Por Canuto  

Los bancos chinos están comprando bonos del Tesoro de EE. UU. para aprovechar sus rendimientos y contener la apreciación del yuan, mientras el fondo soberano de Noruega propone reducir su exposición a esa deuda.
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  • Los bancos chinos ofrecen tasas superiores al 3% en depósitos en dólares y colocan esos fondos en Treasuries.
  • Norges Bank Investment Management recomendó reducir del 70% al 50% los bonos gubernamentales de su índice de renta fija.
  • La demanda extranjera por deuda estadounidense se diversifica justo cuando el Tesoro necesita cubrir déficits persistentes.

 


La deuda del gobierno de Estados Unidos recibió señales contrapuestas de dos grandes reservas de riqueza. Por un lado, bancos comerciales chinos regresaron a la compra de bonos del Tesoro de EE. UU. para aprovechar rendimientos superiores a los disponibles en su mercado doméstico y limitar la presión alcista sobre el yuan. Por otro, el fondo soberano de Noruega, con USD $2,3 billones en activos, recomendó reducir la participación de bonos gubernamentales en su índice de referencia de renta fija.

El contraste llega en un momento delicado para el Tesoro estadounidense, que depende ampliamente de inversores extranjeros para financiar déficits persistentes. La proporción de bonos en manos extranjeras cayó a cerca del 40% de los títulos en circulación a mediados de 2025, frente a más del 50% durante la crisis financiera de 2007-2009, según datos citados por Brookings y Cryptopolitan. China y Japón han contribuido durante la última década a la reducción de esa demanda, aunque los bancos chinos ahora ensayan una estrategia distinta.

Los bancos chinos buscan rendimiento en dólares

Los bancos chinos han vuelto a comprar deuda estadounidense porque encuentran pocos activos seguros con rendimientos atractivos dentro de su propio mercado. Reuters, a partir de fuentes que solicitaron anonimato, describió una especie de escasez de instrumentos domésticos capaces de ofrecer retornos competitivos, mientras los bonos del gobierno chino pagan tasas considerablemente menores. Los reguladores también observan con cautela que las entidades acumulen más exposición en un mercado nacional que atraviesa dificultades.

El rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a 10 años aumentó 30 puntos básicos desde comienzos de junio y llegó a aproximadamente 4,76%. Para los bancos chinos, ese movimiento puede abrir una operación relativamente sencilla: captar depósitos denominados en dólares, invertirlos en deuda gubernamental estadounidense y conservar el diferencial entre el costo de financiación y el rendimiento del activo. La estrategia combina una búsqueda de rentabilidad con una posible herramienta para administrar los flujos cambiarios; no obstante, la relación exacta entre el rendimiento del bono y cada decisión bancaria no está confirmada.

Los mayores bancos estatales de China se alejaron del límite de 2,8% que habían mantenido desde 2023 para los depósitos en dólares. Desde junio, los clientes con más de USD $50.000 en sus cuentas comenzaron a recibir tasas superiores al 3%, mientras algunos bancos pequeños y extranjeros ofrecieron tasas de 4% desde agosto. En contraste, los grandes bancos estatales pagan aproximadamente 0,95% por los depósitos denominados en yuanes, una diferencia que favorece la captación de divisas.

La operación también podría encajar con los objetivos monetarios de Pekín. El yuan se apreció casi 9% frente al dólar desde comienzos de 2025, lo que incrementó la presión sobre los exportadores chinos y elevó el interés oficial en moderar el ritmo de esa apreciación. Si los ahorradores conservan sus fondos en dólares, disminuye el incentivo para convertirlos a yuanes y se alivia parcialmente la presión compradora sobre la moneda china. Este vínculo debe entenderse como una explicación plausible, no como una causa confirmada de las compras.

Una demanda china difícil de medir

China contaba con alrededor de USD $1,18 billones en depósitos en moneda extranjera al cierre de julio, de acuerdo con cifras del Banco Popular de China. Ese volumen ofrece una base considerable para que las entidades financieras ejecuten la estrategia de captar depósitos, comprar Treasuries y obtener una prima frente a las alternativas domésticas. Sin embargo, no todo ese dinero se dirige necesariamente a bonos estadounidenses, por lo que el dato representa una capacidad potencial y no una inversión confirmada.

Las tenencias chinas registradas a través de custodios estadounidenses sumaban USD $633.400 millones en junio, una caída interanual de 13% y el nivel más bajo desde septiembre de 2008. En 2013, esa cifra superaba el doble del monto informado este año, lo que refleja una reducción considerable de la exposición visible en los registros oficiales. El descenso, no obstante, no permite concluir que China haya abandonado por completo los activos estadounidenses.

Los bancos chinos utilizan también custodios ubicados en centros financieros como Luxemburgo y las Islas Caimán. Por esa razón, las cifras de tenencias canalizadas mediante custodios estadounidenses no muestran necesariamente el panorama completo de la exposición china a la deuda de Washington. La eventual recuperación de compras puede aparecer de forma parcial o con retraso en las estadísticas disponibles, especialmente cuando las operaciones se distribuyen entre distintas jurisdicciones.

El regreso de algunos bancos chinos a los Treasuries no equivale, por sí solo, a un cambio general de la política de reservas de Pekín. La operación responde a incentivos concretos de rendimiento, regulación bancaria y gestión del tipo de cambio, mientras la caída de las tenencias acumuladas durante la última década muestra que persisten factores de diversificación. Para el mercado, la señal más relevante consiste en que China puede convertirse simultáneamente en vendedor estructural de largo plazo y comprador táctico cuando mejoran las condiciones.

Noruega propone reducir su exposición

Mientras las entidades chinas se acercan a la deuda estadounidense por razones de rendimiento, Norges Bank Investment Management recomendó que Noruega reduzca la participación de bonos gubernamentales en el índice de referencia de renta fija de su fondo soberano. En una carta enviada el 1 de septiembre al Ministerio de Finanzas noruego, el gestor propuso bajar esa proporción de 70% a 50%. La recomendación todavía no tiene un plazo público de ejecución.

Modern Diplomacy estimó que el ajuste podría retirar unos USD $80.000 millones de los Treasuries, aunque el cambio no se presentó como una salida del dólar estadounidense. La propuesta contempla redirigir recursos hacia valores respaldados por hipotecas, valores respaldados por activos y crédito corporativo de grado de inversión. También aumentaría la participación de deuda pública japonesa dentro de la mezcla de renta fija del fondo.

NBIM justificó la revisión como una búsqueda de primas de riesgo y no como una reacción contra una moneda específica. En su planteamiento, la deuda pública elevada dejó de ser una característica limitada a unos pocos países y se convirtió en un rasgo más general de las economías desarrolladas. Por ello, el gestor considera que un fondo con horizonte de largo plazo debería recibir una compensación adicional por mantener esa clase de activos.

La institución también recomendó ponderar los bonos gubernamentales según su valor de mercado, en lugar de utilizar el producto interno bruto como referencia. Además, planteó mantener los mercados emergentes fuera del índice de referencia, una decisión que limitaría el universo de países elegibles aunque concentraría la exposición en mercados desarrollados. El Ministerio de Finanzas noruego aún no ha anunciado si aceptará la recomendación ni cuándo podría aplicarla.

El Tesoro enfrenta señales mixtas

Las decisiones de China y Noruega ilustran cómo la demanda extranjera por deuda estadounidense puede fragmentarse según el perfil de cada inversor. Los bancos chinos buscan rendimiento y utilizan los depósitos en dólares como una posible herramienta cambiaria, mientras el fondo noruego persigue una mayor compensación por riesgo dentro de una cartera de muy largo plazo. Ambos movimientos pueden coexistir sin representar una lectura uniforme sobre la solvencia del gobierno estadounidense.

La diferencia importa porque los inversores extranjeros constituyen una fuente importante de financiación para el Tesoro de EE. UU. Cuando algunos grandes tenedores reducen sus posiciones, el gobierno necesita atraer nuevos compradores o pagar rendimientos más altos para colocar deuda adicional. En cambio, una compra táctica de bancos chinos puede ofrecer apoyo temporal al mercado, aunque no necesariamente compensa una tendencia prolongada de diversificación entre grandes reservas internacionales.

El próximo punto de atención señalado en la información de origen es la decisión de tasas de la Reserva Federal del 16 de septiembre. El nivel de las tasas influirá en el costo de mantener Treasuries, en la demanda por depósitos en dólares y en el atractivo relativo de otros instrumentos de renta fija. Sin embargo, la decisión de política monetaria no determinará por sí sola la composición final del índice noruego ni la estrategia de cada banco chino.

El cuadro resultante combina una oportunidad de rendimiento con una advertencia sobre la dependencia estadounidense del capital extranjero. China puede volver a comprar cuando los Treasuries ofrecen una prima suficiente, mientras Noruega evalúa si la deuda soberana compensa adecuadamente el riesgo dentro de una cartera diversificada. Para los mercados globales, esa combinación sugiere que la demanda por bonos estadounidenses no desaparece de manera uniforme, sino que cambia de manos, de jurisdicción y de motivo.


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Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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