Por Canuto  

El debate sobre si la inteligencia artificial destruirá empleos o elevará la productividad sigue abierto, incluso dentro de Anthropic. Mientras algunos advierten sobre un salto brusco del desempleo, varios directores ejecutivos sostienen que el desenlace dependerá menos de una fatalidad tecnológica y más de cómo empresas, gobiernos y trabajadores se adapten al nuevo ciclo.

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  • Jack Clark, cofundador de Anthropic, rechazó la idea de que la IA deba llevar el desempleo a 20% en los próximos cinco años.
  • Varios CEO reunidos en Washington defendieron que la IA está ampliando capacidades laborales más que sustituyendo por completo a los empleados.
  • Gallup, Plume e Infosys coincidieron en que la adopción efectiva de IA exige estrategia, uso diario y recapacitación masiva.

 


El impacto de la inteligencia artificial (IA) sobre el empleo se ha convertido en una de las discusiones económicas más sensibles del momento. En especial, porque ya no se trata solo de una hipótesis académica o de una preocupación sindical, sino de una conversación que está ocurriendo dentro de las propias empresas que construyen estos sistemas.

Ese contraste quedó en evidencia durante la conferencia Semafor World Economy celebrada en Washington, D.C., donde Jack Clark, cofundador de Anthropic, tomó distancia de una de las advertencias más severas hechas por el propio CEO de su empresa, Dario Amodei. El punto en disputa fue la posibilidad de que la IA eleve la tasa de desempleo hasta 20% en los próximos cinco años.

Clark desestimó ese escenario como un resultado inevitable. Según planteó, aceptar una tasa de desempleo tan elevada sería casi una “elección” de política pública, dado que un deterioro laboral de esa magnitud tomaría tiempo en desarrollarse y abriría espacio para responder desde gobiernos, empresas e instituciones.

La discusión es relevante más allá del sector tecnológico. Para inversionistas, trabajadores y recién graduados, la cuestión central no es solo si la IA automatizará tareas, sino si terminará reduciendo plazas laborales o, por el contrario, reconfigurará el tipo de habilidades que el mercado comenzará a premiar.

Una disputa abierta incluso dentro de Anthropic

Durante su intervención, Clark sostuvo que si la tecnología realmente va a transformar el mundo de forma profunda, también cambiará la economía en formas sustanciales. A su juicio, no resulta coherente asumir un cambio tan amplio en los negocios, la seguridad nacional y las relaciones humanas sin admitir también una mutación relevante del mercado laboral.

Sin embargo, su argumento no fue que el empleo quedará intacto. Más bien, indicó que la sociedad tiene margen para gestionar la transición. En ese sentido, sugirió que una destrucción masiva de puestos no debe verse como un destino automático, sino como un riesgo que puede ser amortiguado o agravado según las decisiones adoptadas.

La diferencia con Amodei es importante porque revela que el debate sobre el futuro del trabajo ya no enfrenta solo a tecnólogos contra escépticos. Ahora también divide a quienes lideran compañías de frontera en IA, incluidas firmas directamente involucradas en el desarrollo de modelos avanzados y sistemas agénticos.

Ese matiz influye en la percepción del mercado. Cuando voces prominentes de la industria hablan de desempleo extremo, los inversionistas tienden a reinterpretar el valor de empresas enteras, sobre todo en software, donde el riesgo de obsolescencia tecnológica ha pasado a ocupar el centro del análisis.

Wall Street ya refleja el miedo a la disrupción

Anthropic ha estado en el centro de buena parte de los temores sobre la disrupción laboral y corporativa asociada con la IA. Ese sentimiento también ha afectado al mercado bursátil, especialmente a compañías de software que ahora son vistas como potencialmente vulnerables frente a herramientas capaces de automatizar programación, soporte, análisis y otras funciones de oficina.

La presión ha sido visible en el ETF iShares Expanded Tech-Software Sector, identificado con el ticker IGV. Según los datos citados en la cobertura original, este fondo entró en mercado bajista tras desplomarse más de 30% desde el máximo registrado en septiembre pasado.

La lectura del mercado parece clara. A medida que ganan terreno los sistemas agénticos, es decir, herramientas que pueden ejecutar acciones con supervisión humana mínima, muchos inversionistas consideran que una parte del software empresarial tradicional enfrenta un desafío estructural.

No obstante, una corrección bursátil no equivale por sí sola a un colapso inmediato del empleo. Lo que sí sugiere es que las empresas tendrán que reorganizar procesos, equipos y prioridades de contratación. Allí aparece una de las principales preocupaciones señaladas por Clark: la transición será desigual y algunos grupos podrían sentir antes la presión.

Los recién graduados, entre los más expuestos

Clark señaló que ya observa cierta debilidad en el empleo para recién graduados en algunas industrias. La afirmación tiene peso adicional porque él dirige The Anthropic Institute, un centro de estudios de 30 personas dedicado a investigar los efectos de la IA en el lugar de trabajo.

Desde esa posición, su lectura no es que los jóvenes quedarán fuera del mercado, sino que tendrán que ajustar su perfil. En particular, recomendó que quienes hoy salen de la universidad aprendan a analizar y conectar información entre disciplinas distintas, en lugar de apostar demasiado por habilidades rutinarias de programación.

Su visión parte de una idea central: la IA permite acceder a una especie de cantidad arbitraria de expertos en diversas materias y dominios. En ese contexto, la ventaja competitiva no estaría solo en ejecutar tareas técnicas repetibles, sino en formular las preguntas correctas y detectar qué puede surgir del cruce entre perspectivas diferentes.

Para lectores nuevos en este tema, el mensaje es sencillo. Si la IA hace más barato producir código, redactar informes o resumir información, entonces el valor humano se desplaza hacia la síntesis, el criterio y la capacidad de decidir qué problema vale la pena resolver. Esa es una transición importante para universidades, empresas y reclutadores.

Otros CEO refuerzan la tesis de la IA como aumento de capacidades

La visión de Clark fue acompañada por otros ejecutivos presentes en el evento. Jon Clifton, CEO de Gallup, afirmó que los países con mayor probabilidad de obtener una ventaja en el futuro serán aquellos con una proporción más alta de trabajadores usando inteligencia artificial.

Sin embargo, también introdujo una advertencia llamativa. Dijo que 50% de todos los empleados estadounidenses ya usan IA, pero añadió que el gran problema es si ese uso se traduce realmente en ganancias de productividad. Según explicó, la adopción cotidiana aún es limitada, ya que solo 13% de los empleados la utiliza a diario.

Ese contraste entre uso ocasional y uso intensivo ayuda a entender por qué todavía no aparecen beneficios homogéneos en toda la economía. Tener acceso a una herramienta no garantiza transformaciones reales si la organización no modifica procesos, incentivos y formas de trabajo.

Daniel Herscovici, presidente y CEO de Plume, ofreció otra pista sobre cómo están respondiendo algunas compañías. Señaló que su empresa cuenta con una “zar de IA” encargada de definir la estrategia y de impulsar la implementación de la infraestructura necesaria para ejecutar ese plan.

Consultado sobre si trabaja menos desde que incorporó más IA a su rutina diaria, Herscovici respondió “absolutamente no”. Agregó que, sin duda, está logrando hacer más durante su jornada de ocho, nueve o 12 horas. Su comentario refuerza una idea que se repite entre muchos ejecutivos: la IA está actuando como multiplicador de rendimiento más que como sustituto total del trabajador.

La apuesta por recapacitar, no por recortar

Una de las intervenciones más concretas en materia de gestión laboral vino de Salil Parekh, director gerente y CEO de Infosys. Explicó que la empresa está enfocada en asegurarse de que su personal aprenda nuevas habilidades usando herramientas de IA.

Su estrategia apunta a una recapacitación a gran escala. Según dijo, Infosys ha optado por volver a capacitar a sus 300.000 empleados en herramientas de inteligencia artificial, una cifra que muestra la magnitud con la que algunas grandes corporaciones intentan reposicionar a su fuerza laboral ante el cambio tecnológico.

Parekh también describió un enfoque gradual para los nuevos graduados. Durante los primeros meses de formación, la empresa los anima a no usar herramientas de IA y a aprender cómo se hace el desarrollo de software de manera tradicional. Luego de dos o tres meses, se incorpora el uso de esas herramientas para medir cómo mejoran los resultados.

Ese método sugiere que, al menos en algunas firmas, la IA no está siendo tratada como un atajo para eliminar aprendizaje básico. Más bien, se la está integrando después de construir fundamentos, con la idea de que la herramienta potencie la productividad sin vaciar por completo la comprensión técnica.

De acuerdo con la información reportada por CNBC, la discusión dejó un mensaje compartido entre varios líderes empresariales: la IA sí alterará la estructura del trabajo, pero sus efectos concretos dependerán de la velocidad de adopción, del rediseño organizacional y de la capacidad de recapacitar a trabajadores y nuevos profesionales.

En otras palabras, el futuro laboral de la IA no parece estar escrito de antemano. Entre visiones alarmistas y lecturas más pragmáticas, el mercado empieza a aceptar que la pregunta no es solo cuántos puestos desaparecerán, sino qué tipo de trabajo emergerá y quién estará preparado para ocuparlo.


Imagen de Unsplash

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA

 


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