera. El aumento llevó a algunos inversionistas a reevaluar incluso activos considerados refugios tradicionales, entre ellos los bonos del Tesoro de Estados Unidos, cuyos rendimientos también reflejan cambios en la demanda global de capital.
Scott Bessent, secretario del Tesoro de Estados Unidos, sostuvo al inicio de la reunión que el crecimiento representa la salida más viable para las economías que acumularon obligaciones después de la crisis financiera global de 2007 a 2009 y de la pandemia de COVID-19. “El mundo está ahogado en deuda tras la crisis financiera global, tras el COVID, y la única forma de salir de esto es creciendo”, afirmó, según Reuters.
La inversión en IA cambia los mercados
Kevin Warsh, presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, participó por primera vez en una reunión internacional de política económica desde que asumió el cargo en mayo. El funcionario dijo que esperaba conocer mejor las perspectivas de crecimiento de las economías miembros y describió el momento actual como una posible ola de inversión global.
Warsh planteó que esa ola está absorbiendo parte del exceso global de ahorro que durante años permaneció sin utilizar debido a la escasez de oportunidades atractivas. La expansión de proyectos vinculados con inteligencia artificial, centros de datos e infraestructura tecnológica ofrece ahora nuevos destinos para ese capital, aunque también puede contribuir a elevar los costos de financiamiento en los mercados de deuda.
En Estados Unidos, las inversiones en infraestructura para IA han respaldado el crecimiento y, al mismo tiempo, podrían haber influido en el alza de los rendimientos de los bonos del Tesoro. La explicación presentada por Bessent es que esos proyectos absorben ahorros que antes fluían hacia la deuda estadounidense, una dinámica que había ayudado a mantener bajos los costos de endeudamiento del país.
La relación entre inversión tecnológica y deuda añade una tensión a la agenda del G20: un mayor gasto productivo puede impulsar la actividad, pero también competir por el ahorro disponible. Para los mercados, la pregunta no consiste únicamente en cuánto crecerá la IA, sino en si ese crecimiento será suficiente para compensar el costo de financiar déficits públicos elevados y obligaciones acumuladas.
Desregulación, energía y obstáculos internos
La administración Trump presentó el crecimiento como un resultado que puede fortalecerse mediante la liberación del sector privado, la desregulación y una mayor producción de energía. Esa visión quedó reflejada en una sesión del G20 con líderes empresariales, a la que debían asistir ministros de Finanzas y banqueros centrales para discutir los impedimentos que limitan la expansión económica.
Bessent argumentó que el crecimiento mundial ha operado por debajo de su potencial durante demasiado tiempo. En su intervención, señaló que los problemas actuales ya no deberían atribuirse a “fallos de política de nuestra propia creación”, una afirmación que coloca el foco en reformas estructurales y en la capacidad de los gobiernos para reducir trabas al capital privado.
El Tesoro estadounidense identificó varios obstáculos que, según Bessent, deberían ser abordados por los países del G20. Entre ellos mencionó cargas regulatorias y administrativas excesivas, incentivos financieros y sistemas fiscales mal diseñados, además de una inversión pública y privada insuficiente.
La lista también incluyó la fragmentación de los mercados internos y las carencias en las habilidades y la movilidad de la fuerza laboral. En conjunto, esos factores apuntan a una discusión que va más allá de las tasas de interés, porque vincula la sostenibilidad de la deuda con la productividad, la inversión, la capacitación y la posibilidad de que las empresas operen con menos barreras.
Bonos estadounidenses y presión sobre China
Antes de las conversaciones, Bessent restó importancia al escrutinio creciente sobre los niveles de deuda de Estados Unidos. El secretario sostuvo que el país se encuentra en una posición más fuerte que muchas economías avanzadas porque continúa creciendo, incluso mientras mantiene grandes déficits presupuestarios.
En una entrevista concedida el domingo, Bessent cuestionó la idea de que exista una turbulencia significativa en el mercado de bonos. “Antes que nada, no estoy seguro de dónde está la turbulencia en el mercado de bonos”, dijo, antes de añadir que el crecimiento estadounidense también era un elemento importante para evaluar la situación.
Washington llegó además con el objetivo de persuadir a otros miembros del G20 para que aíslen a Irán, incluso mediante la amenaza de sanciones secundarias. La estrategia busca poner fin a un enfrentamiento de varios meses en torno al estrecho de Ormuz, conflicto que ha perturbado los suministros globales de energía y amenaza con ampliar las presiones sobre inflación, transporte y actividad industrial.
Otro frente prioritario es la relación comercial con China. Estados Unidos quiere que los miembros del G20 revisen sus términos de intercambio con Pekín para reducir los desequilibrios globales y presionen a la segunda economía mundial para que dependa menos de las exportaciones y fortalezca el consumo interno.
Negociaciones bilaterales y próximos riesgos
Bessent afirmó que el mundo no puede sostener una China con un superávit comercial de USD $1,2 billones. La cifra corresponde al superávit comercial registrado por China durante 2025. A su juicio, la economía china es relativamente débil y está intentando exportar para superar sus dificultades, cuando debería reequilibrarse hacia una mayor demanda doméstica.
El secretario informó a CNBC que mantuvo el domingo una “reunión muy sólida” con Pan Gongsheng, gobernador del banco central de China, aunque declinó ofrecer detalles sobre la conversación. La reunión bilateral adquiere relevancia porque el debate sobre el superávit chino combina asuntos comerciales, perspectivas de crecimiento y la distribución global del ahorro.
Bessent también confirmó que se reuniría con su homólogo canadiense al margen del encuentro. Canadá anunció aranceles de represalia que entrarían en vigor en los días siguientes, después de que fracasaran la semana anterior las negociaciones destinadas a evitar nuevos gravámenes punitivos de Estados Unidos.
El G20 enfrenta así una agenda en la que la deuda, la energía, el comercio y la tecnología están estrechamente conectados. El crecimiento puede aliviar la relación entre ingresos y obligaciones, pero la reunión también muestra que ese objetivo depende de resolver conflictos geopolíticos, corregir desequilibrios comerciales y convertir la inversión en IA en productividad duradera, no solo en una nueva fuente de demanda financiera.
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