El yen volvió a debilitarse después de una intervención cambiaria histórica de Estados Unidos y Japón, una señal de que las fuerzas monetarias globales pesan más que las operaciones oficiales. La Fed, el Banco de Japón y el carry trade definirán el próximo movimiento de la moneda.
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- El yen se fortaleció cerca de 5% después de la intervención del 31 de julio, pero perdió 2,5% hasta rondar 159 por dólar el 18 de agosto.
- Japón vendió aproximadamente USD $85.000 millones para comprar yenes, mientras Estados Unidos vendió euros en una operación coordinada poco habitual.
- Morgan Stanley considera que una política más restrictiva del Banco de Japón y, sobre todo, tasas estadounidenses más bajas podrían fortalecer al yen.
El yen japonés vuelve a mostrar debilidad frente al dólar después de una intervención cambiaria coordinada entre Estados Unidos y Japón, una operación poco común que apenas consiguió modificar la tendencia de fondo.
La moneda cotizaba cerca de 163 por dólar el 29 de julio, se fortaleció aproximadamente 5% hasta alcanzar 155 tras la acción del 31 de julio y retrocedió 2,5% hasta rondar 159 el 18 de agosto. El episodio deja al yen cerca de sus niveles más débiles en más de tres décadas y vuelve a situar a la Reserva Federal estadounidense en el centro de las expectativas para los mercados de divisas.
La presión sobre la moneda japonesa no se limita al tipo de cambio. El yen se ha convertido durante años en una fuente de financiamiento barata para inversores que piden prestado en Japón y destinan ese dinero a activos con mayores rendimientos en otros mercados, mientras los inversores japoneses mantienen una de las mayores posiciones extranjeras en bonos del Tesoro de Estados Unidos. Por esa razón, sus movimientos pueden influir en los rendimientos de la deuda estadounidense, los costos de endeudamiento y la volatilidad de carteras que no tienen exposición directa al yen.
Una intervención de alcance excepcional
El Ministerio de Finanzas de Japón habría vendido aproximadamente USD $85.000 millones para comprar yenes durante los días 30 y 31 de julio, según el análisis de Morgan Stanley. La primera operación llegó un día antes de una reunión de política monetaria del Banco de Japón, un momento que tomó por sorpresa a los inversores porque podía anticipar una mayor disposición oficial a frenar la depreciación de la moneda.
Estados Unidos también participó en la operación, aunque no utilizó dólares estadounidenses directamente: vendió euros para comprar yenes y no reveló el monto de la transacción. David Adams, jefe de Estrategia de Divisas del G10 en Morgan Stanley Research, sostuvo que esa elección redujo el riesgo de abrir cuestionamientos sobre un eventual cambio en la política cambiaria estadounidense.
El 3 de agosto, las autoridades de ambos países reconocieron públicamente la intervención coordinada y advirtieron que podrían repetirla si las condiciones lo exigían. La combinación de una acción conjunta y un mensaje explícito buscó reforzar la credibilidad de la defensa del yen, aunque la reacción posterior del mercado mostró que una operación puntual no modifica por sí sola los diferenciales de tasas que sostienen la debilidad de la moneda.
El yen cotizó por última vez cerca de 160 por dólar en abril de 2024, un nivel que no visitaba desde 1990. Además, se encuentra aproximadamente 40% por debajo de su promedio de largo plazo desde mediados de la década de 1980, y su debilidad resulta todavía más marcada cuando se mide con ajustes por inflación y ponderaciones comerciales.
El carry trade y la liquidez mundial
La depreciación del yen está vinculada a las tasas de interés casi nulas que Japón mantuvo durante años, una política que convirtió a la moneda en una de las fuentes de financiamiento más baratas del mundo. Los inversores pueden endeudarse en yenes, convertir los fondos a otras monedas y comprar activos con rendimientos superiores, siempre que el costo de financiarse y el riesgo cambiario permanezcan bajo control.
Esta estrategia, conocida como carry trade del yen, puede parecer atractiva mientras la moneda japonesa se mantiene estable o pierde valor de forma gradual. Sin embargo, una apreciación rápida del yen encarece la devolución de los préstamos y puede obligar a los operadores apalancados a cerrar posiciones en acciones, bonos y divisas, lo que amplifica la volatilidad en mercados globales.
Koichi Sugisaki, jefe de Estrategia Macro de Japón en Morgan Stanley Research, señaló que el principal objetivo de la intervención pudo haber sido comprimir las posiciones especulativas y desalentar movimientos rápidos, unidireccionales y potencialmente desordenados. Desde esa perspectiva, la operación no necesitaba generar una recuperación permanente, sino ganar tiempo y limitar una dinámica de mercado que podía deteriorarse con rapidez.
La participación estadounidense también podría responder a los vínculos entre los mercados de tasas de Japón y Estados Unidos. Si las tasas japonesas suben debido a la percepción de que el Banco de Japón está rezagado, los inversores locales podrían vender activos estadounidenses para repatriar capital, elevando los rendimientos de los bonos del Tesoro y encareciendo hipotecas, préstamos para automóviles y deuda corporativa en Estados Unidos.
La presión sobre el Banco de Japón
La tasa de política del Banco de Japón se ubica actualmente en 1%, un nivel que Morgan Stanley considera todavía insuficiente para cambiar la percepción de que la institución marcha detrás de la curva. Sus economistas esperan un aumento hasta 1,25% en octubre y otro hasta 1,5% en marzo, aunque la intervención cambiaria abrió la posibilidad de que el próximo movimiento ocurra antes.
Adams explicó que los responsables de la política monetaria podrían mostrar mayor disposición a acelerar las subidas, especialmente si las tasas más elevadas ayudan a responder simultáneamente a las preocupaciones estadounidenses sobre la debilidad del yen y al aumento de los rendimientos de largo plazo. Aun así, Morgan Stanley considera más probable un incremento en octubre que en septiembre, porque una fecha posterior ofrecería más información y condiciones financieras para justificar la decisión.
El Banco de Japón enfrenta así una tensión difícil de resolver. Una subida rápida podría respaldar al yen y reducir el atractivo del carry trade, pero también elevaría los costos de financiamiento dentro de Japón y podría intensificar las ventas de activos extranjeros por parte de inversores japoneses, con efectos sobre los bonos del Tesoro estadounidense y otros mercados.
Sugisaki advirtió que, salvo que el Banco de Japón eleve su tasa por encima de un rango de 1,75% a 2% en un periodo corto, los mercados probablemente mantendrán la idea de que la institución sigue rezagada. Esa percepción limita el impacto de cada aumento individual y explica por qué la intervención cambiaria, aunque contundente en su mensaje, no logró transformar las expectativas de largo plazo.
La Fed como principal referencia
Morgan Stanley estima que el valor justo actual del yen se encuentra entre 165 y 167 por dólar, lo que implica que la cotización cercana a 159 no necesariamente refleja una moneda infravalorada según sus modelos. Con el tiempo, sin embargo, la firma prevé que ese valor justo podría fortalecerse hasta 155 por dólar, una apreciación aproximada de 7% para el yen.
Ese escenario depende principalmente de que la Reserva Federal mantenga sus tasas sin cambios durante este año y pueda comenzar a recortarlas el próximo. Tasas estadounidenses más bajas reducirían la ventaja de rendimiento que impulsa los flujos hacia el dólar y disminuirían el incentivo para financiar posiciones globales mediante yenes baratos.
David Adams resumió la relación entre ambas monedas al señalar que fortalecer el yen requiere tasas de interés más bajas en Estados Unidos o un endurecimiento más rápido del Banco de Japón. La observación refleja un límite estructural de la intervención: las autoridades pueden alterar temporalmente la oferta y la demanda de divisas, pero no controlar de manera permanente el diferencial de tasas que guía las decisiones de los grandes inversores.
Para los operadores, cada dato de inflación estadounidense, informe de empleo y comunicación de la Fed puede funcionar como una señal para el yen, la liquidez internacional y la demanda de bonos del Tesoro. Seth Carpenter, economista jefe global y jefe de Investigación Macro de Morgan Stanley, afirmó que las fuerzas detrás de la debilidad del yen parecen comenzar a revertirse, aunque todavía no lo han hecho de forma suficiente.
La conclusión de Morgan Stanley coloca la política monetaria estadounidense por encima de la intervención y de las decisiones inmediatas del Banco de Japón en la trayectoria futura de la moneda. Mientras el yen siga siendo una pieza central del financiamiento global, una recuperación sostenida dependerá de que cambien esas condiciones de liquidez y rendimiento, no únicamente de que los gobiernos vuelvan a vender divisas para sostenerlo.
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