Por Canuto  

Palantir enfrenta una creciente crisis interna después de que empleados actuales y antiguos cuestionaran el rumbo ético de la compañía, su trabajo con ICE y su posible papel en operaciones militares de alto impacto. El malestar también alcanza al liderazgo de Alex Karp, acusado por trabajadores de ignorar preocupaciones sobre libertades civiles, transparencia y el uso político de la IA.

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  • Empleados de Palantir expresaron en canales internos su preocupación por contratos con ICE y por el papel de la empresa en la agenda migratoria de Donald Trump.
  • El malestar aumentó tras debates sobre auditoría, filtraciones en Slack, un ataque con misiles en Irán y declaraciones políticas de Alex Karp sobre IA y poder electoral.
  • La dirección defendió su cultura de debate y su trabajo con gobiernos de distintos signos políticos, pero varios trabajadores creen que sus objeciones ya no influyen en las decisiones.

 


La firma de software Palantir atraviesa un momento de fuerte tensión interna, en medio de cuestionamientos de empleados actuales y antiguos sobre el rumbo que ha tomado la empresa bajo el segundo mandato del presidente Donald Trump.

Las preocupaciones se concentran en los contratos de la compañía con agencias de seguridad y defensa de Estados Unidos, especialmente su trabajo con Immigration and Customs Enforcement (ICE) y su posible participación tecnológica en operaciones militares.

Según informó WIRED, el malestar acumulado durante meses ya no se limita a conversaciones privadas. Dentro de la empresa, trabajadores comenzaron a plantear abiertamente dudas sobre libertades civiles, vigilancia, deportaciones, transparencia corporativa y los mensajes políticos del CEO Alex Karp. Para varios de ellos, el problema ya no es solo reputacional, sino moral.

Palantir fue fundada tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, en un contexto de expansión de las políticas de seguridad nacional en Estados Unidos. La compañía, cofundada por Peter Thiel con inversión inicial vinculada a la CIA, construyó su negocio alrededor de plataformas de agregación y análisis de datos utilizadas por gobiernos, fuerzas armadas y grandes empresas.

Durante años, muchos empleados asumieron las críticas externas como parte del costo de trabajar en una firma estrechamente ligada a inteligencia, defensa y vigilancia. Sin embargo, un año dentro del nuevo mandato de Trump, varios trabajadores comenzaron a sentir que Palantir ya no solo convivía con decisiones controvertidas del poder, sino que ayudaba a hacerlas posibles.

Una crisis de identidad dentro de Palantir

Un exempleado resumió esa percepción al explicar que la narrativa histórica de la empresa era evitar que el impulso por más seguridad terminara erosionando las libertades civiles. En su opinión, la situación actual invierte ese propósito. Dijo que la amenaza ahora viene desde dentro y que Palantir parece estar facilitando abusos que, en teoría, debía ayudar a prevenir.

Otro antiguo trabajador relató que, tras retomar contacto con un excompañero, la conversación comenzó con una pregunta directa: si estaba siguiendo el “descenso de Palantir hacia el fascismo”. Esa frase, citada en el reporte, refleja el tono del debate que se ha ido instalando entre personas que conocen de cerca la cultura interna de la empresa.

Palantir ha mantenido históricamente una reputación de hermetismo. La compañía prohíbe a sus empleados hablar con la prensa y exige a los exempleados firmar acuerdos de no desprestigio. Aun así, varias fuentes internas sostienen que antes existía mayor disposición de la dirección a escuchar críticas y objeciones de fondo.

En el último año, esa dinámica habría cambiado. Un empleado actual dijo que el problema no es que la gente tema cuestionar a Karp, sino que duda de que hacerlo produzca algún efecto real. Según ese testimonio, buena parte del feedback reciente ha sido respondido con desvíos filosóficos y largas reflexiones, en vez de respuestas concretas.

El contrato con ICE y las preguntas que no desaparecen

Las tensiones se intensificaron en enero, después de la muerte violenta de Alex Pretti, un enfermero que fue abatido por agentes federales durante protestas contra ICE en Minneapolis. A partir de ese hecho, empleados de distintos equipos comenzaron a exigir más información a la dirección y al propio Karp sobre la relación de Palantir con esa agencia.

En un hilo interno de Slack, un trabajador escribió que la implicación de la empresa con ICE había sido escondida bajo la alfombra durante la era de “Trump2” y que era necesario entender con claridad el alcance de ese vínculo. El comentario fue parte de una serie de mensajes donde empleados reclamaban transparencia sobre el uso del software en tareas de identificación, rastreo y apoyo a deportaciones.

Por ese mismo período, Palantir empezó a borrar conversaciones de Slack después de siete días en al menos un canal donde se concentraba buena parte del debate interno, identificado como #palantir-in-the-news. La decisión no fue anunciada formalmente antes de entrar en vigor, y cuando un trabajador preguntó por qué se estaba eliminando “discurso interno relevante sobre acontecimientos actuales”, una persona del equipo de ciberseguridad respondió que la medida se adoptó por filtraciones.

La empresa también publicó una wiki actualizada para defender su contrato con ICE. En ese material, la dirección argumentó que la tecnología de Palantir está “marcando una diferencia al mitigar riesgos y, al mismo tiempo, permitir resultados dirigidos”. El mensaje buscó responder a la presión interna, aunque no logró cerrar la controversia.

Como parte de ese esfuerzo, la compañía promovió varios foros de tipo AMA, es decir, sesiones de preguntas abiertas, con líderes como el director de tecnología Shyam Sankar y miembros del equipo de privacidad y libertades civiles. Al menos uno de esos encuentros fue organizado de forma independiente por dos responsables de equipo, incluido uno que trabajó directamente en el contrato con ICE.

En una grabación citada por el reporte, un empleado de privacidad dijo que esa conversación era la única forma real de empezar a avanzar en la dirección correcta. Durante la llamada surgieron preguntas sensibles. Entre ellas, si agentes de ICE podían borrar registros de auditoría en el software de Palantir, si podían construir por sí mismos flujos de trabajo dañinos y cuál era el escenario más malicioso que podría derivarse de ese trabajo.

La respuesta fue inquietante para varios asistentes. El mismo empleado sostuvo que un cliente suficientemente malicioso es “básicamente imposible de detener en este momento” y que, en el mejor de los casos, el control dependería de auditorías posteriores y de acciones legales si ese cliente violaba los términos contractuales.

Otro participante habló con franqueza sobre la posición de Karp. Dijo que el CEO realmente quiere seguir adelante con ese trabajo y que su rol interno se había reducido a intentar sugerir cambios o redirigir el proceso, pero sin éxito. En su lectura, la empresa ya estaba en una trayectoria muy definida para seguir ampliando ese flujo de trabajo.

El impacto de la guerra y las dudas sobre Maven

El debate interno se agravó tras el ataque con misiles del 28 de febrero contra una escuela primaria iraní, ocurrido en el primer día completo de la administración Trump y de la guerra entre Israel e Irán. Más de 120 niños murieron cuando un misil Tomahawk impactó el lugar, y una serie de investigaciones concluyó que Estados Unidos era responsable.

Esas investigaciones también apuntaron a que herramientas de vigilancia como el sistema Maven de Palantir se habrían utilizado durante los ataques de ese día. Para una empresa donde ya existía conmoción por el trabajo con ICE, la posibilidad de una implicación indirecta en la muerte de menores empujó el malestar a un nuevo nivel.

En el canal de noticias de Slack, un empleado preguntó si la empresa había estado involucrada y si estaba haciendo algo para evitar que algo así se repitiera. Otros trabajadores plantearon dudas similares, mientras algunos los cuestionaron por discutir lo que podía considerarse información clasificada en un canal abierto a toda la empresa. La investigación, de acuerdo con el reporte, sigue en curso.

Consultada sobre estos hechos, la vocería de Palantir dijo que la compañía estaba “orgullosa” de apoyar al ejército de Estados Unidos bajo administraciones demócratas y republicanas. Esa defensa se alineó con una posición institucional que presenta a la empresa como proveedora tecnológica del Estado, sin adscripción partidista formal.

Declaraciones de Karp y manifiesto corporativo elevan la tensión

En marzo, Karp dio una entrevista a CNBC en la que afirmó que la inteligencia artificial podría debilitar el poder de votantes “formados en humanidades, mayoritariamente demócratas” y aumentar el poder de votantes varones de clase trabajadora. La frase generó críticas públicas y también provocó reacciones dentro de Palantir.

En un canal interno dedicado a noticias sobre la empresa, un trabajador preguntó si realmente era cierto que la disrupción de la IA iba a afectar de forma desproporcionadamente negativa a mujeres y a personas que votan demócrata, y por qué eso parecía resultar aceptable. La pregunta condensó la inquietud de empleados que ven una relación cada vez más estrecha entre la narrativa política del CEO y la imagen pública de la firma.

La incomodidad volvió a dispararse cuando Palantir publicó un sábado por la tarde un manifiesto que condensaba en 22 puntos el libro reciente de Karp, The Technological Republic. El texto, que recoge varias de sus ideas de larga data sobre cómo Silicon Valley debería servir mejor a los intereses nacionales de Estados Unidos, llegó incluso a sugerir que el país debería considerar el restablecimiento del servicio militar obligatorio.

Críticos externos calificaron el manifiesto de fascista. Dentro de la empresa, varios empleados se agruparon en un hilo de Slack para cuestionar por qué ese contenido debía publicarse, sobre todo desde la cuenta corporativa. Un trabajador escribió que cada vez que se difunde algo así, vender software fuera de Estados Unidos se vuelve más difícil, especialmente en el clima político actual. Ese comentario recibió más de 50 reacciones con el emoji “+1”.

Otro empleado señaló que, lo reconocieran o no, ese tipo de publicaciones los afectaba personalmente. Dijo que varios amigos ya le habían escrito para preguntarle qué era exactamente lo que la empresa había publicado. Un tercer trabajador añadió que resumir en formato corto ideas extensas del libro facilitaba que fueran tergiversadas, y comparó la decisión con ponerse un cartel de “pégame” en la espalda.

Frente a este escenario, la dirección de Palantir insiste en que la empresa no es un monolito ideológico y que su cultura siempre ha permitido el debate feroz y el desacuerdo interno. Un portavoz afirmó que la compañía contrata al mejor talento para defender a Estados Unidos y sus aliados, así como para implementar su software para gobiernos y empresas en todo el mundo.

Aun así, para algunos trabajadores y antiguos empleados el cambio cultural luce deliberado. Uno de ellos dijo que quizá se llegó a un punto en el que fomentar el pensamiento independiente y el cuestionamiento conduce a conclusiones incómodas. La observación resume una crisis más profunda dentro de Palantir, donde la disputa ya no gira solo en torno a contratos específicos, sino a la identidad moral y política de la empresa.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA

 


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