Por Canuto  

El proyecto Colossus de SpaceX en Memphis se convirtió en un símbolo del conflicto entre el auge de la inteligencia artificial y el impacto que los centros de datos generan sobre las comunidades.
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  • Los residentes de Greater Memphis denuncian ruido, emisiones de turbinas de gas y falta de consulta antes de la construcción de Colossus y Colossus II.
  • Demandas, protestas y nuevas políticas en varios estados citan el caso de Musk como advertencia ante la expansión de los centros de datos de IA.
  • SpaceX defiende el uso de turbinas temporales, mientras organizaciones ambientales alegan violaciones a la Ley Federal de Aire Limpio.

 


La expansión de la inteligencia artificial en Estados Unidos enfrenta una reacción creciente en las comunidades donde se levantan nuevos centros de datos. El proyecto Colossus, impulsado inicialmente por xAI y posteriormente integrado al entorno corporativo de SpaceX, se convirtió en uno de los ejemplos más visibles del conflicto.

Desde que Elon Musk convirtió Greater Memphis en el centro de sus ambiciones de IA, la empresa construyó instalaciones y sistemas de generación eléctrica a gran velocidad. Residentes cercanos aseguran que ahora deben soportar ruido constante y emisiones provenientes de turbinas que funcionan con gas natural, indica un reporte publicado por CNBC.

El centro de datos Colossus I se completó en apenas 122 días, según una publicación de Musk del 2 de septiembre de 2024. Colossus II amplió la presencia de la compañía junto a zonas residenciales de Whitehaven, Tennessee, y Southaven, Mississippi.

SpaceXAI adquirió más de 1.100 acres en Greater Memphis para desarrollar sus centros de datos y una planta de energía. Las instalaciones fueron construidas inicialmente para entrenar y ejecutar Grok, el modelo de inteligencia artificial, y el chatbot de xAI.

El caso generó atención nacional porque combina el atractivo económico de la IA con costos ambientales y sociales difíciles de ignorar. Según informó CNBC, residentes, organizaciones ambientales y autoridades de otras regiones están utilizando Memphis como referencia para exigir reglas más estrictas.

Jigar Shah, exdirector de la oficina de programas de préstamos del Departamento de Energía de Estados Unidos, calificó a Colossus como un precedente negativo para otras comunidades. A su juicio, el proyecto constituye un estudio de caso sobre lo que no debería repetirse, aunque reconoció que la empresa obtuvo una recompensa desde el punto de vista capitalista.

Ruido, turbinas y tensiones con los vecinos

Jason Haley, residente de Southaven, forma parte de una demanda colectiva propuesta contra SpaceX por el ruido generado por la planta de energía. Su vivienda está a menos de una milla del sitio y describió el sonido de Colossus II y sus turbinas como una forma de tortura.

Haley se unió el año pasado a un grupo vecinal llamado Safe and Sound Coalition. La organización comenzó a medir el ruido, informar a la comunidad y presionar a la empresa y a los líderes municipales para que adoptaran medidas correctivas.

Varios residentes dijeron que SpaceXAI nunca los consultó antes de iniciar las obras. También sostienen que el proyecto tenía capacidad para alterar profundamente los vecindarios cercanos desde el comienzo.

En marzo, el alcalde de Southaven, Darren Musselwhite, prometió reforzar la aplicación de las normas sobre ruido. Haley afirmó que, en correos electrónicos revisados por CNBC, el alcalde le sugirió considerar la venta de su casa.

Musselwhite negó haberle dicho a un ciudadano que se mudara. En un mensaje enviado a CNBC, sostuvo que había trabajado incontables horas para mitigar las preocupaciones relacionadas con el ruido.

La demanda colectiva propuesta por Haley y otros residentes fue presentada en junio. Los demandantes alegan que SpaceX creó una molestia pública mediante el funcionamiento de Colossus II.

El conflicto no se limita a Memphis. Vecinos del centro de datos Fairwater de Microsoft, ubicado en Mount Pleasant, Wisconsin, presentaron este mes una demanda colectiva propuesta por problemas de ruido.

El costo energético y fiscal de la expansión

Los centros de datos de inteligencia artificial necesitan grandes extensiones de terreno, electricidad para alimentar servidores y chips, y agua para enfriar equipos de alta tecnología. Esa combinación puede presionar la infraestructura local, incluso cuando las instalaciones terminadas requieren relativamente pocos trabajadores.

El alcalde de Memphis, Paul Young, ayudó a atraer el negocio de centros de datos al condado. Young afirmó que SpaceXAI pagó USD $25 millones en impuestos durante su primer año de operación y se convirtió en la segunda propiedad con mayor carga fiscal del condado de Shelby, detrás de FedEx.

El alcalde reconoció que la empresa todavía no cumplió todas sus promesas. Entre ellas figura una planta de reciclaje de agua que debía reducir la necesidad de utilizar grandes volúmenes del recurso para enfriar los equipos de Colossus.

Algunos residentes de Greater Memphis dijeron que sus facturas de agua y electricidad aumentaron después de la llegada de SpaceXAI. Memphis Light Gas & Water respondió que las tarifas no han sido impactadas por la compañía.

La empresa de servicios públicos explicó que un plan de aumento de tarifas eléctricas del 4% durante tres años, iniciado en 2024, no se debió a ninguna carga asociada con un centro de datos. La diferencia entre las percepciones de los residentes y la explicación oficial alimenta el debate sobre quién debe pagar la expansión de la infraestructura.

La discusión también se relaciona con los beneficios económicos reales de estas instalaciones. Aunque los centros de datos pueden generar impuestos, no siempre crean una gran cantidad de empleos nuevos ni producen ingresos fiscales proporcionales a su demanda energética y de agua.

Los acuerdos comerciales muestran el valor de la capacidad informática instalada. Google, Anthropic y Reflection AI firmaron contratos con SpaceX para alquilar capacidad excedente en Colossus y Colossus II, con un valor que puede alcanzar USD $2.320 millones mensuales.

Los residentes, sin embargo, aseguran que no reciben beneficios equivalentes. La distancia entre los ingresos corporativos y las molestias cotidianas se convirtió en uno de los principales argumentos de los grupos opositores.

Demandas por contaminación y permisos

En abril, el Southern Environmental Law Center y Earthjustice demandaron a la compañía de Musk en nombre de la NAACP ante un tribunal federal de Mississippi. La demanda sostiene que SpaceXAI violó la Ley Federal de Aire Limpio al operar decenas de turbinas de gas sin los permisos requeridos y sin controles de contaminación desde el inicio.

De acuerdo con las hojas de especificaciones de los fabricantes, los tipos de turbinas utilizados en Memphis pueden emitir miles de toneladas de óxidos de nitrógeno formadores de smog cada año. Las operaciones y la construcción también generan materia particulada conocida como PM 2.5.

En mayo, los abogados de la NAACP solicitaron una orden judicial de emergencia para detener el uso de decenas de turbinas en Southaven. La organización sostiene que las emisiones afectan a comunidades que ya han soportado contaminación industrial durante años.

El Departamento de Justicia de Estados Unidos intervino rápidamente y pidió al tribunal desestimar la demanda. En su moción presentada el mes pasado, el organismo afirmó que la tecnología de SpaceXAI había sido utilizada en operaciones militares estadounidenses en Irán.

El Departamento de Justicia también argumentó que la tecnología era importante para la seguridad nacional. Según el organismo, la demanda amenazaba la seguridad nacional, económica y energética de Estados Unidos.

SpaceX rechaza los argumentos de la demanda. La compañía sostiene que las turbinas instaladas actualmente son temporales y que trabaja en planes para incorporar turbinas con permisos y controles de contaminación.

La NAACP publicó en enero una guía para que las comunidades se protejan de los llamados datos sucios. También difundió un marco de trabajo destinado a que las empresas eviten conflictos con los vecinos, tomando en cuenta las lecciones del caso de SpaceXAI en Memphis.

La oposición se extiende por Estados Unidos

La resistencia pública no se concentra únicamente en xAI o SpaceX. También crece frente a proyectos planeados o en construcción de Microsoft, Meta, Google, OpenAI y otros hiperescaladores.

Una encuesta de Gallup realizada en mayo indicó que siete de cada diez estadounidenses se oponían a construir centros de datos para IA en su área local. Casi la mitad, el 48%, dijo estar fuertemente en contra.

El propio Musk reconoció la dificultad política de instalar nuevas plantas de energía. En una conversación con Jamie Dimon, director ejecutivo de JPMorgan, afirmó que muy pocas personas quieren una planta de energía en su patio trasero.

Musk explicó que duplicar el uso de electricidad en Estados Unidos exigiría construir el doble de plantas de energía. También admitió que la mayoría de las comunidades no se entusiasma con esa posibilidad.

La gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, promulgó esta semana un moratorio de un año para la construcción de centros de datos de IA en el estado. La decisión provocó la ira del presidente Donald Trump, aliado político de Musk.

En Nueva Jersey, la gobernadora Mikie Sherrill promulgó la semana pasada una legislación para garantizar que los operadores de centros de datos paguen una parte justa de la electricidad. La norma busca evitar que esos costos pasen a los residentes y negocios.

En Mississippi, comunidades como Olive Branch y Jackson actualizaron sus leyes de zonificación. Las autoridades citaron el deseo de evitar las desventajas que enfrentaron los residentes de Memphis tras la llegada del proyecto de Musk.

El impacto político también apareció en Utah. En junio, Stuart Adams, presidente del Senado estatal, perdió las primarias republicanas después de apoyar un centro de datos propuesto por el inversionista Kevin O’Leary.

Otros dos funcionarios locales que respaldaron el proyecto también perdieron sus respectivas primarias. Estos resultados muestran que la instalación de centros de datos puede convertirse en un asunto electoral cuando los vecinos perciben que los beneficios y los costos están distribuidos de forma desigual.

Comunidades vulnerables y un debate sin resolver

Abre’ Conner, abogada que dirige el Centro de Justicia Ambiental y Climática de la NAACP, afirmó que SpaceXAI y otras compañías se trasladan a zonas que ya sufrieron contaminación industrial. En su opinión, esas decisiones profundizan las llamadas zonas de sacrificio.

Whitehaven, Tennessee, donde vive Loretta Thornton, es una comunidad mayoritariamente negra. Su casa limita con la línea de cercas de Colossus II y representa el dilema de quienes no pueden abandonar fácilmente sus propiedades.

Thornton dijo que utilizó parte de sus ahorros de jubilación para remodelar su vivienda. También explicó que vender y mudarse no parece una opción viable debido al aumento de los costos de la vivienda y las tasas de interés.

La residente cuestionó quién querría comprar una casa ubicada junto a un centro de datos con ruido constante. Para ella, la falta de alternativas significa que debe soportar las consecuencias del proyecto.

Los grupos comunitarios están utilizando sus experiencias para presionar por regulaciones actualizadas y acuerdos más favorables con los desarrolladores. Sus testimonios ya influyeron en políticas, litigios, elecciones y movimientos locales fuera de Memphis.

El caso también plantea una pregunta sobre la relación entre innovación y gobernanza. El entrenamiento de modelos avanzados exige más capacidad informática, pero las comunidades reclaman participación, transparencia y controles antes de que comiencen las obras.

SpaceX convirtió Colossus en una pieza central de su narrativa de crecimiento durante una oferta pública inicial récord realizada en junio. La inteligencia artificial y las instalaciones de Memphis ocuparon un lugar destacado en esa historia de expansión.

La empresa adquirió SpaceXAI en febrero, según la información disponible sobre la operación. Google, Anthropic y Reflection AI se encuentran entre los clientes que buscan aprovechar la capacidad excedente de sus centros.

El contraste entre esa valorización corporativa y la experiencia de los residentes explica la intensidad de la reacción. Mientras los inversionistas observan capacidad informática y contratos multimillonarios, los vecinos observan ruido, emisiones, consumo de agua y posibles pérdidas en la calidad de vida.

El debate todavía no tiene una solución única. Las autoridades pueden exigir permisos, controles de contaminación, aportes para la infraestructura y consultas comunitarias, pero las decisiones deberán equilibrar la expansión tecnológica con la protección de los residentes.

Memphis quedó en el centro de esa discusión porque el proyecto avanzó con velocidad y porque sus impactos se hicieron visibles junto a viviendas. Para otras ciudades, Colossus funciona como una advertencia sobre los riesgos de aprobar grandes instalaciones sin suficientes salvaguardas.

La pregunta central ya no es si la inteligencia artificial necesita centros de datos. El desafío consiste en determinar quién asumirá los costos energéticos, ambientales y sociales de una infraestructura que puede generar enormes ingresos privados.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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