La administración de Donald Trump busca que el G20 adopte medidas contra los desequilibrios comerciales y fiscales, mientras una nueva venta global de bonos eleva la preocupación por la deuda, la inflación y el endurecimiento monetario.
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- EE.UU. quiere que los miembros del G20 revisen sus relaciones comerciales con China y consideren nuevas barreras a sus productos.
- El rendimiento del bono japonés a 10 años alcanzó el 3%, su nivel más alto desde 1996, en medio de una venta global de deuda.
- China, Estados Unidos y la Unión Europea enfrentan presiones distintas para corregir los desequilibrios económicos mundiales.
La administración de Donald Trump presionaba el martes para que los países del G20 acordaran mecanismos destinados a reducir los desequilibrios comerciales y fiscales globales. La iniciativa estadounidense coincidió con otra ola de ventas en los mercados de bonos, que reavivó el temor por los elevados niveles de deuda, la inflación impulsada por la energía y la posibilidad de un nuevo endurecimiento monetario en las principales economías.
Bonos bajo presión y alerta fiscal
La venta de deuda se profundizó en varios mercados durante la jornada, con el rendimiento del bono japonés a 10 años alcanzando el 3% por primera vez desde 1996. Ese movimiento representó la manifestación más reciente de la inquietud de los inversionistas ante el encarecimiento de la energía, las presiones inflacionarias y el deterioro de las condiciones fiscales en distintas regiones.
Los rendimientos de los bonos gubernamentales subieron en Estados Unidos, Japón, la eurozona y Alemania, además de Reino Unido. En el mercado británico, el rendimiento avanzó 10 puntos básicos después del feriado del lunes, mientras nuevas preocupaciones sobre renovados ataques en Medio Oriente agregaban presión a los activos considerados de referencia para el sistema financiero internacional.
El escenario complicó el objetivo de Washington de concentrar la conversación del G20 en los desequilibrios comerciales, porque los mercados están evaluando simultáneamente la sostenibilidad de la deuda pública y la respuesta de los bancos centrales. Cuando suben los rendimientos, los gobiernos enfrentan mayores costos de financiamiento, mientras empresas, hogares y mercados emergentes pueden encontrar condiciones más restrictivas para obtener crédito.
Reuters informó que el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, dijo que instaría a los miembros del G20 a revisar sus términos de intercambio con China. También plantearía la posibilidad de elevar las barreras comerciales a los productos chinos para presionar a Pekín a reorientar su economía, alejándola de las exportaciones y acercándola al consumo interno.
China concentra las críticas comerciales
La preocupación de Washington se relaciona con el fuerte impulso exportador chino, que ha ejercido presión sobre economías de todo el mundo, especialmente después de que Estados Unidos aplicara aranceles elevados a productos chinos y prohibiera por completo algunas categorías, incluidos los vehículos fabricados en China. Con una demanda interna descrita como crónicamente débil, Pekín ha reforzado sus ventas externas de vehículos eléctricos, semiconductores y otros bienes industriales.
Las exportaciones totales de China aumentaron 23,9% interanual en julio, según informó la Administración General de Aduanas, una cifra que intensificó los llamados dentro de la Unión Europea para imponer restricciones más severas a las importaciones procedentes del país asiático. El crecimiento de esos envíos ocurre mientras varios gobiernos intentan proteger sus industrias nacionales y reducir su dependencia de cadenas de suministro concentradas en China.
Sin embargo, sigue sin estar claro que Estados Unidos pueda conseguir un comunicado conjunto del G20 sobre la forma de corregir los desequilibrios globales. China pertenece al foro y ha mostrado poco interés en los llamados de larga data para reducir sus subsidios industriales o modificar un modelo económico que, según sus críticos, depende demasiado de las exportaciones.
La discusión también incluye el valor del yuan, que continúa significativamente infravalorado según la mayoría de las medidas citadas en el encuentro. Al mismo tiempo, Estados Unidos todavía no ha presentado un plan decisivo para reducir sus elevados déficits fiscales, una condición que economistas consideran esencial para disminuir su déficit comercial global anual, superior a USD $1 billón.
El comisario europeo de Economía, Valdis Dombrovskis, sostuvo que China constituye una fuente importante de los desequilibrios económicos, aunque Estados Unidos y Europa también deben asumir responsabilidades. Su síntesis fue que China necesita gastar más, Estados Unidos necesita gastar menos y la Unión Europea debe invertir más, una combinación que plantea ajustes políticos difíciles para los tres bloques.
Europa y Japón reclaman cambios
Dombrovskis afirmó que todos los grandes bloques económicos deben actuar para enfrentar los desequilibrios, porque una respuesta coordinada puede aumentar la eficiencia de las políticas globales. También señaló que China necesita construir una agenda de crecimiento propia, una referencia al desafío de sostener su expansión sin depender principalmente de la demanda extranjera.
El desequilibrio entre China y Europa aparece con claridad en las cifras comerciales. El superávit chino en bienes frente a la Unión Europea alcanzó EUR €360.600 millones el año pasado, un aumento de 15% respecto de 2024, y se amplió aún más durante este año debido a que las empresas chinas vendieron más en el bloque mientras redujeron sus compras.
El ministro de Finanzas de Polonia, Andrzej Domanski, respaldó la idea estadounidense de que los superávits comerciales chinos con sus socios representan un problema significativo. Según explicó, la Unión Europea ya está tomando medidas, entre ellas la imposición de aranceles a paquetes de comercio electrónico, de los cuales la mayoría procede de China.
Domanski sostuvo que la moneda china está enormemente infravalorada y que el país respalda y subsidia activamente sus exportaciones, una situación que también perjudica a Europa. Añadió que muchos países europeos mantienen déficits elevados con China y que el bloque necesita adoptar medidas para responder a esa presión.
Minerales críticos y divisiones políticas
La disputa no se limita a vehículos, chips o paquetes de comercio electrónico, pues China también ocupa una posición dominante en el procesamiento de minerales críticos. Pekín impuso restricciones a la exportación de tierras raras en abril de 2025, como respuesta a los aranceles del presidente estadounidense Donald Trump, y la medida terminó afectando también a empresas no estadounidenses.
La ministra de Finanzas de Japón, Satsuki Katayama, dijo después del primer día de conversaciones que comunicó a sus pares del G20 su preocupación por las restricciones arbitrarias a la exportación de minerales críticos. A su juicio, esas medidas están dañando la economía mundial y deberían retirarse para evitar nuevas interrupciones en sectores industriales estratégicos.
Funcionarios indicaron que el apartado sobre los desequilibrios globales era especialmente difícil de negociar dentro del comunicado conjunto previsto. China se oponía a cualquier referencia a las llamadas economías no de mercado y rechazaba un lenguaje firme sobre las restricciones al suministro de minerales críticos.
Los países europeos, además, querían incluir una condena contundente a la guerra de Rusia contra Ucrania. Varios ministros europeos expresaron sorpresa y consternación al encontrar al ministro de Finanzas ruso, Antón Siluánov, sentado en la mesa del G20 cuando Bessent abrió la reunión el lunes, en la primera asistencia presencial de Rusia al foro desde la invasión de Ucrania en 2022.
La combinación de desacuerdos comerciales, presión sobre los bonos y conflictos geopolíticos reduce el margen para un consenso amplio. El encuentro muestra que cualquier compromiso sobre China deberá convivir con las preocupaciones fiscales de Estados Unidos, las necesidades de inversión europeas, las alertas japonesas sobre minerales y las divisiones provocadas por la guerra.
La información de Reuters señaló que la posibilidad de un acuerdo conjunto todavía era incierta, especialmente porque cada bloque enfrenta incentivos distintos. Mientras Washington busca corregir su déficit comercial y contener la competencia china, Europa intenta proteger su industria, Japón reclama estabilidad en el suministro y China defiende un modelo exportador que continúa impulsando sus ventas externas.
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