Bill Ackman y Neri Oxman comprometieron cerca de USD $400 millones en acciones de Pershing Square para crear en Manhattan un instituto dedicado al cerebro, la rehabilitación, la IA y la longevidad, inspirado por la recuperación de su hija Lucy y por su crítica al modelo universitario tradicional.
***
- El proyecto Ackman Oxman Institute comenzará con una donación cercana a USD $400 millones y podría recibir otra contribución de tamaño similar o mayor.
- El centro se desarrollará en instalaciones biotecnológicas del oeste de Manhattan y podría alcanzar 680.000 pies cuadrados.
- Ackman busca combinar neurociencia, rehabilitación, ensayos clínicos, longevidad, inteligencia artificial y capital de riesgo.
Bill Ackman y su esposa, la diseñadora y emprendedora Neri Oxman, anunciaron una donación cercana a USD $400 millones en acciones de Pershing Square para crear el Ackman Oxman Institute, un centro de investigación cerebral y longevidad en Manhattan. El proyecto está inspirado en la recuperación de su hija Lucy tras una hemorragia cerebral. Ackman también anticipó que el instituto podría recibir otra contribución de una magnitud similar o incluso superior.
El inversor describió la iniciativa como una apuesta para construir un instituto dedicado a la investigación cerebral, la rehabilitación, la recuperación, la optimización humana y la longevidad. Su propuesta busca convertir descubrimientos científicos en tratamientos, dispositivos y posibles curas con mayor rapidez, aunque todavía no se han anunciado protocolos clínicos ni productos concretos.
Una apuesta contra el modelo universitario
Ackman explicó que él y Oxman habían evaluado crear un instituto cerebral cinco años atrás, pero entonces concluyeron que el costo inmobiliario en Nueva York era demasiado elevado. También consideraron que resultaría difícil atraer a los mejores investigadores fuera de las universidades, una barrera que ahora creen que se ha reducido.
Según la explicación de Ackman, la Fundación Pershing Square encontró una oportunidad inmobiliaria con un descuento de 70%, mientras las universidades se volvieron menos atractivas para determinados científicos. El inversor vinculó ese cambio con la política en los campus, el antisemitismo y la disminución del financiamiento, aunque la información publicada no presentó cifras que demostraran una salida masiva de investigadores del sistema universitario.
La posición forma parte de la confrontación más amplia de Ackman con las instituciones de educación superior de élite. El multimillonario participó en la campaña de presión contra Claudine Gay, expresidenta de Harvard, cuestionó la respuesta de la universidad frente al antisemitismo, criticó sus políticas de diversidad, equidad e inclusión y posteriormente pidió la expulsión de varios miembros de su junta directiva.
El nuevo centro se organizará alrededor de la premisa de que los investigadores destacados pueden aceptar trabajar fuera de las estructuras académicas tradicionales, ya sea abandonándolas o colaborando con ellas. Ackman sostiene que ninguna institución tiene el monopolio de las mejores ideas o del talento más relevante, una visión que convierte al instituto en un experimento científico y también en una declaración sobre la competencia por conocimiento.
Un campus de gran escala en Manhattan
La dimensión física del proyecto refleja la ambición de sus promotores. La Fundación Pershing Square adquirió por USD $188 millones un edificio de 400.000 pies cuadrados en el oeste de Manhattan para destinarlo al proyecto de investigación cerebral, según reportes publicados. El inmueble, identificado como 125 West End Avenue, se encontraba prácticamente vacío.
Además, la fundación tiene bajo contrato un edificio vecino de 130.000 pies cuadrados y negocia la adquisición de un terreno vacante contiguo. Con obras adicionales permitidas por la zonificación vigente, Ackman calcula que el campus podría llegar a 680.000 pies cuadrados.
De concretarse esa expansión, la huella de laboratorio del instituto superaría la de la Universidad Rockefeller en las cercanías, según la descripción del inversor. La concentración de espacios permitiría reunir en un mismo campus laboratorios, programas de rehabilitación, nutrición, ensayos clínicos y estudios sobre longevidad.
Aunque el Ackman Oxman Institute será una organización sin fines de lucro, su estructura buscará incorporar criterios propios del mundo empresarial. El centro planea operar un vehículo de financiación de riesgo, crear y respaldar compañías basadas en tecnologías desarrolladas internamente, y reinvertir los rendimientos en nuevas investigaciones.
La recuperación de Lucy como punto de partida
La historia familiar de Ackman ocupa un lugar central en el origen del instituto. Su hija Lucy, de 26 años, sufrió una hemorragia cerebral y necesitó una cirugía de emergencia después de que la encontraran en su apartamento de Brooklyn.
Meses de tratamiento y rehabilitación convencieron a la familia de que el cerebro conserva una capacidad significativa de recuperación, pero también expusieron las limitaciones de las terapias disponibles. Ackman afirmó que esa experiencia mostró la distancia que todavía existe entre el potencial biológico del cerebro y las herramientas que los médicos pueden ofrecer a los pacientes.
En una conversación previa con Fortune, el inversor explicó que su experiencia profesional lo preparó para insistir ante los médicos y explorar opciones novedosas para Lucy. Entre ellas mencionó la inyección de mitocondrias en el ojo, con el propósito de ayudar a preservar su vista, una intervención que presentó como parte de los esfuerzos realizados durante su tratamiento.
Ackman dijo que el instituto aprovechará los conocimientos obtenidos durante la atención de su hija, aunque la historia de Lucy no constituye por sí sola una prueba clínica sobre la eficacia general de esas alternativas. El caso funcionará, en cambio, como una motivación para acelerar la investigación y buscar soluciones que puedan evaluarse de manera rigurosa en otros pacientes.
IA, interfaces cerebrales y desarrollo de empresas
La inteligencia artificial y las interfaces cerebro-computador también ocuparán un lugar destacado en la misión del instituto. Ackman planteó que Lucy podría necesitar una tecnología de interfaz cerebral y mencionó los desarrollos de empresas como Neuralink, Precision y Synchron como referencias del campo.
El empresario quiere que el centro se ubique en la frontera de la interacción entre el cerebro y la IA. Esa agenda podría abarcar desde herramientas para rehabilitación hasta dispositivos capaces de interpretar señales neuronales, aunque la información divulgada no especifica qué productos, ensayos o protocolos concretos se pondrán en marcha.
El modelo previsto combinará investigación propia con alianzas externas, en lugar de depender de una sola institución. Mount Sinai será un socio importante, pero Ackman dejó claro que el instituto pretende colaborar con otros grupos cuando esa cooperación permita acercar una tecnología o un descubrimiento a los pacientes.
La estructura de capital de riesgo busca resolver uno de los problemas que Ackman identifica en la investigación académica: la dificultad para transformar resultados científicos en soluciones utilizables. La creación de empresas puede acelerar esa transición, aunque también exigirá separar con claridad los objetivos filantrópicos, los criterios médicos y los riesgos financieros de cada proyecto.
Equipo directivo y próximos pasos
El instituto ya identificó a un candidato para ocupar la dirección ejecutiva, cuyo nombre Ackman espera anunciar en octubre. Paralelamente, la organización busca un jefe científico, un responsable de inteligencia artificial y tecnología, además de otros integrantes del equipo ejecutivo.
La junta incluye a Dean Kamen, inventor; George Yancopoulos, cofundador de Regeneron y director científico; James Rothman, bioquímico galardonado con el Nobel; Bernardo Sabatini, neurocientífico; y Chris Keller, neurocirujano. También forman parte Olivia Flatto, directora ejecutiva de la Fundación Pershing Square, Neri Oxman y el propio Ackman.
La composición reúne perfiles de investigación, medicina, tecnología, emprendimiento y gestión filantrópica, una combinación coherente con el diseño híbrido que Ackman atribuye al proyecto. Sin embargo, el éxito del instituto dependerá de su capacidad para atraer científicos, validar tratamientos, cumplir requisitos clínicos y demostrar resultados que superen la producción de publicaciones.
El planteamiento también enfrenta un desafío de credibilidad: criticar a las universidades no basta para probar que un centro privado puede reemplazar sus fortalezas. La financiación inicial, el espacio disponible y el acceso a socios importantes ofrecen una plataforma considerable, pero la promesa de convertirse en líder mundial solo podrá medirse cuando existan investigaciones reproducibles y beneficios concretos para pacientes.
La recuperación cerebral de Lucy llevó a Ackman a concluir que la recuperación puede superar las expectativas incluso después de una lesión grave. Con el Ackman Oxman Institute, la familia pretende convertir esa convicción en una plataforma permanente de investigación, inversión y desarrollo médico.
Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.
Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.
ADVERTENCIA: DiarioBitcoin ofrece contenido informativo y educativo sobre diversos temas, incluyendo criptomonedas, IA, tecnología y regulaciones. No brindamos asesoramiento financiero. Las inversiones en criptoactivos son de alto riesgo y pueden no ser adecuadas para todos. Investigue, consulte a un experto y verifique la legislación aplicable antes de invertir. Podría perder todo su capital.
Suscríbete a nuestro boletín
Artículos Relacionados
Asia
Citi, HSBC y StanChart adoptan la IA de Ant International para el mercado forex
Empresas
Duquesne liquida toda su posición en Intel pese al auge de la IA
Estados Unidos
Fondos de renta variable de EE. UU. reciben USD $11.720 millones pese a la presión del mercado
IA