Los bancos centrales no solo siguen comprando oro a un ritmo históricamente alto, sino que además están moviendo parte de sus reservas fuera de EE. UU. y Reino Unido. El doble proceso, acumulación y repatriación, refleja una prioridad cada vez más clara: reducir riesgos geopolíticos, depender menos del dólar y recuperar control directo sobre activos estratégicos.
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- El 45% de los bancos centrales planea aumentar sus reservas de oro en los próximos 12 meses, el mayor nivel registrado por el Consejo Mundial del Oro.
- Francia completó 26 operaciones entre 2025 y 2026 para trasladar el equivalente a 129 toneladas de oro desde Nueva York a París, con una ganancia contable de EUR €12.800 millones.
- El valor del oro en manos de bancos centrales llegó a cerca de USD $4 billones a inicios de 2026, por encima de los USD $3,9 billones en bonos del Tesoro de EE. UU.
🚨 Bancos centrales aceleran compras de oro 🚨
El 45% planea aumentar reservas en el próximo año.
Francia repatrió 129 toneladas, acumulando ganancias de €12.800 millones.
El oro en manos de bancos centrales supera los USD $4 billones.
Confianza en el dólar se… pic.twitter.com/BeuLY1pgIO
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) June 17, 2026
El mercado del oro vive una etapa de fuerte respaldo institucional. Nuevas encuestas y movimientos de reservas muestran que los bancos centrales todavía están lejos de cerrar su ciclo de acumulación del metal precioso.
La señal no viene solo por el lado de las compras. También aparece en la decisión de varios países de retirar oro almacenado en EE. UU. y Reino Unido para llevarlo de vuelta a bóvedas nacionales.
Ese giro combina dos mensajes. Por un lado, el oro sigue siendo visto como refugio, reserva de valor y herramienta de diversificación; por el otro, el control físico del activo gana importancia en un entorno marcado por tensiones geopolíticas.
De acuerdo con los datos recogidos por el Consejo Mundial del Oro, el 45% de los bancos centrales tiene intención de aumentar sus reservas de oro durante los próximos 12 meses. Se trata del porcentaje más alto registrado por esa encuesta anual.
El mismo sondeo indicó que el 89% de los bancos centrales espera que las tenencias globales de oro de estas instituciones sigan creciendo. Apenas el 1% anticipa una reducción.
Las compras oficiales siguen en niveles históricamente elevados
La acumulación de oro por parte de bancos centrales ha mantenido un ritmo notable desde 2022. En promedio, estas instituciones han comprado unas 1.000 toneladas anuales desde ese año.
Esa velocidad duplica el promedio de 500 toneladas registrado durante la década previa. La comparación sugiere un cambio estructural, no una simple reacción táctica de corto plazo.
Los datos mensuales más recientes también refuerzan esa lectura. En abril, los compradores oficiales retomaron las compras netas y añadieron 19 toneladas, luego de registrar ventas netas en marzo.
Polonia encabezó ese movimiento con 14 toneladas durante abril. Con ello elevó su total de compras de 2026 hasta 45 toneladas.
China también mantuvo su patrón comprador al sumar 8 toneladas. Según el reporte original, ese país ya acumula 18 meses consecutivos de compras.
No todas las autoridades monetarias se movieron en la misma dirección. Rusia amplió una racha de ventas con 6 toneladas en abril, mientras Turquía mantuvo sus reservas en niveles prácticamente estables.
Más allá de esas diferencias, el balance agregado sigue favoreciendo al metal. La demanda oficial ha sido uno de los factores más visibles detrás del renovado protagonismo del oro dentro de las reservas internacionales.
Por qué el oro vuelve a ocupar un lugar central en las reservas
Las razones detrás de este proceso son conocidas, pero ahora pesan más. Los bancos centrales siguen destacando al oro como reserva de valor de largo plazo, cobertura en tiempos de crisis y activo de diversificación.
Según los hallazgos del estudio, el 90% de los encuestados consideró que el desempeño del oro en épocas de crisis es altamente o algo relevante para su organización. Ese porcentaje marcó un récord para ese factor.
Además, el 84% señaló como relevante su papel de reserva de valor. Otro 83% destacó su capacidad para diversificar carteras.
Las condiciones macroeconómicas y geopolíticas también influyen en las decisiones de reservas. Los niveles de tasas de interés aparecieron en el primer lugar de la agenda con un 92%, igual que el año pasado.
Luego se ubicaron la inestabilidad geopolítica y la inflación. El dato llamativo es que la inestabilidad ya superó a la inflación como preocupación, un cambio que el informe vinculó con la guerra en Irán.
La mayoría de las respuestas de la encuesta llegó después del inicio del conflicto en Medio Oriente a comienzos de 2026. Ese contexto ayuda a entender por qué el oro gana peso como activo políticamente neutral y resistente a shocks externos.
Al mismo tiempo, la confianza en el dólar muestra señales de desgaste. Cerca del 74% de los encuestados espera que la participación del dólar en sus reservas caiga durante los próximos cinco años.
En contraste, el 84% espera que la cuota del oro aumente en ese mismo período. Uno de los participantes resumió esa visión al afirmar que la reducción del peso del dólar provendría sobre todo de países cuyas relaciones con EE. UU. se vean afectadas por la política exterior estadounidense y los vínculos políticos.
La repatriación de oro gana fuerza en Europa y mercados emergentes
El otro gran frente de esta historia es la custodia. Durante décadas, almacenar oro en la Reserva Federal de Nueva York o en el Banco de Inglaterra fue considerado una práctica estándar para bancos centrales de todo el mundo.
La lógica era simple: alta liquidez, custodia confiable y cercanía con el mercado global del oro. Sin embargo, esa lógica ahora está siendo revisada por gobiernos que antes no tenían incentivos para cuestionarla.
El cambio comenzó en mercados emergentes. Polonia, Turquía, Nigeria y Serbia ya trasladaron reservas importantes de oro de regreso a sus propias bóvedas en los últimos años.
En julio de 2025, Serbia repatrió la totalidad de su oro, valorada en cerca de USD $6.000 millones, a almacenamiento nacional. Ese patrón luego se extendió hacia Europa Occidental.
El factor central detrás de esta tendencia es político. El oro guardado dentro de una bóveda nacional no puede ser congelado por una orden ejecutiva emitida en Washington.
La congelación de reservas rusas en divisas extranjeras en 2022 se convirtió en una señal de alerta para todos los bancos centrales. La lección fue directa: un activo en custodia extranjera también conlleva un riesgo soberano.
En ese contexto, la repatriación deja de ser un gesto simbólico. Pasa a formar parte de una estrategia de autonomía financiera y de reducción de vulnerabilidades frente a sanciones o decisiones políticas de terceros países.
Francia y Alemania concentran la atención del mercado
Francia protagonizó el movimiento más comentado de los últimos meses. El Banque de France completó 26 transacciones separadas entre julio de 2025 y enero de 2026.
Mediante esas operaciones, vendió 129 toneladas de oro mantenidas en la Reserva Federal de Nueva York y usó los ingresos para recomprar barras equivalentes bajo el estándar London Good Delivery. El objetivo fue almacenarlas en París.
La operación dejó una ganancia combinada cercana a EUR €12.800 millones. De ese total, unos EUR €11.000 millones se registraron en 2025 y otros EUR €1.800 millones en 2026.
Según la información divulgada por la fuente original, esa ganancia no respondió a una apuesta especulativa. Surgió de la diferencia entre barras de formato antiguo vendidas en Nueva York y barras modernas recompradas para París.
La reserva total de oro de Francia se mantuvo sin cambios en unas 2.437 toneladas. En otras palabras, el país no redujo su exposición al metal, sino que modificó su ubicación y mejoró la calidad del inventario.
Alemania enfrenta una situación distinta y de mayor escala. El Deutsche Bundesbank mantiene 1.236 toneladas en la Reserva Federal de Nueva York, lo que representa más de un tercio de su reserva total de 3.352 toneladas.
Otro 13% de sus reservas está en el Banco de Inglaterra. Aunque no existe un plan formal de repatriación en este momento, la presión política ha ido en aumento.
Años atrás, Alemania ya completó una gran repatriación de 674 toneladas en 2017. Ese proceso tomó cuatro años y fue presentado entonces como una solución para una generación.
Ahora economistas y figuras políticas alemanas vuelven a pedir que el resto del oro salga de Nueva York. Entre ellos figura Emanuel Mönch, exjefe de investigación del Bundesbank, quien calificó como riesgoso mantener tanto metal en EE. UU. bajo la actual administración Trump.
Mönch sostuvo que, dada la situación geopolítica actual, parece arriesgado almacenar tanto oro en Estados Unidos. Añadió que, en interés de una mayor independencia estratégica frente a EE. UU., el Bundesbank haría bien en considerar la repatriación.
A precios actuales, esas 1.236 toneladas representan más de USD $150.000 millones bajo custodia de la Reserva Federal. Por tamaño y complejidad, una operación de esa clase no podría ejecutarse en una sola fase.
El oro supera a los bonos del Tesoro y reabre el debate sobre Bitcoin
La repatriación ocurre mientras el oro atraviesa una revalorización histórica. El metal alcanzó un máximo intradía cercano a USD $5.589 por onza en enero de 2026.
Las compras de bancos centrales superaron las 1.000 toneladas anuales en 2022, 2023 y 2024. En 2025 se moderaron a 863 toneladas, aunque esa cifra siguió muy por encima del promedio histórico de 473 toneladas por año observado entre 2010 y 2021.
El efecto acumulado produjo un cruce relevante para el sistema financiero. A inicios de 2026, el oro en manos de bancos centrales llegó a unos USD $4 billones, superando por primera vez los aproximadamente USD $3,9 billones en bonos del Tesoro de EE. UU. mantenidos por esas mismas instituciones.
Ese punto de inflexión no se veía desde la era de Bretton Woods. También coincide con un aumento de la custodia doméstica: una encuesta de Invesco encontró que el 68% de los bancos centrales ya guarda sus reservas de oro dentro de sus propias fronteras, frente al 50% de 2020.
Las tenencias de oro bajo custodia de la Reserva Federal también muestran una tendencia descendente de largo plazo. Pasaron de cerca de 13.000 toneladas tras el fin del sistema de Bretton Woods en 1971 a poco más de 6.000 toneladas en la actualidad.
En Wall Street, la visión sobre el precio del oro sigue siendo mayoritariamente optimista, aunque con matices. Goldman Sachs elevó su previsión para 2026 y 2027 a un rango de USD $4.000 a USD $5.400 por onza.
JP Morgan Private Bank proyectó un rango de USD $6.000 a USD $6.300. UBS, por su parte, recortó su perspectiva de corto plazo y advirtió que datos económicos más fuertes en EE. UU. y recortes retrasados de la Fed podrían llevar el precio hacia USD $3.850 a USD $4.000.
Sin embargo, UBS mantuvo una visión positiva para los próximos 12 meses. El banco citó como respaldo la demanda continua de bancos centrales y la expectativa de una futura flexibilización monetaria.
No todas las señales favorecen al metal sin condiciones. El primer reporte también señaló que apuestas bajistas en el mercado de opciones apuntan a una caída del 40% en los precios del oro hacia 2028, mientras Citigroup redujo su pronóstico a USD $4.000.
Ese contraste deja una prueba abierta para el mercado. La demanda oficial sostenida tendría que compensar cualquier enfriamiento en el apetito de los inversionistas privados para mantener precios firmes.
En paralelo, la discusión también rozó a Bitcoin, aunque de forma indirecta. La segunda fuente sostuvo que la conexión pasa por la narrativa de soberanía sobre activos que no pueden ser congelados por otra jurisdicción.
En ese marco, el argumento del “oro digital” gana un nuevo ángulo geopolítico. Aun así, el mismo análisis subrayó que ningún banco central del G20 ha revelado públicamente a Bitcoin como activo de reserva.
El caso de El Salvador fue descrito como una declaración política más que como un precedente macro ya replicado. También se recordó que la Reserva Estratégica de Bitcoin de EE. UU., creada por orden ejecutiva en marzo de 2025, contiene BTC obtenidos mediante incautaciones y no compras de mercado.
La conclusión de fondo es clara. La repatriación de oro no impulsa directamente el precio de Bitcoin, pero sí fortalece la lógica de buscar activos cuyo control no dependa de una potencia extranjera.
En conjunto, compras crecientes, repatriación y menor confianza en el dólar revelan un cambio de época en la gestión de reservas. El oro vuelve a ocupar el centro de la discusión, no solo como activo financiero, sino como instrumento de soberanía.
Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.
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