La tregua temporal entre Estados Unidos e Irán volvió a mostrar su fragilidad tras un segundo día de ataques cruzados, con bombardeos sobre decenas de objetivos iraníes y represalias contra bases estadounidenses en el Golfo. El nuevo episodio no solo amenaza con romper las negociaciones de paz, sino que también reaviva el riesgo sobre el estrecho de Ormuz y el suministro global de crudo.
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- El Comando Central de EE.UU. dijo que atacó cerca de 90 objetivos en Irán para debilitar su capacidad de amenazar el tránsito marítimo en Ormuz.
- Irán respondió con ataques contra bases estadounidenses en Baréin, Kuwait y Catar, mientras sus autoridades advirtieron que ampliarán la ofensiva.
- El tráfico por el estrecho de Ormuz se redujo casi hasta detenerse, en medio de nuevas dudas sobre el alto el fuego y las conversaciones de paz.
La tensión entre Estados Unidos e Irán aumentó otra vez este jueves, después de un segundo día consecutivo de ataques militares que volvió a poner a prueba el frágil alto el fuego acordado entre ambas partes. El intercambio de golpes también elevó la preocupación sobre el estrecho de Ormuz, un punto clave para el mercado energético mundial.
De acuerdo con Bloomberg, el ejército estadounidense lanzó nuevos bombardeos contra territorio iraní, mientras Teherán respondió atacando posiciones vinculadas a Washington en el Golfo Pérsico. El nuevo episodio alimenta el temor de que las hostilidades terminen por descarrilar las negociaciones para un acuerdo de paz permanente.
El Comando Central de Estados Unidos informó que golpeó aproximadamente 90 objetivos el miércoles. Según su comunicado, la operación buscó “degradar aún más” la capacidad de la República Islámica para atacar el comercio marítimo en el estrecho de Ormuz.
La respuesta iraní no tardó en llegar. La agencia semioficial ISNA reportó ataques contra bases estadounidenses en Baréin, Kuwait y Catar, ampliando el radio de la crisis hacia varios aliados de Washington en la región.
El presidente Donald Trump defendió la respuesta militar con un tono abiertamente desafiante. “Los golpeamos muy duro, y digo que los golpeamos 20 a 1. Cada vez que nos golpean, nosotros los golpeamos 20”, declaró a periodistas a bordo del Air Force One.
Consultado sobre si Washington y Teherán se encaminaban de nuevo hacia una guerra total, Trump respondió con ambigüedad. “No sé. Ganaríamos muy rápidamente. Tenemos muchas maneras en las que podríamos ganar”, afirmó.
Una tregua debilitada por nuevas acusaciones
Los nuevos ataques ocurrieron apenas horas después de que Trump insinuara otra ronda de ofensivas contra Irán. El mandatario también subrayó la fragilidad de la tregua establecida bajo el acuerdo interino firmado el mes pasado.
Ese memorando de entendimiento estableció un cese al fuego de corto plazo y abrió un período de 60 días para negociar un acuerdo de paz más amplio. Sin embargo, ambas partes se han acusado mutuamente de violarlo.
Washington ya había revocado una exención que permitía nuevas ventas de petróleo iraní. La medida fue adoptada en respuesta a ataques contra embarcaciones en el estrecho de Ormuz, por los que la administración estadounidense responsabilizó a la República Islámica.
Trump incluso amenazó con reanudar un bloqueo de puertos iraníes. También planteó una posible escalada contra infraestructuras críticas como plantas de desalinización y centrales eléctricas.
El miércoles, el presidente llegó a declarar que el alto el fuego estaba “terminado”. Esa afirmación impulsó el precio del petróleo y presionó a la baja a las acciones y los bonos, antes de que más tarde dijera que permitiría seguir negociando y que no creía que la guerra fuera a reanudarse.
La violencia más reciente, sin embargo, vuelve a sembrar dudas sobre la viabilidad del proceso diplomático. Las conversaciones entre ambos países permanecen suspendidas mientras Irán realiza un funeral masivo de una semana por el difunto líder supremo.
Ese líder, Ali Jamenei, fue asesinado en el primer día del conflicto a finales de febrero. Su entierro está previsto para este jueves en Mashhad, hecho que también quedó cruzado por los acontecimientos militares más recientes.
Objetivos militares, amenazas iraníes y alarma en el Golfo
Centcom señaló que entre los blancos alcanzados hubo sistemas de defensa aérea iraníes, activos de vigilancia costera y sitios de almacenamiento de misiles y drones. La descripción apunta a una estrategia orientada a reducir la capacidad ofensiva de Teherán en torno a la ruta marítima.
Medios iraníes añadieron que las fuerzas estadounidenses también golpearon ferrocarriles. Como consecuencia, Irán suspendió una línea que conecta Teherán con Mashhad, la ciudad donde será enterrado Jamenei.
La Guardia Revolucionaria iraní amenazó con ampliar los ataques, según reportó Press TV. Ese mensaje reforzó la percepción de que la escalada todavía podría subir otro nivel en las próximas horas o días.
Mohammad Bagher Ghalibaf, presidente del parlamento iraní, emitió otra advertencia pública. “EE.UU. aún no ha aprendido que la intimidación y el incumplimiento de sus compromisos ya no vienen sin un costo”, escribió.
En ese mismo mensaje, Ghalibaf dejó una línea directa sobre la postura iraní. “Déjame ser claro: Si atacas, serás atacado de vuelta”, afirmó.
En Kuwait, las fuerzas armadas informaron en las primeras horas del jueves que sus defensas aéreas estaban “enfrentando ataques hostiles de misiles y drones”. La publicación confirmó que la crisis ya estaba generando respuestas activas de seguridad fuera de Irán.
En Baréin, el Ministerio del Interior indicó que sonaron las sirenas y pidió a los residentes dirigirse al lugar seguro más cercano. Ese tipo de alertas muestra el impacto inmediato del conflicto sobre la población civil en países vecinos.
Catar también fue mencionado entre los territorios alcanzados por la represalia iraní, según ISNA. Aunque el detalle operacional fue limitado, la referencia amplía la presión geopolítica sobre todo el Golfo Pérsico.
Ormuz vuelve al centro del riesgo energético global
El estrecho de Ormuz es uno de los corredores más sensibles para el transporte mundial de crudo. Por esa vía transita una parte crucial del suministro energético de Oriente Medio, por lo que cualquier interrupción impacta de inmediato la percepción de riesgo en los mercados.
Esta vez, el tráfico a través del estrecho se redujo casi hasta detenerse. Los operadores y comerciantes evaluaban el deterioro de la seguridad y sus posibles consecuencias para el flujo de petróleo.
Los datos de seguimiento de barcos mostraron que los movimientos observables ocurrieron principalmente por una ruta aprobada por Irán, más cerca del norte del estrecho. En cambio, el corredor omaní respaldado por Estados Unidos permaneció tranquilo.
Esa alteración del tránsito no implica por sí sola un cierre formal del paso marítimo. Aun así, sí sugiere un cambio táctico relevante en la manera en que los buques están intentando cruzar una de las arterias energéticas más importantes del planeta.
El crudo Brent, referencia global del mercado, cayó 0,2 % hasta ubicarse en poco menos de USD $78 por barril. El movimiento se produjo después de que el contrato avanzara más de 5 % durante la jornada del miércoles.
La secuencia refleja la extrema sensibilidad del petróleo ante titulares militares y diplomáticos. En contextos como este, una sola declaración política puede mover precios, activos refugio y expectativas de inflación en cuestión de horas.
Para audiencias interesadas en mercados, este punto es especialmente relevante. Una disrupción sostenida en Ormuz no solo afecta al crudo, también puede contagiar divisas, bonos soberanos, acciones de transporte y el apetito por riesgo en activos alternativos.
Negociaciones congeladas y pocos avances de fondo
Más allá de los ataques, el problema central sigue siendo la falta de progreso en los temas de fondo que debían discutirse durante el período de 60 días. La gestión del estrecho y la liberación de miles de millones de dólares en fondos congelados forman parte de la agenda pendiente.
Después de esos puntos debía continuar la discusión sobre el programa nuclear iraní. Sin embargo, el reporte indica que se ha logrado poco avance en cualquiera de esas materias.
La pausa actual en las negociaciones complica aún más cualquier intento de estabilización. Sin un canal político activo, cada incidente militar tiende a reinterpretarse como una señal de ruptura total.
La muerte del líder supremo iraní al inicio del conflicto también pesa sobre el cálculo político de Teherán. El proceso funerario masivo y su simbolismo nacional reducen el margen para una desescalada rápida sin costos internos.
Del lado estadounidense, el tono oscilante de Trump añade incertidumbre. En pocas horas pasó de declarar muerto el alto el fuego a sugerir que las conversaciones podrían seguir y que no esperaba una reanudación plena de la guerra.
Esa ambivalencia complica la lectura de corto plazo para diplomáticos, operadores de energía y aliados regionales. También mantiene la atención global sobre una zona donde un error de cálculo puede tener consecuencias económicas y estratégicas inmediatas.
Por ahora, el resultado más visible es un cese al fuego cada vez más inestable, un corredor energético bajo fuerte presión y unas negociaciones de paz cuya viabilidad luce más frágil que hace apenas unos días. Mientras tanto, el mercado sigue mirando a Ormuz como el termómetro principal del riesgo regional.
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