Por Canuto  

Un informe del centro de investigación CREA calcula que los consumidores estadounidenses acumularon USD $471 adicionales en costos de combustible desde el inicio de la guerra con Irán, casi ocho veces el promedio mundial por persona. La dependencia del petróleo y la menor adopción de vehículos eléctricos ayudan a explicar la diferencia.
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  • El informe calcula que cada consumidor estadounidense pagó, en promedio, USD $471 adicionales en combustible desde febrero, frente a unos USD $60 a escala mundial.
  • Estados Unidos acumuló USD $160.000 millones en mayores costos de combustible; Mark Zandi estima que el impacto total en los hogares ronda USD $2.000.
  • La baja adopción de vehículos eléctricos y cambios en incentivos y estándares de eficiencia podrían prolongar la exposición a futuras crisis energéticas.

 


Los consumidores de Estados Unidos han afrontado un aumento en los costos de combustible mucho mayor que el registrado en otros países desde el inicio de la guerra con Irán, según un informe del Centre for Research on Energy and Clean Air (CREA). El centro de investigación, con sede en Finlandia, estima que el gasto adicional promedio por persona en EE.UU. llegó a USD $471, casi ocho veces los cerca de USD $60 calculados como promedio mundial.

La diferencia no se explica únicamente por el encarecimiento internacional de la energía durante el conflicto. El informe atribuye la mayor exposición estadounidense a una economía y una cultura de transporte muy dependientes del petróleo, con vehículos que consumen más combustible y distancias recorridas más largas que en otros países, indica Fortune.

El costo del conflicto y la factura para los hogares

Desde el comienzo de la guerra, en febrero, Estados Unidos habría acumulado USD $160.000 millones en costos adicionales de combustible, de acuerdo con los cálculos de CREA. China ocupa el segundo lugar, con USD $54.000 millones, mientras que Canadá aparece tercero, con USD $17.000 millones; las cifras reflejan el gasto nacional acumulado, no el aumento promedio que enfrenta cada persona.

La medición por habitante permite dimensionar por qué el impacto resulta especialmente intenso para los consumidores estadounidenses: los USD $471 adicionales contrastan con un promedio global cercano a USD $60 en mayores costos de energía por persona. El informe relaciona esa brecha con la estructura de movilidad del país, aunque el alza de los precios internacionales también incide en el costo de llenar el tanque.

La presión no se limita a lo que los conductores pagan directamente en las estaciones de servicio. Mark Zandi, economista jefe de Moody’s Analytics, calculó que la guerra ha costado alrededor de USD $2.000 a los hogares estadounidenses, al sumar el combustible más caro, el aumento de las tarifas aéreas y la inflación vinculada a los mayores costos de transporte y a los reajustes en las cadenas de suministro.

Ese cálculo abarca los siete meses de turbulencia en Oriente Medio descritos en la información del informe y no debe confundirse con la estimación de USD $471 por persona para los costos de combustible. La primera cifra incorpora efectos indirectos sobre viajes, transporte e inflación; la segunda se refiere al incremento promedio de gastos energéticos atribuido a los consumidores estadounidenses.

La dependencia del petróleo amplifica el impacto

El cofundador de CREA y autor del informe, Lauri Myllyvirta, dijo a Fortune que la comparación con países europeos de ingresos similares muestra el efecto de décadas de combustible relativamente barato y de una menor prioridad al transporte sostenible en Estados Unidos. A su juicio, revertir esa dependencia requiere tiempo y esfuerzo, por lo que el impacto no desaparece de inmediato cuando cambian los precios internacionales.

Estados Unidos también permanece expuesto a las cotizaciones globales porque participa en el comercio internacional de petróleo y todavía necesita adquirir crudo pesado, pese a ser un importante productor de diésel. CREA, sin embargo, sostiene que esa conexión con el mercado mundial no explica por sí sola la carga desproporcionada para los consumidores, y apunta principalmente al peso del petróleo frente a otras opciones energéticas.

La menor adopción de vehículos eléctricos es uno de los factores que el informe identifica detrás de esa vulnerabilidad. A ello se suman automóviles a gasolina menos eficientes y recorridos más extensos por las carreteras estadounidenses, una combinación que eleva el volumen de combustible consumido y hace que los aumentos de precios afecten a más conductores.

El informe también observa una correlación entre una mayor participación de vehículos eléctricos en el mercado y menores costos de combustible por persona; entre los países destacados figuran Noruega, Suecia, Finlandia, Países Bajos y Bélgica. Esa relación no significa que la electrificación sea la única causa de las diferencias, pero apunta a cómo las alternativas al motor de combustión pueden reducir la exposición directa a los precios de la gasolina.

La electrificación y las políticas de Trump

Las ventas de vehículos eléctricos crecieron en distintos mercados mientras subían los costos del combustible, aunque los porcentajes varían de un país a otro. En los primeros ocho meses de 2026, los eléctricos representaron el 81% de las ventas de vehículos nuevos en Dinamarca; en Noruega, casi todas las unidades nuevas fueron eléctricas, y en China los modelos totalmente eléctricos alcanzaron el 57%.

En Estados Unidos, en cambio, los vehículos eléctricos enchufables representaron el 7,3% de las ventas de vehículos nuevos durante ese mismo período. CREA calculó que quienes cambiaron a autos eléctricos enfrentaron un incremento de apenas USD $17 en sus costos de carga desde principios de marzo, debido al aumento de los precios de la electricidad, una variación mucho menor que la presión asociada al combustible.

La demanda de gasolina y diésel también retrocedió en algunos países europeos, entre ellos Alemania, según la información citada en el reporte. El contraste no elimina las diferencias entre mercados, pero muestra que los consumidores tienen distintas posibilidades de responder a un encarecimiento energético según la disponibilidad de vehículos eléctricos y las características de sus sistemas de transporte.

Myllyvirta advirtió que los cambios recientes en la política estadounidense pueden mantener esa brecha. La administración Trump eliminó en septiembre de 2025 un crédito fiscal de USD $7.500 para la compra de vehículos eléctricos nuevos; analistas citados por Fortune vincularon el fin del incentivo con el estancamiento de la demanda, mientras fabricantes como Ford redujeron la producción de modelos totalmente eléctricos en favor de vehículos híbridos.

Combustible por encima de USD $4 y volatilidad futura

El 28 de septiembre, la administración Trump finalizó nuevos estándares de economía de combustible que flexibilizan los requisitos de eficiencia establecidos durante la administración Biden. Según Reuters, las reglas fijan un promedio de 34,5 millas por galón para 2031, frente a las 50,4 millas por galón que contemplaban los estándares anteriores. La administración sostuvo que el cambio reduciría los costos de los fabricantes; sus críticos advirtieron que un menor rendimiento podría elevar el gasto en combustible.

En medio de esas decisiones, el precio del combustible en Estados Unidos superó los USD $4,26 por galón, frente a los USD $2,98 registrados antes de la guerra. Trump calificó el costo como un precio barato por lo que, según él, se había conseguido, y ha defendido el conflicto como una forma de impedir que Irán obtenga armas nucleares.

El presidente también ha afirmado que Estados Unidos está obteniendo una gran fortuna gracias al aumento de la producción energética, mientras intenta calmar la preocupación pública por los precios. En un mitin en Carolina del Norte en septiembre restó importancia a las inquietudes sobre la asequibilidad, de acuerdo con la información publicada; la Casa Blanca no respondió de inmediato a una solicitud de comentarios de Fortune.

Para Myllyvirta, el alivio que podría llegar cuando termine la guerra no resolvería la exposición estructural de los consumidores a futuras crisis. El experto sostuvo que los precios pueden bajar y después volver a subir ante nuevos episodios de tensión, con efectos sobre el gasto de los hogares, la inflación y la política económica mientras persista la dependencia del petróleo.


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Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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