Cognizant estima que la inteligencia artificial podría afectar tareas equivalentes a USD $4,5 billones en salarios estadounidenses, mientras anuncia la contratación de 1.500 graduados y una nueva familia de puestos tecnológicos. La contradicción aparente revela la magnitud de la transformación laboral y las dudas sobre quién ocupará los empleos de entrada.
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- La investigación de Cognizant calcula que 93% de los puestos podrían verse afectados por la IA, aunque aclara que se trata de una exposición teórica.
- La empresa contratará a 1.500 graduados estadounidenses y busca ampliar hasta 15.000 personas sus equipos Frontier Certified Engineers y Frontier Business Operators.
- El estudio eleva la exposición de abogados, médicos, docentes, gerentes financieros e incluso albañiles, mientras Cognizant también vende las herramientas de automatización.
Una cifra con dos lecturas
Cognizant anunció que contratará a 1.500 graduados universitarios estadounidenses antes de finales de 2026 y que desarrollará una nueva familia de puestos vinculados con la inteligencia artificial. El anuncio se produce mientras la empresa difunde una estimación propia según la cual la IA podría asumir tareas equivalentes a USD $4,5 billones en salarios que actualmente reciben trabajadores de Estados Unidos. La cercanía entre ambas cifras expone una tensión central del mercado laboral: la misma tecnología puede presentarse como una oportunidad de productividad para las empresas y como una amenaza de sustitución para los empleados.
La cifra de USD $4,5 billones no representa ingresos adicionales garantizados ni dinero que vaya a entrar automáticamente en la economía. Cognizant la calculó a partir de los recuentos de empleados de la Oficina de Estadísticas Laborales, los salarios medios y las puntuaciones de exposición asignadas a distintas ocupaciones. En ese modelo, el trabajo que las máquinas pueden realizar se describe como valor potencial desplazado desde las personas hacia sistemas de IA, aunque el comunicado corporativo también lo presenta como productividad laboral desbloqueada, indica TNW.
Ambas interpretaciones tienen una base económica, pero producen efectos distintos cuando se comunican. Si una empresa habla con inversionistas, la transferencia de tareas a máquinas puede significar mayor productividad, menores costos o nuevas oportunidades comerciales; si habla con empleados, la misma transferencia puede implicar presión sobre los salarios y menos puestos disponibles. El debate no se limita a elegir una palabra, porque la manera de nombrar el fenómeno influye en cómo se evalúan sus beneficios y sus riesgos.
La investigación actualizada de Cognizant fue publicada en enero y revisó 18.000 tareas correspondientes a aproximadamente 1.000 ocupaciones de la base de datos O*NET del Departamento de Trabajo de Estados Unidos. El análisis asignó a cada puesto una puntuación relacionada con la capacidad actual de la IA para asistir o automatizar sus actividades. La empresa concluyó que 93% de los puestos podría verse afectado de alguna manera, seis años antes de lo que había proyectado tres años atrás.
El alcance de la exposición laboral
El estudio también duplicó su estimación sobre los empleos que enfrentan lo que denomina un cambio existencial, definido como la exposición de al menos la mitad de sus tareas. Esa proporción pasó de 15% a 30% frente al pronóstico anterior, un salto que muestra cuánto han cambiado las capacidades de los sistemas generativos y de automatización en un periodo relativamente corto. Cognizant no afirma que todos esos puestos desaparecerán, pero sí que una parte sustancial de sus funciones podría reorganizarse alrededor de herramientas algorítmicas.
Las actividades empresariales y financieras, la gerencia y el soporte administrativo y de oficina registraban hace tres años niveles de exposición de entre 14% y 21%. En la actualización, esos grupos aparecen entre 60% y 68%, mientras que los gerentes financieros alcanzan individualmente 84%. El cambio sugiere que las ocupaciones basadas en documentos, análisis, coordinación y decisiones repetitivas están entre las primeras en recibir el impacto de la IA.
Los abogados pasaron de una exposición estimada de 9% a 63%, y los médicos de familia subieron de 33% a 59%. La enseñanza, por su parte, avanzó de 11% a 49%, una evolución que no significa que una herramienta pueda reemplazar por completo la relación profesional, el criterio clínico o la interacción con estudiantes. Sí indica que redactar, resumir, consultar información, preparar materiales y apoyar decisiones son tareas que los modelos pueden modificar con rapidez.
El avance no quedó limitado a las oficinas ni a las profesiones universitarias. Los inspectores de transporte aumentaron de 6% a 55%, mientras que los albañiles pasaron de 3% a 20%, en parte porque la IA puede interpretar un plano y calcular una distancia a partir de una fotografía. Esa expansión hacia actividades físicas muestra que el debate no depende únicamente de los chatbots, sino de la combinación entre visión computacional, sensores, software empresarial y herramientas capaces de conectar instrucciones digitales con operaciones en el mundo real.
El límite entre capacidad y realidad
Cognizant advierte que sus cifras representan un máximo teórico y no una predicción inevitable de despidos. El modelo no incorpora la velocidad de adopción empresarial, la aceptación de los empleados, la regulación, el control de calidad, las consideraciones éticas ni los cambios organizacionales necesarios para desplegar IA a gran escala. Por eso, la empresa describe sus resultados como capacidad y oportunidad, dos conceptos diferentes de la materialización efectiva en cada lugar de trabajo.
El informe ofrece una advertencia específica cuando analiza a los directores ejecutivos. La exposición de sus tareas, que antes se proyectaba en 25% para 2032, ahora supera 60% e incluye negociación de contratos, recomendaciones de políticas e implementación de esas políticas. Sin embargo, la investigación añade que las juntas directivas y los accionistas podrían no aceptar la automatización de esas funciones, porque la rendición de cuentas limitaría cuánto de esa exposición teórica se convierte en automatización real.
Ese freno institucional resulta razonable para responsabilidades que concentran poder y obligaciones legales, pero introduce una asimetría en el análisis. El documento no presenta una advertencia equivalente para los gerentes financieros, cuya exposición alcanza 84%, ni para los trabajadores administrativos, ubicados entre 60% y 68%. La pregunta pendiente es si la supervisión humana y la responsabilidad también recibirán el mismo peso cuando la automatización afecte a puestos con menos influencia dentro de las organizaciones.
La diferencia entre una tarea expuesta y un empleo eliminado será decisiva para interpretar las próximas cifras. Una ocupación puede conservar su nombre mientras cambia su composición, de modo que el empleado produzca más con herramientas de IA, supervise resultados o atienda excepciones que antes no existían. Pero ese proceso también puede reducir la cantidad de personas necesarias, alterar las escalas salariales y elevar las exigencias para quienes intentan ingresar al mercado laboral sin experiencia previa.
La apuesta de Cognizant por nuevos perfiles
Junto con la contratación de graduados, Cognizant planea ampliar una familia de puestos denominada Frontier Certified Engineers y Frontier Business Operators hasta 15.000 personas. La compañía respalda el programa mediante alianzas con la Universidad de Georgia, Arizona State y la Universidad de Kentucky, además de su participación como patrocinador nacional de aprendizajes registrados con el Departamento de Trabajo de Estados Unidos. La información disponible no aclara si esos 15.000 puestos serán empleos adicionales o si parte de la cifra corresponde a empleados existentes con nuevas funciones y etiquetas.
La empresa también se incorporó a RAISE US, una coalición bipartidista impulsada por la exsecretaria de Comercio Gina Raimondo y el exgobernador de Indiana Eric Holcomb. El grupo busca movilizar USD $1.000 millones para programas de recapacitación y cuenta con alianzas estatales en Arkansas, Connecticut, Maryland y Utah. En paralelo, el programa de formación Synapse superó el millón de participantes un año antes de lo previsto y ahora apunta a llegar a dos millones para 2030.
Desde 2018, Cognizant afirma haber entregado USD $70 millones en subvenciones filantrópicas, una cifra que complementa sus iniciativas de capacitación y educación. Su director ejecutivo, Ravi Kumar S, sostiene que la IA creará significativamente más empleos de los que desplazará y que moverá el valor, los salarios y la responsabilidad hacia la primera línea de las organizaciones. Esa es una posición defendida también por economistas, pero su resultado dependerá de que los nuevos puestos sean accesibles para quienes pierdan tareas y no únicamente para profesionales ya familiarizados con la tecnología.
La contratación ocurre en un mercado de entrada más exigente para los graduados. UBS ahora solicita habilidades de IA a quienes aspiran a sus posiciones junior, mientras Oracle recortó 21.000 empleos en un documento que atribuyó explícitamente parte de la decisión a la IA; Cloudflare, por su lado, eliminó 1.100 puestos y después incrementó su equipo de ingeniería en 45%. Estos movimientos han adelgazado el camino tradicional por el cual un graduado empezaba en funciones básicas y avanzaba hacia trabajos profesionales de mayor responsabilidad.
El negocio detrás de la medición
La transformación que Cognizant mide también forma parte de su propio negocio. La compañía declara tener más de 15.000 certificaciones de Claude, más que cualquier otro socio mundial de Anthropic, además de 5.000 certificaciones de Codex de OpenAI, mientras Google Cloud amplía con ella una alianza relacionada con Gemini Enterprise. Esa posición no invalida automáticamente sus estimaciones, pero obliga a leerlas considerando que la empresa estudia un mercado en el que vende consultoría, integración y despliegue tecnológico.
Un caso presentado por la compañía ilustra cómo se convierte la exposición teórica en una operación concreta. Un equipo Frontier reconstruyó la gestión de cuentas de una gran empresa de servicios de alimentación mediante 17 agentes de IA puestos en producción, con una recuperación aproximada de 11 horas semanales por gerente de cuentas. Multiplicadas por una amplia base de clientes, esas horas representan el tipo de eficiencia que puede alimentar la cifra de USD $4,5 billones, pero también abren la discusión sobre si el tiempo recuperado se traduce en más trabajo, mejores salarios o menos puestos.
La empresa sostiene que está poniendo recursos detrás de una transición con más empleos y capacitación, en lugar de limitarse a vender una promesa tecnológica. Al mismo tiempo, sus propios productos buscan automatizar tareas que antes realizaban trabajadores de áreas administrativas, financieras y operativas. Esa doble condición convierte a Cognizant en un actor interesado y relevante: mide el cambio, ayuda a instalarlo y propone preparar a los empleados para un mercado que sus herramientas contribuyen a rediseñar.
La contratación de 1.500 graduados es verificable y ofrece una señal concreta en medio de proyecciones amplias, aunque no resuelve la pregunta sobre la escala neta del empleo. El dato que habrá que observar es si los 15.000 puestos Frontier representan creación real de plazas, reconversión interna o una combinación de ambas. La diferencia determinará si el anuncio es principalmente una inversión en talento nuevo o una reorganización de funciones que ya existían.
Qué significa para los trabajadores
La distancia entre USD $4,5 billones en trabajo expuesto y 1.500 contrataciones no demuestra por sí sola una contradicción o una hipocresía. Las dos cifras operan en escalas diferentes: una estima el valor salarial asociado con tareas potencialmente automatizables en toda la economía estadounidense, mientras la otra describe una decisión concreta de una sola empresa durante un año. Juntas, sin embargo, muestran la magnitud del desafío para convertir productividad agregada en oportunidades laborales distribuidas.
El punto más delicado aparece en el nivel de entrada, porque los graduados suelen adquirir experiencia realizando tareas que ahora pueden automatizarse con rapidez. Si las compañías reducen esas funciones antes de crear rutas alternativas de formación, una generación puede enfrentar mayores barreras para convertirse en profesional especializado. Las nuevas certificaciones y programas de aprendizaje pueden ayudar, pero su eficacia dependerá de que estén conectados con puestos remunerados y no solo con cursos o credenciales.
También será importante distinguir entre asistencia y sustitución cuando se evalúen los resultados. Una herramienta que redacta un borrador o analiza un plano puede aumentar la productividad de un trabajador, pero una organización podría decidir usarla para atender el mismo volumen con menos personal. La regulación, los controles de calidad, la responsabilidad profesional y la aceptación de los empleados tendrán un papel decisivo en esa elección, tal como reconoce la propia investigación de Cognizant.
La historia de Cognizant deja una conclusión menos simple que la idea de que la IA destruirá todos los empleos o creará automáticamente una prosperidad compartida. La tecnología amplía las tareas que pueden automatizarse, mientras las empresas intentan crear perfiles capaces de supervisar, integrar y operar esos sistemas. El resultado final dependerá de quién capture el valor liberado, quién reciba la capacitación y si los trabajadores de entrada pueden cruzar el puente entre la educación y los empleos de la próxima etapa.
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