La Casa Blanca busca que las grandes tecnológicas asuman el costo eléctrico de su expansión en centros de datos de IA, en un contexto donde el precio promedio nacional de la electricidad subió más de 6% en el último año. Aunque compañías como Microsoft, OpenAI y Anthropic ya anunciaron compromisos públicos, sigue sin estar claro cómo se medirá el impacto real ni quién decidirá qué aumentos de tarifas se atribuyen a cada instalación.
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- Trump dijo en el Estado de la Unión que Big Tech debe cubrir sus necesidades energéticas y hasta construir plantas propias para evitar alzas a consumidores.
- Microsoft, OpenAI y Anthropic ya prometieron no trasladar costos eléctricos a hogares; Google anunció un gigantesco proyecto de baterías en Minnesota.
- Persisten dudas clave: no se sabe cómo se determinará qué centros de datos causan qué aumentos, ni si las plantas en sitio evitarán impactos ambientales o presiones a cadenas de suministro.
La expansión acelerada de centros de datos de inteligencia artificial conectados a la red eléctrica de Estados Unidos se ha convertido en un problema político y económico. El aumento de esta demanda energética coincide con un encarecimiento de la electricidad para los consumidores, un tema sensible en un año electoral.
En ese contexto, el presidente Donald Trump abordó el asunto durante su discurso del Estado de la Unión la noche anterior. El mensaje fue directo: la Casa Blanca quiere que las grandes tecnológicas cubran el impacto de sus operaciones sobre el sistema eléctrico, en lugar de trasladarlo a los hogares, indican reportes.
De acuerdo con información reportada por TechCrunch, la proliferación de centros de datos de IA conectados a la red nacional ha contribuido a elevar el precio promedio nacional de la electricidad en más de 6% durante el último año. Esa cifra refuerza la narrativa de que la infraestructura digital también tiene costos físicos que terminan reflejándose en la vida cotidiana.
Para el ecosistema cripto y de mercados tecnológicos, el debate resulta familiar. La energía ya ha sido un eje central en discusiones sobre minería de Bitcoin, huella de carbono y presión sobre redes eléctricas. Ahora, la conversación se traslada a la IA, cuyos modelos y servicios dependen de cómputo intensivo y, por tanto, de un consumo eléctrico creciente.
La Casa Blanca eleva la presión: “cubran sus propias necesidades energéticas”
En su discurso, Trump planteó que las grandes compañías tecnológicas tienen una obligación específica frente a la sociedad: hacerse cargo de la energía que requieren sus centros de datos. “Les decimos a las grandes empresas tecnológicas que tienen la obligación de cubrir sus propias necesidades energéticas”, dijo el mandatario.
El presidente fue más allá al proponer una solución de infraestructura dentro del propio perímetro industrial. “Pueden construir sus propias plantas de energía como parte de sus fábricas, para que los precios de nadie aumenten”, añadió, enmarcando la medida como una forma de proteger al consumidor residencial.
La iniciativa también busca contener el costo político de una factura eléctrica más alta, especialmente antes de las elecciones de otoño. El aumento del precio de la electricidad puede impactar el ánimo de los votantes y la percepción sobre la gestión económica, incluso si sus causas son complejas y de múltiples factores.
Sin embargo, el planteamiento deja abiertas varias preguntas prácticas. Aún no está claro qué metodología se usaría para atribuir incrementos de tarifas a centros de datos específicos, ni quién actuaría como árbitro entre empresas, utilities, reguladores locales y consumidores.
Las tecnológicas ya se habían adelantado con promesas públicas
Según el reporte, las compañías hiperescalares no necesitan que se les “diga” qué hacer, al menos en el plano declarativo. En las últimas semanas, varias han comunicado compromisos públicos para cubrir los costos de electricidad, ya sea construyendo sus propias fuentes de energía, pagando tarifas más altas o combinando ambas estrategias.
El 11 de enero, Microsoft anunció una política “para asegurar que el costo de la electricidad de nuestros centros de datos no se transfiera a los clientes residenciales”. La declaración apunta a un enfoque de protección al usuario doméstico, aunque no detalla mecanismos de cálculo ni verificación.
El 26 de enero, OpenAI asumió un compromiso en términos similares: prometió “pagar su propio camino en energía, para que nuestras operaciones no aumenten tus precios de energía”. El lenguaje busca conectar directamente con el consumidor, pero no explica cómo se traducirá eso en acuerdos con operadores eléctricos o autoridades.
El 11 de febrero, Anthropic también prometió “cubrir los aumentos de precios de electricidad que los consumidores enfrentan desde nuestros centros de datos”. En conjunto, estas posturas sugieren que las empresas perciben un riesgo reputacional por el crecimiento de su infraestructura y que intentan neutralizar la resistencia de comunidades locales.
Compromisos, pero sin reglas claras: quién mide, quién decide y quién paga
El núcleo del debate está en la brecha entre promesa y ejecución. El reporte señala que sigue siendo desconocido qué significan estos compromisos en la práctica, y quién determinará qué centros de datos son responsables de qué aumentos de precios.
Para inversionistas y analistas del sector tecnológico, la falta de definiciones puede traducirse en incertidumbre regulatoria, cambios en estructura de costos y nuevas exigencias para permisos de construcción.
También aparecen tensiones entre niveles de gobierno. Muchas decisiones energéticas se negocian a escala estatal o municipal, y la realidad de la red eléctrica varía por región. Atribuir un alza de tarifas a un conjunto de centros de datos puede requerir auditorías técnicas, modelos de carga, y acuerdos sobre qué parte del costo se considera “causada” por el nuevo consumo.
En ese clima, el senador demócrata de Arizona, Mark Kelly, criticó la idea de basarse solo en acuerdos informales. “Un acuerdo de apretón de manos con Big Tech sobre los costos de los centros de datos no es suficiente”, escribió en redes sociales. “Los estadounidenses necesitan una garantía de que los precios de la energía no se dispararán y que las comunidades tengan voz”.
Reunión en la Casa Blanca y el caso Google: baterías gigantes en Minnesota
La administración planea pasar del terreno de las declaraciones a una instancia más formal. El portavoz de la Casa Blanca, Taylor Rodgesr, dijo que la próxima semana las empresas enviarán representantes para firmar formalmente el compromiso en la Casa Blanca.
Entre las compañías que, según se informa, asistirán figuran Amazon, Google, Meta, Microsoft, xAI, Oracle y OpenAI. No obstante, el reporte aclara que ninguna de las empresas ha confirmado su asistencia, por lo que la lista aún podría cambiar.
En paralelo, Google anunció una apuesta que ilustra el tamaño de la infraestructura que se está desplegando. Ayer, la empresa comunicó “el mayor proyecto de baterías del mundo” para respaldar un centro de datos en Minnesota, una señal de que el sector considera el almacenamiento energético como pieza clave para operar a gran escala.
Para el lector que sigue IA y mercados, la noticia conecta con otra dinámica: el crecimiento del cómputo requiere no solo chips y capital, sino también capacidad eléctrica firme, acceso a red y soluciones de respaldo. Esa necesidad puede reconfigurar inversiones en generación y almacenamiento, además de modificar la manera en que las comunidades evalúan la llegada de un nuevo centro de datos.
Plantas de energía en sitio: solución parcial con nuevos riesgos
Aun si las tecnológicas asumen el costo, la construcción de plantas de energía en sitio no garantiza una salida sin consecuencias. El reporte advierte que estas instalaciones pueden generar impactos adversos en el entorno circundante, incluso cuando se presenten como medidas para evitar que suban los precios.
Además, la estrategia puede estresar cadenas de suministro críticas, dependiendo de cómo se alimente la computación. Se mencionan específicamente gas natural, turbinas, fotovoltaicos y baterías, componentes que ya enfrentan cuellos de botella en distintos mercados por la transición energética y la demanda industrial.
En términos prácticos, la discusión sugiere que el costo energético de la IA ya no es solo una variable interna de las empresas. Está entrando en la esfera pública, donde importan la transparencia, la aceptación social y la capacidad de demostrar que una expansión tecnológica no deteriora la competitividad de una región ni encarece la vida de sus habitantes.
Por ahora, el panorama mezcla promesas corporativas, presión política y falta de reglas claras para medir impacto. La firma formal anunciada por la Casa Blanca será un hito, pero el verdadero punto de inflexión llegará cuando se definan métricas, mecanismos de cumplimiento y consecuencias para quienes no logren evitar que la factura eléctrica siga subiendo.
Artículo escrito con ayuda de un redactor de contenido de IA, editado por Angel Di Matteo / DiarioBitcoin
Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público
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