Por Canuto  

Bank of America elevó su previsión para la economía mundial al considerar que el auge de la inversión en inteligencia artificial está empujando con más fuerza de la esperada a Estados Unidos, China y Asia emergente. Sin embargo, el banco advirtió que ese mismo impulso convive con riesgos crecientes, especialmente por posibles alzas de tasas de la Reserva Federal y una eventual tensión en los mercados energéticos.

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  • Bank of America ahora proyecta un crecimiento global de 3,2% en 2026 y 3,5% en 2027, por encima de sus cálculos previos.
  • El banco atribuye la mejora al boom de inversión en IA en Estados Unidos y al ciclo exportador ligado a IA en China y Asia emergente.
  • Pese al optimismo, BofA advierte que un endurecimiento desordenado de las condiciones financieras sigue siendo el principal riesgo.

 


Bank of America elevó su previsión de crecimiento global de mitad de año al concluir que la expansión de la inteligencia artificial está teniendo un efecto económico más fuerte que el estimado meses atrás.

El banco ahora espera que la economía mundial crezca 3,2% en 2026 y 3,5% en 2027, frente a estimaciones previas de 3,1% y 3,4%, respectivamente.

La revisión, aunque moderada, apunta a un fenómeno cada vez más visible en los mercados financieros y en la economía real. La inversión vinculada a infraestructura, chips, centros de datos y maquinaria para IA ya no luce como una tendencia aislada del sector tecnológico.

Según explicó Yahoo Finance al citar el informe de mitad de año de la entidad, los estrategas de BofA identifican a la IA como el principal motor detrás del ajuste al alza en sus proyecciones.

El economista global Claudio Irigoyen y Antonio Gabriel escribieron a sus clientes que, más allá del acuerdo de paz mencionado en el informe, los grandes impulsores de la mejora son el ciclo exportador impulsado por IA en Asia y el auge de la inversión en IA en Estados Unidos.

También añadieron que los menores precios del petróleo contribuyen ligeramente a reforzar el crecimiento en los mercados desarrollados hacia 2027. Ese factor, aunque secundario, ayuda a aliviar parte de la presión sobre varias economías importadoras de energía.

La IA gana peso frente al consumo en Estados Unidos

Uno de los hallazgos más llamativos del informe es que la IA ha venido dominando de forma creciente el crecimiento de la demanda interna final en Estados Unidos a lo largo de 2025 y durante 2026.

Ese liderazgo resulta relevante porque desplaza al motor tradicional de la economía estadounidense: el gasto de consumo. Durante años, el consumidor fue el actor central del crecimiento, pero BofA sostiene que esa jerarquía está cambiando.

Los datos del banco muestran que la tendencia se revirtió temporalmente en el tercer y cuarto trimestre de 2025. Sin embargo, en el primer trimestre de 2026 la IA volvió a encabezar con claridad el avance de la demanda interna final.

El cambio no ocurre en el vacío. El gasto de consumo se ha visto presionado por el alza de los precios de la energía durante la primera mitad del año, un movimiento asociado a la guerra y a su efecto sobre combustibles y costos básicos.

A eso se suma una inflación en Estados Unidos que sigue aumentando. Para BofA, esa dinámica eleva la probabilidad de que la Reserva Federal termine subiendo las tasas de interés.

El banco, de todos modos, no plantea un panorama totalmente negativo para los hogares estadounidenses. Sus economistas dijeron que les impresionó la resiliencia del consumidor incluso antes del acuerdo, pese al shock del gas.

En esa misma evaluación, señalaron que existía preocupación sobre cuánto tiempo podía durar esa resistencia. El motivo era que el estímulo fiscal relacionado con impuestos, que había funcionado como amortiguador, empezaba a estabilizarse mientras los ingresos reales retrocedían.

Ahora la entidad ve un crecimiento robusto del gasto de consumo en la segunda mitad del año. Aun así, considera que el papel del consumo como líder de la economía está cediendo terreno frente al ciclo de inversión en IA.

Ese ciclo ha llevado a las grandes tecnológicas de mega capitalización a destinar cientos de miles de millones de dólares a una carrera que, por ahora, no muestra una línea de meta evidente. La expansión de capacidad computacional se ha convertido en una prioridad estratégica.

El impulso no se limita a Estados Unidos

El informe subraya que la fuerza de la IA sobre la economía global no está restringida al mercado estadounidense. El impacto también se siente en las naciones que producen y exportan componentes, equipos y maquinaria necesarios para esta ola de inversión.

China aparece como uno de los grandes beneficiarios de este proceso. El auge inversor ha dado oxígeno a su economía exportadora, ya que muchas de las piezas de maquinaria son fabricadas allí y luego enviadas a compradores de distintos países.

La mejora también alcanza a otras economías de Asia emergente. Para BofA, el boom de la IA ya se refleja en el repunte de exportaciones en la región, lo que refuerza la idea de un motor de crecimiento con alcance global.

Entre los ejemplos destacados figura Corea del Sur. El banco señaló que el índice compuesto Kospi ha subido casi 100% desde el comienzo del año.

Ese desempeño bursátil tiene una relación directa con la estructura del mercado surcoreano. El índice mantiene una fuerte ponderación hacia el negocio de semiconductores, liderado por SK Hynix y Samsung Electronics.

El vínculo entre chips, infraestructura digital e inversión en IA es central para entender por qué Asia emerge como pieza clave en esta revisión macroeconómica. La demanda de hardware especializado ha elevado la relevancia de fabricantes y exportadores.

Irigoyen y Gabriel resumieron esa tesis con claridad al afirmar que el auge de la inversión en IA es, evidentemente, un motor de crecimiento global en este momento. En su lectura, el auge exportador de China y del resto de Asia emergente sirve como prueba concreta.

Para lectores vinculados a los mercados de tecnología, semiconductores y activos de riesgo, esta visión importa más allá de la macroeconomía tradicional. Sugiere que la narrativa de IA sigue siendo capaz de moldear flujos de capital, valuaciones y expectativas de crecimiento en varias geografías al mismo tiempo.

Los riesgos que podrían frenar el optimismo

Pese a la mejora en sus estimaciones, Bank of America no presentó un panorama libre de amenazas. El banco advirtió que varios riesgos siguen en pie y que el más urgente es la mayor probabilidad de alzas de tasas por parte de la Reserva Federal.

Los economistas de la firma prevén un total de 75 puntos básicos en aumentos de tasas para finales de 2026. Esa expectativa puede alterar tanto el costo del crédito como las valoraciones de activos impulsados por el entusiasmo en torno a la IA.

La preocupación principal radica en un posible endurecimiento desordenado de las condiciones financieras. En términos simples, el riesgo es que un mercado acostumbrado a liquidez amplia y entusiasmo tecnológico reaccione con más violencia si el dinero se encarece.

Los autores del informe señalaron que las condiciones financieras laxas y la IA han estado impulsando los mercados de acciones. También han estado alimentando dinámicas en forma de K, donde ciertos sectores y grupos avanzan con fuerza mientras otros quedan rezagados.

Ese punto es importante porque el auge de la IA no se distribuye de forma uniforme. Las grandes tecnológicas, los fabricantes de chips y las economías exportadoras ligadas a esa cadena capturan buena parte del beneficio, mientras otros segmentos enfrentan un contexto más desafiante.

En paralelo, el banco también miró de cerca a los mercados de energía. Aunque el acuerdo temporal ayuda a disipar riesgos inmediatos relacionados con la guerra en Irán, BofA remarcó que el riesgo de escalada sigue presente.

La entidad añadió que, si ese escenario empeora, no habría tantos inventarios de petróleo para amortiguar el shock. Eso implica que una nueva alteración del mercado energético podría volver a presionar la inflación y el crecimiento.

La combinación de tasas más altas, bolsas eufóricas y energía todavía vulnerable explica por qué BofA conserva un tono de cautela. La IA puede estar empujando a la economía global, pero no elimina la fragilidad del entorno macrofinanciero.

Una economía global cada vez más moldeada por la IA

La conclusión de fondo del informe es que, por ahora, la economía global funciona cada vez más bajo la lógica de la IA. No se trata solo de una moda bursátil, sino de un ciclo de inversión que ya influye en producción, comercio exterior, consumo y política monetaria.

Ese matiz resulta clave para quienes siguen sectores como blockchain, criptomonedas o acciones tecnológicas. Cuando la IA domina la asignación de capital, también redefine el apetito por riesgo y la narrativa que ordena a los mercados.

En el caso de Estados Unidos, el giro es especialmente visible porque la inversión en IA está compitiendo directamente con el consumo como fuente principal de crecimiento. Esa transición puede tener implicaciones duraderas para empleo, infraestructura y productividad.

En Asia, el efecto luce más vinculado a la cadena de suministro global. La demanda de componentes, chips y maquinaria convierte a exportadores y fabricantes en beneficiarios directos del nuevo ciclo.

El hecho de que BofA solo haya ajustado unas décimas sus previsiones no le quita importancia al mensaje. En un contexto económico global grande y complejo, mover una estimación agregada de 3,1% a 3,2%, o de 3,4% a 3,5%, implica reconocer un cambio real en la fuerza del motor subyacente.

También revela que el mercado de IA está dejando de ser una historia puramente corporativa. Su avance ya se filtra a las métricas macroeconómicas que utilizan bancos, gestores e inversionistas para proyectar el rumbo del crecimiento mundial.

La advertencia final, sin embargo, permanece intacta. Si la Reserva Federal endurece demasiado las condiciones financieras o si el frente energético vuelve a deteriorarse, el impulso actual podría enfrentar un límite más abrupto de lo previsto.

Por ahora, la lectura de Bank of America es clara: la IA se ha convertido en el principal motor del crecimiento global. El desafío será comprobar cuánto de ese empuje puede sostenerse cuando el costo del dinero suba y el entorno geopolítico vuelva a tensarse.


Imagen de Unsplash.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA.

 


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