Por Canuto  

El juicio entre Elon Musk y OpenAI sumó un episodio clave luego de que Sam Altman testificara en defensa de la estructura corporativa de la organización. Su relato incluyó acusaciones sobre el estilo de gestión de Musk, dudas sobre su visión de seguridad en IA y una declaración especialmente inquietante: que el empresario llegó a sugerir que una hipotética OpenAI con fines de lucro podría pasar a manos de sus hijos.

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  • Sam Altman declaró que Elon Musk llegó a plantear que OpenAI podría pasar a sus hijos si él moría.
  • El CEO de OpenAI defendió la estructura de la organización y rechazó la idea de que se haya “robado una organización benéfica”.
  • Altman también acusó a Musk de dañar la cultura interna del laboratorio con tácticas de gestión que desmotivaron a investigadores clave.

 


Sam Altman, CEO de OpenAI, compareció este martes ante el tribunal para defenderse de la demanda presentada por su antiguo cofundador Elon Musk, quien cuestiona la estructura corporativa de la organización y su evolución desde una entidad sin fines de lucro hacia un esquema con brazo comercial.

Durante su testimonio, Altman rechazó de entrada una de las acusaciones centrales de Musk. Al ser consultado sobre la afirmación de que los otros fundadores de OpenAI “robaron una organización benéfica” al lanzar una subsidiaria con fines de lucro para comercializar productos basados en sus modelos de inteligencia artificial, respondió que le resultaba difícil incluso comprender ese planteamiento.

Creamos una de las mayores organizaciones benéficas del mundo. Esta fundación está haciendo un trabajo increíble y hará mucho más”, dijo Altman en sala, tras varios segundos de silencio. La declaración buscó reforzar la defensa de OpenAI ante la narrativa de que la organización abandonó su misión original conforme ganó peso comercial y estratégico.

El caso es seguido de cerca por la industria tecnológica, porque toca una discusión más amplia sobre cómo deben gobernarse los laboratorios de inteligencia artificial avanzada. En especial, surge la pregunta de si una entidad nacida con fines de seguridad pública puede mantener esa misión cuando administra activos de escala masiva y compite por liderazgo en el mercado.

Musk vs. Altman disputan la organización de OpenAI

Según el reporte de TechCrunch, los abogados de Musk han intentado subrayar que la fundación de OpenAI, que ahora tendría activos del orden de USD $200.000 millones, no contó con empleados a tiempo completo sino hasta comienzos de este año. Esa observación apunta a sugerir que la parte filantrópica existía más en estructura que en operación cotidiana.

Bret Taylor, presidente del consejo de OpenAI, también declaró durante la jornada. Su explicación fue que el problema no se debía a un abandono deliberado de la fundación, sino a la dificultad de convertir el capital de OpenAI en efectivo. Según dijo, ese obstáculo se resolvió con la reestructuración más reciente de la organización en 2025.

Ese punto es importante porque la demanda de Musk gira en torno a si el compromiso con la seguridad fue desplazado por objetivos de expansión y monetización. Para OpenAI, en cambio, el argumento consiste en sostener que la evolución corporativa fue una respuesta práctica a la necesidad de financiar investigación de punta sin renunciar a su misión de largo plazo.

Altman llevó el debate a un terreno más delicado al referirse a las conversaciones internas de 2017, una etapa crucial para la organización. En ese momento, los fundadores discutían cómo conseguir los fondos necesarios para impulsar el desarrollo de modelos de IA cada vez más avanzados y costosos.

El episodio sobre los hijos de Musk y el control de OpenAI

Durante esa fase, Altman dijo que los “planes específicos sobre seguridad” planteados por Musk le generaron preocupación. Dentro de su testimonio, describió un intercambio que calificó como un “momento particularmente escalofriante” para las deliberaciones sobre el futuro de OpenAI.

Según su relato, alguien le preguntó a Musk qué ocurriría si él muriera mientras controlaba una hipotética OpenAI con fines de lucro. Altman aseguró que la respuesta de Musk fue: “quizá OpenAI debería pasar a mis hijos”.

La frase fue presentada por Altman como una señal de alarma. En su versión, el interés de Musk por controlar la primera entidad con fines de lucro chocaba con la idea fundacional de OpenAI, que buscaba evitar que la IA avanzada quedara bajo el poder de una sola persona.

Altman añadió que, por su experiencia al frente de Y Combinator, sabía que “los fundadores que tenían el control normalmente no lo cedían”. Esa observación intentó mostrar que su escepticismo no era teórico, sino basado en patrones que había visto repetirse en empresas tecnológicas de alto crecimiento.

El trasfondo de este punto es central para entender el juicio. Musk sostiene desde hace tiempo que OpenAI se apartó de su propósito original, mientras que Altman sugiere que el propio Musk buscó una posición de control incompatible con la misión declarada de la organización.

Críticas directas de Altman al estilo de gestión de Musk

Altman también dedicó parte de su testimonio a cuestionar la manera en que Musk dirigía equipos en esa etapa. Dijo que ciertas tácticas del empresario, quizá eficaces en entornos de ingeniería o manufactura, no funcionaban dentro de un laboratorio de investigación avanzada.

No creo que el Sr. Musk entendiera cómo dirigir un buen laboratorio de investigación”, afirmó. La crítica no fue menor, porque apuntó al corazón de una disputa sobre liderazgo, cultura interna y retención de talento en una organización que dependía de investigadores altamente especializados.

Como ejemplo, Altman aseguró que Musk había desmotivado a varios de los investigadores más importantes de OpenAI. Recordó un episodio en el que, según su versión, Musk exigió que Greg Brockman e Ilya Sutskever elaboraran una lista de investigadores, detallaran sus logros, los clasificaran jerárquicamente y luego “pasaran una motosierra” por un gran número de ellos.

Altman sostuvo que ese enfoque causó “un daño enorme durante mucho tiempo a la cultura de la organización”. La acusación plantea que el conflicto entre ambas visiones no solo era corporativo o financiero, sino también humano, con efectos sobre la moral del equipo y la continuidad del trabajo científico.

En su declaración, Altman se presentó además como un defensor del “capital ganado con esfuerzo” de Brockman y Sutskever. Ambos, explicó, eran en la práctica quienes dirigían OpenAI en esa etapa, mientras él y Musk todavía mantenían otros trabajos fuera de la organización.

Esa mención ayudó a reforzar la idea de que los méritos operativos del laboratorio recaían sobre un grupo de cofundadores e investigadores que construyeron el proyecto en el día a día. De forma implícita, también sirvió para relativizar el papel de Musk dentro de la conducción efectiva del laboratorio en sus primeros años.

La salida de Musk y el vínculo posterior con OpenAI

Tras ese choque que quedó sin resolver, Musk terminó saliendo del consejo de OpenAI. Más tarde impulsó iniciativas rivales de inteligencia artificial dentro de Tesla y luego en su propia startup, xAI, lo que marcó una ruptura progresiva entre el empresario y la organización que ayudó a fundar.

Sin embargo, Altman declaró que el vínculo no se cortó por completo de inmediato. Según dijo, siguió en contacto con Musk, lo mantuvo al tanto del trabajo de OpenAI y buscó tanto su financiamiento como sus consejos en diferentes momentos posteriores.

Esa parte del testimonio fue utilizada por los abogados de OpenAI para remarcar un punto incómodo para la demanda actual. La defensa señaló que Musk había sido informado de los avances y que incluso se le invitó a participar en inversiones que ahora denuncia como factores de corrupción dentro de la estructura sin fines de lucro.

Uno de los pasajes más llamativos en esa línea se refirió a una conversación sobre una inversión de Microsoft en OpenAI en 2018. Altman dijo que, “a diferencia de muchas reuniones con el Sr. Musk”, aquella fue una reunión “con buenas vibras”.

Según recordó, Musk pasó una “larga conversación mostrándonos memes en su teléfono”. El detalle ofreció un contraste llamativo con el tono duro del resto del testimonio y dibujó una relación intermitente, a ratos colaborativa y a ratos abiertamente conflictiva.

El juicio sigue siendo observado como un caso clave para el sector de IA. No solo enfrenta a dos figuras influyentes del ecosistema tecnológico, sino que también podría sentar criterios relevantes sobre gobernanza, propósito institucional y límites del control privado en organizaciones que desarrollan tecnologías con impacto sistémico.

Por ahora, la declaración de Altman deja una imagen clara de la defensa de OpenAI: la empresa niega haber desviado su misión y, al mismo tiempo, intenta mostrar que parte de las tensiones originales surgieron por diferencias profundas con Musk sobre poder, cultura interna y conducción estratégica.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA

 


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