Un acuerdo entre los Institutos Nacionales de Salud y el Departamento de Defensa generó acusaciones sobre un supuesto traslado de USD $2.000 millones, aunque los documentos disponibles describen un marco de cooperación y no acreditan una transferencia inmediata de fondos.
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- Los NIH y el Departamento de Defensa firmaron un acuerdo de cooperación, pero no un mecanismo de transferencia de dinero.
- Funcionarios aseguran que los fondos para enfermedades infecciosas emergentes ya están comprometidos mediante contratos y subvenciones.
- La disputa revive cuestionamientos sobre el antiguo programa de biodefensa asociado con Anthony Fauci y sobre el control de las investigaciones relacionadas con pandemias.
🚨 NIH y Pentágono pactan cooperación, no el traslado de US$2.000 millones
No existe un documento 7600B firmado para transferir fondos.
NIH afirma que los recursos contra enfermedades infecciosas ya están comprometidos.
El monto eventual sigue sin definirse. pic.twitter.com/WtO7snLHKA
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) September 9, 2026
Un acuerdo interinstitucional entre los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, conocidos como NIH, y el Departamento de Defensa abrió una disputa política sobre el destino de los recursos destinados a la biodefensa. La controversia escaló después de que la congresista Rosa DeLauro, principal demócrata del Comité de Asignaciones de la Cámara de Representantes, acusara al Pentágono de intentar “saquear” fondos de los NIH para cubrir necesidades de defensa.
Sin embargo, los documentos disponibles describen un marco de cooperación y no acreditan que se haya transferido dinero. El director de los NIH, Jay Bhattacharya, y el funcionario del Pentágono Robert Kadlec firmaron el acuerdo, que establece reglas para coordinar proyectos entre ambas instituciones. Un reporte de The New York Times sobre el acuerdo entre el Pentágono y los NIH señaló que la asociación daría al Departamento de Defensa un papel mayor en la biodefensa y la preparación ante pandemias.
El acuerdo que detonó la disputa presupuestaria
El acuerdo fue publicado el 4 de septiembre de 2026 y, según la información disponible, había sido firmado aproximadamente un mes antes. La firma de Bhattacharya y Kadlec establece reglas de cooperación, pero no demuestra que los NIH hayan enviado recursos al Pentágono ni que exista una transferencia inmediata de USD $2.000 millones.
Según el borrador del acuerdo citado en los reportes, la estructura contempla dos instrumentos conocidos como 7600A y 7600B. El primero fija las reglas y condiciones para cooperar en un proyecto específico, mientras que el segundo permite transferir fondos como forma de pago. Hasta ahora, los NIH no han firmado ningún documento 7600B con el Departamento de Defensa, de acuerdo con la información citada en la cobertura.
Un funcionario involucrado en las negociaciones afirmó que los NIH tampoco disponen de dinero libre para entregar, porque los recursos destinados a enfermedades infecciosas emergentes ya están comprometidos durante varios años mediante contratos y subvenciones. Esa explicación no elimina la incertidumbre sobre cuánto dinero podría migrar eventualmente a la estructura militar, pero sí contradice la idea de que exista una bolsa intacta de USD $2.000 millones lista para ser retirada.
El origen de los USD $2.000 millones
La confusión también está relacionada con la evolución del programa de biodefensa de los NIH durante las últimas dos décadas. El reporte citado en el borrador atribuye a Anthony Fauci la creación de ese programa en 2003, después de que el vicepresidente Dick Cheney impulsara miles de millones de dólares para reforzar la respuesta estadounidense tras los atentados del 11 de septiembre y los ataques con ántrax de 2001. La documentación histórica disponible describe, en términos más amplios, un aumento del papel y del financiamiento de los NIH en materia de biodefensa.
Ese proceso trasladó una parte importante de la investigación en biodefensa fuera de la supervisión directa del Pentágono y le dio a Fauci acceso a la Casa Blanca, además de un presupuesto anual que el reporte sitúa cerca de los USD $2.000 millones. Con el paso del tiempo, según funcionarios de los NIH citados en el informe, esos recursos comenzaron a mezclarse con programas dedicados a otras enfermedades infecciosas, lo que volvió menos clara la frontera entre salud pública y defensa biológica.
Un funcionario de los NIH resumió la situación al señalar que Fauci distribuyó dinero originalmente asociado con el bioterrorismo hacia programas de enfermedades emergentes. Bajo esa interpretación, los USD $2.000 millones dejaron de ser una reserva separada y pasaron a financiar compromisos de investigación más amplios, por lo que la administración actual no tendría la capacidad de transferir la totalidad de esa suma.
El director de los NIH ya había anunciado en un ensayo publicado en enero que estaba recortando la cartera de biodefensa de la institución. El alto funcionario del Departamento de Salud y Servicios Humanos citado por el reporte sostuvo que la investigación de biodefensa ya no forma parte de la cartera de los NIH y que cualquier monto que eventualmente se trasladara al Departamento de Defensa estaría muy lejos de alcanzar los USD $2.000 millones.
La herencia de la pandemia y los programas cancelados
La discusión presupuestaria ocurre en medio de una revisión más amplia de las investigaciones financiadas por los NIH después de la pandemia de COVID-19. Un funcionario designado durante la administración de Donald Trump, que participó en la elaboración del acuerdo, dijo que el Congreso debía formular preguntas difíciles y cuestionó que los NIH siguieran a cargo de investigaciones de bioterrorismo tras el impacto sanitario y político de la pandemia.
Ese funcionario también defendió la experiencia de Kadlec, aunque lo describió como un operador político, y sostuvo que la biodefensa necesita una supervisión agresiva. En particular, volvió a plantear dudas sobre el financiamiento de un laboratorio BSL-4 en el Instituto de Virología de Wuhan y preguntó cuál fue el propósito de que el NIAID, dirigido durante años por Fauci, apoyara instalaciones de ese tipo en un país extranjero. Estas afirmaciones forman parte de los cuestionamientos de las fuentes citadas y no prueban por sí mismas un vínculo con el origen de la pandemia.
La fuente también relacionó el debate con Ralph Baric, virólogo de la Universidad de Carolina del Norte, y con un estudio de virus publicado en 2015 que había sido financiado por Fauci. Kadlec había señalado en una entrevista de 2023 que ese trabajo era una evidencia de que parte de la comunidad de virología no había sido transparente con el público estadounidense sobre las hipótesis relacionadas con el origen de la pandemia. Esas afirmaciones aparecen como alegatos de los funcionarios y autores citados, no como una conclusión establecida por el acuerdo.
El reporte sostiene además que los NIH cancelaron en abril todas las subvenciones de Baric después de determinar que su investigación contribuyó a crear el virus de COVID. La Universidad de Carolina del Norte puso al investigador en licencia y este se jubiló en junio, mientras que Richard Burr, antiguo senador por ese estado y ahora cabildero de biodefensa en DLA Piper, representa a la universidad y forma parte de la junta directiva de READDI, una empresa de biodefensa fundada por Baric.
El futuro de CREID y la supervisión del Congreso
En junio, los NIH disolvieron una iniciativa de USD $82 millones llamada Centros para la Investigación de Enfermedades Infecciosas Emergentes, conocida como CREID. La decisión se presentó como parte del retiro de la institución de actividades consideradas biodefensa e inseguras para los estadounidenses, y entre los beneficiarios anteriores figuraban Peter Daszak, de EcoHealth Alliance, y Kristian Andersen, de Scripps Research.
No obstante, el Congreso aprobó posteriormente lenguaje en un proyecto de asignaciones que obliga a los NIH a destinar nuevamente USD $18,2 millones a los centros CREID. El alto funcionario del Departamento de Salud y Servicios Humanos aseguró que esos recursos no financiarán a Andersen ni al grupo de virólogos asociado con el programa anterior, sino a investigadores dedicados a enfermedades infecciosas desde una perspectiva de salud pública.
La disputa, por tanto, no se limita a determinar si existe dinero disponible para el Departamento de Defensa, sino que también plantea quién debe controlar la investigación de amenazas biológicas. Los NIH buscan convencer al Congreso de que redujeron o abandonaron la biodefensa, mientras los legisladores revisan si los programas actuales conservan objetivos, beneficiarios o estructuras heredadas del periodo en que Fauci administraba el área.
Por ahora, el documento firmado por Bhattacharya y Kadlec establece un marco de cooperación, pero no prueba un traslado de fondos. El monto final que podría pasar a la institución militar sigue sin estar claro, aunque los funcionarios citados descartan que se acerque a USD $2.000 millones y sostienen que la mayor parte de los recursos ya está comprometida en contratos y subvenciones.
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